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24 enero 2016

Un nuevo comienzo en el Centro Pepe Espaliú

Vista del patio central del Centro de Arte Pepe Espaliú con los Santos y los Glovemaking. Foto: Ars Operandi
Tete Álvarez / Ars Operandi

El Centro de Arte Pepe Espaliú anuncia una nueva andadura que pretende reivindicar la figura y la obra de Espaliú como nodo de encuentro desde el que abordar las problemáticas e inquietudes sociales, filosóficas y artísticas que movieron al artista cordobés. Cuestiones como la dimensión social de la enfermedad, el análisis de los mecanismos de ocultación y de identidad que gobiernan el cuerpo, el sexo, la psicología, la crítica social, y hasta una cierta espiritualidad fruto de su fervor por San Juan de la Cruz y el teólogo persa y poeta sufí Molâmâ Rumi, constituyen un extenso campo de pensamiento sobre el que desarrollar conexiones con agentes artísticos y sociales que trabajan en la misma dirección y sentido. Además, el Centro propone una relectura y contextualización de las obras que habitualmente alberga actualizada con la incorporación de nuevas piezas que permiten profundizar en el conocimiento de la obra del artista. La vertiente didáctica también se refuerza con la edición de una guía  y la puesta en marcha de una web que recogerá tanto las obras y la documentación de la colección como las referencias de la biblioteca personal de Pepe Espaliú que estuvo 21 años en Arteleku y desde 2014 se encuentra depositada en el Centro. 

Esculturas en bronce de la colección de la galería Arte21. Foto: Ars Operandi
En Pepe Espaliú 1975-1993, el Centro ha contado con la colaboración de familiares, amigos y coleccionistas como Pepe Cobo, albacea y galerista de Espaliú. El impulsor de La Máquina Española ha cedido para la muestra manuscritos y catálogos del artista cordobés y ha anunciado la celebración a finales de año de una exposición de Pepe Espaliú en el IVAM que será comisariada por dos profundos conocedores de su obra como son el actual director del museo valenciano, José Miguel Cortes, y el comisario de arte, Juan Vicente Aliaga. Por su parte, Arte21, la galería cordobesa que posee en sus fondos varias obras de Espaliú, ha cedido para la exposición dos esculturas de bronce de 1989, dos máscaras del 88, un dibujo a lápiz del 93 y dos obras de la serie Pas de Masque fechadas en 1988. La familia del artista, otro importante apoyo en la labor del Centro, ha cedido una obra muy emblemática como es el poema objeto de Joan Brossa que sirvió de portada del catálogo de la exposición del artista catalán que Espaliú comisarió para La Máquina Española. 

Dos obras de la serie Pas de Masque de 1988. Foto: Ars Operandi
El coordinador del Centro de Arte Pepe Espaliú, Oscar Fernández, ha señalado a Ars Operandi que el nuevo recorrido "sigue, de partida, una secuencia cronológica pero fundamentalmente se construye sobre determinados hitos, ya sean históricos, conceptuales o biográficos, que marcan las líneas del trabajo de Pepe y que se entienden como un todo indivisible. Se trata de hacer una visión global y a la vez parcial (pues se podrían haber escogido otros hitos) a partir de momentos o ideas clave: el conceptual en Barcelona, Figura, la exposición en Carles Taché con Paneque, Brossa, la identidad, el Sida, la escritura, el arte público,... En torno a ello se crean pequeños capítulos que nos ayudan a leer las obras de cada momento. El objetivo es acompañar al visitante de un modo didáctico pero no intrusivo, pues son las obras las que han de hablar o callar". Sobre la necesidad de conectar el centro con la comunidad indica que "es tan deseable como compleja. Es necesario iniciar una reflexión en ese sentido. La idea, después de reordenar el Centro, es iniciar este proceso de apertura. El fin esta claro, las herramientas y el procedimiento es lo que tenemos que construir a partir de ahora. De momento, ya se está trabajando en una web propia, que funcionará también como otro pequeño paso en ese camino hacia la ampliación de los límites del Centro".

Vista de la sala que alberga la serie de fotografías Última cena. Foto: Ars Operandi
El recorrido comienza en 1975 con un joven Espaliú que en Barcelona toma contacto con los nuevos comportamientos artísticos que se vienen desarrollando desde finales de los sesenta. De esta época datan una serie de obras que, "de un modo germinal, le acercan al arte de acción, a las prácticas conceptuales de figuras como Jan Dibbets y al espacio público, a través de performances y surveys fotográficos que transcurren por la ciudad condal". La primera mitad de los ochenta nos presenta a un Espaliú itinerante, que alterna residencias en Sevilla, Barcelona y París. "Un Espaliú transmutado en pintor que vive, como todo los artistas de su generación, un cierto agotamiento del arte conceptual". En 1984 comienza a colaborar con la revista Figura y desde Paris envía crónicas que dan buena cuenta del cambio de rumbo hacia la pintura figurativa que la publicación sevillana supo captar tan bien. Figura sirvió de catalizadora de una generación de artistas andaluces que encontraron su apoyo en la galería La Máquina Española. De la mano de Pepe Cobo, artistas como Agredano, Paneque, Federico Guzmán y el propio Espaliú, desarrollan sus proyectos como ideológos o comisarios adquiriendo una notable proyección tanto nacional como internacional.

