Por Magdalena Madueño

Esta imagen la tomé hace algunos días en el centro de Santa Cruz de Tenerife. Se trata de un edificio modernista, de fachada impoluta, pegado a otro de estética totalmente diferente. Ambos han sido construidos durante el siglo XX pero, ¿son capaces de convivir juntos? A la luz de las opiniones que oí de los que paseaban conmigo, el eterno debate hizo aparición: ¿la modernidad necesita destruir lo antiguo?, o, por el contrario, ¿lo necesita para existir?
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Comentarios
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/08/16/cultura/1218918990.html
De esta manera se pierden los espiritus de las epocas pasadas y en tanto tu te trasladas a siglos pasados en un contexto medieval te tropiezas con el aluminio de las ventanas de la fachada del paleto de la ciudad o el aluminio de la ventana de la fachada del dios-arquitecto de turno.
Y que conste que soy un defensor (casi a ultranza) de la modernidad, pero una modernidad que respete los espacios y la historia.
Claro que alguien me puede decir que por ejemplo el acueducto de Segovia convive con las casas circundantes antiguas pero relativamente recientes.
O La Giralda de Sevilla con sus dos tramos arquitectónicos bien definidos tiene o da sensación de unidad arquitectónica.
Pues es cierto, son las paradojas de este mundo que no sólo parecen contradecirme sino que parecen quitarme la razón.
Pero sigo pensando que los arquitectos tienen suficiente suelo urbano y urbanizable para crear nuevos contextos y no debiera permitirse descontextualizar los antiguos.
Es como aquello que cuentan de una "película de romanos" en la que uno de los extras lleva un reloj de pulsera por olvido. Es para irse del cine.
Pues lo mismo pasa con los elementos extraños en un contexto histórico. Es como para no visitar más esa ciudad o como mínimo para reirte de quien lo haya permitido.
Otro tanto pasa con el mobiliario urbano, como las farolas de plástico, papeleras, cabinas telefónicas, parabólicas, aire acondicionado en fachadas, etc, etc. Cosas que te echan para atrás.
saludos