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23 junio 2017

La vida secreta de las plantas

Homo Evolutis (2017). Instalación de Francisco Buenavida. Fotografía: Sole Beurno. Cortesía de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba


José Álvarez
  
La vida secreta de las plantas es el título elegido para esta VI edición del proyecto Páginas de barro, un proyecto establecido con un propósito de investigación y difusión de la cerámica como técnica artística contemporánea, en un plano equivalente a cualquier otra técnica y soporte y que aleja la anticuada concepción de la cerámica como algo exclusivamente utilitario o decorativo. Las sucesivas ediciones de este proyecto, al que la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba viene prestando su apoyo de forma continuada han evidenciado esta realidad mediante la serie de exposiciones que conforman cada una de estas páginas de barro y que arranca en 2008 con la exposición titulada L’altro lato di cosa, del artista italiano Mirco Denicolò.  A esta visión particular del universo creado por Lewis Carroll en Alice in Wonderland sucedió Terra Libris, una muestra que puso de manifiesto las amplias posibilidades de la técnica cerámica en ámbitos generalmente transitados por la pintura, la escultura y la instalación. Los artistas Daniel Caxigueiro, Alberto Hernández y Rafa Pérez se encargaron de hacer visible esta realidad para el público visitante a la Sala Galatea, espacio desde entonces sede del proyecto, que quedó plenamente consolidado ya en su segunda edición.

Para la tercera entrega de esta serie, titulada muy certeramente Palabras, los artistas Alberto Andrés, Antonio I. Gonzalez y Gabriella Sacchi concurrieron en una muestra que puso de manifiesto la viabilidad de la obra de arte como metaforización de la palabra y su capacidad de transmisión del pensamiento. El teórico y crítico Herbert Read consideraba esencial en el arte la acción de mirar. En esta muestra, las palabras escritas, vistas y leídas, completaban el recorrido del acto comunicativo mediante una selección de obras de una excelente calidad y evidente versatilidad. Los tres artistas participantes concurrían en características comunes como su amplia trayectoria artística y su permanente interés por la experimentación tanto en los soportes como en el acabado de las piezas, lo que dio como resultado una muestra poliédrica y perfectamente ensamblada en su diversidad procedimental.

Este in crescendo en la calidad y personalidad de los artistas de Páginas de barro tuvo un nuevo episodio en la IV edición, en la que Hisae Yanase, Toño Pérez y Javier Aguilera agruparon sus propuestas bajo el título Ficciones, aludiendo de este modo al universo de invenciones que conforma la creación artística contemporánea. En esta ocasión, la terna participante no podía patentizar más claramente el interés del ciclo Páginas de barro por mostrar una visión panorámica de la creación cerámica actual. El indiscutible magisterio de Hisae Yanase, siempre sorprendente, junto a un valor plenamente consolidado en la actualidad como es Javier Aguilera y la emergente y espectacular irrupción de Toño Pérez, quien trajo a la escena un más que interesante despliegue de piezas con un carácter organicista. Para la V edición los seleccionados fueron Pilar Bandrés, Xavier Montsalvatje y Supi Hsu, quienes con sus obras dieron contenido al título de la entrega: Paraísos extraños. La capacidad narrativa y evocativa de la figuración se concretó en parte de las creaciones expuestas en Casa Góngora junto a las ilimitadas posibilidades expresivas de las prácticas no referenciales.

Tras este ejercicio de memoria, siempre grato cuando los acontecimientos así lo han sido, abordamos nuestra nueva propuesta: La vida secreta de las plantas, título que nos remite en una primera instancia al exitoso álbum de Stevie Wonder aparecido en 1979 y que sirvió como banda sonora de un documental basado en el libro The Secret Life Of Plants (1973), original de Peter Tomkins y Christopher Bird.

El libro, publicado en la era post-hippie, en los años en que hacía su aparición el movimiento New Age, era una curiosa mezcla de conceptos tomados de la botánica científica, el culto a la naturaleza y cierto misticismo. El texto estaba trufado de delirantes experimentos como el llevado a cabo por Cleve Baxter, un antiguo especialista en interrogatorios de la CIA, quien, en un momento de inspiración, colocó unos sensores en la planta que adornaba su despacho, descubriendo que la planta reaccionaba virulentamente según la lectura del polígrafo a estímulos como el calor y, posteriormente, al sólo hecho de pensar que la planta se quemaba. Maravillado por este descubrimiento, Baxter y sus colaboradores comenzaron a interactuar con plantas de todo tipo mediante nuevas experimentaciones que incluían la “memoria vegetal”. En uno de ellos, descubrieron que una planta, testigo de la muerte de la planta vecina por un pisotón, reaccionaba mediante un aumento en su actividad eléctrica al acercarse el “asesino”. Baxter y su equipo siguieron con sus experimentaciones e incluso se aventuraron a afirmar que las plantas demostraban aversión a la violencia hacia otras especies de seres vivos. El conjunto de sus experimentaciones dio pie a la creación de la llamada Teoría de la percepción primaria, existente en cualquier forma de vida terrestre. La reacción de la comunidad científica no se demoró mucho, oscilando de la indiferencia a la burla. El rechazo fue unánime cuando se intentó utilizar el término “neurobiología vegetal” en un artículo firmado por los científicos Eric D. Brenner, biólogo molecular, Stefano Mancuso, fisiólogo botánico, Elizabeth van Volkenburg, fitobióloga, y František Baluška, biólogo celular. En su artículo sostenían que los comportamientos observados en las plantas no podían explicarse mediante los mecanismos bioquímicos y genéticos conocidos hasta hoy por la ciencia. Según su línea de investigación, las plantas, dado que son capaces de responder a factores ambientales tales como luz, agua, gravedad, temperatura, toxinas, acción de microorganismos o señales químicas de otras plantas entre otras reacciones, podrían tener un sistema de procesamiento de la información equivalente al cerebro, un sistema que procesaría los datos y coordinaría la respuesta de comportamiento.