En primer término dos obras de la serie Máscaras de la colección de Arte21. Foto: Ars Operandi

1987 fue un año determinante en el despegue definitivo de la carrera artística de Pepe Espaliú. Tras la primera individual en La Máquina Española presenta sus obras en ARCO y en las galerías Marga Paz y Barbara Farber de Amsterdam. Espaliú retoma, "además, una postura más reflexiva que tiende a complejizar su imaginario y a desarrollar con más ahínco los intereses filosóficos y literarios que siempre le acompañaron". El regreso a Barcelona en 1988 para exponer en la Carles Taché, junto a Guillermo Paneque, "representa la ruptura con la pintura como su lenguaje predilecto, pero también como portadora de valores plásticos esenciales". Su obra incorpora otros discursos relacionados con la homosexualidad, la ocultación o el secreto que materializa a través de metáforas visuales construidas con objetos sadomasoquistas como el guante o la máscara, que "funcionan esencialmente como reflejos de una identidad encubierta y extrema". A partir de este año Espaliú organiza una serie de exposiciones en La Máquina Española en las que aúna la labor de comisariado con la investigación artística personal. "A través de estos proyectos se descubren, en realidad, los intereses de Pepe Espaliú. Sobre todo en lo que se refiere a la figura de la maternidad, a través de Cristino de Vera, o del misterio entreverado, en Romero de Torres. De entre todos, quizá sea Joan Brossa el referente más esencial. Con él comparte Espaliú no solo la admiración por Dau al Set, que Brossa cofundó, sino también cuestiones más subterráneas como la magia o su idea de arte político".

Sala donde se proyecta el video documental de la acción Carrying. Foto: Ars Operandi

En 1990, durante una estancia en Nueva York, Pepe Espaliú es diagnosticado de SIDA. El padecimiento de la enfermedad marca notablemente su obra aunque, "hace tiempo que el artista en su condición de homosexual, se interpreta a sí mismo como segregado social. De esta manera, la enfermedad no hace sino agudizar esa sensación de desahuciado que le perseguía hace tiempo. Ello se traduce en la a parición de un trabajo más militante que supone una ruptura, en cuanto al enfoque y las referencias. Aparece aquí su iconografía sobre la enfermedad y los cuidados como las muletas y los palanquines. Pero, al tiempo, representa una comunidad integral con las obsesiones de su obra anterior. De esta manera, el SIDA se convierte en ruptura y colofón del fascinante periplo vital e intelectual de Pepe Espaliú, que se transforma en una figura de relevancia pública, casi mediática, sin perder un ápice de su hiriente poética".


Pepe Espaliú 1975-1993
Centro de Arte Pepe Espaliú
Comisario: Óscar Fernández

30 marzo 2015

¿Para qué poetas en tiempos de miseria? El CAAC celebra sus 25 años

Obras de Rogelio López Cuenca y Curro González en el CAAC. Foto: José Jurado
Tete Álvarez / Ars Operandi

El CAAC comienza el ciclo expositivo con el que celebra los 25 años de singladura del centro. No ver, no oir y callar traduce en palabras tres dibujos de Curro González sobre la condición del artista y repasa un cuarto de siglo a través de las obras de la colección del centro. Y es que los sucesivos recortes en los presupuestos del CAAC han llevado a su director, Álvarez Reyes, a realizar todo tipo de malabarismos y confeccionar un programa expositivo en los que las adquisiciones, donaciones y depósitos cobran especial protagonismo. Como muestra de la difícil situación económica por la que atraviesa el CAAC basta arrojar un dato, su dotación ha pasado de 6,2 millones en 2009 a 3,1 M en 2015. Descontados los gastos de personal y mantenimiento de las 24 hectáreas del conjunto de la Cartuja, solo 300.000 € se pueden dedicar a programa y adquisiciones. Aún así el centro parece sobreponerse a las dificultades y  con más voluntad que presupuesto ha presentado una nutrida programación para este año que comienza con este ciclo conmemorativo. A la exposición que en estos días se inaugura se sumarán El presente en el pasado, una individual sobre el arquitecto y artista, José Ramón Sierra, quien se ocupó de la recuperación del edificio principal de la sede del CAAC y El gran silencio, un ambicioso proyecto centrado en las ideas de soledad, aislamiento, silencio y contemplación tan presentes en la historia del conjunto monumental. Además el centro desarrollará su programación habitual en torno a sus habituales sesiones expositivas. Cercano el verano iniciará una amplia sesión sobre el "mal de archivo", "para ir más allá del documento y lo documental" con sendas exposiciones individuales de la videoartista sevillana María Cañas y del artista y cineasta austriaco Oliver Ressler. Coincidiendo con la celebración del Festival de Cine Europeo se inaugurará una colectiva que girará en torno a la filmografía de Alain Resnais. Y en noviembre llegará la muestra que repasa la trayectoria de un colectivo indispensable en la historia del arte contemporáneo andaluz, los malagueños Agustín Parejo School, que llegarán al CAAC bajo el comisariado de Jesús Alcaide.

La chambre en noir y Retratos del artista como un poquito jesuita de Rafael Agredano. Foto: José Jurado
En este escenario menguado a fuerza de sucesivos recortes No ver, no oir y callar propone indagar en "la grave y profunda crisis que estamos inmersos, producto de la situación financiera y el estallido de la burbuja inmobiliaria que ha provocado una emergencia social y estragos en el sector cultural" destacando "la resistencia casi numantina de instituciones culturales, entre ellas los museos". Y para ello nada mejor que comenzar con la pregunta que formula Hölderlin y que Rogelio López Cuenca retoma magistralmente en sus emblemáticas piezas para la Expo92, ¿Para qué poetas en tiempos de miseria?. A modo de respuesta, casi un centenar de obras se interrogan a su vez sobre cuestiones estéticas, culturales, sexuales, identitarias o sociales en un repaso al arte andaluz e internacional de estos últimos 25 años.  La exposición comienza centrando su mirada en la producción de las últimas décadas en las que "el arte habla del arte, ya sea mediante la crítica institucional, la ironía sobre su propia realidad y tradición, o bien reinterpretando lenguajes del siglo XX". Un recorrido que nos traslada desde la nueva abstracción al conceptualismo pictórico con obras de Manolo Quejido y Alfonso Albacete; de la fotografía y su papel prioritario en el arte de los 90 con obras de Candida Höfer, a la escultura de herencia duchampiana en los trabajos de Brossa y Moraza. También se analizan los cambios sucedidos en la sociedad en temas referidos a la identidad y sexualidad, con obras de Victoria Gil, Inmaculada Salinas o Guillermo Pérez Villalta. En otro de los espacios del Claustrón Norte se propicia el diálogo entre dos artistas para las que "el feminismo y las dinámicas de poder acabar por situarse en el espacio doméstico", como Louise Bourgeois y Carrie Mae Weems, ambas también representadas en la colección del centro.

