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04 octubre 2020

Juan Serrano, in memoriam

Juan Serrano. Fotografía: Tete Álvarez



Ángel Luis Pérez Villén / Ars Operandi

Hemos perdido una figura capital del arte contemporáneo en Córdoba: Juan Serrano ha fallecido esta tarde a la edad de 91 años. Desde este espacio; mejor dicho, seguro que todos quienes le conocieran echarán en falta a partir de ahora ese espíritu crítico que le caracterizó, el inconformismo reflexivo y el afán solidario que le permitía conjugar la sensatez con la utopía. Nacido en 1929 en Córdoba, Juan Serrano muestra desde muy joven su interés por el arte –su hermano Rafael Serrano se labra un porvenir como pintor realista- y con poco más de veinte años entabla amistad con José Duarte. Juntos y en colaboración con Francisco Aguilera Amate y Luis Aguilera Bernier fundan el Grupo Espacio, que comienza a realizar trabajos de interiorismo y ornato de edificios. Contactan con Jorge Oteiza, que se encuentra en la ciudad trabajando en el edificio de la Cámara de Comercio, obra de los arquitectos Rafael de La Hoz y José María García Paredes. Y es el escultor vasco quien les mueve a interesarse por la investigación formal de la abstracción.

Duarte y Serrano emprenden un primer viaje a la capital francesa, que no deja de ser una peregrinación a lo que allí se conoce como la Escuela de París. Un aglutinante que se hace fuerte con el aporte de artistas españoles que acuden a impregnarse de lo que queda de las vanguardias históricas. Y en este periplo se topan con Picasso –padre de la pintura moderna-, a quien rinden pleitesía a sabiendas de que deben perpetrar su asesinato para que se cumpla la máxima psicoanalítica. Matar al padre y madurar. En su segundo viaje a París contactan con Agustín Ibarrola y Angel Duarte, se hacen amigos inseparables, trabajan juntos en encargos puramente laborales pero también comparten intereses artísticos, que fraguan en lo que será el germen de Equipo 57. Celebran una primera muestra en mayo de 1957 en el Café Rond Point y a continuación en la Galería Denise René. A partir de aquí la vida artística de Equipo 57 es muy intensa amén de corta, apenas poco más de un lustro. Tiempo suficiente para que su aportación al arte contemporáneo español sea innegable, desempeñando un papel cardinal cuando se trata de historiar la tendencia de la abstracción geométrica.

Tras las primeras exposiciones celebradas en París y en Madrid -Sala Negra- el colectivo se traslada a Copenhague donde pasará una temporada y mostrará su trabajo en el Thorvaldsens Museum. A su vuelta a España los miembros de Equipo 57 dejan de fluctuar y el colectivo se cierra en torno a José Duarte, Juan Serrano, Angel Duarte, Agustín Ibarrola y Juan Cuenca. Realizan exposiciones individuales en Madrid –Club Urbis y Darro-, en Córdoba –Galería Céspedes-, en Zurich, Ginebra y Berna, donde se anuncia el cese de actividad. Mientras tanto y desde entonces la difusión y repercusión internacional de su trabajo no deja de crecer, participando en numerosas exposiciones colectivas que jalonan el devenir de la tendencia abstracta geométrica y sus derivaciones estilísticas: arte normativo, neoconstructivismo, arte neoconcreto, arte óptico, arte cinético, arte cibernético. Y sus convocatorias históricas: Salon de Realités Nouvelles, Nouvelle Tendance, The Responsive Eye, Luz y Movimiento, Formas Computables… Durante todos estos años en España permanecen en la sombra, solo accesibles a través de bibliografía especializada. Uno de los primeros rescates viene de la mano precisamente de la historiografía artística, que a su vez se materializa en una exposición que revisa el arte español de la posguerra y la dictadura franquista: España. Vanguardia artística y realidad social, 1936-1976, que se exhibe en la 37ª Bienal de Venecia.

 Les siguen otras apariciones en colectivas que recuperan el pulso de la corriente en España y fuera de aquí continúan las exposiciones en diferentes foros y sobre todo en la sede de su galería parisina Denise Rene, que será la que les traiga de vuelta a nuestro país para exhibirlos en la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO). Pero el hito que marca el cambio de rumbo en la apreciación de su trabajo –tanto para el público en general como para las galerías de arte- se produce en 1993 con motivo de su exposición antológica en el Museo Reina Sofía de Madrid. Desde entonces se suceden muestras en distintos museos y centros de arte de la geografía española -muchos de los cuales poseen obra suya en su colección-, por otra parte la Galería Rafael Ortiz se hace cargo de la representación de Equipo 57 y en el contexto internacional siguen apareciendo cada cierto tiempo como una referencia histórica de calado, tanto en convocatorias colectivas como en ferias, bienales y colecciones artísticas. Respecto a los premios y distinciones obtenidas por Equipo 57, citamos las más significativas: Medalla al Mérito de las Bellas Artes, otorgada en 1993 por el Ministerio de Cultura, Primer Premio Pablo Ruiz Picasso en Málaga (1999), Medalla de Honor de la ciudad de Córdoba (2007) y Premio Blanco White del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo (CAME) de la Junta de Andalucía en 2014. A título personal Juan Serrano cuenta con el Premio de Arquitectura Félix Hernández, otorgado por el Colegio de Arquitectos de Córdoba (1987), así como la Distinción honorífica Santo Tomás de Aquino de la UCO (2012).

 ¿Cuál es la singularidad de Equipo 57, qué aportación hacen al arte contemporáneo español? Para responder a estas cuestiones no podemos limitarnos a hablar en exclusiva de su trabajo como creadores, hay que expandir el objeto de análisis y atender otras claves que exceden lo estrictamente plástico. Trabajaron la pintura y la escultura, incluso el diseño de mobiliario pero lo que los hace singulares es su talante. Los miembros de Equipo 57 deciden dejar a un lado su faceta creativa personal para trabajar en grupo, asumiendo la dialéctica de la confrontación de pareceres, el contraste de las distintas soluciones plásticas e incluso la ejecución compartida. Estamos hablando de unos artistas que priorizan el proceso de análisis y discusión sobre la propia materialización de la obra. Unos artistas que -gracias a este proceso reflexivo- se plantean una serie de objetivos que trascienden la mera ejecución de la obra y que desarrollan un cuerpo teórico y crítico –teoría de la interactividad del espacio plástico- de los pocos que existen en la historiografía artística española contemporánea. Unos artistas con un bagaje ideológico tan posicionado que incluso deciden abaratar los precios de su obra casi a los costes para que llegue a más gente. Unos artistas que incluso rechazan proposiciones de comisarios artísticos -de citas internacionales como la Bienal de Venecia- por mantener su identidad como colectivo.

 ¿Por qué insisto tanto en Equipo 57 si de lo que debiera de hablar es de Juan Serrano? Porque resulta casi imposible referirme a éste sin mencionar el colectivo matriz en el que afianzó su trayectoria como artista. Pero es que además, hablar de Equipo 57 sin hacerlo de Córdoba tampoco es procedente. En primer lugar porque tres de sus cinco componentes –Duarte, Serrano y Cuenca- son cordobeses y después porque la ciudad es el telón de fondo donde estos conciudadanos desarrollan sus propuestas con la intención de intervenir en la vida social y cultural de la misma. Para comenzar a hilvanar esta secuencia de relaciones entre la ciudad de Córdoba y Equipo 57 hay que trasladarse hasta el verano de 1957, cuando después de las exposiciones parisinas (Café Le Rond Point y Denise René) sus miembros se desplazan hasta aquí para preparar la muestra de la Sala Negra de Madrid, donde además de exhibir pinturas se proyectará una película de animación -en base a más de 400 gouaches creados para tal fin- que ilustra el dinamismo que plantea la teoría de la interactividad del espacio plástico, cuya primera formulación se redacta en Córdoba. Estamos casi al principio de la vida de Equipo 57 y este es un periodo de fluctuación en cuanto a los miembros que se integran en el colectivo, por ello en las sesiones de trabajo participan los chicos de la Escuela Experimental de Córdoba -antiguos alumnos de José Duarte en la Escuela de Artes y Oficios-, además de otros artistas como Aguilera Amate, Aguilera Bernier, Néstor Basterrechea y Thorkild Hansen.

