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19 diciembre 2011

La Caballería Roja


Kazimir Malévich , La Caballería Roja, ca. 1930
Óleo sobre lienzo, 91 x 140 cm, Museo Estatal Ruso, San Petersburgo
Álvaro Tarik / Ars Operandi

Reconozco que me gusta el Madrid frío y urbano prenavideño. Esa mezcla de caos antropológico a lo Blade Runner con escenas castizas y anacrónicas me resulta arrebatador. Lamento no recordar el nombre de la persona a quien oí decir una vez “Ver la nuca de quien camina delante de ti es algo muy triste”, porque aquello me pareció brillante, e ilustra perfectamente el inevitable espíritu anónimo y algo melancólico de millones de almas subyugadas al protagonismo abrumador de la gran ciudad. 

Cuando voy a ver una exposición, necesito el preámbulo del largo paseo para sentir con fuerza el cambio de dimensión que supone cruzar su entrada, así que hoy decido incrustarme en esta estampa viviente madrileña e impregnarme de su naturaleza en una caminata audaz hasta La Casa Encendida. Dejo el coche junto a la Glorieta de Bilbao y atravieso un bullicioso bosque de bolsas de compras por toda la calle Fuencarral; llego hasta Gran Vía y Callao; bajo hasta las Descalzas y Arenal, sorteando familias enteras, niños con globos, mendigos, agentes de policía, parejas de efusivos adolescentes, colas imposibles de compradores de lotería; continúo hasta la calle Mayor y busco un costado de la Plaza Mayor, donde el olor de las castañas asadas se mezcla con el de los bocadillos de calamares; me deslizo hasta Tirso de Molina y, a través de estrechas calles repletas de restaurantes turcos, bazares chinos, fruterías paquistaníes, pubs africanos y cafetines magrebíes, llego hasta Lavapiés; unos 300 metros más abajo, por la calle de Valencia, está La Casa Encendida. 

Acudo aquí atraído por el sugerente nombre de La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945 con el que el centro cultural de la Obra Social Caja Madrid presenta una exposición sobre el panorama artístico y cultural de la Rusia soviética de principios del siglo XX (fundamentalmente, los años 20 y 30) y su relación con el poder responsable de la construcción del socialismo, con Lenin y Stalin como máximos representantes. En realidad, más que una exposición, se trata de un gran proyecto multidisciplinar que ya se iniciara en octubre con una serie de conciertos de música clásica y contemporánea rusa (piezas de Scriabin, Prokofiev o Rachmaninoff, entre otros) a cargo de la violinista Tatiana Grindenko y su ensemble Opus Post, y el pianista Filipp Kopachevsky. 

También en octubre se proyectaron las tres partes del extenso film-ensayo Noticias de la antigüedad de la ideología: Marx – Eisenstein – El Capital, obra de casi 10 horas de duración construida por el director alemán Alexander Kluge a base de fragmentos documentales y de ficción, e inspirada en la idea del cineasta soviético Eisenstein de filmar El Capital de Karl Marx según la estructura narrativa del Ulises. 

El programa audiovisual se completa con una selección de los cortos y largometrajes más interesantes de los últimos diez años, a cargo de creadores como Alexei Balabanov, Sergei Loznitsa y Alexei Popogrebsky. Algunas piezas documentales nos llevan por la historia de Rusia, su cine y sus cineastas. 

La exposición, que puede verse hasta el 15 de enero de 2012 , está comisariada por Rosa Ferré, filóloga especializada en literatura comparada, comisaria de arte independiente y gestora de proyectos de exposición, con el asesoramiento en la parte musical del musicólogo Pascal Huynh. 

Repartidas por cinco salas del edificio están las obras pictóricas y escultóricas —junto con proyecciones de vídeo y reproducciones de música experimental y oficial— y las obras literarias que van desde los manuscritos de poetas como Anna Ajmátova o Ósip Mandelshtam, las sátiras de Mijaíl Bulgákov o Yury Karlivich Olesha, las obras de los llamados “compañeros de viaje” (Isaak Bábel, Borís Pasternak o Borís Pilniak), hasta las novelas heroicas que se escribieron para ensalzar con fines propagandísticos los grandes proyectos de los planes quinquenales vinculados al desarrollo económico.
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Aleksandr Deineka, Vladímir Mayakovski en el taller de la ROSTA, 1941
Óleo sobre lienzo, 200 x 140 cm, Museo Estatal de Literatura, Moscú
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La cantidad de talento artístico sin precedentes que se concentró en Rusia en las tres primeras décadas del siglo XX, con su aportación a la teoría y estética de la modernidad, estuvo dividida entre el colaboracionismo, la actividad simpatizante pero no adscrita políticamente (compañeros de viaje) y la objeción represaliada. Lenin, Stalin y su entorno aprovecharon la energía creativa de aquella sociedad en beneficio político propio, estableciéndose el último como única competencia en la administración, control, instrucción y censura del arte y la intelectualidad rusos, y llegando incluso a considerar la actividad artística misma como sospechosa de constituir un caldo de cultivo para la burguesía. En la pared de un rellano de La Casa Encendida leo: 

"El comportamiento de Stalin es demasiado rudo y brutal, y esta falta, soportable en las relaciones entre los comunistas, se convierte en insostenible en la Oficina del Secretario General. Propongo a los camaradas encontrar una manera de remover de su cargo al camarada Stalin y proponer otro hombre que difiera de Stalin, principalmente que sea más paciente, más leal, atento y respetuoso de sus camaradas, menos caprichoso, etc."

Se trata de un extracto de la carta dirigida a sus camaradas que Lenin escribiera en su lecho de muerte el 4 de enero de 1924. 

Al entrar a la primera de las salas, me encuentro con el óleo que da nombre a la muestra, La caballería roja, de Kazimir Malévich. No empiezo bien, me salta el flash de la cámara. Una amable vigilante me recuerda que esa es una fea costumbre. Le sonrío y pido disculpas, me dan ganas de abrazarla (¿será el espíritu de la Navidad?). Las líneas horizontales de la pintura me invitan a continuar la visita. Suena de fondo La Internacional. 

A lo largo del recorrido por las cinco salas, me deleito con el constructivismo de Aleksandr Ródchenko, el realismo socialista de Yuri Pímenov, las maquetas de Gustavs Klucis y Piotr Mitúrich, el fauvismo de Marc Chagall, las robustas pinturas figurativas de Aleksandr Deineka y Kuzmá Nikoláyev, las composiciones abstractas de Liubov Popova y Vasili Kandinsky, los diseños de vestuario de Varvara Stepánova, Aleksandra Ekster y El Lissitzky, el proyeccionismo de Kliment Redko, los dibujos de Serguéi Eisenstein, los carteles de Vladímir Mayakovski… Y ese conmovedor retrato de Anna Ajmátova pintado por Kuzmá Petrov-Vodkin del que uno no puede apartar la vista. 
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Kuzmá Petrov-Vodkin, Retrato de Anna Ajmátova, 1922
Óleo sobre lienzo, 54,5 x 43,5 cm, Museo Estatal Ruso, San Petersburgo
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Los visitantes acarician las obras con la mirada, un examen cauteloso y sobrecogido de quien admira su calidad e importancia superlativas pero conoce las luces y sombras de su contexto histórico. En su tiempo, la mayoría fueron ignoradas como postulados artísticos innovadores y utilizadas como precepto y propaganda —con o sin la aquiescencia de sus autores— sin que esa fuera necesariamente la finalidad de su concepción. 

