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25 marzo 2016

Elogio de la sombra. Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada

He atrapado una sombra_01, instalación de Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada. Foto: Cortesía del artista
Tete Álvarez / Ars Operandi

El Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, a través de su Área de Artes Visuales, viene desarrollando una interesante programación de la mano de la artista y docente Belén Mazuecos. Exposiciones en La Madraza y el Hospital Real, proyectos como El vídeo en el aula o Escenas del Graffiti, seminarios, talleres de artistas y unos cuidadísimos programas didácticos  y divulgativos conforman una oferta que empieza a destacar dentro del panorama universitario andaluz. Tras las muestras individuales de Miguel Ángel Moreno Carretero, Chico López y la dedicada a los 14 años de Scarpia es el turno de Fernando M. Romero, egresado de la Universidad, quien vuelve a la ciudad para repasar los últimos años de su trayectoria artística. Un tiempo especialmente fecundo para el artista cordobés que lo ha llevado a realizar más de treinta exposiciones individuales y colectivas en los últimos cinco años en galerías, ferias y salas institucionales del panorama nacional e internacional.

He atrapado una sombra_02, instalación de Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada. Foto: Cortesía del artista
La propuesta que presenta en el Crucero del Hospital Real muestra un recorrido por las principales estrategias de las que se nutre para explorar, desde un enfoque interdisciplinar, la distancia existente entre la realidad y sus registros. Fotografía, pintura, instalación y video conforman un bucle en la producción de Fernando M. Romero mediante el que intenta desvelar los mecanismos que intervienen en nuestra percepción de la realidad. De su interés por expandir la pintura y hacerla colisionar con otros medios dan buena cuenta He atrapado una sombra 01 y 02, las obras que ocupan el espacio central del Crucero. Tanto en una de sus ya clásicas intervenciones mediante cinta adhesiva, la más monumental hasta el momento, como en la otra pieza, una aguda puesta en escena sobre la representación, el registro y la memoria, se hacen evidentes esa confluencia de intereses de los que se nutre su obra reciente y que van desde cómo construimos y nos relacionamos con nuestra memoria a las teorías científicas acerca de la naturaleza de la luz y de nuestro conocimiento de la realidad. 

Fotografías de las series Grid_(Lacock Abbey) de Fernando M. Romero. Foto: Cortesía del artista
El trabajo que viene desarrollando Fernando M. Romero, en el que el proceso de construcción de las imágenes adquiere gran protagonismo, le ha llevado a indagar en los pioneros de la fotografía del siglo XIX, Fox Talbot, John Herschel, Clerk Maxwell, etc., en los que "confluían por un lado la vertiente científica y sus investigaciones sobre la naturaleza y el comportamiento de la luz y por el otro el deseo de fijar esa luz o ese momento más allá de lo pasajero. Hoy día la fotografía y lo visual han monopolizado nuestros recuerdos y la forma en la que construimos nuestra memoria". Fernando M. Romero acude al momento inicial en el que todas esas cuestiones se configuraron por primera vez en una forma concreta a través de los ensayos fotográficos y los primeros negativos de W. H. Fox Talbot. Anteriormente ya se conocía el funcionamiento de la cámara oscura, la reacción fotosensible de las sales de plata e incluso hubo avances como el fisionotrazo de Guilles Louis Chretien o los trabajos de Thomas Wedgwood para trazar o capturar siluetas a escala".

Fotografías de las series Et in Arcadia ego y Folded de Fernando M. Romero. Foto: Cortesía del artista
En 1835, Fox Talbot, con ayuda de John Herschel, logra fijar el primer negativo fotográfico de la celosía de su ventana. “He atrapado una sombra” fueron las palabras que usó al difundir su trabajo. Es este momento en el que se entrelazan fotografía, dibujo y pintura el que atrae a Fernando M. Romero como pintor, pues en estas sombras y siluetas encuentra una relación directa con el mito fundacional de la pintura, el mito griego de Butades en el que su hija trazaba el perfil de la sombra que proyectaba su amado en la pared antes de partir.  "Para mí atrapar una sombra", indica el artista, "significa hablar de la memoria, del recuerdo, de cómo reconstruimos todo eso. Lo único que podemos atrapar realmente es la sombra. La huella es lo único que podemos atrapar, pero lo atrapamos siempre a base de trampas".

He atrapado una sombra. Fernando M. Romero
Hospital Real de Granada
Hasta el 11 de abril




14 febrero 2016

Donde crece el peligro crece también la salvación. María Cañas en Isabel Hurley

Still de video de Risas en la oscuridad, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
Tete Álvarez / Ars Operandi

Aconsejaba Harun Farocki desconfiar de las imágenes. María Cañas no solo rubrica esta sospecha sino que se adentra habitualmente en el detritus audiovisual para intentar dinamitar desde dentro el aparataje icónico que sustenta a esta sociedad de la información y el espectáculo en tiempo real. Tras su celebrada individual en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, recoge ahora parte de estos trabajos producidos en colaboración con el centro para ponerlos en escena en la galería Isabel Hurley. "Archivera de Sevilla, Virgen Terrorista del Archivo, iconoclasta audiovisual, salvaje mediática, videoguerrillera" se define una artista que se alimenta en compulsiva dependencia del "excedente de imágenes del gran teatro del mundo". Los fragmentos de YouTube, videos de noticiarios, archivos fílmicos y retazos de películas constituyen para Cañas un material que, debidamente agitado, se convierte en "resistencia a la distracción, al maniqueísmo, a la espectacularidad gratuita y demás paparruchas engendradas por la industria del entretenimiento digital. Me apasiona generar ocio terrorífico que nos haga rugir porque la revolución no será televisada". Un trabajo de apropiación y resignificación que reflexiona sobre "la extraña mezcla de diversión y tremendismo, de imaginería lúgubre y sensual en nuestro imaginario colectivo, operando en el canibalismo iconoclasta". Reivindica así narrativas audiovisuales "liberadas de las concepciones bunkerizantes de la historia y de los géneros: avanzar por tierra de nadie, entre el cine experimental y el videoarte, el documental y el ensayo, la vida y la muerte…".

