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29 abril 2017

Pepe Espaliú. Una ceremonia vacía.

Pepe Espaliú. Carrying V, 1992. Colección CAAC. Foto: Cortesía CAAC

Jesús Alcaide / Ars Operandi

1 de diciembre de 1992. El cuerpo enfermo de Pepe Espaliú es transportado en las calles de Madrid dentro de esa acción colectiva llamada Carrying que con el paso de los años se ha convertido en foto fija de las producciones artísticas vinculadas a la unión del binomio arte-sida. Veinticinco años después, la exposición Círculo íntimo. El mundo de Pepe Espaliú ocupa los espacios del Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) para presentarnos que como decía en uno de sus escritos, pasaron los días de savia y cristal y hoy, aquí en Córdoba, el cielo se ha vuelto denso como una boca de negras nubes.

Después de exposiciones como la que Juan Vicente Aliaga comisariara en 1993 para el Pabellón Mudéjar de Sevilla, la del 2003 en el MNCARS o la que en 2007 pudimos ver en Vimcorsa con el título Pepe Espaliú desde Córdoba, comisariada por Ángel Luis Pérez Villén y Juan Vicente Aliaga como preámbulo a la apertura del Centro de arte Pepe Espaliú en el 2010, la obra de Espaliú vuelve a convertirse en protagonista de la política cultural contemporánea de la ciudad.

Córdoba, la ciudad de un patio abierto y una mezquita ciega, la de las manos de Romero de Torres y el silencio nocturno de la plaza de Capuchinos, la de ese maravilloso travesti San Rafael del que hablaba en sus escritos y entrevistas y la que no pudo ver el proyecto que tenía planeado para el Patio Morisco del Alcázar de los Reyes Cristianos a causa de su fallecimiento en 1993. Córdoba, esa ciudad que a pesar de que hayan pasado 24 años de su fallecimiento aún sigue sin saber escribir su nombre como se puede ver en el monolito de granito que le dedicaron y que al otro lado del río, en el Parque de Miraflores, más que vergüenza ajena para muchos, produce dolor por recordar proyectos que nunca se hicieron, como aquella muleta que hundida en el agua soportaría el peso del puente romano tal y como vemos en algunos de sus dibujos.

Después de visitar la exposición, de volver a ver sus jaulas, los santos, los carryings, las mudas campanas, los caparazones de tortuga, los nudos y los nidos, no hay imagen que más me inquiete que esa muleta apoyada en el puente. Una muleta que cuida. Una muleta que roza. Una muleta que soporta. Una muleta que vigila.
Pepe Espaliú. S/T (10 piezas), 1989. Colección CAAC. Foto: Cortesía CAAC
 2017. Espaliú. Aquí y ahora. Una trayectoria circular. Si bien se cumplen 25 años del Carrying, también carambolas del destino, hacen que se cumplan en este año, 30 años de la primera exposición de Pepe Espaliú en la Galería La Máquina Española, El recuerdo es traición, año, que a diferencia de ese 1992 que vino marcado por la crisis del SIDA, se desarrolló bajo el signo del éxito y el boom del arte español, apareciendo en los magazines internacionales o en exposiciones como la controvertida Dynamiques et interrogations en el Museo de la Villa de París. El recuerdo es traición, titulaba Espaliú su exposición. Esperamos no traicionar su recuerdo. 

Veinticinco y treinta años que se solapan en un momento y un lugar. Ahora, en el ·C3A, un espacio que en sus recovecos y solapamientos, en ese zoco de oscuridades y luces tenues, dura presencia de hormigón y lucernarios que se abren al cielo, ha provocado que Espaliú se encuentre con algunos de sus fantasmas y referentes. Mariën, Bourgeois, Romero de Torres, Mapplethorpe, Cristino de Vera. 

Entrando a las celdas hexagonales del C3A recuerdo el final de las ceremonías vacías, texto-entrevista colectiva que aparecía en Antes y después del entusiasmo, exposición comisariada por José Luis Brea. Decia Espaliú a propósito de una experiencia en un peep show “había una cámara hexagonal y en cada uno de los lados un punto de mira para cada espectador. En un momento dado, se suponía que tenía que aparecer en el centro una chica y empezar a hacer gesticulaciones al ritmo de una banda sonora de fondo, grabada en play-back. Bueno, pues resulta que la chica no había aparecido y solamente estaba el play-back: y lo curioso es que ya daba igual que apareciera ángel o demonio, había una especie de perfecta sintonía entre las miradas de todos los espectadores, ese centro vacío, ese play-back. Era una especie de artificio tan puro que realmente es que daba igual lo que apareciera..”. Pregunta Brea, ¿la ceremonia vacía?...Responde Pepe; “sí, algo así”. Aquí y ahora. Una ceremonia vacía.

06 agosto 2016

PhotoEspaña (y 3) Hiroshi Sugimoto, la fotografía como vanitas

El Capitan, Hollywood, 1993. Impresión a la gelatina de plata. 119.5 X 149 cm © Hiroshi Sugimoto

A. L. Pérez Villén / Ars Operandi 

Black Box de Hiroshi Sugimoto es sin duda uno de los platos fuertes de esta edición de PhotoEspaña 2016. Y lo es de la mano de la Fundación Mapfre, como no podía ser de otra manera, máxime teniendo en cuenta la apuesta continua por la fotografía —desde la coherencia y el rigor— y muy especialmente con la vigencia desde hace unas décadas de la sostenida contemporaneidad del medio. Y para muestra un botón: la exposición de Sugimoto (Tokio, 1948) es sintomática, ya que se trata de uno de los artistas actuales que mejor desempeña la valencia contemporánea de la fotografía, gracias a la defensa de la faceta conceptual de una práctica, que en su caso viene desarrollando desde hace varias décadas y como tal está presente en las colecciones de, entre otros museos y centros de arte, el Metropolitan Museum y el Museum of Modern Art de Nueva York, el Smithsonian de Washington o la National Gallery y la Tate Gallery de Londres. Se muestran unas 40 piezas de gran formato que pertenecen a la producción de los últimos cuarenta años del artista japonés, organizadas en torno a cinco de sus célebres series: Cines, Campos de relámpagos, Dioramas, Retratos y Paisajes marinos. Todas ellas se realizan mediante técnicas analógicas muy exigentes que supervisa directamente el artista, que se niega a abandonar los rudimentos y la magia artesanal de la fotografía tradicional.