Emprendo el camino de vuelta hasta Glorieta de Bilbao. A estas horas hay más gente aún por las calles. Vuelvo a acordarme de aquellas palabras, de su mensaje tan insondable que no quiero descifrar del todo para que permanezca así en el espacio de la poesía: “Ver la nuca de quien camina delante de ti es algo muy triste”. 

Feliz Navidad.

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La caballería roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945
Ronda Valencia 2, 28012 Madrid
Hasta el 15 de enero de 2012

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19 octubre 2011

Ars Operandi Videos. Tarik y la Fábrica de Colores. Sala Burbujas. Córdoba, 1987



Ars Operandi  Videos suma a su archivo documental un video que recoge la actuación  celebrada en la sala Burbujas de nuestra ciudad en el año 1987 por la mítica banda del underground cordobés de los ochenta, Tarik y la Fábrica de Colores.

Tarik y la Fábrica nació como proyecto paralelo de Álvaro Muñoz, por entonces guitarrista y compositor de Yacentes, con los que había grabado el legendario En cepos de piedra para el sello Tres Cipreses. Acompañado de la guitarra de toda una institución en el rock cordobés, Charli de la Mata y de dos ex Línea Gótica, Paco Estrada y Antonio Almagro, logran alzarse con el premio del concurso andaluz de rock Alcazaba de Jerez en su edición de 1986. A partir de la grabación realizada en el concierto jerezano, Tuboescape Records edita al año siguiente un disco que compartirían con los también cordobeses La Reserva y los granadinos Dirección Prohibida. Su primer trabajo, homónimo al nombre de la banda, editado por Mano Negra en 1989, contiene algunos de los temas que los hicieron célebres y que podemos escuchar en el concierto de la sala Burbujas. Entonces ¿por qué?, Esa extraña emoción o Por la noche forman parte de un disco que es desde hace tiempo material de coleccionista y que contó con la producción musical de Luis Delgado. El diseño de la portada corrió a cargo de Luis Celorio y las imágenes  que muestran a la banda ante un fotograma de la película de Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio son obra de Tete Álvarez.

A partir de entonces un fructífera carrera  ha llevado a Álvaro Tarik a convertirse en una figura de culto dentro del panorama de la música independiente en España. Trabajos como On The Radio (El Hombre Tranquilo, 1998), Sequentialee (Mushroom Pillow, 2005) y El Hueso y la Carne (Mushroom Pillow, 2007) dan muestra de una trayectoria que, como pocas, consigue catalizar las mejores referencias del pop y del rock de los últimos cincuenta años. Su enésima vuelta de tuerca es Going Bananas (Happy Place Records, 2010) un trabajo firmado por la mano de su alter ego, Rufus T, que incluye composiciones tan personales como este Andalusians, procelosa versión del himno de Andalucía.

La grabación del concierto del 87 que, dado su interés, mostramos en bruto y  sin editar fue realizada por el colectivo Arte-Acción, un grupo de estudio y experimentación sobre artes audiovisuales, video, cine y fotografía surgido en Córdoba a mediados de los ochenta e integrado por Ángeles Montilla, Antonio Serrano, Luis García Ferrer y Tete Álvarez. La actividad del grupo, muy influenciado por los maestros del cine expresionista alemán y el surrealismo de Buñuel, llegó hasta 1990 y se centró en la producción de obras en video como Ludopatía o La Función del Ojo que se pudieron contemplar en la Galería Viana bajo el ciclo 22Sub35  y en la realización de reportajes sobre tendencias musicales y de moda que se recogieron en varias exposiciones de fotografía y audiovisuales como el titulado Tribus Urbanas.

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31 julio 2011

Yayoi Kusama. Oriente - Occidente - Oriente



 Accumulation Sculpture, en la muestra de Yayoi Kusama.
Fotografías: Ars Operandi

Álvaro Tarik / Ars Operandi

Hay algo inquietante e inocente en el arte tenaz de Yayoi Kusama. Los niños que, acompañados por sus padres, visitan el edificio Sabatini del Museo Reina Sofía parecen ignorar lo inquietante y dejarse seducir por lo inocente, atraídos nada más entrar a la primera sala de la exposición por los gigantes balones rojos con lunares blancos que penden del techo o se incrustan en las paredes. Una tentadora invitación a un mundo caprichoso y mágico.

Lo inquietante surge en la mente cautelosa y aprensiva de los adultos, una complicidad con la artista que los menores no experimentan, simplemente por tener la suerte de haber vivido menos, de no haber recorrido aún los pasos más sórdidos adonde nos lleva a veces el camino de ladrillos amarillos, como se llamó a aquel (aparentemente) idílico sendero que conducía hasta el Mago de Oz.

Yayoi Kusama (Matsumoto, Japón, 1929) lleva trabajando con tanta intensidad como tesón desde los años 40, abrazando diversas disciplinas artísticas que van desde la pintura a la instalación de gran escala, pasando por el dibujo, el collage, la escultura, el performance art, la novela y la poesía.

La carrera de Kusama también ha recorrido puentes entre Oriente y Occidente que ella misma se ha ido encargando de construir, romper y volver a levantar, llevando sus vivencias a uno y otro mundo, movida por el ánimo y el descontento, la curiosidad y la desavenencia.

A principios de los 50, ya con el reconocimiento de la crítica japonesa, decide marcharse de Japón, un país, en sus propias palabras, “demasiado pequeño, demasiado servil, demasiado feudal y demasiado desdeñoso con las mujeres”.

En 1957 llega a Seattle y poco después se instala en Nueva York. Su pintura influenciada por los métodos tradicionales nipones se transforma radicalmente y da lugar a grandes lienzos cubiertos de pinceladas pequeñas, pacientes y obsesivas de un solo color pálido sobre fondo ligeramente contrastado. Son las Infinity Net Paintings, minimalistas y conceptuales.

La inmersión en la escultura llegó a través de sus Accumulation Sculptures, elementos cotidianos como sofás, mesas o zapatos cubiertos por completo de formas fálicas que realiza con tela rellena y cosida, y que pinta de un solo color, generalmente el blanco. Introducida en la escena neoyorquina, Kusama expone en la Green Gallery de Nueva York, en una muestra colectiva con artistas como Andy Warhol, Claes Oldenburg, George Segal y James Rosenquist.


