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04 febrero 2016

Imágenes del pensamiento

Obras de Juan del Junco y Candida Höfer. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

La Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, recogiendo la labor de mecenazgo artístico de la Diputación Provincial de Córdoba, ha ido atesorando en las últimas décadas una colección de obras en las que la fotografía adquiere un protagonismo especial. Una parte de estos fondos se reúnen desde hoy en el Centro de Arte Rafael Botí, que inicia así su programación, bajo el título de Imágenes del pensamiento. Comisariada por Óscar Fernández, la muestra recoge fotografías adquiridas fundamentalmente de las ocho bienales convocadas durante los últimos años, así como obras procedentes del proyecto Córdoba, Retrato de una ciudad, un encargo realizado en el 2004 a artistas como Bleda y Rosa, Humberto Rivas o Pablo Genovés y del Premio Pilar Citoler como en el caso de la obra de Félix Curto. A través de Imágenes del pensamiento es posible rastrear el devenir de la fotografía contemporánea española en estos últimos quince años en un recorrido en el que encontramos obras de Ángeles Agrela, Bleda y Rosa, Juan Carlos Bracho, Félix Curto, Candida Höfer, Juan del Junco, Diana Larrea, Juan Carlos Martínez,  Mario Muchnik, Santiago Navarro (Aaron Lloyd), Diego Opazo, Carlos Pérez Siquier, Rax Rinnekangas y Humberto Rivas y en el que es notable la presencia de artistas cordobeses como Tete Álvarez, Manuel Bautista, Miguel Ángel Moreno Carretero y Manuel Muñoz.

Obras de Diego Opazo y Tete Álvarez. Foto: Ars Operandi
La selección de fondos revela las diversas maneras de acercarse al hecho fotográfico con una serie de obras que aunque en lo formal resultan muy diversas, en lo conceptual "hay determinadas líneas compartidas que tienen que ver con un replanteamiento de qué significa ser fotógrafo, de la mirada subjetiva, personal y contemplativa del que realiza la instantánea”. En su reflexión sobre la imagen en la modernidad, el comisario de la muestra indica que es "ante todo, un encuentro ante sí misma que se vehicula o no a través de lo que todos conocemos como la realidad. Incluso la fotografía, investigando de manera incesante los límites de su propio lenguaje, se ha empeñado en asumir esta consigna. En una deriva que arremete contra la que parecía ser su propia naturaleza, que no es otra que dejar huella objetiva del mundo. Incidir en esta paradoja, de la que ha resultado buena parte de la producción artística más interesante de las últimas décadas, bien podría dar sentido a la revisión de la colección de fotografía de la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí que ahora presentamos. Este recorrido accidental se propone, pues, indagar en esa condición autorreflexiva y, por tanto, conceptual de la fotografía contemporánea, a través de algunos de los autores que conforman la colección".

Obras de Manolo Bautista y Juan Carlos Bracho. Foto: Ars Operandi
La fotografía se ha convertido en un instrumento de comunicación y se ha incorporado a nuestra vida de un modo tal que vivimos, literalmente, "asediados por ella". Convivimos con las imágenes de un modo tan intenso y natural, asegura Fernández que, "de hecho, nos hemos despreocupado por ellas, dejando de interesarnos por qué hacen allí, cómo han llegado a ser nuestras compañeras de viaje y, lo que es más importante, cuáles son las implicaciones de esta coexistencia. En este sentido, el trabajo clásico de Gisèle Freund La fotografía como documento social, es una herramienta clave para nuestra reflexión. Ya que en esta historia de la fotografía su autora nos ofrece algunas respuestas y claves para entender cómo hemos llegado a esta hegemonía de lo fotográfico".

Obras de Manuel Muñoz. Foto: Ars Operandi
Para Óscar Fernández no se puede unificar el estatuto de la fotografía sólo por el hecho de que reproduzca una técnica concreta de captación de imágenes. "Tampoco se puede reducir su definición al contexto en que nace. Queremos decir con ello que no es posible explicar la fotografía como un invento de la modernidad que en su siglo largo de vida haya permanecido inmutable. Muy al contrario, la fotografía abarca infinidad de campos de acción, que van del periodismo a la moda, del documentalismo al arte. De igual modo, su definición y consideración cultural han variado notablemente en cada uno de los períodos históricos que le ha tocado presenciar y testimoniar".