Risas en la oscuridad, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
En Risas en la oscuridad, una videoinstalación de tres canales, Cañas rinde homenaje a todas aquellas que siente como hermanas, "brujas, quemadas y resurgidas de sus cenizas". Un tributo a la mujer, que lejos de los arquetipos cinematográficos de la femme fatale, reivindica una condición "fuerte, autosuficiente y libre". El material que nutre Risas en la oscuridad está protagonizado exclusivamente por imágenes de mujeres extraídos de diferentes medios, son "brujas, vampiras, guerreras, cándidas y malignas, féminas bigger than life que muestran su poder instaurando el desorden y la revuelta a través de una cascada interminable de risas salvajes, iluminando la oscuridad, la supuesta muerte del cine y de la literatura, con su risueña energía creadora. Mujeres que no tratan de agradar y servir, ni esperan el momento de la maternidad o del regreso del varón al calor del hogar. Son diosas, súcubos, gigantas, mujeres de luz y de fuego, plenas, provenientes de la mitología, el cine o la calle. Mujeres fuertes, autosuficientes y libres, o a veces, desesperadas, que se rebelan ante lo establecido. Son mujeres que se autoexorcizan, que combustionan en una catarsis de fuego".

Al toro bravo échale vacas, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
La risa y el humor negro también forman parte indisoluble de Al toro bravo échale vacas, una instalación con hamacas y césped artificial que indaga sobre el inexorable ocaso de lo racial, "sobre la paradoja de que el toro bravo ya no es bravo, porque España, esa piel de toro, se está quedando calva, en los huesos". Hubo un tiempo, recuerda Cañas, en que la frase "échale vacas al toro", tenía sentido, pero hoy, con tanta corrupción y tanta química, hasta el toro ha perdido su virilidad, está tan mustio que ni las vacas ni el antaño afrodisíaco soniquete de la trompetilla cañí lo empalman".  Y es que para la artista "Los espíritus libres no admiten certezas, ni mandamientos, ni dogmas. La libertad no soporta la patria, la santidad, ni las modas, ni el poder dictatorial. Me interesa experimentar la vida desde la contradicción, no desde la convicción. Me parece sospechoso, todo lo que aspira a superioridad moral, todo lo que propone una línea de perfección a seguir, sea una religión, un movimiento artístico o un partido. Prefiero pensar sencillamente en la existencia de la deriva…"

Still de video de La mano que trina, instalación de María Cañas. Foto: Cortesía de la galería
El lado oscuro de la tecnología, el sentimiento de tecno-paranoia, la religión del selfie, las tecnopatías, la demencia digital, la obsolescencia programada, la e-waste y el poshumanismo están, para María Cañas, detrás de La mano que trina, una proyección de video que la artista sevillana acompaña de una acumulación de chatarra electrónica. La pieza funciona a manera de sátira sobre una sociedad tecnológicamente hiperconectada en la que "los smartphones, las tablets y los ordenadores están acabando con la poca masa crítica agitadora de nuestra sociedad, cada vez más banal e infantilizada, en gran parte debido a la smartphone´s addiction. Y es que tal vez, concluye la artista, "nos estemos convirtiendo en datos a merced y bajo el control de megacorporaciones en las que no prima el arte ni la libertad de los usuarios si no el afán de lucro salvaje y voraz, en una época de vértigo, en la que ya no hay tiempo para ver, leer y escuchar con atención crítica".


Contenga multitudes. María Cañas
Galería Isabel Hurley. Málaga
Hasta el 26 de marzo

08 octubre 2015

Fernando Baena dirige en Ecuador el I Festival de Arte de Acción

Acción de Danilo Zamora en FAAC. Foto: Cortesía FAAC
Tete Álvarez / Ars Operandi

Se celebra durante estos días en Ecuador la primera edición del Festival de Arte de Acción de Cuenca, un proyecto promovido por el artista Fernando Baena que arranca con el propósito de dar a conocer las posibilidades formales y expresivas del arte de acción y realizar al mismo tiempo una labor docente y de formación de públicos. Aunque las artes procesuales y de la acción han constituido uno de los pilares fundamentales del arte actual, sin embargo, aseguran desde el FAAC, en el ámbito institucional no se suele prestar una atención suficiente a su enseñanza, exhibición y conservación. A esto habría que sumar la problemática específica de un tipo de arte que no suele producir objetos para el mercado y que permanece ajeno a los canales de comercialización. Como consecuencia, indica Fernando Baena, "existe un desconocimiento general y una falta de reconocimiento del trabajo de los artistas que trabajan en este campo, lo que constituye una pérdida indudable". El director del FAAC indica que aunque en Ecuador se han realizado en los últimos años interesantes eventos relacionados con el arte de acción , "y existen algunas publicaciones de mérito, los esfuerzos nos parecen algo dispersos y, salvo algún caso excepcional, poco duraderos en el tiempo". En este sentido, una de las principales aportaciones del festival es la puesta en marcha del Archivo del Arte de Acción Ecuatoriano, un repositorio que documenta el trabajo de 24 artistas de diferentes partes del país compilado por Fernando Baena en un trabajo de investigación realizado en el último año.

Accion de Daniel Coka y Carlos Paredes en FAAC. Foto: Cortesía FAAC
El encuentro está reuniendo a figuras significativas del arte de acción con presencia de los españoles Isidoro Valcárcel Medina, Santiago Sierra, Bartolomé Ferrando y la pareja de artistas Nieves Correa & Abel Loureda, el japonés Seiji Shimoda, el británico Alastair MacLennan, la mexicana Elvira Santamaría, el uruguayo Clemente Padin o el chileno Gonzalo Rabanal entre otros. El FACC presenta un nutrido programa de actividades que además de las performances incluye actividades relacionadas como charlas, exposiciones, presentaciones, proyecciones y talleres. Tres son las muestras que componen la vertiente expositiva del festival. Inventario de los gestos con la curaduría de Marisa Flórido reúne una veintena de artistas y colectivos brasileños que colocan en evidencia la distinción entre hacer y actuar: el gesto y el gesto en el arte. Rebeldías de la carne, comisariada por Silvio de Gracia, que gira en torno a la utilización del cuerpo como herramienta artística para motivar en el público la conciencia y la acción social y Lo que queda de la acción, comisariada por Fernando Baena, sobre la importante relación que se establece entre las acciones artística y los restos resultantes de ellas: partituras o bocetos, stencils y pintadas, huellas y registros, instalaciones derivadas, archivos y ediciones.