A mediados de los 60 comenzó un periodo de experimentación, profundizando en el montaje de happenings. La película Kusama’s Self-Obliteration, que alcanzó una gran popularidad en los círculos de vanguardia de Estados Unidos y Europa, recoge imágenes de estas prácticas, así como de sus cuadros e instalaciones. En esta época, la imagen epatante y exótica de Kusama solía ir asociada a la de su obra; la artista se veía y reflejaba como el centro de un mundo orgánico, salpicado de redes y lunares infinitos que recuerdan a células y flagelos unas veces, tentáculos o embriones otras.

En 1966 realiza una performance llamada Walking Piece, que fotografió y recopiló en una extensa serie de diapositivas Eikoh Hosoe. En ella, Yayoi Kusama vaga abatida por unas calles grises e industriales de Nueva York, vestida con un quimono rosa intenso y sujetando una sombrilla. La obra refleja la circunstancia en la que se ve la artista a sí misma, mujer y asiática en un mundo occidental dominado por el varón.

En 1973, Kusama volvió a Japón, donde comenzó una infructuosa carrera como marchante de arte. En 1977, con problemas físicos y psicológicos, se internó en un hospital que a día de hoy continúa siendo su residencia. Allí montó su estudio y se dedicó a la pintura, la escultura, la novela y la poesía.

En los 80 y 90 creó una serie de pinturas que juguetean con la mirada del espectador. Son formas biológicas, patrones infinitos y sinuosos que sugieren mundos orgánicos o cósmicos. A finales de los 90 realiza la instalación I’m Here But Nothing, un salón vulgarmente aburguesado donde paredes , muebles y objetos aparecen cubiertos por unos puntos adhesivos que brillan en la penumbra, formando una trama fluorescente sobre los sombríos relieves de la estancia.


En la última década, Yayoi Kusama, encandilada con las instalaciones de espejos, ha creado entornos inmersivos como el Infinity Mirrored Room – Filled with the Brilliance of Life que ha diseñado para esta exposición, donde el visitante camina a través de una negra galería envolvente de reflejos interminables, con pequeñas e infinitas luces de colores pulsátiles que flotan alrededor.

La muestra, organizada por el Museo Reina Sofía en colaboración con Tate Modern de Londres, recopila los orígenes de cada una de las disciplinas y planteamientos artísticos que la mente (si bien quebradiza) obstinada, mágica, límpida y genial de Yayoi Kusama ha desarrollado a lo largo de su alucinante carrera.


Yayoi Kusama
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Edificio Sabatini, Planta 1
Desde el 11 de mayo al 12 de septiembre de 2011
Comisariado: Frances Morris

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07 abril 2011

Trovadores de Cosmopoética se inicia con Álvaro Tarik, Malcolm Scarpa y Fernando Alfaro

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Álvaro Tarik, anoche. Foto: Lola Araque

La Sala Orive, con un lleno total, fue anoche el escenario en que se llevó a cabo el primero de los conciertos que forman el ciclo Trovadores, dentro de las actividades programadas para Cosmopoética 2011. Trovadores, presentado por Gabriel Núñez, editor de Boronía, contó con la participación de Álvaro Tarik, Malcom Scarpa y Fernando Alfaro, quienes desgranaron una serie de versiones acústicas de algunos de sus temas.

Álvaro Tarik fue el encargado de abrir el concierto, que comenzó presentando el tema inédito Di a tus padres, prosiguiendo con una selección procedente de sus trabajos con La Fábrica de Colores y su nueva encarnación musical Rufus T, que incluyó Oyendo canciones, Porque es domingo, Andalusians y Mandy, entre otras. Tras Álvaro, el bluesman Malcolm Scarpa, autor de una extensa discografía que incluye influencias del blues, pop, free jazz, swing, experimentación y psicodelia, dejó una serie de temas llenos de surrealismo y blues, un personal estilo que ha servido para calificar a Scarpa de "el Frank Zappa español". Cerró el concierto Fernando Alfaro (Surfin' Bichos, Chucho), quien interpretó temas pertenecientes al recién publicado álbum La vida es extraña y rara (Marxophone), dejando también canciones como Problemas de sueño, publicados con su anterior proyecto Fernando Alfaro y los Alienistas. El ciclo Trovadores proseguirá hoy a las 21:30, en la misma Sala Orive, con la participación de Tontxu, Andrés Molina (ex Taller Canario) y Boris Larramendi (ex Habana Abierta), acto que presentará Luis Medina.

Álvaro Tarik es colaborador de Ars Operandi. Puedes leer alguno de sus artículos aquí.

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25 enero 2011

La Edad de Oro a través de "Dalí, Lorca y la Residencia de Estudiantes"



Dalí, Lorca y la Residencia de Estudiantes en CaixaForum

Álvaro Tarik / Ars Operandi

La Fundación “La Caixa” y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales organizan la exposición Dalí, Lorca y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de la Fundación Federico García Lorca, la Fundació Gala-Salvador Dalí y la Residencia de Estudiantes. La muestra toma como eje la relación creativa e intelectual que Dalí y Lorca entablaron entre 1923 y 1929.

El contexto cultural, artístico e intelectual de Dalí, Lorca y la Residencia de Estudiantes está representado por una cuidada selección de obra de autores europeos, referentes artísticos que marcaron las líneas estéticas de un periodo fundamental en la Europa de entreguerras: Jean Arp, Rafael Barradas, Carlo Carrà, Paul Cézanne, Giorgio De Chirico, Robert Delaunay, André Derain, Max Ernst, Juan Gris, George Grosz, Ferdinand Léger, Joan Miró, Jules Pascin, Pablo Picasso, Nicolas Poussin, Henri Rousseau, y de los artistas que protagonizan la exposición: Salvador Dalí y Federico García Lorca.

Tres núcleos esenciales componen la exposición, otorgándole una estructura dramática que ordena cronológicamente y describe con obras artísticas, publicaciones diversas y documentos la relación que ambos artistas mantuvieron durante esos años: el inicio de la amistad en 1923 —año en el que el pintor catalán conoció al poeta andaluz en la Residencia de Estudiantes, donde este último llevaba ya tres años viviendo—, la complicidad creativa y el distanciamiento mutuo frente a la crisis de valores de finales de los años veinte.

I. Residentes de Estudiantes

 Rafael Barradas, García Lorca y otro, 1922
 
Creada en 1910, La Residencia de Estudiantes fue escenario renovador de intercambio científico y artístico, y dio orientación y apoyo a varias generaciones de jóvenes cuyos proyectos otorgarían tanto a la institución como a España reconocimiento mundial. El centro contaba con el favor de grandes intelectuales como Juan Ramón Jiménez, Unamuno u Ortega y Gasset y en él se alojaron estudiantes como Severo Ochoa, Luis Buñuel, Salvador Dalí o Federico García Lorca, por citar solo algunos de los más conocidos. Estos contaban con las habituales visitas de personajes como Manuel de Falla, Pedro Salinas o Rafael Alberti, quienes contribuyeron a establecer un ambiente de diálogo entre disciplinas y generaciones. En la Residencia también se sucedían programas de conferencias con disertadores de la talla de Albert Einstein, Marie Curie, Igor Stravinsky o Le Corbusier.