Carrying de Pepe Espaliú en el CAAC. Foto: José Jurado
La exposición evoca también el papel del movimiento la Chanson, surgido en Francia en los años 50 y 60 del pasado siglo, y presta especial atención al papel de la música popular en la segunda mitad del siglo XX, como desencadenante de importantes cambios sociales. El uso del vídeo y del cine por los artistas plásticos es también objeto de análisis bajo el epígrafe La cosa nostra con obras de Pilar Albarracín y María Cañas. Y es que No ver, no oír y callar permite, sobre todo, trazar una mirada certera a veinticinco años de renovación de la plástica andaluza. A las obras de Albarracín y Cañas hay que sumar nombres fundamentales como Chema Cobo, Ángeles Agrela, José Piñar además de recientes incorporaciones a la colección como en el caso de José Miguel Pereñíguez o Jorge Yeregui. Importante comienza ser también la presencia de artistas cordobeses en los fondos del CAAC. El Espaliú más intenso se nos muestra en una escultura de hierro de la serie Carrying además de un video documental de la acción que bajo el mismo nombre realizó en San Sebastián y en Madrid en 1992. De otro cordobés, aunque formado y afincado en Sevilla, Rafael Agredano, encontramos obras tan significativas como La chambre en noir, con una relectura de Picasso, esta vez desde la ambientación bondage,  además de un par de fotografías de la serie Retratos del artista como un poquito jesuita en la que Agredano presenta su lado más iconoclasta y performativo.

Land Escape, instalación de José Jurado en No ver, no oír y callar. Foto: Cortesía del artista
Clausura la muestra la adquisición más reciente del CAAC, Land Escape, del también cordobés José Jurado, un archivo de casi un centenar de imágenes que retrata esta nueva generación de emigrantes españoles han abandonado el país en busca de mejores expectativas laborales. Fotografías, anuncios publicitarios, reseñas de noticias, mapas y gráficas conforman un compendio sobre un fenómeno que solo en los últimos años ha forzado la salida de más de 200.000 jóvenes. Es el retrato de una tierra que, como indica Jurado, "ha visto estos últimos años cómo se ha acrecentado la salida de jóvenes hacia otros lugares del mundo en busca de trabajo y una vida mejor, cosa que no ofrecía un país en caída libre sumido en una gran depresión de la que no parece que vayamos a salir en breve"".

No ver, no oír y callar. 1990-2015.
Comisario: Juan Antonio Álvarez Reyes.
Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.
Hasta el 13 de septiembre de 2015


15 enero 2013

Fotografía cordobesa en Stand by_012


Pepe Espaliú, de la serie Fotografías de Barcelona
Redacción / Ars Operandi

Si hace unas semanas dábamos cuenta de la publicación de Stand by_012, la guía de fotografía andaluza que ha editado Sema D'Acosta, hoy centramos nuestro interés en conocer cuál ha sido la aportación de la fotografía cordobesa a este estudio historiográfico. En la primera parte de la obra D'Acosta repasa el devenir de la fotografía en Andalucía en los últimos cincuenta años y desgrana los hitos más significativos de su evolución. En la Córdoba de principios de los sesenta el estudio destaca las figuras de los reporteros gráficos Ladislao Rodríguez Benítez, Ladis, y Ricardo Rodríguez Sánchez, Ricardo, dos fotógrafos que para el autor son ejemplo del "carácter del momento" y que documentaron con sus cámaras "el día a día de la ciudad y sus avatares, en su gran mayoría definido por actos y visitas oficiales, escenas callejeras y eventos populares". A mediados de los setenta un joven Espaliú explora las posibilidades del medio mediante las serie Fotografías de Barcelona,  una colección de obras intervenidas algunas de ellas mediante hilo cosido o rotulador. De la misma época es su serie de fotografías Última cena, una puesta en escena que el artista cordobés realizó en su taller en la que "ya usaba su cuerpo como soporte, algo que se convertiría en motivo habitual de su obra futura".

Ya en los ochenta el país vive un despertar periodístico, "fruto sobre todo del alto interés informativo que demanda la sociedad de la época". Se inicia así, para Sema D'Acosta,  "un periodo de prosperidad para el fotoperiodismo que suscita la primera generación de reporteros gráficos de la democracia" en el que el autor destaca por su contrastada experiencia en la cobertura de conflictos internacionales al cordobés Gervasio Sánchez. 1981 es el año de la constitución de la asociación Afoco, una agrupación "muy activa que ha logrado mantenerse con vigor hasta nuestros días, siendo capaz después de más de treinta años no sólo de promover incontables actividades, sino de seguir estimulando el entorno de la ciudad". Destaca la guía el papel de relevancia que adquiere dentro de este colectivo  la figura del fotógrafo Juan Vacas, fallecido en 2007. La Posada del Potro, punto de referencia de la fotografía cordobesa de final de siglo, será "la que comience en 1986 a normalizar las exposiciones de fotografía en la ciudad, organizando muestras colectivas e individuales de nombres como Sebastiao Salgado o españoles como Manuel Falces, Eduardo Momeñe, Alberto Schommer, Miguel Oriola e Isabel Muñoz". La década de los 80 fue en España "un periodo muy fecundo en lo que se refiere a foros de debate, intercambio de experiencias y todo tipo de manifestaciones colectivas relacionadas con la fotografía" y cita como ejemplo entre otros a la Bienal de Fotografía de Córdoba dirigida por José Francisco Gálvez y Mezquita Foto, responsabilidad de Pedro Roso.