Performance de Raúl Armijos en FAAC. Foto: Cortesía FAAC
El contenido teórico del festival se articula alrededor de una serie de mesas redondas con especialistas en el género que conversarán sobre diferentes aspectos del arte de acción y la performance. Moderado por el comisario de arte cordobés Juan Ramón Barbancho Arte de acción en el mundo ha debatido sobre la actualidad del arte de acción en una mesa compuesta por Anna Gimein, Marisa Flórido, Gonzalo Rabanal y Abel Loureda. La divulgación del arte de acción será tratada en Los festivales, un encuentro moderado por Nieves Correa que contará con la presencia de Edison Cáceres, Alastair McLennan, Seiji Shimoda y Roi Vaara. El arte de acción en Ecuador y América Latina será debatido por Ronald Duarte, Aidana Rico, Carlos Vargas y Elvira Santamaría en una mesa moderada por Bartolomé Ferrando. También con Bartolomé ferrando como moderador se tratará La enseñanza del Arte de Acción y el Arte de Acción en la enseñanza con Olmedo Alvarado y Jenny Jaramillo. La implicación social del arte de acción será objeto de debate en Rebeldías de la carne con Silvio De Gracia, Clemente Padín, María José Machado, Santiago Sierra y Falco. Y finalmente los colectivos y las redes del arte de acción se abordarán por Omar Puebla, Rodrigo Viera, Xavier Blum y Danilo Zamora en una mesa coordinada por Melina Wazima. Completan el programa Las veladas FAAC, unos encuentros que se presentan con la voluntad de "cuestionar los espacios propios del arte de acción, de crear territorios mixtos donde los diferentes materiales aportados desde otras artes pudieran remover las convicciones y sobreentendidos de los expertos y abrir un espacio despejado a los neófitos".

05 agosto 2015

Fin de temporada. De Santander a Marbella

Cajas de luz de la serie Atrezzo de Tete Álvarez en el stand de la galería JM en ArteSantander. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

Dos ferias marcan este año el final de la temporada artística. Si hasta el momento el circuito se despedía a finales de julio en ArteSantander, la irrupción de una feria debutante como Art Marbella desplaza el interés hacia el sur y prolonga la actividad hasta los primeros días de agosto. La ciudad de Santander se convierte por unos días en el epicentro del arte nacional con la celebración de la feria de arte contemporáneo y del curso de la UIMP Coleccionismo de Arte Contemporáneo y Comisariado organizado por el Instituto de Arte Contemporáneo y la Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915. Por el Palacio de la Magdalena han pasado figuras como Simón Marchán, Patrick Charpenel, María de Corral, Benjamin Weil y Juan Luis Moraza, entre otros, que han puesto de manifiesto la estrecha la relación que se establece entre los coleccionistas y los artistas como aspectos decisivos del proceso artístico. ArteSantander, próxima a cumplir su XV aniversario, consolida su modelo con una apuesta por el Solo Project que imprime a la feria un carácter muy particular. Esto permite acercarse con mayor profundidad a la obra de artistas emergentes en el panorama nacional y consolidados y de larga trayectoria como Eulalia Valdosera en Sicart, Bleda y Rosa en Espai Visor o Joan Hernández Pijuán con Rafael Pérez Hernando. Entre las 42 galerías encontramos presencias ya clásicas en la feria como Siboney, Rafael Ortiz, Blanca Soto o Ángeles Baños junto a nuevas galerías como la valenciana Espai Tactel, las madrileñas Alegría, Espacio Valverde y Javier López o la galería vallisoletana La Gran. La representación andaluza ha corrido de la mano, además de la citada Rafael Ortiz, de Cavecanem, que vuelve a la feria casi una década después y las galerías malagueñas Yusto Giner y JM. En esta última el artista cordobés Tete Álvarez presenta Atrezzo, una serie de cajas de luz en la que utiliza fragmentos de imágenes de prensa o distribuidas por instituciones públicas de reuniones bilaterales, audiencias o entrevistas de altos dignatarios políticos. Los detalles de mobiliario ampliados se tornan así, descontextualizados, en objetos de decorado para una representación actoral que se escenifica ante la mirada atenta del mundo como espectador.

Vista de las obras de Miguel Gómez Losada en el stand de Yusto Giner en Art Marbella. Foto: FMR
En un contexto como el andaluz donde el desmantelamiento de políticas culturales de apoyo a la creación contemporánea y a las industrias culturales del sector ha sufrido una importante deriva en los últimos años, la noticia de la puesta en marcha de Art Marbella se vivía por un lado con múltiples expectativas, y por otro lado con la cautela de vivir ante la aparición de otro de esos experimentos UFO que de vez en cuando surgen en nuestro contexto bajo la simple lógica del espectáculo. Bajo la dirección de Alejandro Zaia, podemos concluir que en su primera edición Art Marbella ha cumplido las expectativas que se habían abierto en torno a la celebración de la feria. La presencia de galerías de consolidado prestigio como Espacio Mínimo, Carreras Múgica, Max Estrella o la portuguesa Filomena Soares, se ha combinado con aquellas que han ido surgiendo en los últimos años en el contexto nacional como una apuesta por la renovación del paradigma de las galerías en nuestro país como se podía ver en los stands de L21, F2, Twin Gallery o Bacelos, una mezcla que visibilizaba los cambios en un sector que ha hecho suyo aquello del reinventarse o morir. En el caso de las galerías andaluzas, destacaba la presencia de Alarcón Criado que llegaba a Marbella con una selección de las piezas de MP & MP Rosado, Nicolas Grospierre y Simón Zabell entre otros y la marbellí Yusto Giner con piezas de José Luis Puche, Rosa Loy y el cordobés Miguel Gómez Losada, en una decidida apuesta por el formato pictórico, del que sólo separaba el trabajo fotográfico de Dionisio González que pudimos ver en la pasada Bienal de Fotografía de Córdoba. Gómez Losada ha presentado obra reciente, en su mayoría del año en curso, como Albina, una evocación de los paisajes del norte, Hovs Hallar, CreyentesCruce y el bodegón Ceuta. Para el artista cordobés, afincado ahora en la capital malagueña,"lo que uno imagina cuando se pinta pasa a ser verdad. La pintura, el arte, ya no sería entonces un reservado, sólo un ejercicio poético, sino la realidad más veraz".