Michael Pollan, en su artículo titulado Tesis, antítesis y fotosíntesis (2013) reseña un sugerente comentario del antes citado Stefano Mancuso, un verdadero adalid de la teoría de la inteligencia vegetal. Mancuso recordaba un episodio de Star Trek en el que aparece una especie extraterrestre procedente de una dimensión en la que el tiempo avanza de una manera mucho más rápida que en la terrestre. Al observar los alienígenas nuestro comportamiento, la lentitud comparada entre su vida y la nuestra les hace concluir que somos materia inerte y se disponen a utilizarnos como materia prima. Por su parte, los humanos no perciben a estos extraterrestres dado que su velocidad vital es enorme. Establecemos un paralelismo con las plantas: solamente en time lapse podemos observar sus movimientos autónomos y su crecimiento. Para Mancuso, el hecho de ver a las plantas como seres inertes es la causa de su infravaloración.

Alberto Bustos, Ventanas del mismo mundo (2017). Fotografía: Alberto Bustos. Cortesía de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba

Ante tan apasionante tema como es la forma de vida de las plantas, no es de extrañar pues que, el arte, como testigo secular del interés humano por las cosas circundantes, haya encontrado una fuente inagotable de inspiración en el reino vegetal, en las plantas. La representación de éstas vino dada en principio como elemento auxiliar de la botánica, ya que el estudio de las plantas ha estado asociado la mayor parte de la historia a la farmacopea, ya que las plantas eran la única fuente posible para la elaboración de remedios y medicinas prácticamente hasta la edad contemporánea. En su Historia Naturalis Cayo Plinio Segundo Plinio el Viejo dedica diversos libros o capítulos al estudio de la botánica, y cuenta asimismo cómo de realistas fueron las representaciones de plantas y frutas de Zeuxis, que lograban engañar a los pájaros. En el mismo siglo, I de nuestra era, aparece el más famoso tratado de botánica de la Antigüedad, De Materia Medica, del médico y botánico griego Dioscórides. No se conserva ningún ejemplar original, pero los copistas a lo largo de los siglos fueron reproduciendo el texto y se fueron mejorando cada vez más la calidad en la representación de las plantas a través de las sucesivas ediciones de la obra.

El pensamiento medieval se apartó de la Naturaleza en su deseo de la búsqueda de Dios. San Anselmo, padre de la escolástica, escribió a principios del siglo XII que las cosas eran perniciosas en proporción directa a la cantidad de sentidos a los que deleitaban, y, por tanto, la estancia en un jardín era sumamente dañina, ya que se recreaban los sentidos de la vista y el olfato mediante la contemplación de las flores y el goce de sus fragancias.

En época renacentista, el recuperado naturalismo volvió a las artes de la mano de Giotto, buen conocedor de la escena campestre, donde, según la leyenda, se originó su arte. Leonardo en su Trattato della pittura (1651) dedica numerosos estudios a conseguir una correcta representación de las plantas y los árboles, mediante la observación de sus formas, sus colores y cómo la luz incide sobre su apariencia. Durero por su parte es ejemplo de minuciosidad en la representación botánica, evidente en algunas acuarelas conservadas (Gran mata de hierba, 1503, Museo Albertina, Viena) y artistas como Hyeronimus Bosch El Bosco o Jan van Eyck muestran sus dotes de observadores en unas correctísimas representaciones de plantas en obras como El Jardín de las Delicias (ca. 1500, Museo del Prado, Madrid) y La Adoración del Cordero Místico (1432, Catedral de San Bavón, Gante) respectivamente. El manierista Giuseppe Arcimboldo partió del mundo vegetal para crear sus asombrosas figuras antropomorfas tan conocidas y, ya en época barroca, pintores como Tomás Yepes, Juan de Arellano, Gabriel de la Corte o Pedro de Camprobín, por citar solamente a algunos españoles, hicieron de sus representaciones de flores y plantas eje temático de su obra. La relación de artistas que en época contemporánea han prestado atención a las plantas bien por sí mismas bien como parte de un paisaje sería extensísima, baste decir que historiadores como Kenneth Clark han dedicado conferencias y publicaciones sobre el tema y pintores como André Lhote igualmente han teorizado a partir de su experiencia artística sobre la importancia de lo vegetal en el arte. John Ruskin, escritor, crítico de arte y sociólogo británico (1819-1900) dijo: “Si sabes pintar una hoja, sabes pintar el mundo”. Dejamos de lado a los dibujantes botánicos por pura necesidad de espacio: tratar nombres como Basilius Besler, autor de Hortus Eystettensis (1613), Georg Dyonysius Ehret, colaborador de Linneo, Nikolaus Joseph von Jacquin, holandés, el célebre Franz Bauer, austríaco, el valenciano Antonio José de Cavanilles o el gaditano José Celestino Mutis merecerían un tratado aparte.