 A finales de 1958 Equipo 57 acomete el encargo de Rafael de La-Hoz, de un mural para el Banco Popular de la capital cordobesa. El mural, tristemente desaparecido, se ubica en un local de un edificio de viviendas de la calle Cruz Conde. A los pocos meses y con el patrocinio del Ayuntamiento de Córdoba Equipo 57 organiza un ciclo de conferencias: “Paralelo actual de la ciencia y el arte”, que se celebrará en el Instituto Nacional de Enseñanza Media y en el que participan ponentes locales y foráneos de diversos campos: el arte y la crítica de arte, la literatura y la arquitectura, la ciencia y la psicología. La temática pone de manifiesto el interés del colectivo por anclar la práctica artística en un contexto de modernidad que evidenciase la necesidad de suscribir un compromiso ciudadano. Otra iniciativa para la ciudad –frustrada- es la de crear una Escuela de Diseño en Córdoba que viniese a paliar la situación de letargo en que se encontraban las instituciones docentes encargadas de las artes aplicadas y las bellas artes. Y a finales de 1959 impulsa una propuesta de creación de un Museo de Arte Contemporáneo en Córdoba. El proyecto no llega a afianzarse como hubiese sido deseable pero supone el primer intento por dotar a la ciudad de una infraestructura estable en materia de arte contemporáneo. Entonces ¿qué nos ha quedado en la ciudad de la labor desarrollada por Equipo 57? Pues obra suya en numerosas colecciones particulares y en colecciones públicas, como las de la Diputación de Córdoba y el Museo de Bellas Artes, amén de varias esculturas diseminadas por la ciudad: la soberbia pieza mural de la oficina central del Banco Santander, la de la Estación de Autobuses y la magnífica escultura del Parque de Miraflores. Por todas estas razones –unas tangibles y otras inmateriales- le debemos tanto a Equipo 57 en general y a Juan Serrano en particular.

 Una vez extinto Equipo 57 Juan Serrano finaliza Arquitectura –había estudiado Veterinaria aunque nunca llegó a ejercer- y trabaja como arquitecto municipal en Córdoba. Fruto de esta labor son, entre otros proyectos, el acondicionamiento del edificio que alberga la sede del Colegio de Arquitectos y la peatonalización del bulevar del Gran Capitán con la fuente cúbica que remata el paseo. Como artista sigue activo de puertas adentro, trabajando en el estudio en prototipos y maquetas, da la impresión de que ha superado los límites disciplinares y lo que se plantea con sus obras es una intervención formal en el espacio, sin especular si se trata de pintura o de escultura, aunque más bien se trata de esto último pero con el concurso del cromatismo. Suelen ser obras abiertas, que invitan a la participación del público mediante una recepción activa, ya sea interviniendo directamente sobre ellas o bien experimentando el espacio en el que se insertan. Obras en la estela del arte concreto y algunas de una exquisitez formal que las emparenta con el arte minimal, si bien lo que más las caracteriza es su impronta óptica e incluso cinética. Obras sin caducidad; es decir, atemporales. Obras que tienden a expandirse fuera de los límites físicos de las disciplinas, convirtiéndose en muchas casos en esculturas y murales de grandes dimensiones, en instalaciones transitables, en experiencias sensoriales.

 Este es el patrón que siguen las piezas que expone en 2010 –en la que será su primera muestra individual después de la andadura con Equipo 57- en el Casino de la Exposición de Sevilla. Al año siguiente –con la inclusión de alguna pieza nueva- se exhibe en Córdoba en dos espacios diferenciados: Sala Vimcorsa y Sala Orive. A la vista de sendas exposiciones resulta patente que Juan Serrano, partiendo de la estela del colectivo del que formó parte, se ha embarcado en otra aventura que solo conserva la referencia de la abstracción geométrica. Sigue desarrollando piezas de gran escala, algunas de las cuales se instalan en espacios públicos, como el mural de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba (2012) y algunas otras obras del Rectorado de la UCO, entre las que destaca la instalación De Paso (2015). Precisamente se trata de eso, de dar un paso más y abordar la concepción no ya de una escultura o una instalación en un espacio determinado, sino de modular y jugar con la percepción del espacio mientras se recorre la obra. Esto viene a suceder claramente en Dar lugar (2015) que se monta en los sótanos del Conservatorio de Música de Córdoba. Y como sucedía en tiempos de Equipo 57, toda esta actividad artística se complementa con otros intereses que Juan Serrano consigue materializar mediante su implicación en proyectos de intervención social en el campo de la cultura. Desde 2014 y hasta fecha reciente preside la Asociación Amigos de Madinat-al-Zahra (AMAZ) que organiza todo tipo de actividades en torno al yacimiento y el encaje del legado de la ciudad musulmana en el acontecer contemporáneo. Una de las actividades de AMAZ fue precisamente la intervención escultórica colaborativa –Columna sin fin- que en 2018 se instaló en los accesos al Centro de Visitantes / Museo de Medina Azahara. 

 En esta línea de piezas escultóricas de tamaño considerable, el trabajo de Juan Serrano comienza a centrarse en proyectos que impliquen la intervención –sin distinciones disciplinares- de un espacio determinado. Sigue trabajando con prototipos y maquetas pero no ya de esculturas ni murales sino de espacios envolventes. A finales de julio pasado, uno de estos espacios envolventes se ha llevado a efecto en la Sala El Tanque del Puerto de Santa Cruz de Tenerife: D´Espacio consiste en una instalación/intervención multidisciplinar que ha contado con la colaboración del estudio cordobés Amasce. En la actualidad y también con la colaboración de Amasce se puede visitar Alhambra otro proyecto inmersivo de Juan Serrano –también se muestran numerosas maquetas de otros proyectos suyos- en este caso para el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A). Con estas dos obras se despide Juan Serrano de nosotros. Se ha marchado, ya no está con nosotros, pero tenemos su trabajo para suplir la pérdida. Es cierto pero también lo es que no podremos volver a disfrutar de su presencia, compartir momentos e ilusiones, risas y pesares, elogiar su inagotable y dulce energía –mantuvo una apretada agenda hasta hace unos meses- , disfrutar de la complicidad de una de las personas que más ha trabajado para que el arte contemporáneo sea accesible a todos sin perder mordiente e interés. Hemos perdido una figura capital, sí, pero también hemos perdido una buena y luminosa persona.

16 octubre 2015

Relaciones y colaboraciones en Kuchu no Hako / Caja en el aire

La artista Hisae Yanase bajo la instalación Kuchu no Hako. Foto: Cortesía Amigos de Medina Azahara
Tete Álvarez / Ars Operandi

Habla el artista Juan Serrano en el video de presentación de la Asociación Amigos de Medina Azahara de la voluntad que comparten en la asociación de "seguir los caminos del arte". Y es que propiciar una mirada artística desde lo contemporáneo sobre el Conjunto Arqueológico de Medina es uno de los principales propósitos que se ha marcado A.M.A.Z., un colectivo ciudadano ocupado en la proyección del conjunto arqueológico a partir de una apuesta por la contemporaneidad y por establecer cauces de diálogo entre pasado, presente y futuro. Fruto de este trabajo es la intervención que hoy se presenta en el patio de la Sede Institucional, Kuchu no Hako / Caja en el aire, un proyecto relacional y colaborativo que ha sabido concitar un buen número de sinergias en torno a él. La cerámica, desde la califal a la contemporánea, ha sido el vínculo que ha hilvanado todas las actividades de Kuchu no Hako. Talleres, conferencias, visitas guiadas y un montaje colectivo de la obra han conformado el programa de un ciclo que culmina hoy viernes con su exhibición pública en el patio del Museo y la performance de Maribel Martínez Roldán.

Juan Serrano e Hisae Yanase trabajando en el montaje de Kuchu no Hako. Foto: Cortesía Amigos de Medina Azahara

La caja en el aire, un cubo de 240 cm, el mismo módulo que rige en el diseño del edificio de la sede de Medina Azahara, está construido con alrededor de 2.000 piezas de cerámica que se suspenden, enlazadas entre sí, sobre el estanque del patio. "La proximidad de los blancos muros hacen perceptible el paso del tiempo con el movimiento de las sombras arrojadas. La escultura se proyecta expresamente para ser instalada sobre el estanque del patio del museo y se enriquezca por el reflejo cambiante del agua. Los colores y brillos aleatorios del esmalte de las piezas cerámicas y su combinación con otros materiales contemporáneos, se transforman en esta instalación en colores móviles, reflejos cambiantes con la luz del sol y mecidos por el viento" indican los responsables de la obra, un proyecto de autoría compartida dirigido por Hisae Yanase, Pedro Caro, José Escudero y Juan Serrano y que ha contado con la  estrecha colaboración de Antonio I. González Pedraza, Juan Pablo Lucena, Ana Zamorano, Manuel Pedregosa, M. Ángel Moreno Carretero y Juan Bolaños.