Untitled_11, una de las propuestas de Fernando M. Romero en PreVIEW. Foto: Cortesía del artista
Esta misma apuesta por el formato pictórico se podía ver en el proyecto paralelo PreVIEW comisariado por Sema D'Acosta para la galería Yusto Giner, donde se ofrece un panorama que rastrea algunos de los caminos que toma la pintura en el sur de España, auscultando cuatro de sus polos principales como son Murcia, Córdoba, Granada y Sevilla. La muestra incluye artistas como Miki Leal, Javier Parrilla, FOD, Paco Pomet, José Piñar, José Carlos Naranjo, Patricio Cabrera, Fer Clemente, Cristóbal Quintero, Sonia Navarro, Ángeles Agrela, Ana Barriga y María José Gallardo y cuenta con la presencia de dos artistas de nuestra ciudad, Manuel Garcés y Fernando M. Romero. La idea principal del proyecto es, según afirma el comisario de la muestra Sema D'Acosta "reforzar los lazos entre territorios cercanos, planteando una propuesta de activación que sirva para encontrar nexos de unión entre provincias afines. Con esta conjunción de intereses, la Costa del Sol se convierte en foco activo de una cita que reúne algunos de los jóvenes artistas que concitan mayores expectativas del horizonte nacional, demostrando con esta representación colectiva que la pintura es un lenguaje especialmente vivo sobre todo en Andalucía, un lugar donde crece y se amplifica continuamente".

Un aspecto de PreVIEW con obras en primer término de Manuel Garcés. Foto: FMR
Fernando M. Romero presenta Untitled_011 y Blue_icon_002, ambas de 2013. El artista ha indicado a Ars Operandi que "estas obras se cuentan entre las primeras en las que comencé a usar la geometría de una forma más explícita en mi obra, centrándome en la retícula. Son obras pertenecientes a una serie que anticipa algunos de los elementos que desarrollaría más tarde en pinturas, fotografías e instalaciones como son el uso de un patrón geométrico por un lado y el azar o los accidentes a los que éste es sometido. El uso de un elemento recurrente como es la retícula me permite indagar de una manera interdisciplinar en los filtros y distorsiones que interceden en nuestra percepción de la realidad". Por su parte, Manuel Garcés comparece con cuatro obras de la serie Los durmientes, un trabajo que surge de la observación de la realidad "como forma y como contenido". Una acción que según afirma el artista "en ocasiones se torna compleja". "Cuando me desplazo contemplo el paisaje procurando alimentar la mirada; a veces se produce una relación confusa entre el diseño y el simbolismo que emana la escena. Pongo todo mi empeño en hallar lugares capaces de generar ese extraño vínculo que alimenta la sensación de sorpresa y descubrimiento. Quizá ahí, en el instante de percepción previo al entendimiento, empieza la aventura, el primer estímulo para empezar un cuadro".


02 julio 2015

PHotoEspaña 2015 : el papel de Latinoamérica

Guy Tillim. Grande Hotel, Beira (Mozambique), 2008 © Guy Tillim. 
Cortesía de Stevenson, Ciudad del Cabo y Johannesburgo
A.L. Pérez Villén / Ars Operandi

En su decimoctava edición PHotoEspaña se centra en la fotografía latinoamericana y se despliega por Madrid (y otras localidades) en una oferta de exposiciones que merecen la visita. Ya sé que no están todos los que son. Echo en falta, así de pronto, a Graciela Iturbide y Mario Bellatín, por nombrar dos autores mexicanos tan distintos y cuya relación con el medio fotográfico es tan distante. Pero sí que son todos los que están. Y son muchos y muy buenos. Imposible dar cuenta de todos ellos, de todas las exposiciones, por eso me he centrado fundamentalmente en las muestras individuales, en las de artistas latinoamericanos como Luis González Palma, Tina Modotti, Julio Zadik, Mario Cravo Neto y Korda, y en especial en la del norteamericano Paul Strand. También en las de los españoles Chema Madoz y Bernardí Roig. Tampoco he querido dejar pasar la oportunidad de reseñar una muestra colectiva –Construyendo mundos. Fotografía y arquitectura en la era moderna- que no os podéis perder.

Luis González Palma. Historias paralelas (Sin título), 1995-2012. Cortesía del artista
Si tuviera que contextualizar la obra de Luis González Palma (Guatemala, 1957) utilizaría como asidero fundamental el de la fotografía latinoamericana y la vinculación con ese concepto que Rosalind Krauss puesto en circulación en referencia a la escultura, si bien en su caso habría de referirme a la fotografía, la fotografía expandida, porque esa es la consecuencia formal y discursiva de su trabajo. Orillar los campos habituales de la pintura y la escultura, además de la instalación, expandiendo el límite de la fotografía. Quizá sea su formación como arquitecto la razón de este interés por las cuestiones espaciales, aunque lo cierto es que se trata de un artista que no se siente a gusto constreñido por los valores de una sola disciplina; de hecho no le gusta hablar de fotografía al referirse a su trabajo sino de arte. Un arte que, eso sí, pivota sobre las circunstancias de la imagen; mejor dicho sobre los imperativos de la mirada.

Luis González Palma. Serie Möbius, 2013-2014. Cortesía del artista
La suya es una obra canónica en lo que se refiere a las señas de identidad de la fotografía latinoamericana pero el artista guatemalteco -que comienza a estar activo a finales de los 80 y con presencia en la escena artística a comienzos de los 90- no se contenta con recrear y actualizar la tradición, manteniendo el apego al elemento indígena, la querencia por la simbología de lo identitario y los tonos sepias desde el blanco y negro reinante, sino que sutura las imágenes con hilos que enhebran historias superpuestas, fragmentos y collages, así como otras licencias que aun siendo tradicionales en el devenir histórico de la disciplina, apuntan a su consideración como estrategia gráfica de cuestionamiento de la imagen. Ese sentido tienen las piezas de la serie Möbius (2015), que bien juegan con la recomposición de la imagen deconstruida mediante su reflejo catóptrico en diferentes cuerpos geométricos o se insertan en el territorio de la escultura proponiendo una lectura de la imagen fragmentada. Así ocurre también en la serie Tu mirada se distorsiona sin saberlo (guardaespaldas)(2015) en la que el soporte está plegado de diferentes maneras, dando lugar irremediablemente a imágenes parciales que solapan más que muestran.

