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Vista de la galería Arte21 |
Tete Álvarez / Ars Operandi
Los aniversarios sirven para celebrarlos, y ya de paso, ejercitar algo la memoria. Nunca viene mal una flexión, mejor una inflexión, mejor una reflexión. Y es que si volvemos la vista diez años atrás y observamos el panorama actual de las galerías de arte contemporáneo en Córdoba, vemos que éste resulta ahora un poco más esclarecedor. Hasta hace poco tiempo cualquier pasillo, zaguán, taberna o refectorio era considerado como galería de arte. Apenas había distingos entre espacios privados e institucionales. Estos últimos hasta exhibían sin pudor lista de precios plastificada. Lo de ahora no es que sea el edén pero ya son seis las galerías que se dan cita en la ciudad; empiezan a acudir a ferias, promocionan sus artistas, editan catálogos, forman parte indisoluble del tejido cultural de la ciudad. Pero tantos años de erial aún resultan un pesado lastre.
Comercialmente podríamos hablar de una generación perdida, aquella que tuvo que embalar sus cuadros y buscar el mercado allá donde se encontrase: artistas que por la calidad de su obra deberían ser referente en el mercado del arte en nuestra comunidad. Además, la crisis galerística de los ochenta -cierre de Atrium, Juan de Mesa, Num, Manuela, Art-Cuenca- que duró hasta finales de los noventa, no favoreció la existencia de una tradición coleccionista de arte contemporáneo en nuestra ciudad. Las escasas colecciones privadas proceden más de la relación de amistad con los propios artistas que de compras realizadas en los establecimientos que se dedican a ello. Y es que no olvidemos que la razón de ser de una galería es la venta de obras de arte. Y si este precepto falla, el castillo de naipes se desmorona.
¡Felicidades Arte 21!
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