Un aspecto del montaje de Kuchu no Hako. Foto: Cortesía Amigos de Medina Azahara
La manufactura del proyecto arranca en un taller de cerámica celebrado en el mes de abril en la Escuela de Arte Dionisio Ortiz en el que, con la ayuda de alumnos y profesores, se elaboraron las piezas diseñadas por Hisae Yanase que habrían de conformar la escultura. La propia artista también ha trasladado su experiencia en las actividades que en torno a la cerámica, el patrimonio, la arquitectura y el arte contemporáneo se celebran de manera paralela a la muestra. Un aspecto que revela a las claras la naturaleza colaborativa del proyecto es el capítulo de su financiación. Los 5.000 € de los costes de producción de la obra han sido sufragados mediante las aportaciones de un buen número de pequeños mecenas que han podido obtener un ejemplar de una edición limitada y numerada de 250 piezas integrantes de la escultura Kuchu no Hako realizadas en el taller de la artista Hisae Yanase.


Kuchu no Hako / Caja en el aire
Sede Institucional Medina Azahara
Inauguración: Viernes 16 de octubre. 18 horas


11 abril 2015

El arte como juego

Vista de Dar lugar. Foto: Ars Operandi
Tete Álvarez / Ars Operandi

El juego es, sin duda, una de las señas de identidad del arte moderno. Ya desde las vanguardias históricas ambas disciplinas mantienen un estrecho vínculo fundado tanto en el componente lúdico del arte como en la naturaleza creativa del juego. Por otro lado, el último siglo ha redefinido la figura del espectador hasta considerarlo parte integrante del proceso creativo. Con estas premisas nace Dar lugar, un proyecto de arte colectivo que "se fundamenta en el concepto de obra abierta, lo que implica la participación activa de los visitantes en la determinación de las obras, e incide en el entendimiento del arte como juego". Una consideración del arte como experiencia sensorial que ha llevado a Juan Serrano, Antonio Gil y Juan Manuel Ortiz a plantear un trabajo transdiciplinar que auna elementos plásticos tridimensionales, composiciones sonoras y audiovisuales y obras de carácter olfativo.

Obra de Juan Serrano en Dar lugar. Foto: Ars Operandi
Ocupando un amplio espacio diáfano en el Conservatorio Músico Zyriab, la propuesta se ha ido conformando de manera colaborativa a través de una fórmula de micromecenazgo que ha permitido reunir el presupuesto para la producción de la instalación. Un componente participativo que se constata también a lo largo del recorrido que propone la obra. De esta manera, indican los autores, "el visitante podrá participar de diferentes formas. En la propuesta sonora, interviniendo sobre instrumentos musicales. En las propuestas plásticas, movilizando elementos de diferente naturaleza, orgánicos y artificiales, dispuestos a nivel del suelo, mesas e incluso en las paredes. Por último, el visitante podrá interactuar con la parte olfativa de la instalación desde los emisores dispuestos a lo largo de la instalación. En definitiva, Dar lugar es una instalación colectiva en la que autores y espectadores intercambian sus papeles, llegando los visitantes a integrar una composición móvil en el espacio cuando se desplacen a través de las estructuras tridimensionales que marcan el recorrido mediante señales luminosas".

Obra de Juan Serrano en Dar lugar. Foto: Ars Operandi
Dar lugar cuenta también con la aportación de la compañía Efímera con la obra en video Double Entendre y se completa con un programa de actividades paralelas con la colaboración de dos espacios independientes de la ciudad, CoMbO y El Arsenal. El 14 de abril el performer y poeta visual Bartomeu Ferrando ofrecerá una conferencia en el auditorio principal del conservatorio titulada Sobre el fragmento, la repetición, el ritmo, la permutación, lo aleatorio y la indeterminación en la poesía fonética y sonora. Ferrando (Valencia, 1951), músico y filólogo, es profesor titular de performance y arte intermedia en la facultad de Bellas Artes de Valencia y fundador de la revista Texto Poético. Por su parte, el día 21 el artista Antonio Blázquez contará los dos años de experiencia en El Arsenal como espacio de creación y se cerrará el ciclo el 30 de abril con dos obras del artista sonoro y director del programa Ars Sonora de RNE, Miguel Álvarez Fernández, en un acto organizado por la sala CoMbO. El programa se clausura el sábado 9 de mayo con Recién Narciso, un poemario de Simón Cuadros que cuenta con la aportación musical de Lämpara

Dar lugar. 
Una propuesta de Juan Serrano, Antonio Gil y Juan Manuel Ortiz.
Conservatorio Músico Zyriab 


19 octubre 2014

A.L. Pérez Villén: "Hay elementos objetivos para situar en torno a 1953 el punto de confluencia de la modernidad artística cordobesa"

Portada del catálogo de la exposición de 1953. Foto: Cortesía del Círculo de la Amistad

Tete Álvarez / Ars Operandi

En mayo de 1953 se celebró en el Círculo de la Amistad de Córdoba la Exposición de Arte Contemporáneo, una singular experiencia que reunió a casi medio centenar de artistas del momento entre los que se encontraban el madrileño Manuel Mampaso—quien este mismo año participara en la Bienal de Sao Paulo—una jovencísima Carmen Laffón o cordobeses como José Duarte, Aguilera Amate, Juan Serrano, Antonio Povedano o Alfonso Ariza entre otros. El Círculo confió la organización de la muestra a los artistas Pascual de Lara y Antonio Povedano, quienes a su vez estuvieron acompañados del arquitecto Rafael de La-Hoz, responsable de la original solución museográfica ideada con motivo de la exposición. De La-Hoz construyó una instalación efímera a base de telas negras en el techo, placas de uralita como lienzo de pared y unos adelantados, para la época, focos puntuales que transformaron por completo la fisonomía del Salón de los Espejos. La importancia de la muestra se pone en valor sesenta años después al otorgarle al episodio la consideración de hito de la recepción de la modernidad en Córdoba. El Ayuntamiento de Córdoba ha querido celebrar esta efemérides con la celebración de 60 años de arte contemporáneo en Córdoba, un proyecto encomendado al crítico de arte y comisario de exposiciones Angel Luis Pérez Villén que se inaugura a finales del mes de noviembre. Para conocer algo más sobre estas muestras, la del 53 y también esta de 2014, hemos charlado con Ángel Luis, quien en estos momentos ultíma las cinco exposiciones que reunirá a 120 artistas cordobeses en cinco espacios de la ciudad. 

Ars Operandi: El proyecto 60 años de arte contemporáneo en Córdoba tiene su antecedente más directo en otro que estuviste inmerso, Córdoba, Arte Contemporáneo 1957-1990, hasta la fecha el más amplio y ambicioso proyecto de revisión del arte hecho en Córdoba o por artistas cordobeses. Las actividades comprendían la publicación de un trabajo de investigación sobre arte contemporáneo en Córdoba, la realización de conferencias y debates y la celebración de cuatro exposiciones simultáneas. La iniciativa vino a llenar un vacío historiográfico y supuso la culminación de un proyecto de investigación iniciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba. ¿Qué diferencias y similitudes podemos encontrar entre ambos proyectos?

Angel Luis Pérez Villén: Son proyectos distintos. Aquel, como comentas, estuvo ligado a un proceso de investigación desarrollado por un grupo de la universidad cordobesa, TIEDPAAN,  que se encargó de hacer un vaciado de la prensa local entre 1957 y 1990. Un proceso que culminó con cuatro exposiciones y una publicación que, eso sí es cierto, supone un manual de referencia por la cantidad de información que contiene en listados y gráficos sobre la actividad expositiva de aquellos años. Además, participó mucha gente, profesores como Federico Castro Morales y Fernando Martín Martín y muchos alumnos que, coordinados por Elisa Povedano, hicieron un trabajo ejemplar en el tratamiento digital de la información de los diarios cordobeses de esos años. El resultado, ya lo he dicho, un manual de consulta del arte en Córdoba desde mediados del siglo XX hasta finales de los 80. Y por supuesto las exposiciones. El proyecto actual carece de todo este aparato, es puramente celebratorio y no hay ni mucho menos tantos colaboradores como los que logró reunir el anterior. Esto es casi un proyecto personal y todo parte de un hecho histórico que creo hay que recordar, la Exposición de Arte Contemporáneo que en 1953 se monta en el Círculo de la Amistad para celebrar su centenario. Se trata de conmemorar que han pasado 60 años desde entonces, que la modernidad artística, la contemporaneidad, nos visitó hace más de medio siglo. Pensé que era un hecho relevante que merecía ser recordado y celebrado y en eso consiste el proyecto, en conmemorar que llevamos 60 años de arte contemporáneo en Córdoba.