La vida secreta de las plantas, como queda patente, es una muestra más del interés que nos suscita el reino vegetal, ya como observadores, ya como artistas. Los participantes en esta nueva entrega han partido de su propia observación y experimentación para dar a la luz las interesantes propuestas que conforman esta exposición, a cargo de Rafaela Pareja, Alberto Bustos y Francisco Buenavida.

Rafaela Pareja, Arquitectura del viento (2017). Fotografía: Javier Marina. Cortesía de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba 

Rafaela Pareja (Játiva, 1962), formada en sus inicios en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, fructuosa formación que ha continuado a lo largo de los años hasta ser reconocida como miembro de la Academia Internacional de la Cerámica, ha mostrado su obra en gran número de exposiciones colectivas, ferias y bienales internacionales. Su trabajo surge, según sus palabras “de la observación de la naturaleza”. De entre sus diversas series, todas con un marcado carácter organicista, hemos de señalar Anatomías, Cala2 y Esponjas. Todas tienen en común el interés por las formas que nos remiten al mínimo mundo vegetal: esporas, filamentos, mohos… así como a las diferentes estructuras coralinas y submarinas. Son esculturas en las que sus elementos se unen a modo de incrustaciones como en Anatomías, piezas filamentosas en cerámica blanca donde el juego de luces es fundamental. Cala2 es una serie asimismo evocativa del mundo submarino, en la que la alternancia de huecos en su superficie proyecta sombras alrededor a través de las hendiduras realizadas, en un acabado libre de esmalte, sin engobes ni óxidos. Esponjas, por su parte, es un trabajo con altas dosis de experimentación técnica, un proceso de investigación que conjuga diversos materiales con porcelana, obteniendo como resultado unas piezas engañosas en su aspecto, aparentemente frágiles, pero dotadas de una gran dureza, una investigación en torno a la materia a la que Rafaela Pareja dedica gran parte de su afán creativo.

Por su parte, Alberto Bustos (Valladolid, 1972) miembro asimismo de la Academia Internacional de la Cerámica, llega a la cerámica de una forma casual y se forma como autodidacta hasta que tras numerosos trabajos y experimentaciones descubre en esta práctica artística un camino creativo a seguir. El interés por la naturaleza surge desde su juventud mediante el conocimiento de su entorno, y su concienciación hacia el deterioro del medio natural hace que su obra sea considerada por él mismo como una llamada de atención sobre la degradación medioambiental, dándole “voz” a las plantas por medio de sus esculturas. Sus formas son tomadas de la morfología vegetal, haces de hierba que parecen estar movidas por el viento, plenas de dinamismo. Son piezas de una elaboración minuciosa y delicada que, a su vez, han de realizarse con decisión, puesto que el proceso creativo implica unir una gran cantidad de pequeñas piezas para formar el conjunto. Esto ha de realizarse mientras cada pieza de arcilla está húmeda para poder conseguir un óptimo ensamblaje. Una indecisión, una pérdida de tiempo, arruinaría la pieza completa. Es por esto que Alberto Bustos no deja nada a la improvisación y parte de detallados bocetos para cada una de sus creaciones. Sus relaciones con las formas expresivas posminimalistas son evidentes a partir de la reiteración de elementos que utiliza en sus creaciones los cuales, lejos de la asepsia modular y repetitiva del minimal, establecen una relación emocional con el espectador, tal y como el mismo artista reivindica. Sus obras, plenas de recursos expresivos, conjugan movimiento, texturas, color y una importante presencia del vacío en muchas de ellas, como Geometric dream (2015). Para el taoísta, en el desarrollo lineal del tiempo, el vacío, cada vez que interviene, introduce el movimiento circular que enlaza al sujeto con el espacio originario, tal y como señala François Cheng en su célebre ensayo sobre el arte oriental Vacío y plenitud, conceptos ambos presentes en la sugestiva obra de Alberto Bustos, cuyo punto de partidasu espacio originario, no olvidemoses la misma naturaleza.

A Francisco Buenavida no sería exacto calificarlo como ceramista, ya que la utilización de esta técnica es complementaria a su trabajo multidisciplinar. Su interés no se centra en la experimentación sobre el proceso cerámico y sus posibilidades, vastísimo campo de estudio cuyos brillantes resultados son evidentes en sus compañeros de exposición, sino que la utilización de la cerámica es un resultado selectivo y determinado. Formado en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, tiene una temprana relación con nuestra ciudad como residente en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, en su IV Promoción, desarrollando desde entonces un trabajo que ha ido configurando un discurso con connotaciones autorreferenciales y de identidad sexual.