Obras de Miguel Ángel Moreno Carretero. Foto: Ars Operandi
Un concepto de lo fotográfico que "no tiene nada que ver con la fotografía de hace apenas cincuenta años". Pese a que existe una tradición experimental muy fuerte en el campo fotográfico, explica el comisario "podemos decir que no ha sido sino a partir de la década de 1970 que el medio se ha refundado en unos términos tan expansivos que casi han hecho saltar en pedazos los viejos conceptos de referencia en los que hasta entonces se sustentaba su análisis. Este cambio de paradigma, que en ocasiones ha sido descrito como la irrupción en la era de la post-fotografía, parte de una serie de fracturas del modelo anterior que han acabado por erosionarlo definitivamente. Algunas de ellas, como la crisis del autor como un ojo privilegiado, el cuestionamiento de la fidelidad documental de la imagen, la asimilación de lo fotográfico al mundo del arte o la irrupción del tiempo y lo procedimental en la obra fotográfica, son revisadas en esta muestra colectiva. Una exposición que demuestra, una vez más, la tesis de Freund: la fotografía es un todo acéfalo y efervescente, plural y reflexivo, armado para cuestionar incluso su propia naturaleza".


Imágenes del pensamiento
Comisario: Óscar Fernández
Centro de Arte Contemporáneo Rafael Botí
Hasta el 27 de marzo de 2016


24 enero 2016

Un nuevo comienzo en el Centro Pepe Espaliú

Vista del patio central del Centro de Arte Pepe Espaliú con los Santos y los Glovemaking. Foto: Ars Operandi
Tete Álvarez / Ars Operandi

El Centro de Arte Pepe Espaliú anuncia una nueva andadura que pretende reivindicar la figura y la obra de Espaliú como nodo de encuentro desde el que abordar las problemáticas e inquietudes sociales, filosóficas y artísticas que movieron al artista cordobés. Cuestiones como la dimensión social de la enfermedad, el análisis de los mecanismos de ocultación y de identidad que gobiernan el cuerpo, el sexo, la psicología, la crítica social, y hasta una cierta espiritualidad fruto de su fervor por San Juan de la Cruz y el teólogo persa y poeta sufí Molâmâ Rumi, constituyen un extenso campo de pensamiento sobre el que desarrollar conexiones con agentes artísticos y sociales que trabajan en la misma dirección y sentido. Además, el Centro propone una relectura y contextualización de las obras que habitualmente alberga actualizada con la incorporación de nuevas piezas que permiten profundizar en el conocimiento de la obra del artista. La vertiente didáctica también se refuerza con la edición de una guía  y la puesta en marcha de una web que recogerá tanto las obras y la documentación de la colección como las referencias de la biblioteca personal de Pepe Espaliú que estuvo 21 años en Arteleku y desde 2014 se encuentra depositada en el Centro. 

Esculturas en bronce de la colección de la galería Arte21. Foto: Ars Operandi
En Pepe Espaliú 1975-1993, el Centro ha contado con la colaboración de familiares, amigos y coleccionistas como Pepe Cobo, albacea y galerista de Espaliú. El impulsor de La Máquina Española ha cedido para la muestra manuscritos y catálogos del artista cordobés y ha anunciado la celebración a finales de año de una exposición de Pepe Espaliú en el IVAM que será comisariada por dos profundos conocedores de su obra como son el actual director del museo valenciano, José Miguel Cortes, y el comisario de arte, Juan Vicente Aliaga. Por su parte, Arte21, la galería cordobesa que posee en sus fondos varias obras de Espaliú, ha cedido para la exposición dos esculturas de bronce de 1989, dos máscaras del 88, un dibujo a lápiz del 93 y dos obras de la serie Pas de Masque fechadas en 1988. La familia del artista, otro importante apoyo en la labor del Centro, ha cedido una obra muy emblemática como es el poema objeto de Joan Brossa que sirvió de portada del catálogo de la exposición del artista catalán que Espaliú comisarió para La Máquina Española. 

Dos obras de la serie Pas de Masque de 1988. Foto: Ars Operandi
El coordinador del Centro de Arte Pepe Espaliú, Oscar Fernández, ha señalado a Ars Operandi que el nuevo recorrido "sigue, de partida, una secuencia cronológica pero fundamentalmente se construye sobre determinados hitos, ya sean históricos, conceptuales o biográficos, que marcan las líneas del trabajo de Pepe y que se entienden como un todo indivisible. Se trata de hacer una visión global y a la vez parcial (pues se podrían haber escogido otros hitos) a partir de momentos o ideas clave: el conceptual en Barcelona, Figura, la exposición en Carles Taché con Paneque, Brossa, la identidad, el Sida, la escritura, el arte público,... En torno a ello se crean pequeños capítulos que nos ayudan a leer las obras de cada momento. El objetivo es acompañar al visitante de un modo didáctico pero no intrusivo, pues son las obras las que han de hablar o callar". Sobre la necesidad de conectar el centro con la comunidad indica que "es tan deseable como compleja. Es necesario iniciar una reflexión en ese sentido. La idea, después de reordenar el Centro, es iniciar este proceso de apertura. El fin esta claro, las herramientas y el procedimiento es lo que tenemos que construir a partir de ahora. De momento, ya se está trabajando en una web propia, que funcionará también como otro pequeño paso en ese camino hacia la ampliación de los límites del Centro".