Campos de relámpagos 119, 2009. Impresión a la gelatina de plata. 149 x 119.4 cm © Hiroshi Sugimoto

Cines es una serie inconclusa, iniciada hace unos cuarenta años, que nos muestra el escenario de la representación desierto. Pantallas de cines captadas con la luz exclusiva que se desprende de la proyección de la película. Una suerte de acción fotográfica que documenta en luminosidad la duración (el tiempo) habitando un espacio determinado. Las exposiciones tan dilatadas y el encuadre frontal, así como los grandes formatos habituales en su producción— hacen de esta serie un elemento clave de esta propuesta que se nos antoja una alegoría de la vanitas contemporánea. Más espectacular si cabe y valga la redundancia por la referencia cinematográfica y ahora por la iluminación de la sala, aún más tenue es la serie sobre Campos de relámpagos, iniciada hace una década. En este caso no se trata de largas exposiciones sino de ausencia de cámara. La tempestuosidad de los fenómenos naturales se combina a la perfección con las técnicas de Sugimoto, que parece remitirnos a la época en que la experimentación fotográfica de los inicios del medio corre paralela a la de la ciencia, componiendo escenografías abstractas que, no obstante, documentan hechos tangibles y naturales: relámpagos en la noche.

Aves de Georgia del Sur, 1994. Impresión a la gelatina de plata. 119.5 x 185.5 cm © Hiroshi Sugimoto

Sin embargo son sus Dioramas (1976-2012) los registros más conocidos del artista. En estas composiciones escenifica tableaux vivants de paisajes prehistóricos, similares a los que se muestran en algunos museos de ciencias naturales. Aquí la fotografía da una vuelta de tuerca a una de las esencias que la mantuvo en su identidad como medio a comienzos de la pasada centuria : el carácter testimonial, indicial de la fotografía, que atestigua mediante su concurso documental la veracidad de lo representado. Desde este punto de vista los Dioramas de Sugimoto son la prueba palpable de ese deslizamiento de la fotografía como práctica documental a ejercicio artístico. Y el mérito de Sugimoto que aquí en España desempeña desde hace décadas Joan Fontcuberta es validar la fotografía como caja de resonancia de una construcción plástica, que emplea los ardides de la disciplina para socavarlos desde dentro y anunciar la fortaleza reconquistada: la creación de realidad. “No importa cuán falso sea el tema, una vez fotografiado es como si fuese real”, nos advierte el artista. Así nos lo parecen los cérvidos, lobos esteparios, pingüinos y aves carroñeras que pueblan estos paisajes.

Catalina de Aragón, 1999. Impresión a la gelatina de plata. 93.7 x 74.9 cm © Hiroshi Sugimoto

La serie de Retratos de personalidades y personajes históricos del siglo pasado, realizada a partir de minuciosos ensayos y tomas de los modelos de los museos de cera (se menciona en especial el de Madame Tussauds) no logran un efecto similar a los paisajes abiertos de los Dioramas. Por el contrario, lo que se hace patente y casi morbosamente lapidaria es la condición de vanitas neobarroca de estos retratos, representaciones pulcras de la muerte viva, especialmente intensa en el caso de las siete esposas de Enrique VIII. Los Paisajes marinos, iniciados hace varias décadas, también son referencia obligada en la producción de Sugimoto. A mitad de camino entre la figuración y la abstracción como sucede con los Campos de relámpagos— estos espacios abiertos, unos concisos y otros brumosos, representan el ideal romántico del paisaje y en contraste defienden su identidad manifiesta mediante títulos que los vinculan a enclaves concretos. Una licencia, de nuevo evidenciando la contradicción tradicional del medio, que confirma su apuesta conceptual.

Hiroshi Sugimoto. 
Black Box 
Fundación Mapfre. 
Sala de exposiciones Recoletos 
Clausura: 25 de septiembre

09 junio 2016

Pasajes I. Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan

TRIBUNA ABIERTA

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas
Jorge Varas / para Ars Operandi


“Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que no la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de aquellos que no tienen nombre”. (1)

Conocía ya por imágenes consultadas en Internet el monumento de Dani Karavan destinado a conmemorar los cincuenta años de la trágica muerte de Walter Benjamin. Esta emplazado en Port Bou, pues aquí fue donde en septiembre de 1940 este berlinés no encontró ningún motivo ventajoso para conservar su vida, una vez que se vio acorralado y angustiado ante el escabroso futuro al que le conduciría la entrega de su persona por parte de las fuerzas de seguridad de nuestro estado, a los mandos alemanes de la Francia ocupada. Mi opinión cuando observé aquellas fotografías ya fue satisfactoria, y al contrario de lo que suele ocurrir cuando tenemos altas expectativas sobre una determinada realidad, la cualificación atribuida en este caso no se devaluó.

Llegamos a esta población a través de la carretera que conecta los pintorescos pueblos costeros del Alt Empordà, algunos como el mítico Cadaqués muy degradados por la especulación característica del desarrollo turístico. Lo que fue desde el siglo XVI un pequeño pueblo de pescadores, atractivo para pioneros célebres como fueron Marcel Duchamp, Picasso o el mismo Salvador Dalí natural de estas tierras, se ha alterado hacia otra clase de lugar que no se si sería hoy del agrado de aquellos singulares personajes. Cadaqués, Port de la Selva, Llança y Port Bou; entramos finalmente en la población fronteriza dotada por su posición geográfica con una importante estación de ferrocarriles.

Al llegar, un cartel nos indicaba que girásemos a la derecha para acceder al cementerio, donde sabíamos que estaba ubicado el memorial que ahora referimos. Ya he señalado en otros textos mi interés por visitar los camposantos, el de Florencia, el de Bonifacio, el de Fornells, el de Montparnasse, el de Deiá, el de Palermo… Todos son espacios sosegados donde pasear me resulta muy grato, pues recorriéndolos puedo paladear con más intensidad muchas de las delectaciones que provoca la práctica de esta actividad. También lo es en el cementerio de Port Bou, donde rodeada de otras sepulturas se mantiene al parecer sin cadáver la que pudo ser de este intelectual homenajeado. “No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie”, es la inquietante frase escrita por la pluma del filósofo que debajo de su nombre y de las fechas de apertura y cierre de su biografía, está grabada en alemán y catalán sobre la placa de granito negro que señaliza esta simulada sepultura. La historia del cadáver, como el de Goya o como el de F. W. Murnau tiene un acontecer misterioso, pues hay algunos rumores que expresan que después de compartir la fosa común del cementerio, su cuerpo pudo desaparecer ante el temor de que fuera profanado por los nazis; por eso, pudieran estar enterrados sus restos en otra fosa sin nombre, o con él una vez intercambiado el orden de nombre y apellido para evitar su saqueo (Benjamín Walter).