Una vista de la Exposición de Arte Contemporáneo de 1953. Foto: Cortesía Círculo de la Amistad
A.O: Te refieres a la mitad de los cincuenta como el parteaguas a partir del cual podemos hablar de una cierta recepción de la modernidad. Entre el 53 y el 54 nos encontramos con la exposición del Circulo, el primer viaje a París de Pepe Duarte y Juan Serrano, a Oteiza trabajando en el edificio de de La-Hoz… ¿Qué hay de mito y de realidad en el relato de este periodo que, a la postre, ha resultado tan significativo? ¿Era Córdoba en ese momento un terreno tan propicio, como ahora pueda parecer, para el advenimiento de la contemporaneidad? ¿Existía un caldo de cultivo, una burguesía ilustrada, unas instituciones receptivas que favoreciesen esta apertura?

A.L.P.V.: El relato se viene fraguando desde hace tiempo y hay elementos objetivos para conferirle credibilidad. Al margen del laboratorio de ideas y la conjunción de sinergias que puedan entenderse de la relación que se establece entre Jorge Oteiza—trabajando en la Cámara de Comercio—y quienes más tarde se integrarán en Equipo 57 (José Duarte y Juan Serrano) o derivarán en Grupo Espacio (además de los anteriores, Luis Aguilera Bernier y Francisco Aguilera Amate) y que permanecen en su órbita de influencia en estos años, además de la labor arquitectónica y de integración de las artes que lleva a cabo Rafael de La-Hoz en la propia Cámara de Comercio y otros edificios coetáneos y que podríamos singularizar en el montaje que realiza para la Exposición de Arte Contemporáneo que le encarga el Círculo de la Amistad… Montaje de una modernidad abrumadora—como lo confirma su repercusión historiográfica—y que como sucede con su obra local, asocia la ciudad de Córdoba con la modernidad artística. Pero si todo esto no fuera suficiente está la propia exposición del Círculo que genera este proyecto. Y aquí la historiografía vuelve a ser unánime, concediendo a la exposición y al momento en que se produce la cualidad germinal de una modernidad incipiente que comienza a hacerse valer entre nosotros. Hay que recordar que en el contexto nacional y con sólo dos años de antelación se produce uno de los primeros intentos de renovación de la política cultural del régimen franquista en relación a las artes plásticas. Si la I Bienal Hispanoamericana de Arte, que se celebra en 1951 en Madrid, representa el inicio de la recepción de la modernidad artística en España, no cabe duda de que la exposición del Círculo de la Amistad viene a desempeñar el mismo papel en Córdoba.

Por lo tanto, como te digo, hay elementos objetivos para situar en torno a 1953 el punto de confluencia de la modernidad artística cordobesa. Y todo ello es posible gracias a que existen personas e instituciones que se involucran en proyectos como el de la exposición de 1953. Personas como Rafael de La-Hoz (a quien se le encarga el proyecto), Carlos Pascual de Lara y Antonio Povedano (que colaboran con de La-Hoz en la selección de los artistas que participan) y Fernando Carbonell (encargado de asuntos culturales del Círculo de la Amistad). Todo ello nos lleva a veces a hablar de estos años como de la época dorada del arte cordobés, máxime teniendo en cuenta que, además de lo dicho, a finales de los 50 los miembros de Equipo 57 pasan temporadas en Córdoba junto a personas de la talla de Denise Renè, Richard Mortensen, Néstor Basterrechea y demás. Sin el ánimo de que pueda resultar arrogancia viejuna—como comenta un amigo—lo cierto es que se echa en falta un periodo como aquél. Quizá se produjese algo parecido en los primeros años 80, cuando comenzaba la experiencia de la democracia y la efervescencia del arte de la primera posmodernidad nos encandilaba la vida. No sé, en cualquier caso lo que también es cierto es que no se trataba, ni entonces—en los 50 ni en los 80—de una coyuntura que pudiese hacer explícita la existencia de una red activa de personas vinculadas al medio artístico y de un arco social que interactuara en consecuencia. Siempre han sido fenómenos minoritarios, mucho más numerosos en los 80, como puedes imaginar.

Obras de Antonio Povedano en la Bienal de Venecia de 1958. Foto: Catálogo Antonio Povedano. UNESCO
A.O.: Evidentemente son fenómenos que se producen muy a pesar de la ciudad y siempre debidos al compromiso de las personas que los impulsan. En este sentido resulta fundamental la figura de Antonio Povedano. Povedano está detrás de la exposición del 53, de la del 59 en la Sala Municipal de Arte, de las salas Liceo y Céspedes en los sesenta, de la sala de la Escuela de Arte en los ochenta y ya en los noventa responsable de la programación de la Caja Provincial. Es difícil rastrear un hito dentro de la historia del arte contemporáneo en Córdoba y no encontrar su presencia. ¿Quizás la figura que más ha determinado el devenir de las artes plásticas en la ciudad?

A.L.P.V.: No sabría decirte. Su papel en la gestión de salas de arte, como dices, es incuestionable, no solo por las que mencionas, también participó en otros proyectos más efímeros como el de la galería Atrium o el proyecto El Flamenco en el Arte Actual, así como por su papel en los cursos de paisaje de Priego de Córdoba y en la gestación del Museo del Paisaje. Yo viví su etapa al frente de la sala de la Caja Provincial, como ya sabes, y su criterio—por más que algunos artistas locales se quejasen de su intransigencia a incorporar obra suya en las exposiciones—era respetado escrupulosamente por la dirección de la institución, lo que le permitió gozar de una perspectiva de la que en ocasiones se carece en este tipo de empresas. No podía ser de otra manera, como él mismo decía, o le dejaban hacer o que se buscasen a otro. No estaba dispuesto a transigir en su programa expositivo. Y después está su faceta docente en la Escuela de Artes y Oficios, donde ha formado a toda una generación de diseñadores y publicistas cordobeses… Pero bueno, también ha habido otras personas con un perfil más ligero por haberse dedicado menos años que Povedano a esto, como por ejemplo Miguel Cossano, al frente de la Posada del Potro en los primeros años 80 o José María Báez, más recientemente en Vimcorsa, siendo ambos también artistas.

Retomando la pregunta, es cierto que hay pocas personas como Antonio Povedano que se hayan implicado en la gestión y la exhibición de las artes plásticas en Córdoba como lo hizo él. Si acaso habría que recordar a Francisco Zueras, crítico de arte, además de artista y personaje clave en el medio local, también profesor en la Universidad Laboral desde mediados de los 50. Pocas cosas se movían en Córdoba, ya fuesen exposiciones, conferencias, presentaciones de artistas en textos impresos (catálogos) o ante el público, jurados y premios, en los que no estuviese presente Paco Zueras. Cuando yo escribía mis primeras críticas su figura era la única referencia local en ese medio y tenía una presencia que sancionaba sin refutación posible cualquier evento artístico que se produjese en la ciudad. Con el paso del tiempo esa presencia se diluyó y coincidió su desaparición a principios de los 90 con la etapa de Povedano en la Caja Provincial. De acuerdo, Antonio Povedano pero también Francisco Zueras y si me apuras Miguel Cossano y José María Báez en menor medida. Y no me extiendo más porque quizás también habría que analizar el papel de otras personas que, sin ser artistas—como es el caso de los citados—también han desempeñado un papel protagonista en la gestión de las salas de exposiciones en Córdoba. 

José Duarte, Néstor Basterrechea, Agustín Ibarrola, Juan Serrano y Thorkild en Córdoba en el verano del 57.
Foto: Catálogo Equipo 57. MNCARS
A.O.: Al analizar la evolución de las artes plásticas en la ciudad en estos 60 años no observamos una línea clara, ascendente. Más al contrario el diagrama nos muestra una gráfica en forma de dientes de sierra en la que a periodos de ebullición y apertura le siguen otros de ostracismo y casi autarquía. Si acudimos a la única fuente bibliográfica, hasta el momento, el mencionado Córdoba, Arte Contemporáneo 1957-1990, comprobamos que son muy escasos los proyectos que lograron consolidarse en el tiempo y, que por ejemplo, la mayoría de las salas de exposición y galerías de arte de la ciudad no llegaron a perdurar más de cinco años.