A principio de los noventa Rafael Agredano ejemplifica el proceder de artistas plásticos que "empiezan a recurrir como herramienta a la cámara para desarrollar sus ideas, especialmente aquellas que tienen un carácter conceptual o se derivan de la imagen".  En obras como L’esprit de l’escalier, Agredano rebasa la bidimensionalidad fotográfica al incorporar el soporte como parte de la obra. La serie representa para D'Acosta "una visión entre kitsch y folclórica de la muerte en Andalucía cuya mayor particularidad correspondía no con las imágenes de tumbas y cementerios que se mostraban, sino con el marco enrejado que las contenía, un recuadro de volutas a imitación de algunas ventanas del sur que llevaba al paroxismo la barroquización de la forma, que pasa a ser informacióntan válida, o incluso más, que el contenido fotográfico que manifiesta".

En estos años la fotografía empieza a hacerse un hueco en la programación de las galerías comerciales de nuestra comunidad. El artista Tete Álvarez comienza a trabajar por estas fechas con la galería Cavecanem, "la sala que establece una apuesta más clara y convencida por la fotografía en los 90". En los meandros inestables y ramificados que anegan la imagen fija, señala el autor de Stand by_012, "debemos considerar las circunstancias en las que la obra se vuelve imagen dinámica, entretejiendo a partir de una semántica compartida la instantaneidad con el movimiento. En muchos casos, aunque el medio usado es la videoproyección, el formato sigue conservando un marco de acción fotográfico, coyuntura que logra introducir el tiempo en un medio que históricamente le estaba vedado. En este sentido, "quizás sea el cordobés Tete Álvarez uno de los primeros que combina y entrecruza estos dos procedimientos en una presentación multicanal como Códigos de tiempos, mostrada en 1994 en la Filmoteca de Andalucía".

Llegados al siglo XXI  la fotografía alcanza para Sema D'Acosta "tal estatus de poder como medio visual absoluto, que en una cultura como la nuestra —volcada en la imagen, cada vez más gráfica y menos textual—, no sólo se permite suplantar a las antiguas Bellas Artes, sino que además las condiciona". Artistas cordobeses como el carpeño Miguel Ángel Moreno Carretero, utilizan la fotografía "desde un territorio propio que, sin ser estrictamente fotográfico, se mueve con libertad por esta demarcación expresiva que les resulta eficaz para exteriorizar ideas y materializar conceptos o intuiciones".

La difusión del lenguaje fotográfico ha sido una constante en Andalucía en las últimas décadas, destacando el autor la capacidad del medio para aglutinar a expertos, aficionados y público en general. En nuestra ciudad, señala D'Acosta "debemos distinguir y subrayar en este apartado la bienal de Córdoba, un modelo periódico que arrancó en el otoño de 1985 auspiciada por Afoco, una de las asociaciones fotográficas más afanosas del sur. Este evento, que en 2013 alcanzó su decimotercera edición, se ha celebrado de manera ininterrumpida desde entonces". Al citar las plataformas de apoyo y fomento de la fotografía en nuestra comunidad autónoma, "no podemos dejar de mencionar el Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler", auspiciado por varias instituciones cordobesas, que se ha convertido en sus seis ediciones en "uno de los galardones especializados más prestigiosos del panorama nacional".

Escena pastoral del sur galante VII, fotografía de Rafael Agredano
La guía se completa en su segunda parte con una serie de textos críticos elaborados por distintos autores —entre los que se encuentran los cordobeses Ángel Luis Pérez Villén y Oscar Fernández— que versan sobre los 86 fotógrafos más relevantes de los últimos cincuenta años. Ocho fotógrafos cordobeses de distintas generaciones se dan cita en Stand by_012. La fotografía de Rafael Agredano participa para Juan Francisco Rueda del "eclecticismo, nomadismo lingüístico y disolución de fronteras entre disciplinas que caracterizan toda su producción. Así, son continuos los cambios de registro en su obra fotográfica: desde lo documental, convenientemente intervenido mediante distintas fórmulas para diluir la ortodoxia y la pureza del género, hasta cierta escenificación, pasando por su uso como testigo de lo performativo". Para el crítico malagueño en la obra de Agredano  "fotografía y pintura —la otra disciplina capital en su quehacer—, además de esa “mudanza” estilística, comparten el uso de la palabra mediante distintos recursos, lo que, en relación con la imagen, le permite incluir ironía e intencionalidad crítica, aspectos consustanciales en su estrategia".

Cerro Trapero, fotografía de Tete Álvarez
Para Ángel Luis Pérez Villén, la obra de Tete Álvarez está inmersa en un "proceso autorreflexivo, propio de la década de los sesenta, que le lleva hasta el cuestionamiento de los límites del arte, su representación y explicitación, materialización y mercantilización, depurando progresivamente sus actuaciones hasta el estado previo en el que aún no se han objetivado". Sus fotografías, añade, "como también sucede con las instalaciones suele requerir una atención adicional, pues lo que en apariencia se nos muestra transparente y cabal, no deja de ser una operación de cuestionamiento. La discrepancia entre lo que creíamos ver y lo que realmente se representa mediante diversas estrategias —inversión y disociación entre significante y significado, aporía, alegoría, metáfora— afecta no sólo al sentido de cada pieza o serie, sino a la misma disciplina. Esta particular predilección por navegar en los límites de las imágenes es algo consustancial a los medios con los que opera: vídeo y fotografía. Álvarez disiente del tratamiento que reciben los temas con los que trabaja y los resetea en cada proyecto".