Vista de la sala que alberga la serie de fotografías Última cena. Foto: Ars Operandi
El recorrido comienza en 1975 con un joven Espaliú que en Barcelona toma contacto con los nuevos comportamientos artísticos que se vienen desarrollando desde finales de los sesenta. De esta época datan una serie de obras que, "de un modo germinal, le acercan al arte de acción, a las prácticas conceptuales de figuras como Jan Dibbets y al espacio público, a través de performances y surveys fotográficos que transcurren por la ciudad condal". La primera mitad de los ochenta nos presenta a un Espaliú itinerante, que alterna residencias en Sevilla, Barcelona y París. "Un Espaliú transmutado en pintor que vive, como todo los artistas de su generación, un cierto agotamiento del arte conceptual". En 1984 comienza a colaborar con la revista Figura y desde Paris envía crónicas que dan buena cuenta del cambio de rumbo hacia la pintura figurativa que la publicación sevillana supo captar tan bien. Figura sirvió de catalizadora de una generación de artistas andaluces que encontraron su apoyo en la galería La Máquina Española. De la mano de Pepe Cobo, artistas como Agredano, Paneque, Federico Guzmán y el propio Espaliú, desarrollan sus proyectos como ideológos o comisarios adquiriendo una notable proyección tanto nacional como internacional.

En primer término dos obras de la serie Máscaras de la colección de Arte21. Foto: Ars Operandi

1987 fue un año determinante en el despegue definitivo de la carrera artística de Pepe Espaliú. Tras la primera individual en La Máquina Española presenta sus obras en ARCO y en las galerías Marga Paz y Barbara Farber de Amsterdam. Espaliú retoma, "además, una postura más reflexiva que tiende a complejizar su imaginario y a desarrollar con más ahínco los intereses filosóficos y literarios que siempre le acompañaron". El regreso a Barcelona en 1988 para exponer en la Carles Taché, junto a Guillermo Paneque, "representa la ruptura con la pintura como su lenguaje predilecto, pero también como portadora de valores plásticos esenciales". Su obra incorpora otros discursos relacionados con la homosexualidad, la ocultación o el secreto que materializa a través de metáforas visuales construidas con objetos sadomasoquistas como el guante o la máscara, que "funcionan esencialmente como reflejos de una identidad encubierta y extrema". A partir de este año Espaliú organiza una serie de exposiciones en La Máquina Española en las que aúna la labor de comisariado con la investigación artística personal. "A través de estos proyectos se descubren, en realidad, los intereses de Pepe Espaliú. Sobre todo en lo que se refiere a la figura de la maternidad, a través de Cristino de Vera, o del misterio entreverado, en Romero de Torres. De entre todos, quizá sea Joan Brossa el referente más esencial. Con él comparte Espaliú no solo la admiración por Dau al Set, que Brossa cofundó, sino también cuestiones más subterráneas como la magia o su idea de arte político".

Sala donde se proyecta el video documental de la acción Carrying. Foto: Ars Operandi

En 1990, durante una estancia en Nueva York, Pepe Espaliú es diagnosticado de SIDA. El padecimiento de la enfermedad marca notablemente su obra aunque, "hace tiempo que el artista en su condición de homosexual, se interpreta a sí mismo como segregado social. De esta manera, la enfermedad no hace sino agudizar esa sensación de desahuciado que le perseguía hace tiempo. Ello se traduce en la a parición de un trabajo más militante que supone una ruptura, en cuanto al enfoque y las referencias. Aparece aquí su iconografía sobre la enfermedad y los cuidados como las muletas y los palanquines. Pero, al tiempo, representa una comunidad integral con las obsesiones de su obra anterior. De esta manera, el SIDA se convierte en ruptura y colofón del fascinante periplo vital e intelectual de Pepe Espaliú, que se transforma en una figura de relevancia pública, casi mediática, sin perder un ápice de su hiriente poética".