A.L.P.V.: La historia—en particular la de la economía—y la experiencia te confirman la existencia de ciclos en la mayoría de los procesos que tienen que ver con la sociedad. No es de extrañar que el arte, que se debe tanto al mercado como a la ideología, se resienta de este tipo de fenómenos. No sé si sirve para explicar por qué en Córdoba la vida de las salas de arte y las galerías es tan corta. De hecho si tomas el primero de los factores, el mercado, o bien terminas por descartarlo al comprobar que en nuestro caso es casi inexistente o precisamente por ello terminas confirmando su concurrencia en la vida tan exigua de las galerías. Por otra parte, sostengo desde hace años que la política cultural que sobre artes plásticas se lleva a efecto en Andalucía y por extensión en España es fundamentalmente personalista, con todo lo bueno y lo malo que ello implica. El impulso ideológico que cada administración pública transfiere a su política de artes plásticas se diluye y pierde consistencia. Unas veces por la misma rotación en el poder de los sucesivos gobiernos que las administran, en otras ocasiones por la carencia de un proyecto personal que se sitúe por encima de esos cambios rutinarios.

Si reparas en tres instituciones españolas tan distantes como el Reina Sofía de Madrid, el IVAM de Valencia y el CAAC de Sevilla y colocas al frente de cada una de ellas a personas que las han dirigido sin un proyecto personal definido, como pudieran ser los casos de Ana Martínez de Aguilar, Consuelo Císcar y José Antonio Chacón, respectivamente, comprobarás a qué me refiero. Su dirección es paralela y coincidente con un periodo de crisis de la institución. Así que la ideología (y la política cultural que se deriva de ella, emanada de los órganos de decisión de los partidos políticos) tampoco es determinante para condicionar periodos de prosperidad y fatalidad en los centros de arte, museos y salas de exposiciones. Con lo cual volvemos al individuo que dirige con su proyecto personal y su estilo. Y aquí tengo que enlazar con lo que hablábamos hace un momento, con la responsabilidad y la impronta personal de una serie de gestores en relación a la visibilidad del arte contemporáneo en Córdoba. Sin nombrar a ninguno de ellos, piensa cómo la mayoría han estado por encima de los avatares del tiempo y de los cambios de gobierno local, desarrollando un programa que en gran medida y salvo deshonrosas excepciones ha coincidido con las luces más que con las sombras.
Portada del libro Córdoba Arte Contemporáneo 1957-1990,
obra de Jacinto Lara
A.O.: Si trazamos una mirada a los estudios sobre estos 60 años de arte contemporáneo en Córdoba comprobamos que la pujanza de la escena artística de los 50 alcanza los primeros años 60 para, utilizando tus propias palabras, “languidecer a continuación de forma irremisible”. El impulso en los 70 viene de la mano de las galerías de arte privadas y es en los 80 cuando se hace más explícita la apuesta de las instituciones por unas políticas culturales que favoreciesen la difusión del arte contemporáneo. Hasta ahí llegan los trabajos de investigación crítica al respecto. La pregunta en este sentido es doble: ¿qué ha pasado, desde el punto de vista de la historiografía, en los 90 y en la primera década del siglo XXI? y ¿no hubiera sido este el momento idóneo para llenar la laguna de estas dos décadas y actualizar así el estudio historiográfico?

A.L.P.V.: Si no te importa voy a comenzar por el final. Cualquier momento es bueno para ponernos al día en cuanto al análisis del devenir del arte en Córdoba. Mi responsabilidad en este sentido se debe al proyecto del que ya hemos hablado y que historiaba desde finales de los 50 a finales de los 80. A partir de entonces es terreno por desbrozar. Creo que resulta evidente que para abordar un proyecto de este calibre se necesita un equipo de personas y también creo que es responsabilidad de la Universidad cordobesa responder a esta necesidad. De igual manera que hace 25 años se decidió que era el momento de investigar sobre el arte contemporáneo cordobés de los últimos años, creo que ha pasado suficiente tiempo desde entonces como para retomar el análisis, pero insisto en que debe ser un proyecto en el que la Universidad, con sus recursos, alumnos y profesorado, debe llevar la pauta. Y yo estaré encantado, si así lo cree conveniente la dirección del proyecto, volver a colaborar con ellos como en su día lo hice. Pero también debe quedar claro que una cosa es actualizar el estudio histórico del arte en Córdoba a partir de la fecha en que finalizó el estudio precedente—algo que habría que hacer, sin duda—y otra muy distinta un proyecto como el actual, que tiene como objetivo celebrar que han pasado 60 años desde la muestra del Círculo de la Amistad. Un proyecto cuya única pretensión de índole histórica es la de anticipar la recepción de la modernidad artística en Córdoba y llevarla desde 1957 hasta 1953, año de celebración de la Exposición de Arte Contemporáneo.

También me preguntabas qué diría o cuáles podrían ser las conclusiones de ese análisis del arte en Córdoba desde los años 90 a la actualidad. Y debo decirte que aunque dicho estudio está por hacer hay multitud de fuentes a las que acudir para dar testimonio de lo que ha acontecido en estos años y que dichas fuentes se encuentran accesibles y en muchos casos estructuradas. Lo que resta es definir la metodología de trabajo, hacer acopio de información y labor de síntesis. Y lo que me pides sobre cuáles serían las trazas de esa síntesis, creo que están en la mente de todos: la diversificación disciplinar entre nuestros autores, la aparición en escena de una generación muy prometedora de artistas jóvenes, el florecimiento efímero de un sinfín de galerías de arte—de las que quedan cada vez menos, casi que sobran los dedos de una mano para contarlas—y la desigual implicación de las instancias oficiales en la gestión, el apoyo, la difusión y la exhibición de las artes plásticas.

Una vista de la Exposición de Arte Contemporáneo de 1953. Foto: Cortesía Círculo de la Amistad
A.O.: Desde el punto de vista de la historiografía local el umbral de la modernidad en Córdoba se situaba en la segunda mitad de los 50 con la aparición de Equipo 57. A partir del estudio que realizas se propone adelantar ese hito a 1953, que es la fecha en la que se celebra la Exposición de Arte Contemporáneo del Círculo de la Amistad que ahora se conmemora. ¿Cuáles son las razones que te han llevado a considerar necesario este cambio?

A.L.P.V.: El cambio viene dado por la necesidad de adaptarse a la realidad histórica. No es que pretenda restarle protagonismo a Equipo 57 en la recepción de la modernidad artística en Córdoba, es que hay elementos concluyentes suficientes como para que la anticipación en unos años sea obligada. La exposición del Círculo de la Amistad que conmemoramos no tiene solo importancia en sí misma, quiero decir que el montaje que hace Rafael de La-Hoz en la Sala de Juegos de la entidad hasta convertirla en la Sala de Pinturas—antecedente de la actual Sala Julio Romero de Torres—con todo ese aparato de luminotecnia diseñado y realizado ex profeso, los paramentos pintados en negro, los fondos de uralita… componen un escenario radicalmente moderno para aquellos años, máxime en una ciudad de provincias como Córdoba. Pero no se trata sólo de eso, si repasas entre los artistas que participaron, resulta que encuentras a Manuel Mampaso, que exhibe Verde y redes, una pintura con la que también estuvo presente dos años antes en la I Bienal Hispanoamericana de Arte de Madrid. Un hecho que entre otras cosas demuestra no solo la rapidez con la que Córdoba decide emular la apuesta que la capital de España hace a favor de la modernidad artística, sino también la apropiación que el régimen franquista hace de la abstracción como síntoma de modernidad y de regularización de la cultura. Y aquí coinciden historiadores de diverso pelaje y condición, desde Víctor Pérez Escolano a Juan Manuel Bonet, de Bernardo Palomo a Juan Bosco Díaz de Urmeneta. Todos señalan el claro posicionamiento de la ciudad a favor de la contemporaneidad artística en estos años, un compromiso de tímida apertura hacia la recepción de la modernidad desde las instancias oficiales de la cultura, que llama la atención porque se produce con una prontitud que en otras muchas ocasiones no ha sido tan evidente o simplemente no ha existido. Creo que son razones suficientes para otorgar a la Exposición de Arte Contemporáneo del Círculo de la Amistad la cualidad de hito en la historiografía artística cordobesa.

A.O.: Al plantear una exposición tan numerosa en cuanto a artistas participantes, habrás chocado con la escasez de espacios expositivos de los que dispone la ciudad. ¿Hasta que punto ha condicionado este aspecto el número de autores que forman parte de la muestra y cuáles han sido los criterios de selección que has manejado para establecer la nómina de artistas?