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Aunque constituido según un diseño que apuesta por una producción y configuración comedida, distinguiéndose de la dirección grandilocuente que con frecuencia han tomado otras obras públicas en los tiempos de bonanza económica, el memorial de Dani Karavan (Tel Aviv, 1930) se significa más que el recordatorio situado en el interior del recinto de reposo. El reducido presupuesto en este caso no impidió el compromiso y la identificación del creador plástico con el trabajo del filósofo. Precisamente el éxito de esta empresa, provocado por la significación del homenaje y por la actitud comprometida de un artista competente, nos demuestra de nuevo que la afectación de lo espectacular de algunas producciones escultóricas no garantiza su efectividad estética. ”En esa llamada procedente de Bonn, Konrad Scheurmanann, director de AsKIme pidió que diseñase un monumento en memoria de Walter Benjamin. Ya desde el inicio advirtió que disponía sólo de una pequeña cantidad de dinero. Esto no es cuestión de dinero, le respondí. Yo mismo estoy en deuda con Walter Benjamin. De inmediato supe que no podría diseñar un monumento a Walter Benjamin. Pero quizá si un homenaje al hombre, al filósofo, al cronista, al crítico, al partisano de nuevas ideas”(2).

Karavan, formado como artista en Tel Aviv, Florencia y París, ya tenía en el momento del encargo una importante experiencia como creador de obras públicas y había participado en eventos artísticos importantes como la Bienal de Venecia del 76 o la Documenta 6 de 1977. En esta ocasión mantiene la propuesta ya presente en sus obras anteriores, de incitar al espectador a realizar recorridos alrededor del espacio en el que se insertan sus construcciones, siempre en asertiva dialéctica con el paisaje. Y además, se añadían como pluses la integración de dos temáticas propias de la tradición judaica como son la memoria y el exilio.

En este memorial quiso hacer referencia a la obra magna e inacabada de Benjamin Pasajes. A partir de algunas de las ideas que se proponen en el texto ha creado su propio pasaje construido en acero, que desciende desde la plataforma de entrada, al barranco que limita con las aguas del mediterráneo. El sitio de ubicación del monumento que tanto gustó a Hannah Arendt cuando lo visito en 1941, “Da a una caleta, directamente al Mediterráneo; desmontado en la roca, desciende en escalones en forma de terraza, en cuyos muros de piedra se incrustan los nichos. Es seguro, uno de los lugares más extraordinarios y bellos que he visto en mi vida” (3), favorece de forma ineludible el fortalecimiento de las sensaciones estéticas que nos ofrece; pero el arquitecto inteligentemente supo erigir una construcción que enfoca como un catalejo al paisaje activándole, concienciándonos de su belleza, constituyéndole como un elemento asociado esencial de la obra. Planificándolo todo con mucha intención, emplaza al espectador en un escenario grandioso, orientándole a adoptar una mirada romántica vinculada a la del propio Benjamin, y a partir de esta experimentación según donde orientemos esta, podremos distinguir entre esos dos términos diferenciados y relacionados a la vez que son el mundo visual y el campo visual. La realidad en toda su amplitud abierta a nuestra elección o la realidad enmarcada que selecciona y concreta nuestra percepción.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Inaugurado el 15 de mayo de 1994, su producción fue financiada por la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de la república Federal de Alemania. Asume por tanto también el memorial el título de la extensa obra inacabada de Benjamin, Passagenwek, texto que ocuparía al escritor desde 1927 hasta su fallecimiento. En él recogió la información necesaria para esbozar un rompecabezas activador de múltiples especulaciones, un plano de los fenómenos sociales de la modernidad que propone variadas alternativas de elección. El Pasaje, construido con láminas de acero que taladra el acantilado asomándose al mar, nos recuerda las galerías acristaladas tan aludidas por Benjamin en sus escritos sobre el París de Baudelaire, tan seductoras para él; pero también invoca los Pasajes entendidos como provisión de los relatos que ilustran los tránsitos de la vida moderna, o como textos sagrados de la tradición judaica que reclaman el sosiego necesario para ser interpretados y de ese modo poder obtener algún resplandor de veracidad de la realidad que nos circunda.

La filosofía de la historia, la necesidad de la experiencia, la idea de límite, el paisaje como aurea o la necesidad de la memoria, ideas centrales de la obra del autor alemán, han sido intencionadamente aprovechadas por el artista y ciertamente pueden ser percibidas con facilidad, cuando transitamos como espectadores el espacio en el que se despliega este memorial integrado completamente en el entorno paisajístico.

Una vez alcanzada la cima de la colina donde está la explanada en la que se establece el memorial, el visitante puede establecer varias experiencias perceptuales en función de los recorridos elegidos alrededor de los elementos que intervienen en su configuración. Independientemente de los tres recorridos cardinales, pero no excluyentes propuestos por el autor (pues coincide con Benjamin en que uno de los efectos más nefastos del sufrimiento del pasado siglo fue motivado por la imposibilidad de la experiencia), para mi fueron la interacción de construcción de acero, paisaje y cementerio, los elementos que mas condicionaron mi experiencia perceptual, una experiencia ciertamente muy física.