Natural Portrait, fotografía de Manolo Bautista
La obra de Manolo Bautista representa para Yolanda Spínola el compromiso con las nuevas tecnologías. El artista lucentino "se acerca a ellas utilizándolas como cualquier técnica tradicional. Partiendo de imágenes encontradas, pero siempre buscadas, y filtradas por la especial intención del artista, que tiende a plantear escenarios irónicos o imposibles, concibe escenarios que manipula hasta hilar paradojas que tamiza con un humor especialmente agudo". Bautista, afirma, "crea espacios discursivos, habitáculos sin sentido que parecen lógicos y creíbles. Nos somete a un momento histórico, a un aquí-y-ahora que pertenece a un imaginario colectivo de dudosa memoria. ¿Cómo nos hace sentir la foto? Como si de un fotoperiodista se tratara, nos induce a mirarla como un compendio de fuerzas en un reflejo de una realidad aparente que no ha de dejarnos indiferentes. ¿Recurso o discurso? He aquí la ambigüedad de una sinfonía escrita entre la descripción y el relato".

Nebula Humilis 003, fotografía de Lola Guerrera
Cordobesa de nacimiento aunque afincada en Málaga, Lola Guerrera "usa la fotografía para recrear situaciones e inventar escenas, mentiras artificiales que no carecen de cierto toque mágico". Para Juan Jesús Torres, este uso documental del medio condiciona "la percepción de un lugar que se transforma, por mediación de la intervención artística, en escenarios efímeros abiertos a la imaginación". Series como Nebula Humilis son el resultado de la intervención con humos de colores en canteras abandonadas del desierto mexicano, "un colorido ficticio del que no sabemos la escala ni la repercusión, un truco que captura la inmaterialidad de una nube para convertirla en una forma sugerente y abierta, que nos remite a la fuerza callada de los volcanes". En otros trabajos también recientes "la inocencia de lo que aún no ha sido envilecido, que campa en libertad por interiores capciosos, como los pájaros papirofléxicos que vuelan en Delights in my garden, fugaces invasores migratorios que son retratados para irremediablemente desaparecer, como polvo en el aire, como nubes arrastradas por el viento".

Mecanismos inconscientes del horizonte, fotografía de Miguel Ángel Moreno Carretero
Miguel Ángel Moreno Carretero desarrolla, según indica Susana Solis, "un trabajo multidisciplinar, combinando los géneros tradicionales y la instalación, mostrando un especial interés por las intervenciones, sobre todo paisajísticas, en los espacios públicos. El artista hace uso de la fotografía para documentar antes o después dichas acciones". Las imágenes del carpeño "están dotadas de un evidente componente narrativo que salpica de guiños irónicos e incluso humorísticos, un carácter que se completa con cierto sentido utópico". Sus fotografías, que Solis emparenta con la estética del pop, "se fijan en las llamativas contradicciones del medio tras la intervención artificiosa de la mano del hombre o las derivaciones que toman algunos objetos generados por la sociedad de consumo". Moreno Carretero, explica, "además de desarrollar su producción plástica, dirige también diversas actividades culturales, siendo la más significativa de todas el proyecto Scarpia en su pueblo natal, unas jornadas y encuentros de verano que organiza en El Carpio desde el año 2002. De este modo, el paisaje rural cordobés se convierte así en laboratorio de arte contemporáneo, punto de diálogo y escenario de inspiración para el trabajo artístico y la educación".

Castro del Río, fotografía de Manuel Muñoz
En la fotografía de Manuel Muñoz es posible rastrear, para Ángel Luis Pérez Villén, un ascendente claramente pictórico. Y no sólo porque su autor se dedicase antes a la pintura, afirma, "sino también porque sigue conservando una pauta de trabajo muy similar. Hablamos de proceso, de serie; es decir, de proyecto en el que las piezas encajan como elementos de un sistema y sin embargo conservan su entidad y autonomía significativas, incluso cierto aura de belleza. Y luego también está ese tono que en principio confundíamos con la reverberación del espíritu romántico, que facilitaba imágenes de naturaleza sin domesticar, terrenos vagos e improductivos y que después tornó a revestirse de la cultura de la ruina y los pliegues de la decadencia". Para el crítico cordobés la obra de Muñoz ha dado lugar a "una suerte de fotografía paisajística aunque en escena sólo aparezcan oficios y edificios, utillaje y mobiliario, amén de un repertorio de usos y costumbres arraigado en la memoria y por lo tanto oculto a la mirada. A medida que lo insinuado cobra peso, el registro descriptivo pierde protagonismo y la obra se presta a ser leída en clave narrativa, dando lugar a tantas historias como receptores".

Cuatro niñas miran desde el interior de una furgoneta destrozada. Sarajevo, 1994. Fotografía de Gervasio Sánchez
El fotoperiodista Gervasio Sánchez mantiene, según afirma María Arregui, un enérgico sentido del compromiso social en todos aquellos contextos en los que desarrolla su trabajo. Su carrera, explica, se ha centrado en "desvelar las consecuencias menos evidentes de los conflictos bélicos". Sus fotografías, caracterizadas para Arregui además de por su valor narrativo por una emotiva naturalidad, "ponen de relieve el drama de personas anónimas cuya identidad es rescatada en series como Vidas Minadas, donde da testimonio a las víctimas de explosiones de minas anti-persona, heridos a los que hace un seguimiento tanto de su tragedia como de su voluntad de vivir. El fotógrafo cordobés, Premio Nacional de Fotografía en 2009, muestra en sus trabajos "lo explícito del daño inmediato y lo implícito en escenas cotidianas de gente normal, en incluso feliz, que convive con la desgracia a diario. No se recrea en el dolor sino que abre la mirada hacia la realidad de vidas inmersas en el conflicto y abandono, mostrándolas en su plena dignidad, evidenciando la injusticia y denunciándola decididamente, buscando que el sobresalto de la conciencia gane el pulso a la compasión pasiva".

