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Abb. Michelin, Départements France № 325: Creuse, Haute-Vienne, Abschn. E/F-7/8. Fotografía de Sinaida Michalskaja |
A. L. Pérez Villén/ Ars Operandi
Me comenta un amigo que leyendo la última novela de Houellebecq se ha sentido como si el protagonista, Jed Martin, le hubiese usurpado su personalidad: un artista que se dedica a hacer mapas y que utiliza las mismas herramientas, soportes y procesos que él. Una amiga me dice que El mapa y el territorio no arroja la imagen de un autor en exceso misógino, como sucedía en sus anteriores novelas. A mí ya no me interesa como antaño, cuando cada libro suponía tomar partido en la polémica que se planteaba en sus páginas. No es que el francés haya bajado la guardia en cuanto a temas y enfoques –que también– es que me he dado cuenta de que no me gusta como escribe. Antes tampoco me gustaba pero me quedaba fascinado con lo que contaba. La cuestión es que ahora lo que más me llama la atención es lo deficiente de su escritura.
De manera que estoy hecho un lío porque siempre he pensado que lo importante de un artista no es lo que cuenta sino cómo lo expresa. No obstante he reconocido que me gustaba Houellebecq porque sus primeras novelas te obligaban a replantearte muchas cosas, pero también he dicho que ya no me gusta como escribe. Entonces qué es lo que importa en una obra de arte. Insisto en que lo canónico durante el siglo pasado era primar la manera sobre el contenido pero ya no lo tengo tan claro. Creo que ambas cosas venían de la mano. La importancia que el impresionismo y el resto de los ismos tienen para el arte del siglo XX no es sólo por el lenguaje que emplean –absolutamente novedoso en cuanto a técnicas– sino también por lo que transmiten: una impresión moderna de la naturaleza y de la arritmia caótica de la urbe y sus habitantes.
Así que lo mejor para una obra de arte debería ser la equilibrada combinación de un discurso atractivo y una tesis penetrante. Esta es la razón por la que ya no me interesan tanto Houellebecq ni algunas creaciones artísticas contemporáneas, porque el método que emplean hace aguas cuando no gárgaras y tras el ruido de éstas se escucha la misma canción de siempre. Más de lo mismo y además mal resuelto. Ya no lo creo, confirmo que me hago mayor, cada vez tengo menos paciencia y soy menos tolerante con lo que no me interesa. ¿Tenéis la misma impresión? ¿Hay alguien por ahí?

Comentarios
Enhorabuena Angel
A.C.P
Creo que para el artista es importante lo que cuenta, pero para la obra es imprescindible cómo lo expresa.
Entre lecturas de maestros del pasado(que no difieren mucho de los pensamientos de hoy) y novelas que descubren cosas (El Danubio, Claudio Magris) concluí que lo único contemporáneo en el arte actual es precisamente la forma en que se transmite, presenta y difunde a través de este medio por el que nos comunicamos...sin parar.
Gracias Antonio, gracias Miguel.
Seguimos
A.L.P.V.
De cualquier manera veo que la novela intenta abrir demasiados frentes y pocos resuelve con naturalidad. Le veo más virtud como documento sociológico de una determinada sociedad y epoca que como composición literaria. Comparto con Pérez Villén su inclinación por lo "ben trovato"
Tremenda entrada!
The Wanderer
amiga...coincidencias de la vida.
Me apeteció responder a ese ¿hay alguien?, compartir mis impresiones como estudiosa y observadora de mis propias vivencias y de las opiniones de los expertos.
Me inclino por esa armonía entre lo que uno quiere decir y cómo lo cuenta(no siempre se consigue,a veces falta sinceridad incluso con uno mismo)... Pero esto es sólo una percepción personal y temporal de alguien que escucha atentamente.
Gracias A.L.P.V
Pero éste ya se ha convertido en un espejo de barraca que deforma y sólo produce hilaridad. El arte, y especialmente la pintura, se ha vaciado de contenido de tal manera que ha caído en lo que siempre ha detestado: en un objeto de decoración para que un coleccionismo semianalfabeto lo muestre en sus salones, pero sin preocupar, sin que les haga pensar demasiado, que no les plantee problemas.
Y a esta situación hemos llegado, a una creación que muy poco, o nada, tiene que ver con la sociedad, mientras nos quejamos de que a la sociedad no le interesa el arte, o peor aún, a exigir dinero público para la cultura, dinero del público. Cuando decimos que a la gente de la calle no le interesa el arte yo cambiaría el orden de la frase: ¿le interesa al arte lo que le ocurre a la gente de la calle?
Óscar Fernández