El primer pasaje o recorrido está determinado por la construcción del elemento arquitectónico de acero corten. La elevación sobre la superficie de la plataforma del prisma triangular de chapón de acero de unos 25 mm de grosor, hace la función de pórtico del pasadizo o túnel angosto de pronunciada pendiente, que con 87 escalones desciende vertiginosamente al mar. Según bajamos el corredor de 2,35 metros de altura apoyando con cuidado nuestros pies en los peldaños de este túnel de oxidado material férrico, cuando hemos recorrido tres cuartas partes de la distancia total del tubo de sección rectangular, nos topamos con un grueso vidrio que nos protege de la caída al mar. En dicho cristal aparece grabada una cita de Benjamin procedente de sus tesis sobre el concepto de la historia con la que yo abría el presente texto. Constituye Karavan un elemento estético que tiene dos caras, una exterior y otra interior, que nos condiciona a adoptar varias miradas paralelas de la realidad que rodea a dicho elemento. En las fotografías que presento podemos hacernos una ligera idea de lo que trato de explicar, pero más que en otras obras se hace aquí necesaria la experiencia real.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

El segundo pasaje se dispone a partir de un sendero abrupto y pedregoso que lleva de la modesta plataforma de delante del cementerio a la parte trasera del mismo, a la zona no católica. Según lo andamos vemos un centenario olivo con sus característicos retorcimientos de su tronco y de sus ramas, un árbol que ha representado más veces para Karavan el deseo de reconciliación. Desde este hito natural nos detenemos a contemplar el mítico y legendario Mediterráneo, los Pirineos y con una aguda visión también podremos distinguir el paso fronterizo por el cual Benjamin angustiado huía de sus verdugos para acabar en Port Bou, su estación definitiva.

El último recorrido que finaliza en el cementerio donde está enterrado el autor en una fosa común, pasa por una plataforma cuadrada de 16 m² donde un cubo de acero situado en el centro invita también a la admiración de la grandeza de todo lo que nos rodea.

Notas 
(1) Sánchez Sanz, J./ Piedras Monroy, P. (1989). A propósito de Walter Benjamin: Nueva traducción y guía de lectura de la “Tesis de Filosofía de la Historia”. “Duererías. Analecta Philosophiae”, Revista de Filosofía, 2ª época, nº 2, febrero 2011|ISSN 1989-7774. Pág. 12 


(3) El crimen fue en Port Bou. (5- 8-1984). Goytisolo, J. http://elpais.com/diario/1984/08/05/opinion/460504810_850215.html 
En esta cita la discípula de Heidegger parece visualizar algunas de las cualidades de la obra que años después realizaría Dani Karavan.

20 marzo 2015

Artistas bajo la cúpula del circo: perplejos

TRIBUNA ABIERTA

Fotografía: © Fevericko / Instagram 

José María Baez / para Ars Operandi

El Consejero de Educación, Cultura y Deportes ha vuelto a tratar de encandilarnos con la zanahoria. Luciano Alonso ha dicho, sin rubor alguno y refiriéndose al Centro de Creación Contemporánea de Córdoba, que si el PSOE gana las elecciones, “el gobierno de izquierda y progreso” que se derive de ese hecho se comprometerá con la cultura y optará por un modelo de dirección “exigente y rompedor” para ese Centro, inactivo y lleno de telarañas como los cerebros que rigen esa penosa sección administrativa denominada Cultura por la Junta de Andalucía. 

Parafraseando a Cernuda podríamos decir que “ahora la estupidez sucede al crimen”. Alonso es un trilero tramposo, un político trasnochado que no ha comprendido que los tiempos sociales han cambiado, que no es lícita la mentira permanentemente. La ciudadanía, hoy, se siente traicionada y avergonzada de oír semejantes mensajes por parte de un servidor público que ha dilapidado su tiempo político y malgastado su gestión. Porque lo único permitido a Alonso relacionado con el Centro de Creación Contemporánea sería pedir disculpas por los reiterados disparates que han jalonado la construcción y gestión de ese Centro fantasma, y asumir la correspondiente responsabilidad. 

Desde la dirección del PSOE se nos enfatiza el hecho de que no permitirán que, en la cruzada emprendida contra la corrupción, personas imputadas por la justicia se integren en sus listas electorales. Pero la corrupción no se concreta exclusivamente en personas imputadas. Si el PSOE no ha entendido que la regeneración política implica alejar el engaño y mostrar respeto por la inteligencia de la ciudadanía y los compromisos con ella asumidos, no tardaremos en asistir a su declive como organización política. El PSOE de Luciano Alonso y de Susana Díaz han dispuesto de tiempo suficiente en la legislatura que ahora finaliza para encauzar este Centro de Creación Contemporánea de Córdoba, para hacerlo operativo, para aplicar un código de buenas prácticas en la elección de su equipo directivo, para consensuar con diversos colectivos sus contenidos y funcionamiento, y si no lo han hecho lo que toca es pedir disculpas, analizar las turbiedades encubiertas y burdas maniobras que en torno a este proyecto han existido, y depurar responsabilidades. 

Pero no nos engañemos. Las arbitrariedades, los sectarismos y saqueos en la esfera cultural por parte del PSOE andaluz han sido moneda excesivamente habitual a lo largo de todos estos largos años en el poder. Y su desdén por el arte generalizado. La tremenda agonía de instituciones como el sevillano Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, los recortes del Museo Picasso de Málaga y el estrangulamiento de los Museos de Bellas Artes de gestión autonómica, que han perdido hasta las tiendas de venta que tenían, no nos permite atisbar esperanza alguna respecto a esta parcela cultural y a cuanto signifique la formación de un pueblo libre y culto, de un pueblo no mediatizado y no idiotizado.

09 marzo 2015

Martín Domínguez. Architect 1897-1970. The times were changing

Hipódromo de la Zarzuela, con Carlos Arniches y Eduardo Torroja, Madrid, (1935)


Pablo Rabasco, comisario de la exposición / Ars Operandi 


Aquellos días de 1960, Martín Domínguez tuvo que jugar por segunda vez la amarga suerte del exilio. Domínguez y su familia cogieron las pocas pertenencias que podían llevar en el coche y cruzaron vía Miami a los Estados Unidos. Detrás dejaban 23 años en La Habana. Algunos edificios memorables y multitud de amigos. La suerte se repetía. Si ahora un enfrentamiento directo con Fidel Castro terminaba por forzar el exilio, años antes en España, la victoria de los fascistas en la Guerra Civil llevaba a Domínguez a ser inhabilitado de por vida para ejercer su profesión de arquitecto en su país.

El primer planteamiento era quedarse cerca, en Miami, esperando que la situación se tranquilizara en Cuba, pero como en el caso de España, Domínguez intuía de nuevo un cambio definitivo en su vida. Así, que decidieron seguir hacia Nueva York, donde había recibido una oferta de trabajo en The Irwin S. Chanin School of Architecture en The Cooper Union. Pero el futuro daría otro giro inesperado. Los documentos necesarios para realizar el contrato no llegaban desde España y cuando lo hicieron otra persona ya había ocupado su puesto. Fue así como Domínguez decidió aceptar una nueva oferta, esta vez de Cornell. 