Dalí y Lorca se conocieron en la Residencia en la primavera de 1923 y allí comenzó un periodo de estrecha relación artística y de amistad, cuyos lazos se estrecharían y ganarían complicidad entre 1925 y 1928. La exposición se inicia aquí con una serie de retratos y autorretratos de residentes, la mayoría de Dalí y Lorca. Tintas, acuarelas, dibujos, grabados y algún óleo entre los que se encuentra el de Rafael Barradas García Lorca y otro, (1922).

Lo que Lorca lleva a la Residencia

Lorca era un apasionado del teatro y la música, y de ahí surgió su contacto con las artes plásticas. En 1920 estrenó en Madrid —con estrepitoso fracaso— El maleficio de la mariposa, cuyos protagonistas son insectos (los actores se movían a duras penas por el escenario, enfundados en estructuras duras y articuladas). Los figurines para esta obra fueron diseñados por Rafael Barradas. De su amistad con Manuel de Falla —quien ya había colaborado con Picasso en representaciones de vanguardia— nacieron proyectos tan singulares como la sesión de Títeres de Cachiporra, organizada el día de Reyes de 1923 en casa del poeta ante un público infantil y adulto, con textos adaptados por Lorca, música de Falla y decorados y muñecos de Hermenegildo Lanz, expuestos unos y otros en esta muestra.

Tras conocerse en la residencia, Dalí y el escritor granadino enriquecerían sus respectivas obras, discutiendo y analizando los modelos vanguardistas de su interés.

Lo que lleva Dalí

Cuando Salvador Dalí llegó a la Residencia de Estudiantes ya era gran conocedor de las vanguardias del momento. Su tío era propietario de la Librería Verdaguer de Barcelona, desde donde se distribuían revistas y catálogos vanguardistas. Con el pelo largo y una indumentaria inusual y extravagante, en las primeras semanas como residente apenas se relacionaba con los otros estudiantes, dedicado a las clases de la Real Academia de San Fernando y a las visitas periódicas al Museo del Prado.

En esta etapa, el pintor catalán muestra influencias del simultaneísmo de Delaunay, el vibracionismo de Barradas o el futurismo de Carrà.

Con el tiempo, Dalí se convertiría en uno de los estudiantes más destacados de la Residencia, y su relación con Pepín Bello, Luis Buñuel y Lorca desempeñaría un papel importante en su culminación como figura clave de las vanguardias europeas.

El cuaderno de los putrefactos

Hay aquí recogidos trabajos para aquel libro conjunto que nunca llegó a publicarse y que está directamente vinculado a la época de la Residencia de Estudiantes. “Putrefactos” era como ellos calificaban despectivamente a los artistas tradicionalistas y académicos, y también a los artistas modernos que no acababan de acogerse a las nuevas corrientes de vanguardia radical.

Sobre las paredes de la sala de exposiciones se exhibe una galería de personajes grotescos dibujados por Dalí y acompañados por un texto de Lorca. También se muestran bocetos de George Grosz, Jules Pascin, Henri Rousseau, Giorgio de Chirico y Ferdinand Léger. 

 A la izquierda, Dalí y Lorca con Pepín Bello. En el centro y a la derecha, Dalí y Lorca en Cadaqués

II. Hay claridad

El segundo núcleo fundamental de la exposición ilustra la etapa de mayor conexión y connivencia entre ambos artistas, así como de su afirmación en una línea vanguardista definida básicamente sobre las corrientes del purismo, el maquinismo, la objetividad y l’esprit nouveau.

La “claridad” a la que se refieren Dalí y Lorca, inspirada en los mitos y mistificaciones asociadas al Mediterráneo, definiría los valores estéticos acordados por ambos.

Cadaqués

El pueblo pesquero de Cadaqués, donde la familia de Dalí tenía su residencia de verano, ya había inspirado las inquietudes vanguardistas de Picasso y Derain en 1910, cuando los pintores interpretaron en clave cubista el ritmo y la geometría de su paisaje. El primero fue invitado por Ramón Pichot, amigo de la familia de Dalí. Picasso, a su vez, llamó a Derain para compartir con él su experiencia.

En 1925 y en 1927, Dalí invitó a Lorca a pasar la Semana Santa y el verano, respectivamente, en la residencia veraniega de su familia (para la exposición se han seleccionado algunas fotos de estas vacaciones). Cadaqués aparece en las obras del pintor y el escritor como símbolo de la claridad que defienden. En su Mediterráneo idealizado se hallan la luz, el volumen, la claridad y la expresividad que alimentaron su inspiración.

Cézanne y Poussin

En una carta que Dalí envía a Lorca, el pintor comenta una expresión de Cézanne sobre Poussin: “faire du Poussin d’après nature” (traducida por Eugenio d’Ors en su libro sobre Cézanne, publicado en 1921, como “rehacer a Poussin según la Naturaleza”). Cezanne, así, no era visto como un antiacadémico, sino como un clásico y hasta como un reaccionario, y se establecía una conexión entre el más célebre pintor clásico francés y el padre de todas las vanguardias. De esta forma, el clasicismo se entiende como moderno y la modernidad, como clásica. Estas posturas artísticas conciliadoras llevarían nombres como “valori plastici”, “nouveau classicisme” o “esprit nouveau”.

L’Esprit Nouveau y las tablas del arte moderno

Publicada entre 1921 y 1925 por el pintor francés Amédée Ozenfant y el artista suizo multidisciplinar Le Corbusier, L’Esprit Nouveau fue la revista de vanguardia más influyente de la primera mitad del siglo XX. Una de las características de L’Esprit Nouveau era su voluntad pedagógica con respecto a la modernidad, resumida en tablas didácticas en las que dialécticamente eran presentadas obras vanguardistas contrapuestas a otras que no lo eran.

De la revista hablan a menudo Dalí y Lorca en sus cartas y aparecen referencias en sus pinturas y escritos, material que se incluye en la muestra junto con pinturas de Le Corbusier y de Ozenfant que inspirarían el purismo de Dalí en aquel período.

 Giorgio de Chirico, La mañana angustiosa. A la derecha, ejemplar nº 1 de L’Esprit Nouveau

Valori Plastici y metafísica

Valori plastici se fundó en Roma en noviembre de 1918. En el primer número se recogen artículos de De Chirico, Carrá y Sabino, y en ellos se define la estética del arte metafísico. Gracias a esta revista (consultada asiduamente por Lorca y Dalí), en la Italia más profunda de aquel periodo, bajo el régimen fascista, se informó al público italiano de las tendencias del momento. También encontramos obras de De Chirico en la exposición, como La mañana angustiosa (1912) o de Carlo Carrà: Óvalo de las apariciones (1918).