A.L.P.V.: El proyecto ha sufrido cambios. Comenzó hace casi tres años con poco más de medio centenar de artistas que a lo largo de su trayectoria hubiesen mantenido una relación estrecha con la contemporaneidad. En ese momento la exposición se articulaba mediante una tesis que buscaba hilvanar síntomas de modernidad o contemporaneidad entre artistas cordobeses activos a mediados del siglo pasado y autores actuales. Después se planteó un proyecto más abierto y participativo en el que tuviesen cabida todos aquellos autores cuya obra o presencia en la ciudad fuese un hecho innegable. Se trataba de celebrar 60 años de arte contemporáneo en Córdoba y no tenía sentido blindar una tesis en torno a ese planteamiento, por lo que se decidió adoptar la clave presencial que te comento. La nómina de artistas se acerca al centenar y son cinco las salas disponibles, aunque algunas de ellas se descuelgan y hay que buscar otras que las sustituyan. Estos son los condicionantes reales de las exposiciones del proyecto. Una nómina de alrededor de cien artistas, que posteriormente se cierra en 119 y cinco espacios diferenciados. Hay también otros factores que intervienen en los criterios de selección. La intención es que cada exposición refleje la pluralidad de matices de tendencias tan diversas como el realismo y la abstracción, el expresionismo y la nueva figuración, así como los cambios que se producen en el medio artístico con la posmodernidad. Además cada exposición debe integrar varias generaciones de artistas, incluso autores ya desaparecidos y diferentes disciplinas. En este último sentido, una de las claves del proyecto es la presencia normalizada de la fotografía en cada una de las exposiciones.

Como consecuencia tenemos las cinco exposiciones que vertebran el proyecto, que son Abstracciones, Realismos, Retratos del gesto, Cartografías de la figura y Cambio de paradigma. Y en ellas participan 119 artistas cordobeses de distintas generaciones. Creo que es un buen número, quiero decir que es una nómina bastante nutrida. Soy consciente de que hay otros muchos artistas que no están en las exposiciones, pero teniendo en cuenta las salas disponibles, era imposible integrar más artistas de los que ya están. Por eso, cuando alguno plantea la razón de su ausencia no puedo decir otra cosa que el motivo es la falta de espacio para que todos puedan participar. Se trata de una cuestión de prioridades, partiendo de los espacios expositivos que tiene Córdoba, mi propuesta es invitar a participar a los artistas que forman parte del proyecto. Si hubiese más salas es muy probable que algunos de los que no están, estuviesen, aunque en este tipo de proyectos—a mayor o menor escala—siempre es imposible contentar o satisfacer los deseos de todos. Al menos es lo que me dicta mi experiencia.


22 marzo 2012

Juan Serrano y Gómez Losada inauguran con "Ensamble" la nueva sala de exposiciones de Filosofía y Letras

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Vista de las maquetas de Juan Serrano. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi. 

Ensamble, un proyecto conjunto de los artistas Juan Serrano y Miguel Gómez Losada, ha sido la muestra elegida para acompañar la inauguración de un nuevo espacio expositivo en la ciudad, Las Galerías Cardenal Salazar, situado en la Facultad de Filosofía y Letras. La creación de este espacio es un paso más en el camino emprendido desde el decanato de Eulalio Fernández destinado a hacer del antiguo Hospital de Agudos un activo centro generador de cultura además de transmisor del conocimiento. 

Las Galerías Cardenal Salazar forman parte de un proyecto destinado a crear un espacio de confluencia entre la investigación y la difusión de la creación contemporánea abierto tanto al ámbito universitario como especialmente a la ciudadanía, dirigido por Pablo Rabasco, profesor del Departamento de Historia del Arte, Arqueología y Música de la Universidad de Córdoba, junto a un Consejo Asesor del que forman parte profesores del mismo centro y de otras facultades además de artistas y profesionales del mundo del arte y la cultura. Para Pablo Rabasco, el proyecto "pretende ser un espacio flexible, abierto y dinámico, que desde la Facultad de Filosofía y Letras, desde el centro histórico de la ciudad, se acerque a expresiones novedosas y valientes de la cultura contemporánea".

Ensamble, de los artistas Juan Serrano y Miguel Gómez Losada, es una producción específica para la inauguración de Las Galerías Cardenal Salazar, conformada por diversas obras, algunas de ellas realizadas conjuntamente por ambos artistas. Para Rabasco, uno de los atractivos de esta colaboración es comprobar cómo "dos formas distintas de entender el arte asumen sus diferencias para crear un lugar de encuentro".  

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12 abril 2011

Juan Serrano expone su primera individual en Córdoba




Juan Serrano
Fotografía de Jaime Martínez

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Redacción / Ars Operandi

El próximo jueves 14 de abril, en la Sala Vimcorsa, tendrá lugar la inauguración de la exposición Pintura, escultura, diseño, de Juan Serrano, primera que realiza indivudualmente en Córdoba el que fuera miembro fundador de Equipo 57. Conformada a modo de revisión de la obra del artista, la exposición, que ya pudo contemplarse en el mes de abril del pasado año en el Casino de la Exposición de Sevilla, mostrará la producción realizada entre los años 1985 hasta 2005 en su mayor parte, aunque también se mostrarán bocetos más recientes que no han sido llevados a su material definitivo. Pintura realizada en técnicas diversas, así como esculturas en distintos formatos, junto con una selección de diseños de mobiliario articulan la exposición, que se completa con una amplia variedad de bocetos, maquetas y esquemas que muestran el proceso creativo de uno de los artistas referentes de la vanguardia artística cordobesa.

La exposición, que se inaugurará oficialmente en la Sala Vimcorsa a las 19:30 horas, será exhibida asimismo en la Sala Orive de nuestra capital, espacio en el que la inauguración contará con un segundo acto protagonizado por el Coro Ibn Rushd de la Universidad de Córdoba, dirigido por Albano García.

Juan Serrano Muñoz (Córdoba, 1929), arquitecto, es miembro fundador de Equipo 57, colectivo de artistas formado en París en mayo de 1957 al que pertenecen los cordobeses Juan Cuenca, José Duarte y Juan Serrano junto a Ángel Duarte y Agustín Ibarrola, una nómina que se amplía en diferentes momentos de la existencia del grupo con los nombres de Jorge Oteiza, Thorkild Hansen, Néstor Basterrechea, Francisco Aguilera Amate y Luis Aguilera Bernier. Equipo 57, uno de los grandes grupos de la vanguardia artística española del siglo XX, ha visto reunida su obra en diversas exposiciones retrospectivas, como la dedicada a ellos en el Palacio de Congresos de Córdoba en 1994 o la que conmemoró el 50 aniversario de la fundación del grupo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y posteriormente en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo durante el año 2008.

Texto crítico de Ángel Luis Pérez Villén, Incitación al juego, apuesta compartida  aquí

Juan Serrano
Pintura, escultura, diseño
Sala Vimcorsa
C/ Ángel de Saavedra 9, Córdoba
Sala Orive
Jardín de Orive, s/n
Inauguración 14 de abril, 19:30 horas, Sala Vimcorsa
Actuación Coro Ibn Rushd de la Universidad de Córdoba, 21:00 horas, Sala Orive
Otras actividades:
Día 28 abril, 18:00 h. Visita guiada por Juan Serrano
Día 12 de mayo, 18:00 h. Conferencia de Ángel Llorente y mesa redonda

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11 abril 2010

Incitación al juego, apuesta compartida




Juan Serrano
Fotografía de Jaime Martínez

 A. L. Pérez Villén / Ars Operandi

Lo cierto es que no debiera extrañar a nadie. Que una persona recupere una de sus facetas creativas no es ninguna rareza. Quizá lo que nos desconcierta es no haberlo descubierto antes, detectar esa actividad morosa y casi oculta del artista que se resiste a dejar de serlo aunque sus consecuencias no trasciendan más allá del círculo de íntimos. No quiero decir que Juan Serrano ocultase su obra, que trabajase de manera furtiva para sorprendernos una vez concluido el trabajo. No era la pretensión, simplemente se dejaba llevar por esa querencia de la creación que sólo entienden sus iguales, esa experiencia de la impunidad que les mantiene el pulso sin necesidad de otra cosa. Si ahora se decide a mostrarlo es porque no nos quiere privar de ello, ha decidido que es mejor compartirlo, es probable que incluso lo necesite, que quiera cerrar el círculo que comenzó a trazar hace más de 50 años cuando aún no existía Equipo 57. Es por entonces cuando peregrina con José Duarte—como muchos otros artistas de aquellos años—al santuario francés donde moraba el padre de la pintura moderna: Picasso. Son años en los que comienza a conocer otros artistas que serán determinantes en su trayectoria y a exponer. Años en los que aún no era arquitecto—estudiaba Veterinaria—sino artista. Un artista especial... como todos los que formaron parte de Equipo 57, pero no es de este colectivo del que quiero hablar ahora.