Era septiembre de 1960 cuando llegaron a Ithaca. Las colinas se despedían del verano con una luz cálida y un viento que presentía el largo y frío invierno.

Llegaron en un hermoso coche, marca Mercedes, con asientos de cuero rojo y acabados en maderas nobles que llamó la atención de todo el mundo. Con él llegaban su esposa Josefina y su hijo Martín. Traían consigo algunas maletas, unas carpetas con los trabajos realizados en España y Cuba, y algunos libros. Cuando tuvieron que dejar Cuba precipitadamente, decidieron que cada miembro de la familia escogiera un solo libro de la biblioteca, no podían llevar más. Domínguez escogió las obras completas de Manuel Azaña, el presidente del Gobierno de la República española durante la Guerra Civil. Josefina, un tratado sobre formas de cocinar el arroz en España, y el joven Martín optaba por unas obras completas del poeta Federico García Lorca, compañero de su padre en la Residencia de Estudiantes de Madrid y asesinado por los fascistas en Granada al final del verano de 1936.


Edificio RadioCentro, con Emilio del Junco y Miguel Gastón , La Habana (1947)

La llegada de Domínguez a Sibley Hall y sus comienzos como profesor visitante venían respaldados por su trayectoria como arquitecto. En España, Domínguez se había formado en la Escuela de Arquitectura de Madrid y en la Residencia de Estudiantes,  institución en la que en pocos años coincidieron toda una generación brillante de artistas, científicos e intelectuales como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Severo Ochoa o Luis Buñuel. Martín Domínguez en esos años coincidió con grandes personalidades del siglo XX como Le Corbusier, con quien llegó a tener una breve correspondencia. En esa época trabajó asociado con el arquitecto Carlos Arniches llegando a realizar algunas obras brillantes como el Auditorio de la Residencia de Estudiantes (Madrid, 1933), los Albergues de Carretera, y especialmente el Hipódromo de la Zarzuela (Madrid, 1936) proyectada junto al ingeniero Eduardo Torroja, obra considerada como una de las más brillantes de toda la arquitectura española del siglo XX.

El exilio a Cuba se vio forzado por su participación en la construcción de las defensas de Madrid en los primero momentos de la Guerra Civil y por su conocida condición de liberal y demócrata. Es cierto que el perfil político y social de Domínguez le hacía estar cerca de una clase social alta pero su temperamento y convicciones fueron mucho más amplias. Al llegar a La Habana, Domínguez encontró un buen lugar para vivir y trabajar a pesar de no poder nunca convalidar su título de arquitecto, teniendo siempre que asociarse con arquitectos cubanos. En Cuba se asoció en un principio con Honorato Colete con quien realiza  entre otras obras el Edificio Radiocentro (1947). Más tarde colabora con Miguel Gastón y Emilio del Junco con quienes realiza el Plan Marianao (1950) y el Teatro y Centro Comercial Miramar (1949). Finalmente colaboró con Ernesto Gómez Sampera con quien realizará la obra más aplaudida de este periplo cubano, el edificio FOCSA (1952-56). En 1959, su proyecto para un edificio monumental de cincuenta plantas en Alamar, llamado Edificio Libertad, sería propuesto como ganador del concurso, pero un enfrentamiento con Fidel Castro dejaría finalmente desierto el concurso y con ello de nuevo la necesidad de salir del país.

Edificio FOCSA, con Gómez-Sampera e Ysrael Seinuk, La Habana (1953-56)

 En Cornell iniciaría un periplo verdaderamente interesante, centrado en la docencia en Sibley Hall, pero también colaborando con la Ford Foundation o con la Escuela de Arquitectura de Puerto Rico. A nivel profesional tuvo la oportunidad de colaborar con Peter Cohen en un importante encargo del gobierno de Johnson para la construcción de un barrio de viviendas sociales en Rochester y un programa de construcción de escuelas. Durante los años en Cornell trazó una fuerte amistad con Colin Rowe, uno de los más importantes profesionales en el ámbito de la teoría del urbanismo. Y también siguió manteniendo una fuerte amistad con el arquitecto español exiliado en México Félix Candela, a quien consiguió llevar a Sibley Hall en varias ocasiones para impartir conferencias y cursos. 

Aquella última noche, la del 12 de septiembre de 1970, Félix Candela y Martín Domínguez cenaban juntos en Nueva York. Preparaban una serie de cursos para ese otoño.

En el funeral intervinieron Colin Rowe, el decano Kelly y Félix Candela. Se leyó una hermosa carta que llegó desde Nueva York, firmada por Francisco García Lorca, hermano menor de Federico:

“Con palabras de su amigo Federico, palabras de las que él seguramente gustaba, podría decir, aludiendo a la caída del alto chopo, nuestro árbol simbólico

Yo te vi descender
en el atardecer,
y canto tu elegía,
que es la mía.”




Martín Domínguez. Architect 1897-1970. 
The times were changing
Exposición:
Del 16 de marzo 2015 al 7 de abril 2015 
Galería Bibliowicz, Milstein Hall.
Departamento de Arquitectura, Facultad de Arquitectura. Arte y Urbanismo. 
Cornell University, Ithaca, Nueva York. 
Comisarios: Pablo Rabasco y Martín Domínguez 

20 febrero 2015

Cuadernos sonoros de Juan Isaac Silva en DMencia


Redacción / Ars Operandi

La experiencia personal que mantiene Juan Isaac Silva (Cádiz, 1979) con el aprendizaje sonoro es el telón de fondo sobre el que levanta Gestos Cotidianos # 1, la muestra que se inaugura hoy en Dmencia, el programa de arte contemporáneo que se desarrolla en la localidad de la Subbética cordobesa desde 1996. Atendiendo en esta edición a una determinada vocación andaluza, por sus salas han pasado esta temporada artistas como la sevillana Susana Ibañez, la jerezana Ana Barriga y más recientemente el también sevillano Pablo Martinez Conradi. Juan Isaac Silva es un artista gaditano que combina en su trabajo en sus producciones diferentes disciplinas como el dibujo, la fotografía, el vídeo y el sonido, y que muestra un especial interés en el comportamiento y la representación del sonido como concepto y experiencia en distintas vivencias cotidianas.