Pepe Espaliú 1975-1993
Centro de Arte Pepe Espaliú
Comisario: Óscar Fernández

05 noviembre 2015

Ars Operandi en "A secas", jornadas de arte actual en el CAAC

El Secadero del CAAC, sede de las jornadas A secas.
Redacción / Ars Operandi

El antiguo secadero de la fábrica de cerámica del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo se convierte en estos días en un lugar de encuentro, de conocimiento y de debate sobre arte actual en Andalucía. Las jornadas, dirigidas a artistas nacidos a partir de 1980, se presentan como la antesala de la exposición ¿Qué sienten, qué piensan, los artistas andaluces de ahora? que se podrá contemplar en el CAAC en la temporada de 2016. A secas. Artistas andaluces de ahora plantea diversas formas pensadas para "conocer y dar a conocer" además de aportar a los asistentes herramientas que puedan servirles de utilidad en el desarrollo de su actividad artística. Talleres, conferencias, entrevistas con profesionales y espacio de encuentro de proyectos de arte contemporáneo en Andalucía conforman un programa al que han sido invitados a realizar presentaciones públicas de sus trabajos 12 artistas andaluces seleccionados mediante convocatoria abierta. Alegría y Piñero, Javier Artero, Ana Barriga, María Dávila, Gonzalo Fuentes, Fuentesal & Arenillas, Lola Guerrera, Claudia Ihrek, Consol Llupia, Antonio Montalvo, Mercedes Pimiento, José Luis Valverde y Hadaly Villasclaras han sido los artistas seleccionados en una convocatoria a la que concurrieron 92 artistas. La comisión de valoración de proyectos ha estado integrada por los galeristas Carolina Alarcón y Javier Marín, la crítica y comisaria de arte Regina Pérez Castillo, la periodista Charo Ramos y una representación de la Unión de Artistas Visuales de Andalucía, UAVA, formada por los artistas Celia Macías y Carlos Miranda.

Dos talleres, Deberías conocerlos ¿Quién es quien? impartido por Sema D’Acosta y Cosas que se deberían saber y no se enseñan a cargo Luisa Espino abordarán aspectos relacionados con la producción, promoción y exhibición, las buenas prácticas en las relaciones artísticas y el conocimiento de aquellos actores más destacados del sistema del arte. Las prospecciones e investigaciones realizadas sobre la producción artística andaluza más reciente vendrán de la mano de cuatro críticos y comisarios de arte que desarrollan su trabajo en Andalucía. Ivan de la Torre repasará la diáspora de artistas andaluces fuera de Andalucía, Juan Francisco Rueda versará sobre memoria, vínculos e identidades, Luisa Espino tratará el asunto de los centros y las periferias y nuestro compañero en Ars Operandi, Óscar Fernández, disertará sobre Sin centro. Una travesía por la periferia del arte, algunas reflexiones sobre el momento actual del arte enhebradas a partir del diagnóstico de Juan De Nieves: "Quizá el arte ya haya pontificado suficiente y, en realidad, todo esté ocurriendo en otra parte”. Nuestra publicación participa con uno de sus editores, Tete Álvarez, en un mesa redonda que reunirá a las principales experiencias que se están llevando a cabo en Andalucía en el ámbito de las revistas, webs y plataformas  digitales de arte contemporáneo y en la que estaremos acompañados por los compañeros de Presente Continuo, El Lápiz Colorao y El Respirador. Los espacios y proyectos autogestionados que florecen en Andalucía tendrán cabida en la mesa que congregará a Mariana Hormaechea, Rubén Barroso y  a responsables de Scarpia, Línea de Costa y Santaella Contemporánea. Completan las jornadas una serie de entrevistas breves y encuentros que mantendrán los artistas participantes con profesionales del sector como Cristina Anglada, Javier Díaz Guardiola, Javier Duero, Javier Martín-Jiménez y Virginia Torrent.

02 octubre 2015

Proyecto para un texto

Ejemplar de Un coup de dés jamais n'abolira le hasard, el poema de Mallarmé. Foto: G. Gómez


Óscar Fernández López / Ars Operandi


Siento que he llegado... a agotar los poemas que son sobre algo,
y quiero hacer poemas que simplemente son...
Ian Hamilton Finlay

La poesía dispone. El arte es disposición.
Jean-Luc Nancy

La exposición Proyecto para un texto arranca con uno de los hitos fundacionales de nuestra eurocéntrica modernidad, el poema de Stéphane Mallarmé Un Coup de Dés Jamais N'Abolira Le Hasard (Una tirada de dados jamás abolirá el azar). Aparecida primero en prensa, en 1897, y luego como libro en 1914, esta obra consagró, ya sin ningún velo, la total conquista de la página escrita, incluso del espacio en blanco entre versos, para el poema. La página es tomada como unidad, explicaba Mallarmé en el prefacio a su poema, dando lugar a una nueva forma de pensar el poema, y la escritura, como un ente material. A partir de entonces el poema ha dejado de pertenecer sólo al reino de lo evocador o lo imaginario, para presentarse como una presencia autónoma que se ofrece ante nosotros como una imagen también. Ahora la visualidad del poema dirige nuestra mirada, incluso nuestra respiración, mediante el uso de recursos gráficos, entre ellos el espacio en blanco que nos “desveló” Mallarmé.