Desde los 80, tras la crisis social que produjo la aparición del sida, la respuesta al asfixiante clima moralizante imperante tuvo importantes ejemplos en el mundo artístico como el proyecto pionero Silence = Death. Formado por los activistas Avram Finklestein, Brian Howard, Oliver Johnston, Charles Kreloff, Chris Lione, y Jorge Soccaras, una de sus primeras acciones de concienciación fue la edición de un póster en el que aparecía un triángulo rosa sobre fondo negro. El triángulo rosa invertido fue el infamante símbolo que las personas homosexuales habían de llevar en sus uniformes de presos en los campos de concentración nazis. En los 70, el triángulo rosa fue recuperado por activistas gais con el vértice hacia arriba y como símbolo de orgullo sexual, desactivando de este modo su carga despectiva, del mismo modo que, años después, los trabajos de teóricas como Teresa De Lauretis, Judith Butler y Eve Kosofsky Sedgwick dieran pie a la teoría queer, término anglosajón con el significado de “raro”, usado de forma excluyente y ofensiva para designar a las personas no heterosexuales. La utilización del color rosa y del término queer, y más propiamente en castellano “marica”, ha logrado desactivar el carácter peyorativo en ambos, y en Buenavida encontramos numerosos ejemplos de esta actitud, como en su serie objetual Jabones para la lucha (2012), jabones reales en glicerina rosa grabados con términos usados tradicionalmente para refererirse despectivamente a los homosexuales. De este modo, Buenavida subvierte el lenguaje de la misma forma que la utilización del Madelman con delantal y tendiendo la ropa, o en otras actitudes ajenas al inicial propósito del juguete—un estereotipo de la masculinidad—desactiva su carácter originario. En Biografías para una Buena-Vida (2013), aparece el Madelman junto a otras imágenes que combinan ilustraciones de los siglos XVII y XVIII pertenecientes a autores como Hooke o Vimont y que “reflexionan sobre temas universales como la vida y la muerte, la felicidad y el sufrimiento, la emoción y la razón”, en palabras del propio autor. Un garbanzo rosa es el protagonista de su instalación Selección natural (2016), en el que aparece junto a otros 100 garbanzos sin esmaltar. Trasunto del garbanzo negro, el elemento identitario está presente y se reivindica con orgullo. Lejos del activismo panfletario, la obra de Buenavida extrae lo mejor del espectador con sus sutiles subversiones envueltas en un elegante halo de esteticismo.

La vida secreta de las plantas
Sala Galatea (Casa Góngora)
C/ Cabezas 3, Córdoba
Del 16 de junio de 2017 al 23 de julio de 2017
Comisarios: Hisae Yanase y Antonio I. González
Este texto ha sido publicado en el catálogo de la exposición. DESCARGA
                                                                              

16 octubre 2015

Relaciones y colaboraciones en Kuchu no Hako / Caja en el aire

La artista Hisae Yanase bajo la instalación Kuchu no Hako. Foto: Cortesía Amigos de Medina Azahara
Tete Álvarez / Ars Operandi

Habla el artista Juan Serrano en el video de presentación de la Asociación Amigos de Medina Azahara de la voluntad que comparten en la asociación de "seguir los caminos del arte". Y es que propiciar una mirada artística desde lo contemporáneo sobre el Conjunto Arqueológico de Medina es uno de los principales propósitos que se ha marcado A.M.A.Z., un colectivo ciudadano ocupado en la proyección del conjunto arqueológico a partir de una apuesta por la contemporaneidad y por establecer cauces de diálogo entre pasado, presente y futuro. Fruto de este trabajo es la intervención que hoy se presenta en el patio de la Sede Institucional, Kuchu no Hako / Caja en el aire, un proyecto relacional y colaborativo que ha sabido concitar un buen número de sinergias en torno a él. La cerámica, desde la califal a la contemporánea, ha sido el vínculo que ha hilvanado todas las actividades de Kuchu no Hako. Talleres, conferencias, visitas guiadas y un montaje colectivo de la obra han conformado el programa de un ciclo que culmina hoy viernes con su exhibición pública en el patio del Museo y la performance de Maribel Martínez Roldán.

Juan Serrano e Hisae Yanase trabajando en el montaje de Kuchu no HakoFoto: Cortesía Amigos de Medina Azahara

La caja en el aire, un cubo de 240 cm, el mismo módulo que rige en el diseño del edificio de la sede de Medina Azahara, está construido con alrededor de 2.000 piezas de cerámica que se suspenden, enlazadas entre sí, sobre el estanque del patio. "La proximidad de los blancos muros hacen perceptible el paso del tiempo con el movimiento de las sombras arrojadas. La escultura se proyecta expresamente para ser instalada sobre el estanque del patio del museo y se enriquezca por el reflejo cambiante del agua. Los colores y brillos aleatorios del esmalte de las piezas cerámicas y su combinación con otros materiales contemporáneos, se transforman en esta instalación en colores móviles, reflejos cambiantes con la luz del sol y mecidos por el viento" indican los responsables de la obra, un proyecto de autoría compartida dirigido por Hisae Yanase, Pedro Caro, José Escudero y Juan Serrano y que ha contado con la  estrecha colaboración de Antonio I. González Pedraza, Juan Pablo Lucena, Ana Zamorano, Manuel Pedregosa, M. Ángel Moreno Carretero y Juan Bolaños.

Un aspecto del montaje de Kuchu no HakoFoto: Cortesía Amigos de Medina Azahara
La manufactura del proyecto arranca en un taller de cerámica celebrado en el mes de abril en la Escuela de Arte Dionisio Ortiz en el que, con la ayuda de alumnos y profesores, se elaboraron las piezas diseñadas por Hisae Yanase que habrían de conformar la escultura. La propia artista también ha trasladado su experiencia en las actividades que en torno a la cerámica, el patrimonio, la arquitectura y el arte contemporáneo se celebran de manera paralela a la muestra. Un aspecto que revela a las claras la naturaleza colaborativa del proyecto es el capítulo de su financiación. Los 5.000 € de los costes de producción de la obra han sido sufragados mediante las aportaciones de un buen número de pequeños mecenas que han podido obtener un ejemplar de una edición limitada y numerada de 250 piezas integrantes de la escultura Kuchu no Hako realizadas en el taller de la artista Hisae Yanase.