Solentiname. Isla Mancarrón, 1990, fotografía deRafael Trobat
Rafael Trobat se inicia en la fotografía a finales de los ochenta. Sus comienzos están ligados, como señala Eduardo D'Acosta, a la figura de Cristina García Rodero, de la que fue ayudante durante varios años. En 1990 comienza en Nicaragua "su proyecto más personal y ambicioso, un trabajo ininterrumpido que ilustra dos décadas de la vida cotidiana de este territorio centroamericano". Aquí, junto al agua es "una visión amplia y sincera —siempre desde lo cotidiano— de una nación peculiar marcada precisamente por su relación con el líquido elemento, su extraña geografía volcánica, su clima tropical y una personalidad difícil de describir que varía entre lo tierno y lo histriónico". Estas imágenes son un reflejo de la sociedad y el paisaje nicaragüense después de la revolución sandinista aunque como indica Eduardo D'Acosta, el fotógrafo cordobés no repara en temas de actualidad política sino que se centra en el día de las personas "dando especial protagonismo al ser humano". Y retoma las palabras de Alejandro Castellote, cuando afirmaba que la obra de Trobat “se inscribe en la estela de los grandes fotógrafos humanistas y se ha situado como una de las más honestas y vibrantes del documentalismo español; en sus fotografías se yuxtapone el rigor conceptual y formal que Koudelka hereda de Cartier-Bresson, la mirada crítica e inteligente que utiliza Robert Frank para diseccionar la sociedad norteamericana, o el retrato que realiza García Rodero del universo dual del ser humano, que fluye entre la tragedia y la celebración eufórica de la vida”

Sema D'Acosta 
Stand by _012
Edita
Fundación Valentín de Madariaga – MP
Sevilla, 2012

ISBN: 978-84-616-0619-1

232 págs.

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29 enero 2012

El pasado es un prólogo. Agredano en el CAAC


Post clarissimum virum clarissima femina semper est,  fotografía de Rafael Agredano
Redacción / Ars Operandi.

La obra de Rafael Agredano (Córdoba, 1955) llega al museo treinta años después de que protagonizara una de los capítulos más significativos de la historia del arte español reciente, la irrupción del denominado Grupo de Sevilla. Agrupados en torno a la revista Figura y con el sustento de la Máquina Española de Pepe Cobo, el colectivo, formado entre otros por Guillermo Paneque, Pepe Espaliú, Curro González o Abraham Lacalle, aportó la dosis de modernidad al arte contemporáneo en Andalucía y abrió sus fronteras para conectarlo con el panorama internacional. Fue precisamente en el número 0 de la revista sevillana donde Agredano publica en 1983 un texto, Titanlux y moralidad, que con el paso del tiempo ha adquirido rango de manifiesto:  "…los estudios no están para clavarse puñales, sino para pintar. Dejadnos abrir ventanas para que entre la contaminación artística y dejadnos ser frívolos, eclécticos, dialécticos: que conciliemos el internacionalismo con el localismo, la tradición con la innovación…".

Una de las salas  incluye material documental sobre el Grupo de Sevilla. Fotografía: Ars Operandi
Pero Prólogos significa mucho más que una revisión de lo que se vino a llamar la década del entusiasmo. Comisariada por Esther Regueira, la muestra que ocupa el Claustrón Sur del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, no puede ser considerada una retrospectiva al uso,  sino más bien "una lectura singular realizada a través de una selección histórica de obras junto con nuevas producciones, cuyo hilo conductor es la Memoria, (y por tanto, el olvido), y abordada desde la peculiar manera que tiene el artista de trabajar la iconografía, el lenguaje, los ritos y las representaciones, el juego de los opuestos y las relecturas de grandes mitos". Desde sus primeras obras irreverentes e iconoclastas hasta sus trabajos más recientes sobre el Polo Químico de Huelva la muestra nos revela a un artista "pionero en la representación plástica de algunos de los debates más candentes en estos momentos como son la disolución de barreras entre la alta y baja cultura o diversos aspectos que plantean las teorías trans y queer sobre identidad. Se trata de cuestiones que Agredano aborda desde hace años de una manera rabiosamente personal, completamente desinhibida, visionaria, contundente y vanguardista, consciente, desde los comienzos de su trabajo, de que, como dice el historiador francés Georges Didi-Huberman, “…las imágenes son un espacio de lucha…”."

A la izqda.: Avignon People. El apropiacionismo de Picasso es una constante en la obra de Agredano. Fotografía: Ars Operandi
Como capítulos de una novela, Prólogos va engarzando obras de diferentes etapas enlazadas mediante la inclusión en cada una de las salas de una obra perteneciente a la serie Jesuitas. La muestra se abre con Escenas pastorales del sur galante, la serie de fotografías que el artista presentó en 2007 en la galería Alfredo Viñas, en las que, sobre fotografías nocturnas tomadas en el Polo Químico de Huelva,  sobreimpresiona párrafos de Platero y yo que aluden al vergel que constituían los terrenos sobre los que se asienta ahora la industria petroquímica. La sala dedicada a la obra más temprana de Agredano incluye material documental, textos y publicaciones sobre el Grupo de Sevilla así como algunos ejemplares de la revista Figura. Dos de los aspectos más determinantes de la obra de Agredano, la relectura de las vanguardias -en especial Picasso- y las cuestiones de género e identidad se dan cita en Avignon People, una mordaz composición que auna la puesta en escena de Las señoritas de Avignon con la estética gay de los Village People. En la misma linea se sitúa La chambre en noir, en la que Agredano vuelve a hacer una apropiación del artista malagueño, esta vez desde la ambientación bondage. La música forma parte de dos de los capítulos de Prólogos; la callada,  presente en Corpus Christi en Sevilla, Rafael Albéniz Remixed, una serie de dibujos sobre partituras en braille da paso a la melodía de La belle excentrique, dibujos de sexo explícito realizados sobre una partitura de la obra homónima del compositor Erik Satie. Un retrato del Agredano más camaleónico flanquea la entrada de la última sala donde se muestra la opus nigrum, la serie L’esprit de l’escalier en Andalousie, un paseo por la iconografía kitsch de la muerte presente en los cementerios de Andalucía con visitas a las tumbas de Manolete o Joselito El Gallo,  realizada en 1991, actualizada con obras recientes sobre Camarón y Bambino.