Un viaje al Mar del Norte, 1973-74. Marcel Broodthaers. Edición de libro y película 16 mm. Foto: Ars Operandi
A pesar de convertirse en uno de esos gestos de ruptura tan enfatizados por la historia de la vanguardia cultural, uno no deja de leer el salto al vacío de Mallarmé como algo más natural, no tan rupturista. En el citado prefacio, el poeta francés ponderaba ya esta naturalidad cuando, al justificar por qué los “trozos” escritos apenas disponen de un tercio del total de la hoja, afirmaba: “no transgredo esa medida, sólo la disperso”. Indicando, así, que el poema, siendo rompedor, no hace otra cosa que subrayar la condición objetual del libro, así como el carácter vivo del lenguaje y la escritura. Algo que se sabía desde antiguo. La tradición de los caligramas, anagramas o emblemas barrocos, ayudan desde luego a entender esto que en el siglo XIX era bien sabido. Basta con asomarse a la famosa historia del alfabeto publicada por Isaac Taylor en 1883 para comprender que, además de las condiciones históricas, fueron las herramientas y soportes técnicos los que decantaron la forma de nuestro alfabeto. De modo que Mallarmé tenía razón: si sabíamos que los materiales de escritura utilizados definieron la forma de nuestras letras, era “natural” entender que la materialidad de la escritura, su dimensión gráfica, definiría en algún momento nuestra relación con el texto.

Vivir en los pronombres, 1993. Rogelio López Cuenca. Videoinstalación. Foto: Ars Operandi
Sin contradecir lo anterior, sí ha de reconocerse que Un coup de dés… muestra un rasgo de rabiosa modernidad en el carácter dialéctico que atesora. De hecho, la modernidad se podría definir, con Adorno, como un territorio lleno de fuerzas equivalentes en constante colisión. Es justo en esta insana dualidad donde habita el poema de Mallarmé: ya que, avanzando hacia la feliz expansión de lo literario, por la vía de la conquista de la materialidad del lenguaje, éste se tuvo que encerrar cada vez más en sí mismo perdiendo capacidad de comunicación. De manera que cuanto más se acerca el poema a la imagen, a lo visual, menos capacidad tiene de hablar. Décadas después, Herbert Marcuse apostillaría: “las verdaderas obras literarias de vanguardia comunican la ruptura con la comunicación”, en clara alusión a este conflicto que atraviesa de manera despiadada los siglos XX y XXI.

Obras de Ian Hamilton Finley en Proyecto para un texto. Foto: Ars Operandi
Proyecto para un texto pretende recuperar el espíritu de Un coup de dés… precisamente por su radical naturaleza dialéctica, por su existencia en medio de una constante zozobra. Pura modernidad. Y es que ofrece una imagen del proceso creativo mucho más ajustada, y actual, que otros relatos dominantes. También una más sombría, y menos optimista, claro. Frente a la visión hegemónica de la cultura moderna, que se regocijaba en el luminoso y heroico retrato que había escrito para sí misma, basado en la idea de progreso que explicaba los avances estéticos como un suceder ordenado y clarificador de conquistas técnicas, nació un reverso opaco, formado por Mallarmé y otras conciencias de su tiempo como Benjamin o Simmel. Mientras la conquista de la pureza del arte triunfaba, en una secuencia de avances inapelables, hacia la depuración total de cada uno de los lenguajes artísticos, hasta sintetizar la sustancia última de cada uno de ellos, Un coup de dés… era una fuerza antagónica que prometía una mezcla inadvertida e incómoda de lenguajes.