Kuchu no Hako / Caja en el aire
Sede Institucional Medina Azahara
Inauguración: Viernes 16 de octubre. 18 horas


28 julio 2013

Hisae Yanase y Antonio I. González muestran sus obras en Japón

Hisae Yanase, Rueda, cerámica shigaraki, 1997. Shimebaru Art Museum. Foto: cortesía de la artista

Redacción / Ars Operandi

Los artistas cordobeses Hisae Yanase y Antonio I. González serán los protagonistas de la exposición conjunta que con sus obras se llevará a cabo en el Shimebaru Art Museum en Kyushu (Japón) a partir del próximo 4 de agosto. Las obras, realizadas en el año 1997 durante la estancia que llevaron a cabo ambos artistas en el Shigaraki Ceramic Cultural Park—residencia de artistas y complejo de arte ubicada en Shigaraki  (Prefectura de Shiga, Japón)—son piezas cerámicas creadas en diferentes técnicas y formatos. Depositadas desde 1997 en la Galería Neo-Epoque de Tokio, las obras pasarán a formar parte tras la exposición de la colección permanente del Shimebaru Art Museum.

El Shigaraki Ceramic Cultural Park es un centro cultural dedicado al shigaraki, uno de los estilos cerámicos más populares en el ámbito artístico nipón, y, por extensión, de otras disciplinas en la técnica cerámica, incluyendo la vertiente objetual así como la visión escultórica contemporánea, en la que trabajan Yanase y González. La cerámica shigaraki está realizada a alta temperatura de cocción, sin esmaltar, siendo característica por sus depósitos de cenizas y formas distintivas. Se originó alrededor de los siglos XII-XII—en los últimos años del período Kamakura (1192-1333)—, extendiéndose hacia todo el archipiélago desde Tokoname y Atsumi. En sus inicios, la cerámica shigaraki era básicamente utensilios cotidianos como tsubo (tarros), kame (frascos de boca ancha) y suribachi (cuencos). A partir de la corriente llamada de los Maestros del té de la Muromachi (1336-1568) y el período Momoyama (1568-1603), el shigaraki se convirtió en uno de los estilos cerámicos más importantes de Japón, adaptándose en época contemporánea a las nuevas corrientes y utilizando la ancestral técnica para la creación cerámica no objetual. Asimismo, el Shigaraki Ceramic Cultural Park destina sus recursos a la organización de exposiciones, formación y creación artística, programas de residencia, intercambio y desarrollo de la industria local. Como parte de su infraestructura se halla el Museum of Contemporary Ceramic Art, dedicado a la creación actual. 

Antonio I. González, Cabezas en el jardín, cerámica shigaraki, 1997. Shimebaru Art Museum. Foto: cortesía del artista

Durante su estancia en el Shigaraki Ceramic Cultural Park, Hisae Yanase y Antonio I. González unieron su particular visión artística a la influencia local. "Queríamos continuar con nuestro trabajo en cuanto a formas e ideas, pero al modificar el entorno (la humedad y el paisaje nos inundaba), surgieron nuevos materiales y técnicas de expresión". Los artistas reconocen así cómo el resultado final visible en las obras se nutre de ambas influencias, a modo de "una simbiosis de elementos que empleábamos desde siempre, con otros que fueron añadidos por primera vez y suponían para nosotros una novedad, que a partir de entonces formarán a ser parte de nuestros trabajos posteriores".

Hisae Yanase / Antonio González 
Shigaraki Cerámica. Sapin / Japan 1997 
Shimebaru Art Museum, Kyushu. Japón 
A partir del 4 de agosto

10 septiembre 2011

"Preta luz", nueva exposición de Antonio I. González


La malagueña Sala Alfajar presentó ayer al público la nueva exposición de Antonio I. González, titulada Preta luz, en la que el artista montillano muestra una selección de obras recientes realizadas en diferentes técnicas cerámicas, dentro de un lenguaje abstracto que explora las posibilidades que ofrecen las superficies planas así como la tridimensionalidad. Series como Casi flores de Lorca atienden a requerimientos pictóricos del mismo modo que a la continua exploración sobre texturas de la que hace gala Antonio I. González. Preta luz sucede en este mismo espacio malagueño a la anterior exposición de Hisae Yanase titulada Abisal. La muestra estará abierta al público hasta el próximo día 7 de octubre.

Antonio I. González
Preta luz
 Sala Alfajar
C/ Císter 13 (Centro histórico)
29015 Málaga

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04 junio 2011

Hisae Yanase y Antonio I. González en CERCO

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Del 26 al 29 de mayo se ha celebrado en Zaragoza la 11ª edición de CERCO, la Feria Internacional de Cerámica Contemporánea, el mayor evento alrededor de esta disciplina artística que tiene lugar en España y que incluye el Premio Internacional de Cerámica Contemporánea. En torno a ellos y coincidiendo en las fechas, tienen lugar diversas exposiciones que muestran tanto los valores emergentes como los ya consolidados.

En CERCO XI, junto a los principales artistas del panorama de la cerámica contemporánea europea, han estado presentes los artistas Hisae Yanase y Antonio I. González, quienes han presentado las obras Crisálida de aire (2011) y Cuadernos borradores (2010), respectivamente.

Crisálida de aire es una instalación realizada con cerámica (gres, arcilla coloidal y reducción parcial), papel, hierro y algodón, de aspecto fusiforme, de 190 cm de altura y 100 cm de diámetro, presentada al público por vez primera en CERCO, mientras que la serie Cuadernos borradores (porcelánico, óxidos metálicos y engobes, en piezas de 100x 250 cm) formó parte de la exposición Palabras, perteneciente al ciclo Páginas de barro.