Fotografías que forman parte de Gestos cotidianos de Juan Isaac Silva en DMencia. Foto: Cortesía del artista
El proyecto Gestos Cotidianos # 1 surge a partir del descubrimiento que Juan Isaac Silva realiza del universo sonoro. Sordo desde los tres años, el artista ha recuperado recientemente la audición tras un implante clocear. A partir de esta vivencia personal, el objetivo del artista ha sido construir y clasificar un cuaderno, donde explora y registra el comportamiento del sonido en diferentes situaciones, "en el paisaje, el espacio, los objetos y el lenguaje hablado". Silva propone explorar "el acto cotidiano de brindar con diferentes copas de vino, cuya cadencia las encontramos en las distintas y inesperadas formas sonoras que producen estos objetos cuando se golpean : “ …..sentir la experiencia de oír el golpeo de dos copas de cristal me plantea la necesidad de explorar el objeto y buscar con ellos el mayor número posible de sonidos. Registrar estos gestos sonoros me permite estimular la memoria auditiva y es a partir de mi experiencia anterior como pintor lo que me lleva a asociar esta actitud como concepto de pinceladas sonoras.”

Silva es licenciado en Bellas artes y Master en Arte, idea y producción por la Universidad de Sevilla (2011-2012). Ha participado en diferentes exposiciones colectivas como Que vienen los Bárbaros… ICAS, (Sevilla, 2012) ,  WunderKarmmmer La Bañera Gallery, (Madrid, 2012) o más recientemente Los ojos del tiempo que todavía se puede contemplar en Castillo de Santa Catalina de Cádiz con el comisariado de Guillermo Paneque.

Gestos cotidianos # 1. Juan Isaac Silva
Dmencia. Hasta el 5 de marzo

10 diciembre 2014

Memoria de las Memorias


Memorias particulares de Gil Gijón en las Galerías Cardenal Salazar. Foto: Ars Operandi
Pablo Allepuz / Comisario de la exposición* 

Nueva entrega en el ciclo expositivo de las Galerías del Cardenal Salazar. Tras la intervención de José María Baez ahora es el turno del artista Gil Gijón quien presenta en estos días una selección de obra reciente bajo el título Memorias particulares. Durante los últimos años, el artista, formado principalmente en las Universidades de Sevilla y Valencia, ha trabajado sobre la memoria realizando retratos de sus familiares a partir del polvo que recogía en sus hogares; dado que en la composición del polvo y la pelusa domésticos hay trazas de la propia persona, podría decirse que los lleva al cuadro de forma literal. 

Puede leerse con detenimiento en el catálogo de la exposición los fundamentos teóricos, los antecedentes plásticos, los objetivos planteados, la metodología de trabajo y las conclusiones de las obras expuestas que, por cierto, entablan una interesante relación con la muestra paralela de José María Báez, analizando si realmente todo es representación o si, por el contrario, puede existir una presentación en arte. También se muestran algunas claves sobre el autor, la gestación del proyecto y lo doblemente particular de las Memorias, por lo que conviene en este artículo dar algunas breves pinceladas sobre la propia exposición como marco que permite desplegar aquellos contenidos hacia el visitante, centrando la atención en los recursos expográficos y no tanto en el material literario de apoyo.

Una de las piezas de Memorias particulares, de Gil Gijón, en las Galerías Cardenal Salazar. Foto: Ars Operandi

El espacio de las Galerías Cardenal Salazar se reparte en tres alas del claustro superior de la Facultad de Filosofía y Letras; en consecuencia, el discurso de Memorias Particulares se escinde también en tres bloques conceptuales, casi a modo de planteamiento, nudo y desenlace. El primero de ellos, denominado Procesos, propone una aproximación a los rituales creativos de Gil desde un punto de vista esencialmente técnico, para lo cual se muestran primero los materiales e instrumentos de trabajo, como si se tratara de una instantánea del estudio del artista, y a continuación se contraponen las fotografías de partida y los retratos resultantes; ello constituye la base necesaria para comprender el origen y el significado de lo demás. El segundo bloque es Álbum, un desarrollo de las ideas principales de la exposición a través de diez retratos distintos en contenido y técnica pero coincidentes en las propiedades ontológicas y representativas de las polvografías; es decir, vuelve a construir la historia familiar desde de los parámetros dados en el primer bloque. El tercero y último, Experimentos, presenta unas piezas que abandonan el formato fotográfico tradicional, ya sea en lo referido al tamaño, a la sustancia o al marco expositivo; supone el final del relato anterior, por cuanto explora y cuestiona sus límites, pero también abre la vía de nuevas reflexiones que van mucho más allá de la mera innovación técnica. Dentro de esa estructura general, la ordenación de cada galería pretende potenciar el mensaje de las obras mediante una alternancia más o menos natural entre infancia y senectud, y al mismo tiempo, entre retratos individuales y de grupo; es decir, intentando mantener ese equilibrio que define a toda familia. Dicho aspecto alcanza su cénit en un recurso de malabarismo museográfico consistente en disponer los retratos de Álbum según un eje simétrico, con dos alturas diferentes, de manera que los distintos tamaños y formas de los marcos vayan creando una suerte de perspectiva hacia el centro, replicando en lo visual la alternancia de contenido: en lugar de empujar al visitante hacia los laterales, hacia la salida, los abraza hasta el corazón de la exposición, donde se concentran los cuadros más pequeños que, significativamente, se corresponden con los dos extremos de la familia, la niña y la abuela. 

Los bloques Procesos y Experimentos se han organizado atendiendo a una lógica similar, aunque menos llamativa en el resultado final por su breve recorrido. El proyecto expográfico en su conjunto es bastante más complejo que lo descrito en las líneas anteriores, pues engloba igualmente todo un aparato de señalética (carteles de bienvenida, cartelas acompañando a las obras y emulando su dibujo), publicidad, maquetación, traslado, montaje y un sinfín de detalles que se han completado atendiendo al propósito eminentemente docente que conforma el proyecto Galerías Cardenal Salazar.