Postexpresionismo, objetividad y novecento

En una carta que Dalí escribe a Lorca en 1927, el pintor recrimina al escritor que no creyese en la importancia que para él tenían “los holandeses”. Cuando Dalí decía “los holandeses” se refería, en realidad, a Vermeer, citado en numerosas ocasiones en cartas y artículos que habían salido de su pluma. Dalí confiesa su gusto por interpretar la infinidad de lo pequeño, ensalzando la monumentalidad de lo ínfimo, practicando un arte paciente y devoto en el detalle, como hacía Vermeer. O como hizo Rousseau en 1897 con su Bohémienne endormie, paradigma de lo que Franz Roh, en su libro de 1925 Realismo mágico. Post-expresionismo, llamaría “nueva objetividad”.

También Lorca plasmaría en su Romancero gitano (1928) esas imágenes nocturnas y eléctricas, esa luna metálica y esa obsesión por lo microscópico. De Góngora dice Lorca al inicio de “La imagen poética de don Luis de Góngora”, “es infinito —una hormiga, la hojita más pequeña de un arbusto, el modelado cuerpo de una palabra”.

Encontramos en la exposición, representando esta corriente artística, obras de George Schrimpf, Felice Casorati y de Salvador Dalí.

 Dalí, El marinero. Academia neocubista (i) y Naturaleza muerta purista (d)

Purismo

En 1918, Amédée Ozenfant y Charles-Édouard Jeanneret (que todavía no había cambiado su nombre por el de Le Corbusier) montaron la primera exposición de vanguardia del París de la posguerra. En su manifiesto calificaron su pintura de “purista”.

En su “Oda a Salvador Dalí”, publicada en la Revista de Occidente en abril de 1926, Lorca describe la casa-estudio de Ozenfant, construido por Le Corbusier en París en 1923, maravilla de luz y geometría de ángulos rectos.

Dalí, por su parte, entre 1924 y 1926 pintaría tres obras de formato cuadrado, pinturas de proporciones armónicas inspiradas en el purismo y relacionadas con los tres pilares básicos en los que se apoya L’Esprit Nouveau: el deporte y las máquinas: Bañista (Retrato de Joan Xirau); la arquitectura: Naturaleza muerta (Invitación al sueño); la pintura: Naturaleza muerta purista.

Picasso, Venus y marineros

Dalí y Lorca dedicaron un buen número de pinturas y dibujos al tema de las prostitutas y los marineros, tema que enlaza con los motivos más tópicos de la literatura canalla de los años veinte. El pintor de Figueras aprovecha sus cuadros más importantes de este período, como El marinero. Academia neocubista (1926), para confrontarse con el Picasso de los años veinte, sintetizando sus estilos contrapuestos de aquellos años, el cubismo sintético y el neoclasicismo. Lorca, por su parte, realiza dibujos de trazo leve, líneas (de puntos, a veces) que encierran cuerpos transparentes e ingrávidos —en contraste con las formas sólidas y modeladas dalinianas—, como ocurre en Marinero de la revista Litoral (1925-1927).

Picasso, academias y claros de luna

A pesar de sus evidentes diferencias de estilo, Dalí introduce en sus trabajos un gran número de motivos picassianos, llegando a convertir su obra en una verdadera academia. Dalí visitó a Picasso en su estudio parisino en abril de 1926 y, a partir de entonces, su voluntad integradora del cubismo y el neoclasicismo sale reforzada. Ambos artistas representan en sus cuadros de ese período la pintura, la arquitectura y la escultura, un elogio de las bellas artes, como en tantas academias pintadas a lo largo de la historia. El catalán, sin embargo, aportaría una línea de continuidad con respecto al cubismo picassiano, reblandeciendo las formas en elementos típicos de las naturalezas muertas cubistas como la guitarra o los peces, e insiste en los nocturnos y los claros de luna, como hace Lorca en numerosos dibujos y, sobre todo, poemas, donde la luna (elemento, por cierto, denostado por los vanguardistas, que lo consideraban cursi y decadente) adquiere una importancia extraordinaria. Los títulos hablan pos sí solos: Canción para la luna, La luna y la muerte, Reflejo, Salomé y la luna, Nocturno esquemático, etc.

III. Estética fisiológica

En 1928 empieza el distanciamiento en la relación, marcado por la deriva de Dalí (desde la influencia de la Metafísica de Chirico) hacia el surrealismo de Bretón. La objetividad que emparentaba a los dos artistas es ahora sustituida por una subjetividad radical. Lorca empieza a hablar de una “Estética Fisiológica” para referirse al nuevo rumbo que está tomando la obra de Dalí hacia el surrealismo. En 1929 Dalí viaja a París y Lorca, a Nueva York, abriéndose una nueva etapa en ambas trayectorias. Pero en la exposición también se trata el pequeño acercamiento que el propio Lorca hizo al surrealismo con dibujos como Venus (1927-1928) o La vista y el tacto (1929).


 Lorca, San Sebastián, dibujo de 1927

San Sebastián

Un ejemplo de las posturas enfrentadas de los dos artistas puede verse en la interpretación que hace cada uno de San Sebastián. Ambos utilizan al santo como metáfora en una disputa personal e intelectual que enfrenta sus concepciones estéticas.

En julio de 1927, en el número 16 de L’Amic de les Arts (publicada en Sitges entre 1926 y 1929 con Dalí, Gasch y Montanyà como sus miembros más activos), se publica el artículo de Dalí “Sant Sebastià”, dedicado a Lorca, en el que se denota la interpretación de un San Sebastián (símbolo de la homosexualidad) convaleciente, cobarde, con las espaldas protegidas por una columna y cuya carne tiende a la tumefacción. En la carta que Lorca envía a Dalí en agosto del mismo año, se explica un San Sebastián estético y metafórico, de bella figura, cuya carne es de jaspe, enclavado en un arte que se ve con los ojos.

La exposición ilustra este tema con cuadros de Camille Corot, Honoré Daumier, Jan Verkade, entre otros, y dibujos que Dalí y Lorca intercambiaron en sus diferentes maneras de entender la figura del santo.

Las historias del gallo

L’Amic de les Arts impulsó la presencia de Federico García Lorca en los medios vanguardistas catalanes mediante colaboraciones en la revista, conferencias, lecturas poéticas, una exposición de dibujos y el estreno de Mariana Pineda en el teatro Goya de Barcelona, con decorados de Dalí. A partir del modelo de L’Amic de les Arts, Lorca impulsó en Granada la revista gallo, de la que se publicaron dos números en 1923. Gallo publicó la traducción del Manifest groc, promovido por Dalí, Gasch y Montanyà, que Lorca no llegó a suscribir. Dalí, por su parte, dibujó la carátula de gallo, pero su compromiso con la revista fue menor de lo esperado.