16 noviembre 2010

Lo salvaje no tiene palabras



  Asistentes a la exposición ante una obra de Antonio I. González. Foto Ars Operandi

Pablo Rabasco / Ars Operandi 

De lo nombrado, el hombre ya queda fuera, dijo Nietzsche, atreviéndose a adentrarse en los laberintos de la subjetividad, allí donde los conceptos se debilitan y las descripciones se convierten en meros adjetivos recurrentes. Por eso, cuando la palabra no se dice, ni se escribe, sino que lentamente se construye, con el calor de mil grados de temperatura, en la oscuridad y silencio del horno del ceramista, parece que podemos adentramos en la subjetividad , en el vacío instante de lo que somos. Ensuciándose la palabra, buscándose en una forma meramente controlada, caprichosa en sus detalles, dejada en los instantes finales al capricho de su materia real. Hisae Yanase, responsable de esta edición de Páginas de Barro, ha seleccionado los proyectos de tres artistas que han tratado el tema de la palabra desde perspectivas bien diferentes. Alberto Andrés presenta un interesante diálogo entre las formas cerámicas y de arcilla blanca con otros materiales y contextos dirigiendo nuestra atención hacia el mundo del consumo, de la publicidad, y de la palabra como eslogan privado y efectivo. Obras como Be a star, o Slow-fast se sitúan en ese diálogo entre materiales encontrados, signos utilizados y estereotipos vitales. Antonio González, con una obra más introvertida, ha encontrado en el complejo universo del poeta sueco Tomas Tranströmer, ese vacío presupuesto de la incomunicación resuelto desde nuevos contextos más libres. Antonio, en la obra Pero no… proyecta una serie de imágenes inspiradas en la negación, obras de otros artistas como Santiago Sierra, sobre unas placas de cerámica fríamente horadadas que permiten un diálogo con la dimensión y el espacio de la obra, permitiendo un encuentro en positivo con la negatividad. La obra de Gabriella Sacchi es en cierto modo más literal con el tema tratado. Los cuadernos de notas, rápidos dibujos, postales que describen a modo de un desordenado e inmediato diario, llenan la sala, para poco a poco transformarse en páginas de barro, en cuadernos moldeados, con las mismas palabras, pero con los lentos ritmos arrastrados de un tiempo ahora distinto.

 La exposición Páginas de barro: Palabras puede verse en la Sala Galatea (Casa Góngora) hasta el 30 de noviembre
Artículo publicado originalmente en Diario Córdoba

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30 octubre 2010

Páginas de barro: Palabras

Alberto Andrés, Te prometo... (proyecto Carne Cruda), gres, esmalte y grafito

José Álvarez / Ars Operandi



La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha
Michel de Montaigne (1533-1592)

Esmaltes, texturas, bizcochos, engobes, cocciones, celedones, reducciones, lustres, craquelados, barbotinas, chamotas, porosidades… Las palabras que conforman el vocabulario de la cerámica como técnica, que conocen los que trabajan en esta disciplina, tan vieja como la humanidad, serían, si seguimos la cita de Montaigne, la mitad de un todo que solo se completa cuando la pieza cerámica, ya realizada, llega por primera vez a los ojos (o a las manos) del espectador. Las sonoras palabras de este glosario cerámico, circunscritas al trabajo del taller y del horno, modelan, desde su cualidad de símbolos de la idea, el deseo comunicativo de los artistas contemporáneos que optan por la técnica cerámica como disciplina artística en un plano de igualdad a las demás tecnologías.

Córdoba ha apostado, desde hace décadas, por el apoyo a la creación cerámica contemporánea, que se desliga de la anticuada concepción del medio como una modalidad creativa circunscrita a lo artesanal y a un funcionamiento utilitario de la pieza. Las Exposiciones Internacionales de Cerámica promovidas por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento, o las sucesivas y fructíferas ediciones de la Beca Alfonso Ariza de La Rambla, que situó a la revista Conbarro como un referente en la cerámica contemporánea son una buena muestra de ello. La apuesta ha continuado y Palabras, la tercera edición del proyecto Páginas de Barro, que aquí presentamos, se concreta en una muestra que trae a la Sala Galatea las obras de tres de los más importantes artistas cerámicos del panorama europeo: Alberto Andrés, Antonio I. González y Gabriella Sacchi.

Páginas de barro, un proyecto concebido como vehículo de difusión e investigación en torno a la cerámica artística contemporánea, parte del libro como metáfora de la portabilidad en la transmisión de ideas, de mensajes o de experiencias. El ser del libro como objeto, como pieza transformable y divisible en páginas o cubiertas, permite a Páginas de Barro una enorme amplitud de miras en la selección de los trabajos destinados a las exposiciones que se vienen celebrando en nuestra ciudad desde 2008.

Mirco Denicolò, quien inauguró el ciclo con una exposición titulada L’altro lato di cosa?, dedicada a la Alicia de Lewis Carroll, eligió la recreación en imágenes del famoso cuento victoriano, usando para ello unos inusuales soportes de cerámica esgrafiada y vidriada donde reflejó sus particulares visiones del relato, en una estética expresionista cuya cercanía con el cómic y la ilustración actual mostraba la evidencia de que el arte trasciende el material con el que se trabaja y, a la vez, el hecho de que la creación cerámica contemporánea implica el dominio absoluto de los elementos al servicio de un mensaje coherente y de plena vigencia.

