por Tete Álvarez
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Aljibe califal aún recubierto de resina para facilitar su traslado |
El Semanario La Calle de Córdoba
29 de noviembre de 2008, nº548
La aparición de pintadas (“bodrio”, “vaya mierda”) en el aljibe califal situado en la glorieta de la Vereda de Trassierra podría darnos lugar a una reflexión acerca de la aversión que el arte contemporáneo produce sobre parte de la ciudadanía. Uno de estos ciudadanos, ignorante y osado a la vez, confundió el artefacto, recubierto aún del material protector que facilita su traslado, con una moderna escultura de las muchas que proliferan en las glorietas y rotondas de nuestros términos municipales para mayor gloria de los concejales de urbanismo de turno.
Pero esta columna tiene los renglones contados y quizá resulte más provechoso dedicarlos a intentar plantear un debate sobre intervenciones artísticas en el espacio público. Ejemplos como el perpetrado recientemente en la Plaza de las Cañas, reclaman necesaria algún tipo de ordenanza que regularice la ocupación del espacio público mediante la colocación de objetos, instalaciones o artefactos de pretendido carácter artístico. Porque, por mucho que pueda parecer inocuo, la imposición de emblemas monumentales en cualquier calle o plaza es siempre un acto político. Pero frente a esta afirmación del espacio simbólico, el concepto actual de arte para el espacio público considera a la obra de arte más allá de su forma y de su valor decorativo. De este modo, “la escultura no puede ser por más tiempo un objeto colocado en el centro de un espacio público; en su lugar, el espacio público se ha convertido en el sujeto, y de este modo en la parte central de la escultura”, como ha escrito Michel North. El arte público, en el sentido de arte común, no ha de ser imposición, habrá de ser mediación, habrá de tener una función social: la construcción de un espacio de relación con los demás que pueda modificar la experiencia de lo urbano.
En esta dirección apuntan experiencias como la llevada a cabo por la artista Maider López en un solar en desuso de la calle María Auxiliadora, que mediante una sutil intervención, ha conseguido transformar un lugar baldío en un espacio de intercambio y encuentro para los vecinos de la zona.
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Comentarios
Me temo que nos esperan muchos atentados de este tipo en el espacio público.
Menos mal que nos queda Muñoz Molina.
http://www.elpais.com/articulo/semana/cupula/elpepuculbab/20081129elpbabese_6/Tes
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/invasion/espacio/publico/amenaza/Sevilla/elpepuespand/20081130elpand_6/Tes
Respecto a la primera queda claro que no existe en este caso, sin embargo no me impide acercarme a la pieza para entender que si se tratase de una obra de Barceló me encantaría poder tumbarla con mis argumentos, porque estaríamos hablando de algo deleznable.
Osado porque creyendo que aquello era arte moderno no dudó en cometer un atentado patrimonial.
Lo que yo planteo no es si aplaudimos obras contemporáneas de discutible interés, sino como, en este caso, la ignorancia es la madre del atrevimiento.
Respondiendo directamente a tu pregunta de si el encofrado dista mucho de una obra contemporánea pienso que sí. Mientras en el primero no hay voluntad de crear un objeto artístico -a no ser que el albañil tuviera veleidades artísticas- en el segundo caso el ánimo de artista de crear una obra de arte puede bastar para que un objeto pueda ser considerado como tal.
Esto no descarta que haya artistas muy malos y que puedan producir obras realmente deleznables.
La polémica que suscita la foto publicada por Tete Álvarez es un claro ejemplo de cómo surge la obra de arte, y una aplicación de la teoría institucional del arte.
Sin que existiera intención de los primeros autores (el del encofrado, y el de las pintadas) ha surgido la reflexión "estética" en torno a un objeto que ha entrado en una "institución" del arte como ya es ARS OPERANDI.
Esa entrada en el mundo del arte se opera por la fotografía tomada, que es la que suscita la reflexión. Esta es la obra de arte. Su transcendencia, que puede ser corta o larga en el tiempo, eso da igual, se la damos el público.
Mapérez.