Gil Gijón
Memorias particulares
Galerías Cardenal Salazar
Facultad de Filosofía y Letras, Córdoba
Comisario: Pablo Allepuz (*alumno de 4º Curso del Grado de Historia del Arte)
Hasta el 16 de enero


19 noviembre 2014

Juan Cuenca, sentido y forma

Objeto Cósmico, 2014, madera compensada y tensada, pintura al óleo y pan de plata oxidado, 90 x 122 x 100 cm. Al fondo, Infinito, 2014, lámina de aluminio de 3 mm, cortada con láser, plegada y pintada, 55 x 55 cm. Foto: Cortesía de la galería

José Álvarez / Ars Operandi

57 años después de que Equipo 57 mostrase por vez primera sus obras al público en el parisino Café Rond Point , Juan Cuenca presenta sus trabajos en el campo de las artes plásticas en la madrileña galería Freijo Fine Art. Miembro fundador de Equipo 57, Juan Cuenca (Puente Genil, 1934), dedicó su carrera profesional a la arquitectura una vez que el Equipo se disolviera en 1961 tras una corta pero importante trayectoria en el desarrollo de la abstracción geométrica en España. Su Teoría de la interactividad del espacio plástico es, en palabras de J. Mª Moreno Galván, "uno de los pocos intentos que tenemos en España de racionalizar la práctica artística, dotarla de sentido social e insertarla en las necesidades de la vida moderna", y, para Ángel Luis Pérez Villén, pionero en el estudio del Equipo 57, "su actitud creativa, el compromiso ético que mantuvieron, su método de trabajo y los textos teóricos que desarrollaron son de crucial importancia para comprender el arte español de la segunda mitad del siglo XX". Pintura, escultura, artes aplicadas y una película realizada a base de planos de gouaches del Equipo titulada Interactividad cine 1 (seis minutos cuarenta y cinco segundos de duración), son el legado que dejó el grupo.

S/T. 2014. Lámina de aluminio de 3mm, cortada con láser, plegada y pintada. 55 x 55 cm. Foto: Cortesía de la galería
De aquél proceso de trabajogrupal, experimental y con una importante apoyatura teóricaqueda lo esencialmente creativo. Juan Cuenca parte de un profundo estudio sobre los materiales que justifica el título de la exposición: tensión/forma. A partir de bocetos realizados con elementos que en la obra final se han de comportar previsiblemente como en los modelos previos, Cuenca explora las modificaciones del plano convirtiendo a éste en una superficie tridimensional, proceso que es visible en su desarrollo por la amplia selección de maquetas o modellinos dispuestas en vitrinas. De este modo, el visitante puede visualizar de forma clara cómo Cuenca, a través de la tensión ejercida en el plano, varía a éste en su concepción espacial. El interés por las superficies y su desarrollo también está presente en la serie Moebius, donde basándose en el principio de la cinta homónima, trabaja una superficie con una sola cara y un solo borde.

Moebius 3, 2013, chapa de acero inoxidable con tratamiento de silicato de aluminio proyectado, 32 x 40 x 24 cm. Foto: Cortesía de la galería
Para Ángel Llorente, el paso de Equipo 57 a la escultura "fue una continuación lógica del desarrollo de los planteamientos espaciales sobre el plano pictórico, una ampliación de la teoría sobre la interactividad como resultado de la investigación de las posibilidades reales en espacios tridimensionales que ésa ofrecía". Estas mismas posibilidades son ampliamente exploradas en tensión/forma, gracias a los materiales y las técnicas que la actualidad permite. Aceros con tratamiento de silicato de aluminio proyectado, plásticos, aluminios cortados con láser, de una precisión quirúrgica, dan como resultado unas obras plásticamente impecables, que evidencian lo metódico del trabajo realizado y que, en algunas obras, recuerdan los proyectos arquitectónicos. También materiales orgánicos como la madera laminada son utilizados por Cuenca, quien saca partido de la elasticidad del soporte en sus esculturas/relieves. Una serie complementaria a la obra expuesta, piezas de menor formato que el artista denomina Divertimentos,  sirven asimismo para la experimentación formal y, lejos de ser bibelots al uso, se proponen como punto de partida para su resolución final.
Los bocetos de Juan Cuenca permiten seguir desde su concepción el desarrollo de los proyectos del artista. Foto: Ars Operandi
Freijo Fine Art, que prosigue con la muestra de Juan Cuenca su alternancia entre la revisión histórica (Darío Villalba, Mathias Goeritz, Roberto Fernández Balbuena, Germán Cueto, Leo Matiz...) y la actualidad, y que ya programó en 2012 la muestra El Romanticismo en José Duarte, completa con tensión/forma una interesante visión de la trayectoria de dos miembros de Equipo 57, retrospectiva en Duarte y reveladora en Cuenca, quien lejos de mostrar agotamiento en sus modos de representación, evidencia una coherencia absoluta en su trabajo, heredero de aquél constructivismo que situó al grupo en la primera línea de la creación contemporánea internacional.     

Juan Cuenca
tensión/forma
Galería Freijo Fine Art
General Castaños 7, 1º izq
28004 Madrid 
Hasta el 13 de diciembre de 2014


09 agosto 2014

Pop Art versus Richard Hamilton




A.L. Pérez Villén / Ars Operandi

Madrid es pop y si no lo es lo parece. A la exposición Mitos del pop que podemos ver en las salas del Museo Thyssen se añade la retrospectiva sobre Richard Hamilton (1922-2011) que el MNCARS nos ofrece en la tercera planta del edificio de Sabatini. Y la ocasión es, ahora o nunca, porque una muestra como la actual va a ser difícil que podamos volver a verla por España. Primero porque el propio artista estuvo involucrado en su génesis y por último porque nos brinda la posibilidad de contrastar la importancia que Hamilton ha tenido para el arte contemporáneo de los últimos años. Artista pionero del pop art y precursor de prácticas artísticas que emergerán como sintomáticas de la posmodernidad, Hamilton es objeto de una mirada retrospectiva que testimonia la pluralidad y riqueza de su trabajo. La exposición, comisariada por Vicente Todolí y Paul Schimmel, ha reunido casi tres centenares de piezas entre pinturas, dibujos, fotografías, esculturas, videos, etc… procedentes de colecciones internacionales como el MoMA de Nueva York; The Art Institute of Chicago; Victoria and Albert Museum, de Londres; Solomon R. Guggenheim Museum, de Nueva York; o Tate, de Londres. Y el catálogo que complementa la muestra contiene la reproducción de todas las obras expuestas, así como textos de diferentes especialistas. 