De este modo, Terra Libris, la segunda edición de Páginas de Barro, se encargó de mostrar al público las infinitas posibilidades que permite el trabajo con la arcilla y cómo la experimentación se inserta con normalidad en un discurso que puede adquirir tanto las prerrogativas usualmente asociadas a la pintura, como a la escultura o a la instalación. Así, Alberto Hernández, con sus pictogramas y relieves cuasialfabéticos de corte informalista, Rafa Pérez, con sus sorprendentes piezas de arcilla expandida y ahuecada a modo de libro abierto, y Daniel Caxigueiro, quien nos mostró en sus epigrafías y libros fosilizados un mensaje estéticamente comprometido, utilizaron para Terra Libris la metáfora libresca adecuada a sus necesidades expresivas.

Tras la imagen, protagonista de la primera edición, y el libro y sus páginas, eje de la segunda, la Sala Galatea acoge en esta ocasión Palabras, un título que simboliza, asociado a la muestra, las posibilidades que ofrece la palabra como metáfora del intercambio de pensamientos.

Siguiendo esta línea, la palabra en Palabras, no está demarcada por criterios gramaticales ni formales, sino semánticos. Esta equivalencia de la palabra transmutada en obra plástica permite al artista un universo expresivo que aúna en un mismo plano morfologíael análisis de la estructura de la palabray sintaxis. En este sentido, podemos efectuar en las obras que conforman Palabras un análisis morfológico acercándonos a la estructura de las piezas, de gran complejidad y de innovadora presentación, así como a la sintaxis o coordinación utilizada para articular el discurso de cada una de ellas. Muchas, como palabras inconexas, solo logran significarse mediante secuencia ordenada junto a otras, a modo de frases, transformadas en unas obras que se cohesionan en su propia multiplicidad. Otras, como palabras sueltas, categóricas, definitivas, se erigen en su individualidad con la fuerza de una interjección, sonora, rotunda y poderosa.

Antonio I. González, Cuadernos borradores I y II, porcelánico, óxidos metálicos y engobes

Alberto Andrés (Palma de Mallorca, 1968), trabaja desde hace años con la palabra como punto de partida para el desarrollo posterior de la obra. En 2004 el artista presentó en la muestra Huellas recogidas una propuesta consistente en piezas de cerámica serigrafiadas que se sitúan sobre fotografías de gran formato, mostrando cada pieza una reproducción del fragmento de fotografía que se encuentra debajo, a la misma escala. De aquí parte la obra titulada Be a star, un mensaje que apareció hace unos años adornando la parte trasera de los pantalones de una determinada marca, muy perspicaces en la utilización de tan atractivo soporte. El primitivo Be a star genera You can be a star y combina así el posibilismo del you can con el imperativo be, como parte de una obra múltiple en la que se pone de manifiesto la agresividad de los mensajes consumistas.

Tanto Slow- fast como Nube-cloud, obras ambas de 2005, juegan con las palabras, las combinaciones de estas o su deconstrucción, como en el caso de Nube-cloud. Por su parte, Slow-fast añade palabras que varían en una sola de sus letras como love, live, word y world y las combina con figuras –la tortuga y el avión- que representan conceptos antagónicos como lento y rápido.

La aportación de Alberto Andrés a la muestra se completa con una selección de obras de la serie Carne cruda, un proyecto que surge a través de la transformación de un viejo edificio dedicado al despiece de reses y comercio de productos cárnicos, situado en el antiguo barrio del artista, y que hoy, irónicamente, se ha transmutado en prostíbulo. Al nuevo comercio de la carne alude el título de la serie y sus piezas, donde los carnosos labios rojos, de un latente erotismo, sirven de soporte a las fatuas palabras deslizadas entre los gozos: yo siempre te querré

Cuadernos borradores, de Antonio I. González (Montilla, Córdoba, 1961), se inspiran en la obra del poeta sueco Tomas Tranströmer, quien en 1990 sufrió un ictus cerebral que afectó su capacidad de hablar, y poco a poco le ha llevado incluso a perder su capacidad sintáctica, quedándole tan sólo la capacidad de comunicarse mediante palabras escritas. Su obra poética, basada en la experiencia personal, parte de las imágenes para, transformadas en versos, interpretar el propio entorno y la mente humana mediante el uso de la psicología, disciplina a la que se dedicó profesionalmente durante años. La inspiración para la serie Cuadernos borradores proviene del poema titulado De marzo del 79, perteneciente a su poemario La plaza salvaje (Det vilda torget, 1983):

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje.
Parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.

El tríptico Cuadernos borradores, en su contenido conceptual, se inspira de forma directa en este poema, mientras que en el aspecto técnico, la novedosa utilización de los soportes porcelánicos permite a Antonio I. González disponer de una límpida superficie para sus composiciones. Geometría y escritura están presentes en piezas como Lenguaje o Palabras, las cuales nos desvelan un acabado pictórico, pleno de texturas, en las que los esmaltes resbalan, se mezclan, funden y craquelan respetando los espacios acotados por el artista. Una abstracción formal, dominada por los ritmos, que fusiona suavemente en los distintos campos de color lírica y pintura, una pintura expresiva y poética.

De distinto modo ha concebido Antonio I. González las demás obras seleccionadas para esta muestra, en las que el artista elude la representación gráfica de la palabra, por la imposibilidad de transmisión de determinados lenguajes por medio de los códigos escritos. Las obras, pertenecientes a las series Postales, A rayas y Sin palabras, nos muestran una faceta más escultórica de Antonio I. González, en la que sus geometrías se ensanchan tridimensionalmente, en un complejo equilibrio entre cromatismo y la presencia de la huella superficial, característica de la plástica del artista.