La conexión de los dos amigos llegaría a convertirse en una cuestión de arte y de voluntad, más que de entendimiento, lejos del combate de “amor, amistad y esgrima” del que Lorca hablaba en la Oda a Salvador Dalí.

Dalí, Lorca y la Residencia de Estudiantes
CaixaForum
Paseo del Prado, 36. 28014 Madrid
Comisario: Juan José Lahuerta
Hasta el 6 de febrero de 2011

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24 septiembre 2010

Modern times: música y moda en los 60

Carnaby St. a principios de los 60



Álvaro Tarik / Ars Operandi

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la que Londres había sido bombardeada durante 57 días por aviones alemanes que causaron la muerte a 15.000 personas y destruyeron más de 90.000 hogares, los londinenses —especialmente los jóvenes— empezaron a cambiar su actitud por un espíritu más desafiante y menos convencional. Conscientes de que un hecho de tal magnitud te podía borrar del planeta antes de que hayas empezado a divertirte en la vida, ese espíritu creció con los años y fue el combustible que alimentó la vida social de los londinenses hasta los swinging sixties.

Finalizada la guerra, el Soho de Londres empezó a verse frecuentado por beatniks del jazz como Ronnie Scott o Tony Crombie. Estos llamados modernistas renunciaron al pasado representado por las empalagosas big bands y acogieron el apasionante bebop de Charlie Parker, Miles Davis y Dizzy Gillespie como una nueva brújula, una forma de mirar al futuro, de innovar. El bebop era una verdadera locura.

Los modernistas no sólo cambiaron el paisaje musical, sino que se entregaron a un estilo de vida basado en vivir intensamente, saliendo a divertirse y a tocar en los clubes desde la puesta de sol hasta el amanecer. Alcohol, drogas, sexo y la música negra que venía de América y se esperaba impacientemente se devoraban con fruición en clubes oscuros y trepidantes.

De la América rica y consumista llegaba también el modelo de elegancia en el vestir: trajes de calidad, caros, de corte impecable. Los músicos negros americanos como Miles Davis vestían ahora como ricos. Los ingleses, de acuerdo con sus posibilidades económicas, con una economía aún maltrecha tras la guerra, intentaban seguir ese modelo, fascinados por la moda. En cierto modo, aquella ropa elegante suponía una especie de camuflaje para aquellos que habían estado toda la noche de juerga.

Tras la efímera irrupción del rock'n'roll en los 50 (que a punto estuvo de arruinar la escena con sus arrebatos de rebelión y violencia navajeras), los mods volvieron con más fuerza, favorecidos por una economía boyante y una juventud liberada de la obligación de hacer el servicio militar. Los jóvenes llevaron su obsesión por la ropa a límites extremos. Camisas de cuello button-down, corbatas estrechas, pantalón impecablemente planchado, zapatos flamantes, trajes a medida, gabardinas de corte francés. Se analizaba la forma de vestir de los actores americanos, de los músicos de jazz y rythm & blues. Entraba también la influencia europea, principalmente de Italia y Francia. El corte de pelo había de ajustarse también al estilo college boy americano o al bouffant (ahuecado) francés, o una mezcla de ambos. La imagen de Gregory Peck y Audrey Hepburn recorriendo las calles de Roma en una scooter, en la película Vacaciones en Roma, dejó una huella indeleble en las mentes de aquella juventud que devino en la pasión por las Vespas y Lambrettas.

John Coltrane en el Guggenheim de Nueva York

A las estanterías de Austin's llegaban las ropas de mejor calidad de América. Charlie Watts o Georgie Fame eran asiduos. Cecil Gee y John Stephen ofrecían precios más asequibles, y su ropa aún estaba dentro de los cánones mod. Los sastres no daban abasto con las exigentes instrucciones de sus clientes.

A principios de los 60 se empiezan a introducir notas de colores brillantes en la ropa, para disgusto de los más conservadores: camisas rosas, pantalones blancos, etc.

En la música, además del jazz, el blues y el R&B se habían convertido ya desde los 50 en la banda sonora de muchas almas mods. El R&B se fundió con el gospel para dar origen al soul, una música sexy y contagiosa que explota a principios de los 60, que penetraba como un dardo en los corazones e incitaba inexorablemente al baile en clubes como el Flamingo o el Scene Club. Los británicos albergaban la admiración y la excitación por aquella música irresistible que venía de la América negra tanto como la frustración por considerarla lejos de sus posibilidades artísticas.

Y entonces llegaron The Beatles. Los de Liverpool, que empezaron versionando aquel rock'n'roll y R&B de sus artistas negros favoritos, pronto dieron con la fórmula comercial que les lanzó al olimpo de la música popular y a ganar dinero a espuertas: canciones pop, blancas, de melodías algo infantiles pero magistralmente producidas y ejecutadas. En 1963, tras su éxito Love Me Do, todas las compañías discográficas, los agentes, los músicos querían eso. Ese era el filón a explotar.

Los jóvenes británicos tenían ahora los viernes por la tarde en sus televisores el programa Ready Steady Go! y, de alguna manera, la imagen mod de Londres, que en realidad hasta entonces sólo había pertenecido a unos pocos, se difundió por todo el Reino Unido gracias al poder de la televisión.

Pero la escena mod se diluyó y quedó en manos de miles de jóvenes que se hacían llamar mods, que empezaban a consumir la música rock de bandas británicas y que organizaban excursiones a las playas para partirse la cara con los rockers. Encarnada en muchos de esos individuos, la esencia mod quedó convertida en una comparsa, en un entretenimiento vulgar que alimentó el ansia de carnaza de la prensa sensacionalista británica.

Mucho de lo que vino después poco tendría ya que ver con el verdadero y original espíritu mod que no deberíamos olvidar.
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06 marzo 2010

Miquel Barceló. 1983-2009. La solitude organisative

La solitude organisative, A/L, 2008
Álvaro Tarik / Ars Operandi

Entrar al edificio de CaixaForum Madrid a bucear en los últimos 25 años de experiencia artística de Miquel Barceló no es, desde luego, un acontecimiento que se nos vaya a presentar con frecuencia. Sobre todo porque, en esta ocasión, la selección de las obras ha contado con la implicación de su autor, quien incluso ha prestado telas de su propia colección, añadiendo valor emocional a la muestra.

En verdad, el conjunto de la obra de Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) conforma un autorretrato orgánico y complejo que permite asomarnos a su misteriosa personalidad: oscura, muchas veces; solitaria, casi siempre; vital y enérgica, hasta en la representación de los elementos más exánimes; brutal, en la manifestación de la materia como algo inevitablemente expuesto a la putrefacción, al paso del tiempo, en definitiva. Y, a veces, tras los irrefrenables trazos de las pinturas, acuarelas y dibujos de Barceló, tras las formas vivaces de sus piezas cerámicas y escultóricas, también se vislumbran el humor y la ternura.