Luis González Palma. No quería hablar de esos años. Serie Jerarquías de la intimidad (El encuentro), 2004. Cortesía del artista
El concurso de la pintura, que está muy presente en buena parte de su obra y que en los últimos años le está llevando a tramar la imagen figurativa (fotográfica) con la abstracción geométrica, ese sesgo se hace especialmente atractivo en una serie de obras en las que el artista se vale de película ortocromática y pan de oro para crear un mundo fascinante y onírico, que la penumbra de la sala no hace más que potenciar. Pero González Palma no es sólo un autor que ha inyectado a la fotografía un estimulante injerto disciplinar, los medios con los que cuenta están en cada caso al servicio de un afán por relatar la pasión de un aquietamiento de la belleza que se desprende de las escenas de sordidez, misterio y silencio que destilan sus obras. Imágenes de la memoria silente, residuo de sueños y premoniciones, territorios donde nociones como la vida y la muerte hace tiempo que dejaron de ser contradictorias.

Tina Modotti. Manos descansando sobre una pala, 1926 © Tina Modotti. Cortesía Throckmorton Fine Art
Hay que reconocer que una de las valencias más fuertes de Tina Modotti (Italia, 1896-México, 1942) es la de su compromiso político con las causas de la izquierda universal, sus desvelos en el apoyo a la causa republicana en la guerra civil española y la simpatía por la experiencia revolucionaria mexicana. Esto sin detrimento de su fotografía, que se desgrana en perlas simbólicas que propagaron el ideario comunista y algunos retratos felices de personajes relevantes de la historia local de los lugares que visitó y por donde paseó su vida. Modotti abandona muy joven su país natal y marcha detrás de su padre a Estados Unidos, donde comienza a involucrarse con el mundo de la interpretación dramática, conoce al fotógrafo Edward Weston y a comienzos de los años veinte la tenemos en México haciendo sus primeras fotografías que, como no podría ser de otra manera se vuelcan en el retrato de tipos populares, en captar el acervo local y la naturaleza vegetal.

Tina Modotti. Hoz, bandolera y guitarra, circa 1927 © Tina Modotti. Cortesía Throckmorton Fine Art
Entre aquellos podemos destacar Cala (1924-1926) y las célebres Manos descansando sobre una pala (1926). Pero decíamos que el fuerte de su obra lo constituye el perfil simbólico de sus imágenes y los retratos. Sus bodegones de la revolución constituyen un perfecto ejemplo de ese matiz simbólico del que hablamos, poniendo en escena una serie de elementos que remiten a lo autóctono y a la causa comunista, presentes en Hoz, bandolera y guitarra (circa 1927). En cuanto a los retratos, el de Vladimir Maiakovosky en México (1925) o el de Diego Rivera pintando en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1931) son dos excelentes patrones.

Julio Zadik. Sin título © Julio ZadiK. Cortesía Estate Julio Zadik

En el Jardín Botánico encontramos una doble propuesta, la de Julio Zadik y Mario Cravo Neto. Julio Zadik (Guatemala, 1916-2002) tremendo y versátil fotógrafo no muy conocido, autor brillante en el manejo de un lenguaje fotográfico que se nutre tanto del fotoperiodismo y el documento antropológico, como de los intereses formales de las vanguardias fotográficas de la primera mitad del siglo XX. Un discurso que acomete tanto tomas cenitales de espacios urbanos, como primeros planos de insectos amenazadores, que es capaz de congelar el gesto o la situación de una escena singular, como de detenerse morosamente en la captación de las formas caprichosas del agua y los reflejos que en ésta se producen. En definitiva, un grato descubrimiento.

Mario Cravo Neto. Heart of Stone, 1990 © Mario Cravo Neto
No lo es en España el brasileño Mario Cravo Neto, de quien ya habíamos visto obra suya por aquí. Se trata de un artista más volcado en retratar el flujo incesante de la urbe moderna y sobre todo comprometido con la búsqueda de los ancestros, de lo primordial, de los ritos de tránsito, de los mitos de la santería, de los mitos y ritos del sacrificio suntuoso de la vida. Sus desnudos nunca están solos ni desnudos, por lo general se acompañan de elementos simbólicos o naturales que contrastan con la anatomía del cuerpo : piedras, peces, huevos, cuchillos de sacrificio, etc… Un esteta de lo orgánico que se demora en la superficie de las cosas, en como el tiempo tatúa sobre la piel el curso de la experiencia vivida al límite.

Fotografía de Korda © Alberto Korda
Menos interés nos suscita la exposición de Korda en el Museo Cerralbo, no porque se centre en una temática que no es la que le hizo mundialmente célebre – el retrato del Che Guevara- como porque en ella no atisbamos a considerar su aportación a la fotografía de moda, por más que fuese en este campo en el que vino a desarrollar el grueso de su trabajo. Y esta es la razón de la muestra, la fotografía de moda y el retrato femenino. El de la figura, la pose y el glamour de una imagen de mujer, que es la que se publicita desde el mundo de la moda.

Nidia Ríos, circa 1956 © Korda, VEGAP Madrid, 2015
Ya sean las imágenes de su primera novia, de su esposa o de sus sucesivas modelos –destacamos las realizadas a Norka como las más sugestivas- en todas ellas el ideal femenino de belleza pasa por el tamiz de lo que la publicidad –Korda no llega a desembarazarse del influjo de Irving Penn o Richard Avedon en este campo- presupone. Es decir, una mujer sofisticada, ampulosa, tremendamente atractiva y frágil, que poco tiene que ver con las mujeres de la revolución cubana, a las que también fotografía como elemento de propaganda en la estrategia mediática del nuevo régimen cubano.

Paul Strand. Wall Street, Nueva York, 1915. Copia al platino. Philadelphia Museum of Art. The Paul Strand Retrospective Collection, 1915-1975, donación de los herederos de Paul Strand, 1980-21-2 © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive
La Fundación Mapfre, en colaboración con el Philadelphia Museum of Art, dedica una retrospectiva al fotógrafo estadounidense Paul Strand (Nueva York, 1890 – Orgeval, Francia, 1976), en la que se han reunido más de 200 obras, algunas pertenecientes a la colección de la institución madrileña. Otra nueva exposición dedicada a uno de los fotógrafos clave del siglo pasado. En este caso son seis décadas de trabajo las que se articulan en tres apartados, el primero de los cuales da cuenta de los inicios en la corriente en boga en los primeros años del siglo XX, el pictorialismo, fruto del contacto con Alfred Stieglitz y su célebre Galería 291 –donde llegó a exponer años más tarde- y la mítica revista Camera Work, donde también publicó.