La serie L’esprit de l’escalier en Andalousie cierra la exposición de Agredano en el CAAC. Fotografía: Ars Operandi
Nacido en Córdoba aunque formado artísticamente en Sevilla, Rafael Agredano no mantuvo en el principio de su carrera  un especial contacto profesional con su ciudad natal. Apenas cabe reseñar la colectiva de los por entonces Jóvenes Pintores Sevillanos que llevó a la Posada del Potro en 1984 a buena parte de los integrantes del Grupo de Sevilla. Veinte años más tarde vuelve de la mano de Mariano Navarro para inaugurar la sala Puertanueva con Arte dentro del Arte. Ese mismo año forma parte de CO'04, colectiva de artistas cordobeses en el 40 aniversario de la celebración del Salón Córdoba. Pero no será hasta un año más tarde cuando, mediante una retrospectiva, su figura se reivindica desde la ciudad que lo vio nacer. Epílogo sin confirmar, comisariada por Oscar Fernández y Jesús Alcaide para la Fundación Rafael Botí, significó la primera revisión en profundidad de la obra de Agredano y su catálogo constituye la única monografía editada hasta el momento sobre el conjunto de su obra. Más recientemente, trabajos suyos  formaron parte de La enfermedad, la muerte. Reflejos y visiones en el arte cordobés, comisariada en 2009 por José Mª Baez para la sala Vimcorsa de nuestra ciudad.

Rafael Agredano 
Prólogos
Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla  Del 26 de enero al 13 de mayo de 2012 
Comisariada por Esther Regueira. 

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09 septiembre 2010

Artistas cordobeses en El Puerto de las Artes

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Redacción / Ars Operandi

Durante estos días, la ciudad de Huelva celebra la 7ª edición del Puerto de las Artes, un ciclo multidisciplinar que aúna exposiciones, intervenciones urbanas y programas formativos relacionados con la nueva cultura visual y sus discursos, que ocupan simultáneamente distintos espacios expositivos y culturales de la ciudad haciendo uso de la diversidad de soportes expresivos actuales. Entre la nómina de artistas participantes en esta edición figuran los cordobeses Rafael Agredano, Miguel Ángel Moreno Carretero, Verónica Ruth Frías, Felipe Gutierrez y Tete Álvarez.

Del 10 de septiembre al 3 de octubre la creación colectiva tomará la Sala Hotel París de la Diputación de Huelva con El hombre sin alternativa, muestra comisariada por Laboratoriodelasartes, un tándem formado por Iván de la Torre y Juan Ramón Rodríguez Mateo, con las obras de artistas andaluces o afincados en Andalucía que girarán en torno a los conceptos de destrucción y conservación del entorno y la realidad en el arte contemporáneo. Entre los artistas seleccionados se encuentran Rafael Agredano, Dionisio González, Jorge Yeregui, Rubén Guerrero, Jacobo Castellano, Karmelo Bermejo, Tete Álvarez, Javier Calleja, María Caro, Jacobo Castellano, Manuel Antonio Domínguez, Lola Guerrera, José Guerrero, Felipe Gutiérrez, Regina De Miguel, Aurora Perea, Antonio Sosa y Áxel Void.

Por otra parte, en la Sala Siglo XXI, gestionada por la Diputación en el Museo de Huelva, y también desde el 10 de septiembre y hasta el 3 de octubre, se ofrece una muestra que aborda el panorama de la práctica creativa vídeo’dj y multimedia conocida en nuestro país como Vjing. Programado en colaboración con Hamaca media & video art, en esta exposición participan artistas como Mia Makela, Delacrew o Zemos 98.

La intervención urbana irá de la mano de una nueva edición de Calle Concepto, una propuesta que el 17 de septiembre reunirá instalaciones, acciones y performances en la calle Concepción y la Plaza de las Monjas, todo ello con una especial participación de artistas y colectivos onubenses y andaluces entre los que se cuentan Manuel Moreno Carretero, Pedro Delgado, Colectivo Paco Pérez, Atlántida Welcome, Pilar Lozano, Colectivo Chichimeca, Verónica Ruth Frías, Salva Walls, Sinfonía 21, Standard Plantz, Música Fundamental o Ploc.

Finalmente, del 27 al 30 de septiembre, tendrá lugar el taller de creación Coge el móvil y corre a cargo de la vídeo-artista sevillana María Cañas. Una propuesta que parte de la reflexión sobre la democratización de los soportes de difusión audiovisual y las nuevas redes para defender la actual noción de videoarte, capaz de comunicar hasta límites y públicos insospechados. El taller se celebrará en la Escuela de Arte León Ortega de la capital onubense y estará abierto a la participación a todos los que quieran experimentar con la creación audiovisual a través de un soporte tan novedoso como el teléfono móvil.
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23 abril 2009

21 años después de la revista Figura


José Álvarez / Ars Operandi

Paco Lara-Barranco (Torredonjimeno, 1964), artista y profesor Titular en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, es el autor de 21 años después de la revista Figura, “un testimonio de lo que fue el espíritu de una época, tomando como argumento el estudio de la revista Figura, por su gran contribución a la difusión del arte de vanguardia”, en palabras del autor, quien repasa el arte contemporáneo andaluz a través del análisis de Figura y su entorno.