Pero sería injusto entender La solitude organisative como un túnel que nos conduce al universo de su autor. El arte de Barceló tiene vida propia porque ha sido concebido con pasión y entrega, por lo que cada tela nos abre un mundo turbador en sí mismo, desligado incluso de la mano que lo creó. Y esto es lo que enaltece a los artistas que, amén del talento que albergan, deben su genialidad a la devoción con que trabajan: que se convierten en humildes subordinados de su obra.

Ex-voto à la chèvre, mixta, 1994

El extraño subtítulo de la exposición, La solitude organisative, está tomado del lienzo del pintor mallorquín que así se titula y en el que se muestra a un gorila de aspecto serio sentado en un rincón. La pintura está realizada sobre una de las telas que se utilizaron para cubrir el suelo de la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones del Palacio de las Naciones Unidas cuando Barceló llevaba a cabo las tareas de decoración de la cúpula. El cuadro podría interpretarse como una suerte de autorretrato que refleja también un proceso de “animalización” que, según el artista, ha venido experimentando hasta la fecha. “Un privilegio”, ya que, en sus propias palabras “no se trata de una pérdida de humanismo, sino de un extremo de humanismo”.

Pero es otra figura animal la que llama la atención del espectador nada más acercarse a la plaza que se extiende a la entrada del edificio CaixaForum: un elefante de bronce, de siete metros de altura, que se sostiene boca abajo sobre su trompa erecta. En una ciudad como Madrid, acostumbradamente conservadora en lo estético, el oso que la simboliza parece haber sido desplazado por este Gran Elefant dret juguetón y surrealista, que invita estridentemente a ver la exposición.

Gran Elefant dret

Dentro del edificio CaixaForum, la muestra retrospectiva se distribuye en diferentes espacios, de acuerdo a criterios ya cronológicos, ya conceptuales o incluso disciplinares. 180 ejemplos que revelan el universo genial de su creador, su heterodoxia, sus transformaciones.

Así, recorriendo las salas, encontramos trabajos tempranos, como L’amour fou (1984), aquellos que el artista pintaba a cuatro patas con el lienzo extendido sobre el suelo y en los que se reflejan sus sueños, ambiciones y obsesiones (los libros, por ejemplo). Son pinturas coloridas, protuberantes, ásperas y sinuosas, donde, cómo no, el mar es un elemento ineludible que señala a los orígenes del pintor.

L'amour fou, mixta, 1984

En otro espacio se exponen las ilustraciones, algunas de ellas inéditas, que Barceló realizó a finales de los noventa para La divina comedia. En las acuarelas, refleja el mallorquín con maestría las atmósferas lóbregas que el libro de Dante describe.

El arte procesual también ha ocupado un capítulo de estos 25 años de trabajo, como apreciamos en los cuadros realizados mediante técnicas de adición de elementos naturales (frutas, peces muertos) a las gruesas capas de pintura. Alimentos como elementos, telas arrugadas, relieves, representación de animales sacrificados, como en Ex voto à la chèvre (1994).

Frente al dramatismo que late en su universo, el artista opuso durante una época obras más diáfanas, como aquellas en las que se representan meras piedras en el desierto, pequeños detalles de luces y sombras inspirados por sus vivencias en el desierto del Sahara y en Mali.

Sin título, cerámica, 1996. Fotos: Web resources

Del estudio del autor también han salido para esta muestra bocetos, acuarelas, collages, pinturas sobre papel y otras técnicas y soportes diversos que conforman un catálogo singular de 25 años de evolución creativa, durante los que Barceló (a quien, por cierto, no le agrada el término retrospectiva) se ha ido consolidando como el artista español vivo de mayor rango universal.

Miquel Barceló
1983–2009. La solitude organisative

CaixaForum Madrid, Paseo del Prado, 36

Hasta el 13 de Junio de 2010

09 febrero 2010

Nuevo colaborador: Álvaro Tarik

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Ars Operandi tiene el placer de presentar a sus lectores a un nuevo colaborador que integrará nuestro grupo de ars operadores. Se trata de Álvaro Tarik, a quien mucho de nuestros lectores de seguro conocen. Tarik, seudónimo de Álvaro Muñoz Moreno, nació en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba). Tras diplomarse en Publicidad y Diseño Gráfico por la Escuela de AA. y OO de Córdoba, dedicó su actividad creativa a la carrera musical. Completó su formación realizando estudios de Producción Musical en South Thames College (National Diploma) y Música y Tecnología en London Guildhall University (BSc Honours), Londres, Reino Unido. Álvaro ha sido guitarrista y compositor en Yacentes, quienes publicaron el álbum En Cepos de Piedra (DRO/Tres Cipreses, 1986). Asimismo guitarrista, cantante y compositor con Tarik y la Fábrica de Colores, ha publicado hasta la fecha los álbumes Tarik y la Fábrica de Colores (Mano Negra, 1990), On The Radio (El Hombre Tranquilo, 1998), Sequentialee (Mushroom Pillow, 2005) y El Hueso y la Carne (Mushroom Pillow, 2007). Ha trabajado también en la elaboración de música para obras audiovisuales, documentales y programas de televisión. Desde Ars Operandi le damos nuestra más cordial bienvenida en la seguridad de que su trabajo será un enorme valor añadido a esta publicación.

07 febrero 2010

Sonic Youth etc.: Sensational Fix




Álvaro Tarik / Ars Operandi

El Centro de Arte Dos de Mayo, de la Comunidad de Madrid, recoge desde el pasado día 3 la exposición Sonic Youth etc.: Sensational Fix, una muestra donde se despliegan los retos que surgen en el corazón de las actividades artísticas de Sonic Youth, además de no sólo los artistas con quienes ellos han colaborado, sino también aquellos de quienes el grupo de Nueva York ha heredado su propia creatividad.

La historia de Sonic Youth empieza cuando el guitarrista Thurston Moore abandona Connecticut en 1976 para instalarse en Nueva York, con la ilusión de hacer música punk. Allí formaría The Coachmen, un cuarteto de rock. Más tarde conocería a Lee Ranaldo, un estudiante de arte en la Universidad de Binghamton que tocaba en el grupo de guitarras de Glenn Branca, y a Kim Gordon, bajista de la banda CKM. Gordon colaboraba entonces con algunas galerías de arte neoyorquinas y escribía regularmente ensayos sobre arte y música para publicaciones especializadas. Moore, tras disolverse The Coachmen, formaría con Gordon la banda Male Bonding, que cambiaría después el nombre por el de Red Milk y, posteriormente, por el de The Arcadians, a finales de 1980. Ranaldo se uniría a ellos y la formación se vería completada con el batería Richard Edson, para acabar llamándose Sonic Youth.