Paul Strand. Abstracción, tazones, Twin Lakes, Connecticut, 1916 (negativo), década de 1950 
o de 1960 (copia). Copia a la gelatina de plata. Colecciones Fundación Mapfre
© Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive
Pero el maestro de Strand no fue Stieglitz sino Lewis Hine, con quien se forma en la fotografía de índole social, en el fotoreportaje comprometido, asistiendo a sus clases en la Ethical Culture Scholl de Nueva York. A partir de 1915 Strand abandona el pictorialismo y perfila una doble senda que será ya indeleble en el resto de su trayectoria. El gusto por la ortogonalidad de la composición, ya sea mediante estudios formales de objetos que componen una suerte de bodegón -cubista en ocasiones, casi abstracto en otras- o bien a través del análisis estructural de figuras reconocible como útiles de la vida diaria. La otra senda hollada por Strand en estos primeros años del siglo XX es la del retrato singular de una serie de personajes de la calle, no célebres ni populares, pero sí muy auténticos, a quienes captura de manera furtiva, sin su consentimiento por medio de un objetivo camuflado. Personajes de distintas etnias pero de baja extracción social, seres reales que poblaban las calles neoyorkinas antes de los alegres años 20.

Paul Strand. Mujer ciega, Nueva York, 1916 (negativo), década de 1940 (copia). Copia a la gelatina 
de plata. Colecciones Fundación Mapfre FM000886 © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive
Al hilo de estos años Strand comienza a usar una cámara de gran formato y a estrechar vínculos con el círculo de Stieglitz y a afianzar su compromiso político de izquierda. Las obras de estos años insisten en la ortogonalidad formal, si bien ahora se trata de vistas urbanas e incluso detalles de una cámara cinematográfica –Strand queda fascinado con el cine y comienza a trabajar con ella, llegando a concluir algunas cintas, de las que se proyecta Manhatta (1921) en una de las salas. Pero también vuelve al retrato, en este caso de su primera esposa, potenciando el formalismo contrastado de los primeros planos del rostro. O los detalles minuciosos de una naturaleza vegetal. Una naturaleza, que en el paisaje urbano de Nuevo México en el devenir de los años 30, se torna inquietante, dando cuenta de una geometría preñada de misterio, luces y sombras y sin presencia humana (Iglesia, Ranchos de Taos, Nuevo México”, 1930).

Paul Strand. Iglesia, Ranchos de Taos, Nuevo México, 1930. Copia al platino
Philadelphia Museum of Art, Filadelfia. The Paul Strand Collection, adquirida con el Fondo Annenberg
para Grandes Adquisiciones , 2013-76- 109 © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive
En México y a partir de los años 40 Strand abraza y se rinde al barroco, como no puede ser de otra manera. Sus Cristos, imágenes votivas y religiosas y los tipos populares del folclore local, echan por tierra la austeridad formal precedente. En 1950 Paul Strand abandona Estados Unidos y viaja a Europa huyendo de la persecución a la que se siente sometido como simpatizante de izquierda y por el anticomunismo imperante. No volverá a residir en su país. Lo más reseñable de este periodo europeo son sus series de reportajes en torno a lugares específicos –ya sean localidades pequeñas o países emergentes- como Luzzara (Italia) o Ghana, recientemente independiente. De la primera llama la atención la serie de retratos de la población autóctona –con la aquiescencia de los retratados en este caso- que componen un fresco neorrealista de la Italia de los años 50.

Paul Strand. La familia, Luzzara (los Lusetti)], 1953 (negativo), mediados-finales de la década de 1960 (copia)
Copia a la gelatina de plata. Philadelphia Museum of Art, Filadelfia. The Paul Strand Collection, adquirida con fondos aportados por Lois G. Brodsky y Julian A. Brodsky, 2014-8-39 © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive
Otras localizaciones de su obra, en esta suerte de reportajes a mitad de camino entre el estudio antropológico y la galería de espacios y tipos singulares, son las Islas Hébridas, Egipto, Rumanía, Marruecos, etc… Todos ellos con la finalidad de componer una secuencia de imágenes para una publicación. Es sintomático que uno de los últimos enclaves y refugios de Strand –no solo donde se recluye sino donde vuelca en su mirada- sea su huerto particular en Orgeval (Francia), en sintonía con la dedicación también terminal de Monet en su jardín de ninfeas.
Chema Madoz. Sin título, 2012 © Chema Madoz, VEGAP, Madrid, 2015
Sigo pensando que Chema Madoz (Madrid, 1958) es ante todo poeta. Un poeta visual con un lenguaje aquilatado en todos los años que nos viene sorprendiendo con sus fotografías. También es fotógrafo y escultor. Esto último me lo confesó cuando le sugerí la deriva objetual de su obra y reconoció que conservaba buena parte de los objetos que construye. Objetos con los que después inmortaliza ese encuentro fortuito al que alude el surrealismo. Poesía visual, poemas-objeto, esculturas en origen, fotografías como obra resultante. Cuando Madoz saltó a la escena artística española, de inmediato se le vinculó a la onda que por entonces –finales de los años 80- comenzaba a irradiar la recuperación de Joan Brossa. Pero esa sombra se ha diluido totalmente, su obra hace años que marca una deriva que solo incidentalmente se asocia con la del poeta catalán.

Chema Madoz. Sin título, 2012 © Chema Madoz, VEGAP, Madrid, 2015
Se ha hecho fuerte en el dominio del blanco y negro, ha adquirido contundencia con los grandes formatos –presencia y sugerencia destilaba desde el comienzo- y sigue deleitándonos con esos matrimonios o tríos de parejas imposibles que gustan de los juegos de lenguaje, de las afinidades semánticas e incompatibilidades formales (y viceversa). En definitiva, de la ironía y la sutileza de un observador que crea mundos posibles desde la contradicción y un luminoso sarcasmo que está haciendo estilo. Porque esa es otra, en un principio resultaba un juego oportunista, a veces brillante o lúcido, pero tenía fecha de caducidad, se temía que el utillaje objetual y sus sucesivas combinaciones y permutaciones terminaría por agotarse. La realidad indica todo lo contrario, Chema Madoz nos sigue sorprendiendo con una obra bien engrasada y que no da muestra alguna de cansancio.