Libro de memoria, 1998-2015. Instalación de Rafael Quintero. Foto: Ars Operandi
Esta exposición se reconoce, asimismo, en la figura de Marcel Broodthaers, de hecho toma su título de una obra del artista belga. A pesar de pasarse la vida enterrado en letras -o quizá justo por eso- éste, como Roland Barthes, desconfiaba de la escritura. La encontraba insuficiente, frustrante, y además no le daba de comer. Razones todas ellas que encaminaron sus pasos hacia las artes visuales, donde encontraría el reconocimiento que no disfrutó como poeta, años atrás. Pese a ello, el artista belga no desertó de la escritura al cambiarse de bando. Todo lo contrario, la introdujo con más fuerza que nunca en el mundo del arte. Sí desistió, sin embargo, del empeño en fusionar los dos mundos. Aquí su conclusión fue meridiana: los artistas y los poetas ni se mezclan ni se entienden. De modo que todo intento de fundir ambos mundos o bien es una impostura o bien es un gesto de dominio/apropiación de los unos frente a los otros, según el caso.

Poem for L.A., 1975. Chris Burden. Anuncio para TV. Foto: Ars Operandi
De hecho, es sobre la certeza de Broodthaers que se aposenta también el discurso de esta exposición: las artes visuales y la literatura, salvo excepciones, tienen una relación infértil y, sobre todo, asimétrica. Unos se roban a otros constantemente, pero salvo aislados milagros alquímicos, la permeabilidad no es tan feliz ni productiva entre ambos. De modo que, para no incurrir en el tópico ecuménico, en una suerte de intertextualidad cool posmoderna, les proponemos aquí una selección de piezas artísticas no-literarias, por más que muchas de ellas tomen la palabra o la escritura como medio, soporte o inspiración. Dado que, de nuevo siguiendo a Barthes o Blanchot, una cosa es el acto de la escritura y otra bien distinta la construcción de un espacio literario, proponemos una serie de obras en las que la escritura fluye, pero lo literario no ejerce su dominio.

Sólo cabe desear que el espectador entienda que este empeño inútil por mantener cada cosa en su sitio, a sabiendas de que resulta a todas luces melancólico y algo desfasado, parece ser el único modo posible de avanzar en la especificidad diferencial de cada medio, de que hablaba Rosalynd Krauss. Y, sobre todo, que entienda que esta huida de la indiferencia y del intermedia no es otra cosa que una forma de resistencia.


N. del E. Proyecto para un texto incluye obras de John Baldessari, Jérémie Bennequin, Marcel Broodthaers, Chris Burden, Jan Dibbets, Dénes Farkas, Ian Hamilton Finlay, Rogelio López Cuenca, Stéphane Mallarmé, Michalis Pichler y Rafael Quintero


Proyecto para un texto 
Comisario: Óscar Fernández López
Centro de Arte Pepe Espaliú 
Del 2 de octubre al 6 de diciembre 2015
Organiza: Ayuntamiento de Córdoba, con motivo de Cosmopoética 2015. Colabora: Vimcorsa




01 septiembre 2015

Apuntes para un nuevo curso

Sin título ,1957. Lienzo sobre tabla de Equipo 57 en Córdoba Luciente. Colección Diputación de Córdoba
Tete Álvarez /Ars Operandi

Pocas novedades depara de momento este nuevo curso que viene marcado por los cambios recientes en las instituciones públicas. Un cambio de signo que aún no se ha trasladado a la agenda cultural de la ciudad provocando una cierta sensación de impasse. Así las cosas, una de las escasas iniciativas que desde el plano institucional se vislumbra es la presentación de Córdoba Luciente, la exposición que reúne una parte de los fondos artísticos de fundaciones y museos cordobeses que se pudo contemplar en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. La muestra ofrece una selección de trabajos realizados por artistas cordobeses de diversas épocas además de obras de artistas no vinculados a la ciudad fruto del mecenazgo institucional o como parte de colecciones cordobesas. Cordoba Luciente compartirá espacio en la sala Vimcorsa y el recién inaugurado Centro de Arte Rafael Botí. Quedan en el aire dos exposiciones que llegaron a tener fecha y lugar de inauguración y que surgieron como reciprocidad a la exposición bilbaína. La exposición De Goya a Gauguin y otra de artistas vascos en los fondos del Museo de Bilbao desaparecieron de la agenda sin que nadie ofreciera explicación alguna. La muestra de artistas vascos iba a ser expuesta en el Centro de Arte Rafael Botí pero la pésima adecuación de edificio impide que pueda albergar obras de gran formato.