Desde entonces, la actividad del grupo se ha caracterizado por una política abierta de contacto y organización —basada en la afinidad artística unas veces, en la amistad otras— que ha abierto numerosas puertas a colaboraciones y a proyectos comunes, además de la línea de experimentación habitual que ha seguido su propia aventura musical. Lee Ranaldo lo llegó a sintetizar en estas palabras: “Nuestra carrera no consiste sólo en ir abriendo brecha en el mundo con nuestro pequeño grupo; es una especie de viaje en el que nos hemos embarcado y queremos llevar a bordo a tanta gente como sea posible”.

Las tres plantas del CA2M albergan una amplísima muestra de obras plásticas, fotografías, poemas, vídeos, archivos de audio y vídeo en disco duro, instalaciones acústicas y visuales, y parafernalia diversa. Obras cuyos autores, en unos casos, son los propios integrantes del grupo, como los collages de Thurston Moore o las pinturas de Lee Ranaldo; en otros casos se trata de trabajos de otros artistas como soporte visual a la actividad musical de la banda (diseños de carpetas, carteles, fotografías, etc.); finalmente, encontramos un tercer grupo de obras que Sonic Youth han seleccionado para la exposición y a cuyos autores están vinculados por amistad, afinidad o pura pleitesía.

Cabría destacar las pinturas de William S. Burroughs y D. A. Levy, las impresiones fotográficas de Allen Ginsberg, Sofia Coppola o Stefano Giovannini, las polaroids de Patti Smith, los dibujos de Glenn Branca, o esa inquietante escultura de Alan Vega en forma de cruz, hecha con madera, cables y bombillas eléctricas, una pequeña muestra de los más del centenar y medio de artistas con que cuenta Sensational Fix, entre los que se encuentran nombres como Dan Graham (con un pabellón diseñado especialmente para la muestra), Cindy Sherman, Ed Ruscha, John Miller, Rita Ackermann, John Cage, Mike Kelley, Todd Haynes, Dave Markey, Marnie Weber, Jim Carroll, Raymond Pettibon, Richard Kern, Maya Miller o Cameron Jamie.

Resulta interesante ver las fotografías, bocetos y diseños originales para carpetas de álbumes, como EVOL, Sister o Daydream Nation, así como otros diseños alternativos que no llegaron finalmente a usarse.

Ilustración de Raymond Pettibon para el LP Goo, de Sonic Youth (1990)

La colección de carteles viste las paredes de la planta baja del edificio con un tono pop underground del que siempre ha hecho gala la banda. Es muy representativo el que contiene la ilustración que Raymond Pettibon hizo para la portada del álbum Goo, basándose en la fotografía tomada por un paparazzo a Maureen Hindley y su primer marido David Smith, testigos en el caso de los “Asesinatos de Moors”, cuando son conducidos al juicio, en 1966.

Las instalaciones añaden la nota menos convencional a la exposición, como la habitación de paredes blancas, con el suelo totalmente cubierto de LPs de vinilo amontonados. El miedo inicial a pisar tan frágil y venerado elemento se transforma en una sensación agradable al comprobar que la “alfombra” resulta mullida y resistente. Llama la atención también la pequeña carpa circular denominada Reverse Karaoke, que contiene en su interior instrumentos y amplificadores para que los visitantes acompañen a la voz de Kim Gordon (como en un karaoke invertido) y puedan incluso grabar el resultado de la sesión en CD.

La exposición deja claro que estamos ante un grupo de artistas interesados, en particular, en la música, más que un grupo de músicos interesados en el arte. Sonic Youth forman parte de esa parcela de la historia del diálogo de las artes multidisciplinares, y encontraron en la música —quizá sólo de forma circunstancial— una vía de experimentación colectiva que les ha convertido en referente imprescindible a la hora de entender la evolución del pop desde el punk hasta nuestros días. En la época de gestación de su proyecto, las artes plásticas y la música estaban estrechamente vinculadas y ambas parecían compartir la misma esencia.

Nacidos en aquella América que soñaba con un mundo ideal —a surgir de las virtudes de la Paz y el Amor—, Sonic Youth pertenecen a esa generación decepcionada, que vive en un mundo resquebrajado por la injusticia, la codicia, el capital, la violencia. Ellos, como otros artistas coetáneos, han ido explorando temas que estremecen y afligen a los jóvenes, como la subversión, la curiosidad, el sexo, la moda o la religión.

Sonic Youth etc.: Sensational Fix ha sido organizada por el comisario Roland Groenenboom con el apoyo constante de Sonic Youth y está producida por la sala Life de St. Nazaire y el Museion de Bolzano, donde fue presentada al público por primera vez.

Sonic Youth etc.: Sensational Fix
Centro de Arte 2 de Mayo
Avda. Constitución, 23 – 25

28931 Móstoles (Madrid)

Del 3 de febrero al 2 de mayo de 2010


Fotografías de Álvaro Tarik

11 septiembre 2009

Llega la nueva Boronía

Número cero de Boronía

Redacción / Ars Operandi 

Eutopía09 será el espacio donde se presente el nuevo proyecto Boronía. Creada en junio de 1988, fecha en que apareció el número cero, Boronía era un proyecto a cargo de Gabriel Núñez, Pablo Gallego, Esther Casado, Rafa Hueso y otros colaboradores, quienes editaron en esas fechas, hace ya más de veinte años, una revista de distribución gratuita donde reflejar las tendencias más vanguardistas del momento en diferentes ámbitos culturales, con predominio de la música, las artes plásticas y la literatura. El proyecto, absolutamente rompedor en una Córdoba a años luz de la que vivimos en estos momentos, estuvo en funcionamiento durante un año, en el que se dieron a la luz varios ejemplares. Gabriel Núñez ha retomado este proyecto, adecuado al momento actual, y será presentado en Espacio Boronía, dentro del Festival Eutopía09, el próximo 24 de septiembre.

Según su editor, Gabriel Núñez, "Boronía pretende constituir una identidad propia que fomente, difunda y amplíe el tejido creativo cultural a la vez que expande el mismo fuera de Córdoba. Para ello, se presentará el primer número de dicha revista que incluirá una nutrida y variada selección de creadores cordobeses de distintas disciplinas (literatura, artes escénicas, música, ensayo, etc…) además de incluir otras firmas invitadas del panorama nacional e internacional."

Asimismo, durante la presentación de la revista—que promete un espectacular diseño y que incluye la participación en sus páginas de importantes artistas plásticos—intervendrán los siguientes grupos musicales: Tarik y la Fábrica de Colores (presentes en el número cero de Boronía), quienes nos deleitarán con un concierto acústico, Lovely Rita y otros artistas invitados.

Espacio Boronía
Eutopía09
Jueves 24 de septiembre, 21:00h.
Sala Victoria del Paseo de La Victoria
Córdoba