Cuando apunto especial me refiero a un tipo de artista poco convencional. No quiero decir que Juan Serrano o el resto de Equipo 57 sean artistas extraordinarios—que lo son—, artistas cultos y de culto—también—, artistas raros o caprichosos. Cuando digo especial quiero decir no convencional, poco común. Unos artistas que deciden dejar a un lado su faceta creativa personal para trabajar en grupo, asumiendo la dialéctica de la confrontación de pareceres e incluso la ejecución compartida; que precisamente priorizan este proceso sobre la propia materialización de la obra, desarrollando un cuerpo teórico y crítico de los pocos que existen en la historiografía artística española contemporánea; artistas con un bagaje ideológico tan posicionado que deciden abaratar los precios de su obra casi a los costes para que llegue a más gente, creadores que incluso rechazan proposiciones de comisarios artísticos—de citas internacionales como la Bienal de Venecia—por mantener su identidad como colectivo. Artistas especiales, sí, los de Equipo 57, pero he prometido no hablar de ellos, quiero centrarme en Juan Serrano, que ha decidido hacer público su compromiso renovado con la creación. Aquí también debo matizar porque parece ser que éste no es flor de un día, la pasión se enquista hace años y no me estoy refiriendo a su trayectoria con Equipo 57, sino a la reincidencia posterior que nos lleva hasta el momento presente.

Si excusamos el tiempo que Juan Serrano ha dedicado al oficio de la arquitectura y por más que esta dedicación profesional no le haya impedido decantarse por otras facetas más creativas, parece ser que lleva casi dos décadas entregándose al juego de la creación. Y lo que en un principio no dejó de ser un entretenimiento, poco a poco se ha convertido en una tarea de la que no puede prescindir. Con ella ha vuelto a recuperar el aliciente plástico, así como la devoción por el diseño—ese rumor de formas que no deja de zumbar en la cabeza y que mantiene las manos siempre operativas—y todo ello como si fuese un ejercicio ritual y rutinario, una labor nunca abandonada, un propósito atemporal. Porque la obra que se nos muestra tiene esa aguerrida cualidad de la vieja vanguardia, prácticamente insalvable, que se halla tan próxima a la autonomía del arte—el vuelo independiente de la forma que hemos citado—y a su envés, el compromiso de la creación. Tenemos constancia histórica de una amplia gama de posibilidades sobre cómo se ha articulado el compromiso, conocemos cómo lo hizo Equipo 57, sin embargo reservamos para más adelante nuestro punto de vista sobre las obras expuestas. Lo que no podemos dejar de señalar a este respecto es el acierto de Joseph Beuys cuando destaca la valencia terapéutica de la actividad artística, el poder catártico de la creación para restañar las heridas del sujeto contemporáneo y sanar el cuerpo social de la comunidad.

Decimos atemporal y no es suficiente. Hay que hablar de rehabilitación, de tender puentes, de ejercitar la memoria para mantener la lucidez de una posición a la que se vuelve quizás con otros argumentos, seguro que con menos temeridad pero mayor convicción si cabe. Lo que Juan Serrano ha estado haciendo durante todos estos años, amén de arte, es mantener alerta su memoria, reactivarla a la luz de su experiencia y a la sombra de la estricta actualidad. Un ejercicio terapéutico, sin duda, del que podremos beneficiarnos quienes nos acerquemos a su obra. Una labor atemporal por lo que tiene de pertinaz y solitaria, benéfica también para el artista, absorta en su evolución. Otra palabra clave, otro posible malentendido. Vamos a intentar que no sea así. Vista con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, la trayectoria artística de Juan Serrano tiene un antes y un después de Equipo 57. Respecto de esta última, de la que se nos ofrece una muy cuidada y equilibrada selección, hemos destacado su atemporalidad y ahora señalamos su coherencia con el trabajo realizado anteriormente por el artista, lo cual no quiere decir que la obra actual de Juan Serrano sea una evolución de la de Equipo 57. Es de una enorme coherencia con algunos de sus postulados, como veremos a continuación, pero ante todo se debe a sí misma, a su despliegue interdisciplinar, de ahí la concentrada evolución que manifiesta.

Insistimos en la importancia de este aspecto, ya que la totalidad de lo que se presenta al público ha partido de una idea materializada mediante un boceto, una maqueta, un estudio previo... En este punto sólo puede hablarse de construcción como procedimiento, de collage o ensamblaje como recurso, sin mencionar siquiera la pintura, la escultura o el diseño, disciplinas que por ahora se mantienen al margen; mejor dicho, que confluyen en el proceso sin exigir peaje alguno mientras las ideas cobran forma y se materializan. Muchos de estos ejercicios son meramente de progreso, constituyen la prueba de una metodología empírica y analítica—como en su momento lo fue la de Equipo 57—que describe círculos en torno a una determinada problemática y no todos tienen la suerte de convertirse en obras definitivas. Algunas de estas tentativas, ejercicios de progreso les hemos llamado, se muestran al público. Pero hay otro tipo de trabajos con similar categoría que no se pueden exhibir porque exceden las dimensiones de cortesía de la escala, quiero decir que no sé si el público aceptaría una maqueta (estudio o boceto) de un mural de 20 m2 con el que Juan Serrano investiga cómo el color interviene en la percepción de la forma, cómo la pintura se mezcla con la escultura (o la arquitectura), cómo lo bidimensional puede alterar la experiencia de las tres dimensiones. Otra prueba más de ese carácter evolutivo, reflexivo y propedéutico de su trabajo. Una encomienda con la que el artista no deja de establecer vínculos. Todo está relacionado, sólo se trata de descubrir y hacer visibles las tramas que sostienen la apariencia, señalar el vaivén de las formas e implicarnos en el juego de la percepción.

Antes de continuar quiero detenerme en un detalle que creo significativo. La obra a la que nos enfrentamos es una obra abstracta, una obra abstracta y geométrica. Hace algunos años—en torno a la segunda mitad del siglo pasado—estos detalles venían a decirlo casi todo de una obra pero ahora conviene matizar. De entrada el trabajo de Juan Serrano está más cercano a los paradigmas de entonces que a los presupuestos de la nueva abstracción. Es decir, tanto las pinturas como las esculturas que motivan estas líneas no se plantean cuestiones que atañen a su estatuto como imagen; mejor dicho, como icono. Ello implica que no participen en estrategias de resignificación de la abstracción y que renuncien a entender ésta como un lenguaje representativo. Por el contrario, su interés se centra en penetrar las formas, imbuirse de su comportamiento e inventar un lenguaje con el que crear una cultura de la no representación. Esta es la pauta de trabajo de la abstracción geométrica representativa del siglo XX, en particular de la de su primera mitad, en la que incluimos fuera de fecha las secuelas del arte concreto y el neoconstructivismo, el arte óptico y cinético, el arte cibernético... todas ellas plenamente activas durante los 60 y los 70 y por lo tanto coetáneas—aunque distanciadas conceptualmente—de las primeras experiencias del minimal, a las que seguirán las del postminimal y la nueva abstracción de finales de siglo. Llega ahora la matización, se nos confirma el carácter atemporal de estas obras y su vínculo con el paradigma de la abstracción contemporánea, no obstante su autor no entiende de dogmas y no puede abstraerse de lo mejor que nos brinda la condición postmoderna que a todos nos afecta.

Nos referimos a esa distancia crítica que fermenta al margen de la modernidad establecida, a pesar del discurso de la tradición de la vanguardia, la misma que inoculó el antagonismo y la actitud díscola—la duda razonable, el disentimiento y la objeción—en los manifiestos y las proclamas de comienzos del siglo pasado. Aunque parezca una incongruencia, una buena parte de la crítica postmodernista considera conveniente enlazar con ese espíritu insidioso, no tanto para recuperar la senda de la modernidad perdida y poderla superar como para roturar un territorio de resistencia desde el que volver a sentar las bases de un arte de primera necesidad. Algo de esto se plantea Juan Serrano cuando se encierra a trabajar en el estudio y vive pendiente de lo que le dicta su memoria, de lo que disponen sus manos, de lo aprendido y experimentado, pero también se deja llevar por lo que en cada momento le dictan las formas y en esta llamada tiene mucho que decir la percepción pero también el compromiso del artista. Y da la impresión de que éste se fragua otorgando a la propia obra la autonomía necesaria para devenir por sí misma, lo que no deja de ser sorprendente. Lo cierto es que al artista no le interesa tanto profundizar en las causas de los fenómenos como navegar sobre la superficie de la experiencia, de manera que las estructuras, el ritmo y la secuencia de formas, el color y su disposición, la articulación del espacio y la composición determinen la acción artística y su fin último, que no parece ser otro que el de ofrecer al público la posibilidad de compartir el juego del arte. Volveremos sobre ello pero ahora hay que afirmar que estas obras se deben al público, necesitan de su estrecha colaboración para configurarse como tales.