Aspecto inaugural del Centro de Arte Rafael Botí. Foto: Ars Operandi
Con esta importante tara nace el controvertido Centro de Arte Rafael Botí, una institución inaugurada en los estertores del gobierno popular de la Diputación que arrancó entre pronunciados cuestionamientos e incógnitas en su funcionamiento. Éste sin duda será uno de los grandes entuertos que habrá de desfacer la nueva diputada de Cultura y presidenta de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. Reconducir desde las buenas prácticas y la participación del sector del arte una institución muy degradada por el paso del gobierno anterior se antoja como la principal tarea de la nueva corporación. Estos mismas propuestas son las que las organizaciones del sector continúan reclamando para el Espacio Andaluz de Creación Contemporánea. El relevo al frente de la Consejería de Cultura trae el anuncio de un borrón y cuenta nueva por parte del gobierno andaluz. El fracaso de las políticas dirigistas y carentes de rumbo de los anteriores gabinetes atestigua la necesidad de encontrar una salida consensuada a esa patata caliente en la que parece haberse convertido el anteriormente conocido como C4. Por su parte, en la sede de Orive no se esperan grandes cambios. Y es que desde hace ya demasiado tiempo las políticas culturales se repiten por inercia independientemente del grupo político que detente la concejalía de Cultura del Ayuntamiento. La esperanzas de que alguien como David Luque, con acreditado conocimiento de causa, pudiera estar al frente de Cultura se desvanecieron en virtud de la aritmética de los pactos. Sobre la mesa de la nueva concejala las propuestas del sector del arte contemporáneo que presentaron a los partidos en las pasadas elecciones municipales y en las que reclaman entre otras fórmulas de participación de los agentes culturales la creación de un Consejo Municipal de la Cultura.

Marcel Broodthaers. Un Voyage en Mer du Nord. Edición alemana de libro y film 16 mm.. 1973 - 74. Colección particular
Uno de los pocos ejemplos de gestión independiente y profesionalizada en proyectos culturales municipales es Cosmopoética. Una edición más, su programación incluye propuestas en las que confluyen la poesía y el arte contemporáneo. En esta ocasión Oscar Fernández lanzará los dados de Mallarmé en los espacios del Centro Pepe Espaliú para componer Proyecto para un texto, una propuesta de artistas interesados en reflejar la naturaleza material, tangible, del poema. Nombres tan reseñables como John Baldessari, Marcel Broodthaers, Chris Burden, Jan Dibbets, Dénes Farkas, Ian Hamilton Finlay, Rogelio López Cuenca, Michalis Pichler junto al cordobés Rafael Quintero firman piezas no-literarias que, paradójicamente, toman la escritura como medio, soporte o inspiración. Otros citas de interés en la agenda institucional de este comienzo de temporada son las exposiciones del artista cordobés José Jurado, que llevará a la sala Iniciarte su proyecto fotográfico Resaca Nacional y de Andrés Rábago El Roto que mostrará en las Galerías del Cardenal Salazar una selección de los dibujos que lo han llevado a convertirse en la principal referencia actual del humor gráfico español.

Aspecto de Wild Things con obras de June Crespo, Patrick Hough, Anna Franceschini en The Green Parrot. Foto: TGP
La escena independiente de la ciudad cuenta desde este verano con un anhelado proyecto que ha permitido recuperar un edificio público en desuso para reconvertirlo en espacio de trabajo para la industria creativa y cultural. MODO, el proyecto de ZUM y Colaborativa, ha abierto sus puertas en La Pérgola con una programación que hasta ahora ha incluido un Summer Market, un ciclo de películas y documentales de dominio público, Cine-Libre en el jardín, y las sesiones Proyecciones en la buhardilla, un proyecto en colaboración con otro de los espacios independientes de la ciudad, El Arsenal. En el capítulo de bajas reseñar el cierre del espacio de BlowUp en el Huerto de San Pedro. El antiguo almacén de sacos albergó en sus salas una nutrida programación sobre fotografía contemporánea, actividad que aseguran continuará aunque sin un espacio físico habitual. Por su parte, en CoMbo, tras el interesante encuentro Jaque a la institución que han llevado a los cursos de verano de la UNIA preparan ya el inicio de temporada que tendrá lugar este próximo viernes con Ensayo para una exposición, una muestra de artistas residentes en La Fragua de la que forman parte la holandesa Lisa Marie-Vlietstra, la sudafricana Katherine de Villiers, el estadounidense Christopher Squier, la francesa Erica Roux y la polaca Olga Micinska. Ya en octubre contarán con la presencia del artista sueco Tobías Sjoberg quien dará paso a la flamante ganadora de la Beca UCO-La Fragua de fotografía, Ira Lombardía, para finalizar el año con un proyecto de la mano de The Green Parrot, el espacio independiente radicado en Barcelona.