Vista de la exposición de Bernardí Roig. Poets (99 hombres y una mujer barbuda). FotoCortesía Galería Max Estrella
Poets (99 hombres y una mujer barbuda) es la última incursión de Bernardí Roig (Palma de Mallorca, 1965) en la fotografía -estamos habituados a su escultura e instalaciones- a través de un proyecto coral de un centenar de figurantes retratados con similar expresividad a sus célebres figuras en tres dimensiones. Figurantes que aparecen todos ellos ataviados “con una apariencia de abandono e indigencia”, como actores de una “dramaturgia colectiva de la que aún no se sabe la trama”. Escritores, críticos de arte, directores e museo, gestores culturales, artistas, filósofos, incluso poetas. Reconocemos a Pablo Jiménez, Manuel Borja-Villel, Javier Díaz Guardiola, Alberto Ruiz de Samaniego, Santiago B. Olmo, Fernando Castro Flórez, Rafael Doctor, José Miguel García Cortés, Miguel Zugaza, Enrique Vila-Matas, David Barro, Miguel Cereceda, Francisco Jarauta, José Guirao, Javier Montes y el autor, entre otros.

Walker Evans. Atlanta, Georgia. Casas de madera y una valla publicitaria, 1936
© Walker Evans Archive, The Metropolitan Museum of Art
El Museo ICO acoge una muestra colectiva organizada por el Barbican Center de Londres y que reúne obra de casi una veintena de fotógrafos internacionales que abarcan desde comienzos del siglo pasado a la actualidad. Construyendo mundos. Fotografía y arquitectura en la era moderna, como indica el título, traza un recorrido muy interesante en el que se evidencian las relaciones que desde tiempo mantienen estas dos disciplinas. Y sin en un principio la arquitectura se valía de la fortaleza de la fotografía para documentar y difundir el legado de su misión constructiva y emblemática, pasado el tiempo llegó a dar pistas a la arquitectura de cómo afrontar la representación del espacio. La exposición se abre con las imágenes de Walker Evans y Berenice Abbot, ambas de mediados los años 30, si bien retratan realidades bien distintas. Las de Evans parten de un encargo de la administración norteamericana de documentar la América rural, mientras que las de Abbot, que tras su periodo parisino –en contacto con Man Ray y Eugene Atget- vuelve a Nueva York y queda impresionada de los cambios que ha sufrido la ciudad, son el relato de una urbe moderna –rascacielos y carteles- que también hallamos en las páginas de Manhattan Transfer, de John dos Passos.

Hélène Binet. Museo Judio de Berlín, Daniel Libeskind, Sin título. 7 de julio de 1997. Cortesía de Hélène Binet
Desde los años 50 existe una corriente fotográfica afín a la arquitectura moderna que se compromete en la difusión de su ideario, destacando las bondades del funcionalismo o del estilo internacional de la arquitectura del proyecto moderno. En esta línea destacamos las imágenes de Julius Shulman, que retratan el moderno estilo de vida de la California de entonces y las de Lucien Hervé, que documenta la obra de Le Corbusier en la ciudad india de Chandigarh. En otro contexto aunque con similar predisposición a interpretar las claves de la arquitectura que retratan, están los casos de Luigi Ghirri con la arquitectura posmoderna de Aldo Rossi y Hélène Binet con la estética deconstructiva de Daniel Libeskind. También están las postales de ciudades norteamericanas de Stephen Sore, que destilan extrañeza y provocan perplejidad y en las que la arquitectura funciona como “el rostro visible de las fuerzas que dan forma a una cultura”.

Nadav Kander. Chongqing IV (Picnic de domingo). Distrito de Chongqing, 2006
© Nadav Kander. Cortesía Flowers Gallery
No podían faltar los desenfoques habituales en los edificios monumentales de Hiroshi Sugimoto y por supuesto las ediciones fotográficas de apartamentos y aparcamientos de Ed Ruscha y los depósitos de agua de Bernd & Hilla Becher. Máxime teniendo en cuenta que es precisamente con estos autores con los que la fotografía accede y se integra en el circuito artístico internacional. Tampoco faltan algunos de los alumnos en la Escuela de Düsseldorf de los Becher, como Thomas Struth y Andreas Gursky. La exposición se cierra con la mirada crítica a los cambios que se operan en la naturaleza y en las ciudades al paso de la utopía moderna. Un drama muy bien documentado por Guy Tillim, en Angola, el Congo y Mozambique; Simon Norfolk y Bas Princen, en Oriente Próximo; Nadav Kander en el paisaje chino e Iwan Baan con los inquilinos de la inacabada Torre de David (Caracas).


Luis González Palma. Constelaciones de lo intangible
Comisario : Alejandro Castellote
Espacio Fundación Telefónica
Hasta el 18 de octubre

Tina Modotti
Comisaria : María Millán
Fundación Loewe
Hasta el 30 de agosto

Julio Zadik. Un legado de luz
Comisario : Andrés Asturias
Real Jardín Botánico 
Hasta el 2 de agosto

Mario Cravo Neto. Mitos y ritos
Comisaria : Oliva María Rubio
Real Jardín Botánico
Hasta el 2 de agosto

Korda. Retrato femenino
Comisaria : Ana Berruguete
Museo Cerralbo
Hasta el 6 de septiembre

Paul Strand
Comisario : Peter Barberie
Fundación Mapfre
Hasta el 23 de agosto

Chema Madoz 2008-2014. Las reglas del juego
Comisario : Borja Casani
Sala Alcala 31
Hasta el 2 de agosto

Bernardí Roig. Poets (99 hombres y una mujer barbuda)
Galería Max Estrella
Hasta el 18 de julio

Construyendo mundos. Fotografía y arquitectura en la era moderna
Comisarios : Alona Pardo y Elias Redstone (Barbican Center, Londres)
Museo ICO
Hasta el 6 de septiembre

15 junio 2015

El dormitorio de Antonio Blázquez en Casa Sostoa

1995, intervención de Antonio Blázquez en Casa Sostoa. Foto: Cortesía del artista
Tete Álvarez / Ars Operandi

Casa Sostoa es una experiencia que se desarrolla desde 2013 en el domicilio particular de Pedro Alarcón, un historiador del arte que abre las puertas de su casa en Málaga para acercar la obra de los artistas al público sin "los convencionalismos que rodean a los espacios expositivos de carácter oficial". El modelo, explican, es "el espíritu de la kunsthauss -casa del arte-, propiciando el diálogo junto y en torno a la obra de arte. Así, los propios artistas provocan encuentros con su público, generándose un programa de actividades en que se cede todo el protagonismo a la obra y sus creadores. Además, diversos espacios de la casa son ofrecidos como lugar de experimentación, dando lugar a intervenciones específicas y proyectos que se nutren de una interpretación del espacio. De este modo podemos afirmar que, como centro de arte que aspira a ser, esta casa es también laboratorio para el arte". En estos años han pasado por el piso de la calle Héroes de Sostoa un buen número de artistas, en su mayoría andaluces, entre los que se encuentran los cordobeses Miguel Gómez Losada y Verónica Ruth Frías.