Un lugar común en la recepción de las obras que se originan en el ámbito de la abstracción, en especial la abstracción geométrica, debido a la ausencia de representación y por tanto de secuencias narrativas o temáticas a las que aferrarse para iniciar su análisis, es tomar los procesos y las estructuras compositivas como el tema. No es que estemos muy interesados en desvelar la temática de la obra de Juan Serrano, pero sí que queremos entrar en la manera de trabajar. Lógicamente es un autor que organiza la obra en torno a series, pero entendiendo éstas más como la hermandad que aglutina varias piezas en las que vienen a confluir mecanismos e intereses y no tanto como un conjunto de obras con un motivo común. Uno de estos elementos cohesivos, quizás el más evidente a simple vista es el recurso de la dualidad especular, el enfrentamiento de dos cuerpos que tienden a complementarse, lo cual genera un tipo de composición que debe incorporar la secuencia positivo-negativo. Los fieles a la historia particular de Equipo 57 recordarán que éste era un motivo primordial en la gestación de su teoría de la interactividad del espacio plástico, que encontraba también algunos ecos en su plástica. En definitiva la curva compensada que nace en una inflexión y que puede dar lugar a sendos espacios dinamizados por su recíproca penetración no deja de ser una muestra más de la dualidad positivo-negativo. Pues bien, las obras que se presentan en esta exposición barajan la dualidad especular pero desde una perspectiva, además de espacial, temporal. Son obras que se plantean el origen del reflejo como la consecuencia transitoria del devenir de la experiencia formal.

Una dualidad que sin dejar de ser reflexiva transfiere el eco secuencial de su pulso al lienzo, de manera que en ocasiones sea a través de una sola pieza—estamos hablando de pinturas—y en otras mediante el díptico e incluso el tríptico como llega a materializarse. Este último formato es la prueba palpable de ese carácter secuencial en que viene a restituirse la dualidad especular. Otros procesos a tener en cuenta –ahora nos volvemos hacia las esculturas- son los de la adición, que deviene principalmente del uso del collage y el ensamblaje en los momentos previos en que la obra sólo existe como boceto o maqueta, y la torsión o el pliegue, estos últimos muy utilizados también por Equipo 57 en sus estructuras con paraboloides hiperbólicos. Recursos y procesos que a veces tatúan la obra pero que por lo general penetran bajo su piel para sostener el grueso de la intervención artística. Sin embargo, nosotros vamos a permanecer en la superficie, porque ahora queremos recuperar el hilo que quedó sin hilvanar en la cuestión que frunce el compromiso del artista con la importancia del público. Y con este motivo nos vamos a referir a un amplio conjunto de obras en las que se aprecia el papel que el artista le otorga. Se trata de obras en las que interviene directamente el público. No es que necesiten de su concurso para cerrarse, como que gracias a éste cobran verdadero sentido, por cuanto su configuración se altera en cada intervención, en cada aportación, en cada experiencia perceptiva.

Este grupo de obras combina las disciplinas de la pintura y la escultura. Entre las primeras hallamos una pintura circular, a modo de tondo, con una serie de formas inscritas que pueden variar de posición a gusto del público. Otro bloque lo constituye una suerte de tótem, en palabras del propio artista, que combina la pintura y la escultura y en el que el formato circular también está presente, configurándose mediante el giro de las dualidades especulares enfrentadas un perenne repertorio de formas y colores que constituyen el crédito de la obra. En esta línea de concepción abierta de la creación—recordemos a Umberto Eco y su célebre tratado homónimo sobre dicha poética—es la que se advierte en una escultura giratoria de generosas dimensiones. En lugar de completarse la lectura de la obra mediante el movimiento en torno a ella, como se hacía en la estatuaria tradicional, es la pieza la que gira ante nuestros ojos. Aunque no es ninguna novedad—el arte cinético goza de una dilatada trayectoria de medio siglo—la aportación de la escultura es que conforme se va mostrando compone, amén de estructuras filiformes centrípetas, sucesivos campos de color que sólo se advierten de esta suerte .

Hablamos ahora de murales. Ya nos hemos referido a la maqueta de un mural a escala 1:1 que no se exhibe, pero hay otros casos de dimensiones más reducidas en los que también se pueden apreciar las cualidades atribuidas al ausente. Cualidades con las que se trata de perturbar la tranquilidad de formas y volúmenes, romper la linealidad (horizontal o vertical) y mediante la aplicación de planos de color inducir la sensación de profundidad o la tersura de las superficies. Estos murales se relacionan con una serie de obras en las que resulta muy difícil discernir entre pintura y escultura, pues si bien hay piezas en las que la estructura formal y el diálogo que mantienen abierto con el espacio son la razón fundamental de su poética, también las hay que la aplicación pictórica es la causa de su perturbadora recepción. Antes de abordar otro grupo de obras que lindan con estas díscolas poéticas de la percepción , me gustaría detenerme un momento en otra tipología de esculturas menos sofisticadas pero no menos sugestivas. Hay un par de ellas que son de una sutileza extrema —un puro trazo flotando voluptuosamente en el aire—que recuerdan la austeridad formal del minimal pero que en una segunda mirada terminan por abandonarse a la cadencia del giro que les imprime la inercia de la forma .

Volviendo al dominio de lo óptico hay que destacar un núcleo de obras que requieren de una colaboración activa del público. En una de ellas se nos pone en la tesitura de disociar entre la percepción del espacio físico y el virtual, un dilema que no se presenta en el plano de lo cotidiano, pues la información que de manera automática a diario se procesa muy pocas veces nos obliga a tener que tomar decisiones al respecto de manera consciente. En este caso debemos discernir entre la profundidad y la cercanía y la consistencia objetual o plástica (virtual) de formas y figuras, estructuras y planos de color. Una escultura que a la vez es la representación pictórica de sucesivos cuadrados inscritos es la responsable de que nos planteemos esta disyuntiva . Hay otra pieza que vuelve a proponer un conflicto similar al precedente pero ahora mediante el concurso de la anamorfosis para que la visión desde una cierta perspectiva de una sucesión de franjas nos haga dudar entre dentro y fuera, real o virtual, vertical u horizontal. Recapitulando los procesos ópticos y cinéticos empleados, tenemos la dualidad especular, el giro, la traslación o la secuencia espacio-temporal, el pliegue que se origina en la inflexión y que puede dar lugar a la torsión o el fruncido, amén de todo tipo de estrategias que nos llevan a replantearnos cuestiones de índole espacial y/o objetual.

Un capítulo importante en la producción de Juan Serrano lo constituye el diseño de mobiliario. Como aconteció con Equipo 57 el diseño de muebles adquiere en su obra una entidad que no puede soslayarse con la simple noticia, máxime cuando en su caso viene a ser consecuencia innegable de sus especulaciones artísticas. Como el propio autor nos advierte no se trata de prototipos en los que la función deviene en forma, no son muebles—por lo general sillas, pero también mesas, archivadores, etc.—que nos hagan sentir más cómodos, que nos faciliten la supuesta tarea para la que han sido concebidos. Son creaciones formales y cromáticas, en realidad habría que decir pictóricas y escultóricas; mejor dicho, tridimensionales, volcadas en objetos de uso cotidiano. No son realmente muebles, no cumplen esa función, son útiles para disfrutar del arte. Porque los muebles de Juan Serrano trasladan al terreno del diseño cuestiones que se le plantean en el campo de la pintura y la escultura. Ya hemos dicho que hay obras que parten desde el concepto de la disciplina para arribar a un espacio de acogida donde sedimentar lo aprendido en el trayecto, pero lo habitual es concebir la obra de manera interdisciplinar. Con los muebles sucede lo mismo, los procesos responden a las mismas necesidades, sólo que hay que partir de un conjunto de formas que al tramarse componen, con el concurso del color y bajo la aquiescencia de sucesivas indagaciones, errores, ensayos y descubrimientos, un artefacto que no pasará desapercibido. Predominan los ecos de la taumaturgia estética de la Bauhaus y el neoplasticismo, pero también son bienvenidas las formas caprichosas y oblongas del disegno posmoderno.

Juan Serrano
Pinturas, esculturas, diseños

Casino de la Exposición

Glorieta de San Diego, s/n, 41013 Sevilla

Hasta el 23 de mayo

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