La obra de Gabriella Sacchi (Milán, Italia, 1951), posee un carácter narrativo patente en sus piezas a través no sólo de la palabra escrita, sino de su propia morfología. Los eternos temas que han movido a la humanidad, como el amor, las diferencias de género, las migraciones o la búsqueda de la libertad, están presentes en las cerámicas de Gabriella Sacchi, quien se sirve de personajes arquetípicos como Penélope y Ulises para desarrollar un personal discurso, reivindicativo y lleno de sensibilidad, visible en obras como Bambini migranti.

Sacchi plantea un elaborado modo expresivo que une escritura e imagen, fusionando las ideas a través de un universo de formas, en el que lo figurativo se asocia a una importante carga conceptual. La artista manifiesta a través de su obra un claro interés por el mundo de la comunicación entre los individuos, expresando a través de sus instalaciones unos mensajes en los que el poder de la palabra escrita se une a la claridad de la metáfora en imágenes. Gabriella Sacchi une en su trabajo un incesante y continuado interés por el conocimiento técnico, visible en la calidad del acabado de las piezas, con una profunda actitud reflexiva.

Gabriella Sacchi, Febbraio 1970 / Aprile 1074, (Leggere il tempo), terracota, gres y engobes

Piezas como Lettera per te, Parole d’amore o In sogno ti ho scritto, nos hablan del interés que siente Gabriella Sacchi por las relaciones humanas a través de la escritura, la relación epistolar, manuscrita, llena de las particularidades de cada uno, un reducto de personalidad entre la globalización uniformada de los SMS y los correos-e. La artista, en sus escritos, reconoce el vivo interés que le produce el estudio de este tipo de correspondencia entre personas, y no sólo las palabras escritas, sino “también el tipo de papel, la caligrafía personal, la paginación del escrito, la presencia de errores, borrones, dibujos y símbolos”, huellas que testimonian la personalidad de quien escribe. En sus obras, en sus instalaciones, inserta parte de la correspondencia manuscrita de la que no está dispuesta a prescindir, a la vez que asume como propios mensajes de amor ajenos, en la seguridad de que “el sentimiento del amor, es, indudablemente, el que más cautiva a todas las culturas, en todas las épocas y en todos los lugares”, segura de que tan universal emoción, mediante sus obras como vehículo, ejercerá una clara identificación entre el mensaje epistolar y el espectador.

La exposición Páginas de barro: Palabras se inaugurará en la Sala Galatea el próximo día 4 de noviembre


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14 junio 2009

Regalos de vida, imágenes para la reflexión

Sin título, 2009. Fotografía de Nieves Galiot
Impresión digital sobre dibond. 170x230 cm.


Treinta imágenes para la reflexión, treinta historias de superación marcadas por un trasplante configuran el contenido de Regalos de vida una exposición de fotografía en soportes urbanos que se inaugura el próximo lunes en el Vial Norte.

La muestra, que tendrá carácter itinerante y podrá contemplarse hasta finales del mes de octubre, ha contado con la colaboración de dieciocho artistas de la ciudad que han fotografiado a treinta personas trasplantadas a lo largo de las tres últimas décadas en Córdoba. La exposición, que ha sido organizada por el Hospital Universitario Reina Sofía, ha contado con la dirección artística de Tete Álvarez y la colaboración altruista de fotógrafos y artistas plásticos nacidos o residentes en Córdoba. Rafael Carmona, Francisco González, María Moya, José Carlos Nievas, Hisae Yanase y Antonio González, Stephanus Meyer, Manuel Muñoz, A.J. González, Sánchez Moreno, Nieves Galiot, Manuel Torres, Álvaro Carmona, Tete Álvarez, Juan Manuel Vacas y Lola Araque han realizado las treinta imágenes mientras que el artista Pedro Peinado se ha encargado del diseño gráfico de la exposición.

Las fotografías, de gran formatomiden 2,30 m de alto por 1,70 m de anchoocuparán diferentes espacios públicos de la ciudad. Así, hasta el próximo 31 de julio, la exposición permanecerá en el Vial Norte; durante el mes de agosto se instalará en la Estación de Renfe y llegará al Bulevar de Gran Capitán en septiembre, donde permanecerá hasta el 31 de octubre. Las imágenes están contextualizadas mediante un pie de foto que pone nombre y apellidos a treinta historias de solidaridad. Treinta vidas que cambiaron para siempre porque alguien, algún día, les hizo un verdadero regalo de vida

Esta iniciativa se enmarca en las actividades que se llevan a cabo desde el complejo sanitario para celebrar los 30 años de donación y trasplante en este centro y que, a su vez, se incluye en la campaña de promoción de la donación Regala vida, dona órganosLa Diputación Provincial, a través de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, editará un catálogo que documente las obras expuestas. 

Las treinta fotografías pueden contemplarse en: http://transplantesregalosdevida.blogspot.com/

01 abril 2009

Nueva cabecera: Antonio I. González

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Hoy primero de abril presentamos a nuestros lectores la nueva cabecera que nos acompañará en la siguiente quincena, obra de Antonio I. González, buen amigo a quien agradecemos cordialmente su amable colaboración. Esta es la decimoséptima cabecera que muestra Ars Operandi desde que Jacinto Lara propusiera esta celebrada iniciativa. Gracias a todos.
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