Un detalle de la instalación de Antonio Blázquez en Casa Sostoa. Foto: José Luis Hernández Galán
Ahora es el también cordobés Antonio Blázquez quien participa junto a Simon Arrebola y María Dávila en Memoria Selectiva, la última entrega de la casa que versa en esta ocasión en torno al recuerdo, la evocación y la memoria. Blázquez presenta 1995, una intervención en un dormitoro de la casa en la que rememora mediante una acumulación de dibujos, fotografías, música y objetos personales el tiempo vivido veinte años atrás. Para Pedro Alarcón la intervención del artista cordobés propicia una experiencia semejante a la de "la apertura de una imaginaria cápsula del tiempo" y explica que es una instalación específica para el dormitorio de invitados "en la que nos daremos de bruces con el Antonio Blázquez preuniversitario en el que se encontraban todas las posibilidades futuras. Esta regresión temporal de veinte años pretende viajar mentalmente a la que fuese su habitación de adolescente, contemplada así como un escaparate de símbolos. El dormitorio como territorio subversivo -rebelde hacia el mundo adulto en el que se está a punto de acceder- y al tiempo como espacio de autodefinición. No hay quizá otro periodo en la vida de un ser humano más preocupado por saber o decidir quiénes somos. Muchos de los elementos que pueblan esta abigarrada instalación son de nueva factura; sin embargo, casi en la misma proporción, encontraremos papeles de aquel Antonio Blázquez que dibujaba en las clases que le aburrían. Fotografías, cintas de cassette y otros objetos personales -amén de una lista de reproducción musical que sonará en todo momento en la habitación- acaban por producir un significativo extrañamiento en el que podemos vernos reconocidos."

Memoria selectiva
Simón Arrebola, Antonio Blázquez y María Dávila
Casa Sostoa, Málaga
Hasta finales de julio



12 junio 2015

Juan Luque y Lola Guerrera presentan obras en Madrid, García Parody en Ronda

Obra de José María García Parody en el Museo Joaquin Peinado de Ronda. Foto: Cortesía del artista
Redacción / Ars Operandi

Tres artistas cordobeses presentan en estos días sus obras en dos galerías madrileñas y en un museo de la localidad malagueña de Ronda. El más veterano, Jose María García Parody, sigue buscándole las vueltas a las palabras. Caja de citas, la muestra que ha inaugurado en el Museo Unicaja Joaquín Peinado de Ronda, es un compendio de obras realizadas a partir de textos poéticos y narrativos de diversos autores y materializadas en forma de poemas-objeto, collages o pinturas. Una querencia por amalgamar la palabra, la pintura y las imágenes que es posible rastrear tanto en series recientes como Cuaderno de Ronda como en piezas clásicas como Bartleby o Al pie de la letra.

Escribe Pablo García Casado en el texto de presentación que los artistas, los escritores toman prestados "los objetos, las palabras, los colores y los fragmentos". "Nada nos pertenece, y apenas nuestra labor, que no es poca, es cambiar las cosas de sitio". Todas las imágenes, todas las frases pertenecen al espectador. "Su trabajo fue coleccionar toda clase de citas, frases a medias, recortes y demás subproductos del hecho mismo de vivir. Todo esto a usted le pertenece".

El arte perdido de guardar la luz de Juan Luque en Ansorena. Foto: Cortesía del artista
Por su parte, el montillano Juan Luque presenta su tercera individual en la galería Ansorena de Madrid bajo el título El arte perdido de guardar la luz. Las carpas de circo, los paisajes de la Toscana o los moteles de carretera, temas recurrentes en series anteriores, han dado paso a una muestra que gira en torno a la luz de los faros. Un motivo que ya Juan Luque ha cultivado a lo largo de su carrera y que se convierte en el eje articulador de la muestra madrileña. 

Una pintura que se contamina del cine y otros medios audiovisuales y que experimenta con nuevas técnicas que hacen aparecer nuevos matices y acabados espejados. Usa telas, indican desde la galería, "con fondos de colores y cartones para dar a sus composiciones un abanico más amplio de texturas y color, éste más vibrante y protagonista que en otras ocasiones. Trabaja con óleo, pero también con resinas y otros materiales que va aplicando y retirando, todo ello deja un poso que es intuido por el espectador y se reinterpreta en cada mirada ajena".

Lo vulnerable II, instalación de Lola Guerrera en Astarté. Foto: Cortesía de la galería
La fugacidad del tiempo es el hilo que conduce las obras que Lola Guerrera presenta desde hoy en la galería Asarté de Madrid dentro del programa Off de PHotoEspaña15. Un concepto expandido de la vánitas que la ha llevado a realizar instalaciones efímeras que adquieren sentido solo a través del uso de la fotografía. En Lo vulnerable II Guerrera prescinde incluso del acto fotográfico para presentar directamente una instalación de naturalezas muertas compuesta por hojas, ramas y flores que recolecta en los lugares por los que pasa. 

La artista explica que en Madrid una plaga de un escarabajo llamado galeruca ha devorado literalmente las hojas y ramas de los cientos de olmos que pueblan la Comunidad. "Éstos han dejado el suelo de las aceras lleno de hojas agujereadas, que durante meses me han maravillado por parecerme absolutamente bellas. Así que después haberlas recogido, observado y probado en distintas opciones instalativas decidí proyectarles luz. Para mi sorpresa descubrí que el juego de sombras generado al proyectar esta luz componía la representación en miniatura de todo un cosmos".

CAJA DE CITAS. JOSÉ MARÍA GARCÍA PARODY
Museo Joaquin Peinado, Ronda
Hasta el 29 de agosto

EL ARTE PERDIDO DE GUARDAR LA LUZ. JUAN LUQUE
Galería Ansorena, Madrid
Hasta el 4 de julio

LO VULNERABLE II. LOLA GUERRERA
Galería Astarté, Madrid
Hasta el 31 de julio

DISPONIBLE CATÁLOGO DIGITAL DE CAJA DE CITAS EN ARS OPERANDI TXTs