Algo-rítmico. Acerca del lenguaje artístico de Elena Asins

Elena Asins, 8 Menhires, 1995-96. Instalación de 8 piezas, témpera sobre tabla. Foto: AO

 Francisco Estepa / para Ars Operandi 

Aunque premiada en 2006 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y en 2011 con el Premio Nacional de Artes Plásticas, el verdadero reconocimiento de Elena Asins no llegó a España hasta la monumental exposición antológica que preparó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: Elena Asins. Fragmentos de la memoria (2011). En aquel momento se puso de relieve la discreción y desatención por la que pasó la trayectoria de la artista hasta entonces en nuestro país. Un reconocimiento que llegaba tarde y que conllevaría a otras distinciones como el Premio Arte y Mecenazgo de la Fundación La Caixa en 2012, así como otras actividades que incluían proyectos como La ciudad democrática en el Museo de la Universidad de Navarra, que resultó inacabado por el fallecimiento de la artista en 2015. Desde entonces hasta hoy, la obra de Asins no ha cesado de exhibirse en múltiples espacios artísticos, prueba de ello es la exposición recientemente programada en la sala Vimcorsa en Córdoba: Elena Asins. La ciencia como herramienta del arte.

Elena Asins. Maquetas de la serie Scale. Proyecto para una ciudad, c. 1981-82. Col. A. Freijo. Foto: AO

En la muestra, comisariada por Angustias Freijo, se expusieron 41 piezas de la artista que abarcan momentos clave de su trayectoria. Hay que comenzar por destacar que si por algo se caracteriza Elena Asins es por su firmeza, coherencia e incansable investigación, que nace de su dedicación absoluta a la experimentación artística por medio del lenguaje computacional y numérico. Este particular método —particular porque desde que, en los años 70, un grupo de artistas trabajaron con las posibilidades del arte computacional en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense, ha sido prácticamente la única que ha continuado con esta tendencia— le ha servido para trabajar una gran variedad de conceptos e ideas que hacen necesaria la implicación activa por parte del espectador. Éste, más allá de la simple contemplación, es invitado a la reflexión. Ella misma calificaba algunas de sus obras como criptogramas en los que “lo importante es descifrar el mensaje”, de manera que se establece un diálogo entre obra y espectador bajo unas reglas o parámetros que difieren de otros sistemas más corrientes de comunicación.

Dejando a un lado sus primeros trabajos relacionados con la poesía concreta, la abstracción geométrica u otras obras tempranas que pueden etiquetarse como ópticas o cinéticas, la exposición se centra en sus investigaciones sobre las estructuras, un camino que Asins, convencida de la idoneidad del medio computacional, ya transitaba con rotundidad a mediados de los años 70.

De esta manera, la música, el tiempo y el ritmo están presentes en casi todas las piezas, destacando aquellas inspiradas en los Cuartetos prusianos de Mozart, en las cuales traspasa estos atributos al espacio plástico a través de los suaves trazos lineales que componen la estructura del dibujo, creando sonidos y silencios, llenos y vacíos. Lo mismo ocurre en aquellas tituladas Canons, en alusión a Bach, que refieren a una composición que, partiendo de una melodía, realiza imitaciones, haciéndose notar la importancia de lo que se repite y lo que varía en sus obras.


Elena Asins. Cuarteto Prusiano KV 575. Madera y metal sobre madera. Col. Ian Triay, Madrid. Foto: AO

De nuevo, espacio, ritmo y estructura tienen múltiples interpretaciones y variaciones en su serie Scale. Proyecto para una ciudad, donde empiezan a introducirse elementos que tienen que ver con la arquitectura o el urbanismo a raíz de su estancia en Nueva York, en 1980. Dichos elementos juegan con la idea de una ordenación que es perfectamente reglada y racional al tiempo que azarosa, mostrando cómo cualquiera de esas variaciones da lugar a una obra totalmente distinta. En estas variaciones cobra un papel esencial, de nuevo, el espacio y el movimiento, descubriéndonos las relaciones que establecen unas piezas con otras mediante secuencias y seriaciones. Relaciones que la propia artista denominaba “conversaciones”, en las que también se deja entrever la influencia de la gramática generativa de Noam Chomsky, apreciándose esto último de forma excepcional en sus Dólmenes y Menhires, que nos hablan de un trasfondo espiritual existente en la esencialidad de la materia y la estructura que el ser humano lleva cultivando desde tiempos primitivos.

Esta faceta más poética estuvo muy presente en obras anteriores, realizadas en su estancia en Nueva York y en Hamburgo entre 1987 y 1990. Piezas como Zettel, en alusión al filósofo Ludwig Wittgenstein, reflexionan sobre construcciones matemáticas que asumimos como perfectas y sólidas, un ideal que siempre tratamos de alcanzar. Tras las piezas más escultóricas que encarnan otras variaciones de sus Menhires, la exposición dedica un espacio singular a un medio al que dedicó sus últimos trabajos: el video. Asins declaraba que, gracias a este formato, pudo realmente incorporar el elemento tiempo en sus obras. Otros datos biográficos y aspectos de su obra se recogen en el cortometraje documental Génesis (2014), dirigido por Álvaro Martínez Sarmiento, que nos adentra en la cosmovisión de la artista mediante la visita a su hogar en Azpirotz, donde llevaba una vida de retiro, recogimiento e incesante trabajo. De esta manera se llega a su último proyecto, Antígona, donde pueden, incluso, apreciarse ciertas reivindicaciones silenciosas teniendo en cuenta la tradicional asociación de lo racional al género masculino, papel que subvierte desde su propio lenguaje científico, así como abordando esa dicotomía entre la rectitud del Estado y el deber con uno mismo.

Elena Asins. Zettel. Papel continuo con variaciones computacionales, 1987-90. Foto: AO

Por último, cabe recordar que, en 1994, WJT Mitchell anunciaba el paso de lo textual a lo gráfico en la cultura, dando lugar a los llamados “estudios visuales” e intentando esclarecer algunas claves de interpretación a las imágenes que dominan nuestro mundo actual y en las que subyace el sistema binario. En oposición a esto, Elena Asins trata de huir de nuestro régimen escópico cotidiano y permanecer en la esencia de dicho lenguaje, eliminando todo lo accesorio para, así, adentrarnos en la belleza de las imágenes que generan los algoritmos con el fin de extraer de ellas una lectura que nos acerque a las cuestiones más trascendentales del ser humano. Podría decirse, en definitiva, que sus obras son una constante búsqueda de lo absoluto, de la verdad o de lo armónico. Asins utiliza “la ciencia como herramienta del arte” pero, sobre todo, utiliza el arte como herramienta para acercarnos a lo innombrable, lo inefable y lo oculto.

Elena Asins
La ciencia como herramienta del arte 
Sala Vimcorsa 
Comisariado: Angustias Freijo 
Del 12 julio al 18 octubre 2019

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