Asistentes a la exposición ante una obra de Antonio I. González. Foto Ars Operandi
Pablo Rabasco / Ars Operandi
De lo nombrado, el hombre ya queda fuera, dijo Nietzsche, atreviéndose a adentrarse en los laberintos de la subjetividad, allí donde los conceptos se debilitan y las descripciones se convierten en meros adjetivos recurrentes. Por eso, cuando la palabra no se dice, ni se escribe, sino que lentamente se construye, con el calor de mil grados de temperatura, en la oscuridad y silencio del horno del ceramista, parece que podemos adentramos en la subjetividad , en el vacío instante de lo que somos. Ensuciándose la palabra, buscándose en una forma meramente controlada, caprichosa en sus detalles, dejada en los instantes finales al capricho de su materia real. Hisae Yanase, responsable de esta edición de Páginas de Barro, ha seleccionado los proyectos de tres artistas que han tratado el tema de la palabra desde perspectivas bien diferentes. Alberto Andrés presenta un interesante diálogo entre las formas cerámicas y de arcilla blanca con otros materiales y contextos dirigiendo nuestra atención hacia el mundo del consumo, de la publicidad, y de la palabra como eslogan privado y efectivo. Obras como Be a star, o Slow-fast se sitúan en ese diálogo entre materiales encontrados, signos utilizados y estereotipos vitales. Antonio González, con una obra más introvertida, ha encontrado en el complejo universo del poeta sueco Tomas Tranströmer, ese vacío presupuesto de la incomunicación resuelto desde nuevos contextos más libres. Antonio, en la obra Pero no… proyecta una serie de imágenes inspiradas en la negación, obras de otros artistas como Santiago Sierra, sobre unas placas de cerámica fríamente horadadas que permiten un diálogo con la dimensión y el espacio de la obra, permitiendo un encuentro en positivo con la negatividad. La obra de Gabriella Sacchi es en cierto modo más literal con el tema tratado. Los cuadernos de notas, rápidos dibujos, postales que describen a modo de un desordenado e inmediato diario, llenan la sala, para poco a poco transformarse en páginas de barro, en cuadernos moldeados, con las mismas palabras, pero con los lentos ritmos arrastrados de un tiempo ahora distinto.
De lo nombrado, el hombre ya queda fuera, dijo Nietzsche, atreviéndose a adentrarse en los laberintos de la subjetividad, allí donde los conceptos se debilitan y las descripciones se convierten en meros adjetivos recurrentes. Por eso, cuando la palabra no se dice, ni se escribe, sino que lentamente se construye, con el calor de mil grados de temperatura, en la oscuridad y silencio del horno del ceramista, parece que podemos adentramos en la subjetividad , en el vacío instante de lo que somos. Ensuciándose la palabra, buscándose en una forma meramente controlada, caprichosa en sus detalles, dejada en los instantes finales al capricho de su materia real. Hisae Yanase, responsable de esta edición de Páginas de Barro, ha seleccionado los proyectos de tres artistas que han tratado el tema de la palabra desde perspectivas bien diferentes. Alberto Andrés presenta un interesante diálogo entre las formas cerámicas y de arcilla blanca con otros materiales y contextos dirigiendo nuestra atención hacia el mundo del consumo, de la publicidad, y de la palabra como eslogan privado y efectivo. Obras como Be a star, o Slow-fast se sitúan en ese diálogo entre materiales encontrados, signos utilizados y estereotipos vitales. Antonio González, con una obra más introvertida, ha encontrado en el complejo universo del poeta sueco Tomas Tranströmer, ese vacío presupuesto de la incomunicación resuelto desde nuevos contextos más libres. Antonio, en la obra Pero no… proyecta una serie de imágenes inspiradas en la negación, obras de otros artistas como Santiago Sierra, sobre unas placas de cerámica fríamente horadadas que permiten un diálogo con la dimensión y el espacio de la obra, permitiendo un encuentro en positivo con la negatividad. La obra de Gabriella Sacchi es en cierto modo más literal con el tema tratado. Los cuadernos de notas, rápidos dibujos, postales que describen a modo de un desordenado e inmediato diario, llenan la sala, para poco a poco transformarse en páginas de barro, en cuadernos moldeados, con las mismas palabras, pero con los lentos ritmos arrastrados de un tiempo ahora distinto.
La exposición Páginas de barro: Palabras puede verse en la Sala Galatea (Casa Góngora) hasta el 30 de noviembre
Artículo publicado originalmente en Diario Córdoba

Comentarios
Váyase a freir espárragos, señor Magacine, que tenemos ya hartura.
ANTONIO. ARTE21