Sabemos de Hamilton que es el artista por excelencia del pop europeo, con la salvedad del también británico David Hockney. Al menos Hamilton es claro precursor y coetáneo al surgimiento del estilo. Sabemos que definió el estilo como popular, transitorio, prescindible, barato, producido en masa, joven, ingenioso, sexy, efectista, glamuroso y un gran negocio. Calificativos que muy poco tienen que ver –al menos algunos de ellos- con lo que a día de hoy, después de más de medio siglo, constituye el pop-art. Para empezar, la verdadera arqueología del pop-art se halla en la fascinación por la tecnología moderna, en la seducción que la técnica, el movimiento (la velocidad) y la máquina provocan en el hombre moderno de los años 50. Esto podría llevarnos hasta el futurismo (italiano) pero es más sensato quedarse en el pop (anglosajón) de Richard Hamilton, como queda de manifiesto en su temprana exposición Man, machine and motion, presentada en 1955 en la Hatton Gallery de Newcastle e inmediatamente después en el ICA de Dover, donde precisamente pocos años antes había fundado junto a otros artistas (Eduardo Paolozzi, Lawrence Alloway, Alison y Peter Smithson y Nigel Henderson) el colectivo Independent Group, que tanta repercusión tuvo en el desarrollo del pop-art. Por cierto, la instalación de Hamilton que se exhibe es propiedad del MNCARS. 



Pero el pop-art de Richard Hamilton, tal y como lo concebimos, es de finales de los años 50, con sus collages y pinturas de pin-ups y sus referencias a la técnica, los media, el deporte… Piezas seminales de lo que vendría después, piezas de museo por su carácter emblemático, clásicos del pop-art, como Hommage a Chrysler-Corp (1957) o She (1958-1961). Los 50 son los años del retrofuturismo invertido; es decir, del Esto es el mañana, título de la exposición a la que es invitado a participar en la Whitechapel Art Gallery en 1956, junto a otros miembros del Independent Group y en la que presenta su celebérrimo ¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas?, cuyas reproducciones para el cartel de la muestra se exhiben aquí. Una obra quees unánimese considera como la puerta de acceso al pop-art europeo y en la que Hamilton incorpora toda una serie de elementos que introducen la vida moderna en los hogares. Estos primeros años de su carrera son una fuente inagotable de temas, medios, procesos y lenguajes. Los 50 son cruciales en la producción de Richard Hamilton, son los años en que no deja de interesarse por disciplinas ajenas de la tradición artísticaademás de las habituales de la pintura, la escultura, el dibujo y la estampación, a las que incorpora los ambientes, que serán el ancestro de las instalaciones, o por abrir campos de investigación que incorporan a la ciencia, la tecnología, la sociología, así como todos los dispositivos que están en relación con los medios de comunicación social, ya sea el cine, la televisión, la fotografía, el comic, las revistas y diarios, etc… Ni que decir tiene que la cultura de masas, la publicidad y el diseño asociado a ellas. 


Prueba de esta diversidad de intereses de Richard Hamilton es que en los mismos años 50 es capaz de haberse interesado por la pintura de elementos orgánicos, ya sean animales o celulares, figurativos o abstractosque componen Growth and Form (1951), que ha sido reconstruida por primera vez para su exhibición en Madridamén de por la estética aséptica y perceptiva de amplias composiciones de figuras geométricas planas suspendidas en el espacio diáfano de una sala, como sucede con An Exhibit (1957). Insisto en el carácter anticipatorio de este tipo de obras de Hamilton, en lo que se refiere al desarrollo de prácticas artísticas abiertas al espacio y en consonancia con acciones, happenings o performances, que desembocarán años más tarde en lo que conocemos como instalaciones. Otro dato para calibrar la amplitud de miras del trabajo de Hamilton es su predilección por la obra de Marcel Duchamp, que le lleva, entre otras cosas a encargarse de reproducir La novia desnudada por sus solteros, incluso (El gran vidrio) (1915-1923) con motivo de una exposición antológica sobre Duchamp, celebrada en 1966 en la Tate londinense, dada la imposibilidad de trasladarla desde Estados Unidos por su fragilidad. 


Aunque el registro que venimos buscando, el tópico que reduce la versatilidad y riqueza de su propuesta, lo hallamos en otro tipo de piezas, más acordes con lo que vendrá a ser nimbado como pop-art. Así sucede con las inolvidables y magistrales Interiores I (1964), así como con sus My Marilyn (paste up) y su Sueño con una blanca Navidad (1968), por lo que tienen de clásicas pero también de rompedoras, de innovadoras del lenguaje plástico de la pintura. Un lenguaje que se incentivará a partir de aquí en décadas sucesivas, como si se tratase de una pieza clave en la redefinición de la figuración. No podemos olvidar el guiño al mundo de la publicidad, explícito en multitud de trabajos, con son los casos en que mimetiza y vampiriza a través de su nombreRichardla célebre marca de un licor francés o cuando reinterpreta una tostadora Braun, a la que también tunea y rota su nombre para incorporarla a su obra, como uno más de sus afiches plásticos. Diseño puro y duro, el del Álbum Blanco (1968) de los Beatles, obra de Hamilton, y que el artista sugirió numerar previamente a su venta. 


Interesado por la técnica, como hemos dicho, no es de extrañar que Richard Hamilton se deleitase con las nuevas tecnologías y con la inmediatez de algunos procedimientos fotográficos previos a la era digital, como es el caso de las polaroids. Para fetichistas, decir que están sus conocidas Polaroids (más de un centenar), en las que el artista se deja haceren manos de autores contemporáneos como Francis Bacon, Andy Warhol, Roy Lichtenstein, Dieter Rot, Jasper Johns, Robert Morris, Man Ray, Yoko Ono y John Lennon, Max Ernst, Gerhard Richter, Walter de Maria, Mario Merz, Merce Cunningham o Marcel Broodthaers, entre otrosy posa en diferentes contextos y situaciones. O sus Retratos/Autorretratos de los años 70 en los que adopta el estilo descompuesto de Francis Bacon o los de los años 90, más fieles a la realidad. Imponentes son también las tres pinturas bipartitasEl ciudadano, El súbdito y El Estadoque abordan el conflicto irlandés y en las que se aprecia la veta irónica y crítica del artista bajo un tratamiento pictórico y plástico que no pierde actualidad pese al paso del tiempo. En definitiva, una muestra de un artista que es clave para entender el arte de la segunda mitad del siglo XX. 

Richard Hamilton 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid 
Comisariado: Vicente Todolí y Paul Schimmel
Clausura: 13 de octubre
Imágenes cortesía del MNCARS