El estudio por parte de Paco Lara-Barranco de la revista Figura parte de su tesis doctoral (1993), donde investigó sobre la estética de la posmodernidad en Sevilla a partir de Figura. Años después retoma el proyecto con la idea de publicar lo más destacado de la tesis junto con entrevistas realizadas a sus protagonistas en los años 90, concretándose en el presente libro, que aparece dentro del proyecto Iniciarte.

Figura (primavera 1983 – octubre 1988), surgió en principio como una revista de alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, cuyo inicial carácter local fue eliminado por el consejo de redacción que se hizo cargo de la revista, y cuyo factótum fue Guillermo Paneque (Sevilla, 1963). Rafael Agredano (Córdoba, 1955) fue invitado a formar parte del consejo y aportó para el número 0 el texto referencial de la revista Figura y por extensión de la posmodernidad sevillana, Titanlux y moralidad, de donde se entresaca una de las citas más repetidas para referirse a este periodo, escrita como declaración de intenciones: “Quien quiera pintar como De Kooning que lo haga y el que quiera pintarle claveles a la morena de mi copla que se los pinte, pero por favor, no molesten con estúpidas ironías a los que están en su sitio, es decir, pintando como exigen los tiempos que corren y de acuerdo con su generación. Y otro favor: no seáis tan aburridos, tan serios, tan intrascendentemente trascendentes, tan moralistas, tan soberbios. La pintura tiene menos importancia de la que se le da (…) un cuadro, al fin y al cabo, sólo es un objeto decorativo que sirve para ponerse sobre un sofá y ser olvidado con el tiempo”.

Figura, desde su inicio, tuvo repercusión en los ámbitos artísticos nacionales e internacionales. Partiendo de Sevilla, la revista fue creciendo a través de contactos en España, Portugal, Francia (donde se unió al proyecto Pepe Espaliú), Alemania (donde lo hizo José Lebrero), Italia y EE. UU., algo que permitió a Figura la presencia fuera de nuestras fronteras, un momento previo a Internet en el que la difusión de la revista debía realizarse por medios tradicionales, con la presencia física de ejemplares de la revista en estos lugares.


Las colaboraciones con Figura fueron aumentando; las portadas fueron obra de Luis Gordillo, Pérez Villalta, Miquel Barceló, José Mª Sicilia, Chema Cobo, Navarro Baldeweg y otros, mientras que los textos eran firmados con nombres como José Luis Brea, Juan Manuel Bonet, Juan Vicente Aliaga, Calvo Serraller, Mar Villaespesa, o Kevin Power. Los artistas también participaron, encontrando en la relación de nombres a Pepe Espaliú, José Mª Báez, Gerardo Delgado o Juan Muñoz entre otros. A partir de octubre de 1983, la revista aparece bajo el título Figura Internacional como cuadernillo interior de Sur-Exprés, despareciendo en la tercera entrega.

Mediante las entrevistas, articuladas en torno a preguntas sobre el surgimiento de Figura, el artista y su obra, el espectador, y la situación del arte contemporáneo en España, Paco Lara-Barranco nos muestra un detallado examen de las circunstancias del momento a través de las distintas opiniones de los protagonistas. Desde las negacionistas como la del artista y comisario Paco Molina - “Figura no existía” - hasta las que aluden al carácter rompedor de la publicación. En diversas ocasiones se ha hablado de que la revista fue un vehículo de promoción de sus autores; Lara-Barranco incluye en el libro un artículo de Paneque al respecto donde anima a los que lo censuran “a que funden su propia revista”, titulado “Ni tengo memoria ni falta que me hace”, algo que deja clara su poca propensión a la nostalgia. Para Kevin Power, la desaparición de la revista fue debido a que “Guillermo (Paneque) no podía cumplir más con sus dos papeles, el de artista y el de director de la revista”, a la vez que reivindica su obra: “En la hiper-confusión de los 80 subió con demasiada velocidad y cayó en desgracia con la misma falta de seriedad, muchas veces a través de los mismos críticos que le habían apoyado”.

Lara-Barranco concluye su examen al panorama artístico de los ochenta con una serie de concisos análisis a los artistas, las galerías de arte, la crítica artística, las instituciones… y deja clara su personal posición respecto al arte contemporáneo, cuando escribe: “El arte contemporáneo no es sólo una actividad para los entendidos que asisten a los grandes museos; también tiene una repercusión social, colectiva, aunque pare ello se requiere de una predisposición individual (…) Las deficiencias del pasado (de las que Figura se hizo eco) corresponde mejorarlas a todos los agentes, responsables de la construcción de un tejido cultural, mejorarlas de un modo objetivo y cualitativo desde la institución pública y privada, el sector privado de galerías de arte, la crítica de arte, los medios de comunicación y el sector educativo, arrancando en Primaria hasta llegar a la Universidad (…) Sin duda porque lo más destacado nunca será lo que se ha hecho, sino todo lo que queda por hacer”.

Paco Lara-Barranco
21 años después de la revista Figura
Prólogo de Ángel Luis Pérez Villén
Edita Fundación Cajasol, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
Sevilla, 2008
ISBN 978-84-8455-284-0

372 págs.


Entrevistas a los artistas Rafael Agredano, Chema Cobo, Gerardo Delgado, Angustias García + Isaías Griñolo, Curro González, Federico Guzmán, Juan Francisco Isidro, Abraham Lacalle, Juan Carlos Lázaro, Paco Molina, Pedro Mora, Guillermo Paneque, Juan Suárez e Ignacio Tovar; a los críticos José Luis Brea, José Antonio Chacón, Manuel Lorente y Kevin Power; a los galeristas Juana de Aizpuru, Carmen Carmona, Rafael Ortiz y Fernando Serrano; a los profesores de Universidad Juan Carlos Arañó Gisbert, Jaime Gil Arévalo, Fernando Martín Martín y Alfonso Pleguezuelo y una conversación con Bartolomé Ruiz González, Director General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía en los años 80.