Repentirs Impossibles: pour se corriger, il faut ajouter. 1991.
Acrílico, collage y tercipelo sobre papel entelado de José María Baez
Los artistas cordobeses ultiman también el comienzo de la temporada artística. Abrirá fuego este mismo miércoles Beatriz Sánchez que presenta en la Sala Siglo XXI de Huelva los trabajos realizados a partir de la concesión de la Beca Vázquez Díaz. Bazar milagro es un compendio de ese imaginario tan personal de la artista compuesto por objetos (vestuario, escenografías, fotogramas…), momentos (gif animados, performance, video experimental, dibujos, fotomontajes) e inmersiones en el ciberespacio (cibertutoriales, fake, desdoblamiento de personalidad...). La siguiente cita será en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo donde el próximo día 10 se presentará la donación que ha realizado a los fondos del centro el artista José María Baez. Se trata de una selección de siete obras de distintas etapas que incluye trabajos sobre papel de los ochenta como los que se vieron en Sucio y limpio, la pinturas de textos que caracterizan su obra de los noventa y el políptico Heridos, infectados que se pudo contemplar en la sala Vimcorsa en La enfermedad, la muerte. Reflejos y visiones en el arte cordobés. También el día 10 comienza la tercera edición de la feria internacional de arte contemporáneo, Summa Contemporary. La única representación andaluza es un año más la galería sevillana Rafael Ortiz que acude a Matadero con obras de Equipo 57 y Dorothea Von Elbe. En la Fundación Giorgio Cini de Venecia Miguel Gómez Losada participa en la colectiva Spain Identity / Modernity, un proyecto de la colección Luciano Benetton que ya arribó al CAC Málaga en el que 216 artistas españoles intervienen en un lienzo de pequeño formato.

Collages de Jacinto Lara en Art Jaén. Foto: Cortesía Galería La hormiga
Doble cita la de Fernando M. Romero. Por un lado formando parte de Gramática y bricolaje, una exposición comisariada por Sema D'Acosta para la galería marbellí Yusto Giner que incluye nombres fundamentales de la pintura del sur de España como Miki Leal, Patricio Cabrera, Ángeles Agrela, Sonia Navarro o FOD. Por otro, a finales de septiembre, el artista cordobés comparece en la Feria de Arte de Madrid Estampa 2015 de la mano de la galería santanderina Siboney donde mostrará trabajos pictóricos recientes. Fernando Baena, en su doble faceta de artista e investigador, prepara en estos días en Cuenca (Ecuador) la primera edición Festival de Arte de acción de Cuenca. El programa incluye performances de artistas como Santiago Sierra e Isidoro Valcárcel Medina además de actividades relacionadas como charlas, exposiciones, presentaciones, proyecciones y talleres que se desarrollarán en diferentes espacios expositivos de la ciudad. Por su parte, Jacinto Lara presenta esculturas y pinturas en el Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga en una muestra que repasa una década de exposiciones en la Galería Krabbe y que también incluye obras de Antonio Povedano. De manera individual se podrán contemplar pinturas de gran formato y collages y grafitos del artista en el stand de la galería La hormiga como parte del programa de la Feria de Arte Contemporáneo de Jaén, Art Jaen 2015, que se celebra en el Museo de Jaén. En la provincia, Z, las jornadas de arte contemporáneo de Montalbán ha hecho público el cartel de esta cuarta edición que incluye a nombres del arte contemporáneo andaluz como Paco Pérez Valencia, Manuel León o MP & MP Rosado y cuenta con la presencia de artistas cordobeses como María Ortega Estepa o Miguel Ángel Moreno Carretero. Ortega Estepa y Moreno Carretero comparten también exposición en el Alentejo. Se trata de Ao sul da Ibéria, una muestra que reúne en la Fundação Nossa Senhora da Esperança de Castelo de Vide a once artistas españoles y portugueses en torno al concepto arte y la sostenibilidad.


18 diciembre 2013

María Ortega Estepa. Cartografías del tiempo compartido


Aspecto de la exposición de María Ortega Estepa en la sala Iniciarte. Foto: Ars Operandi
Óscar Fernández / Ars Operandi 

Allá por los siglos XVI al XVIII fueron establecidos los parámetros de las ciencias exactas. Ocurrido esto, no le quedaba a la modernidad otra tarea que cuestionarlos con el mismo tesón con que fueron puestos en pie. Aquélla fue una esforzada tarea, aún inconclusa, que nos sigue conduciendo por senderos salpicados de enmiendas al pensamiento idealista o puramente racional. A ojos de quienes impugnaban el dogma científico, la pretensión de exactitud del mismo acarreaba un dominio excesivo de lo cuantificable, de lo finalista y de la réplica, que excluía lo imaginario, el deseo o lo espiritual de las disciplinas académicas autorizadas. El saber, se denunciaba, parecía haber abandonado la espiritualidad por primera vez en la historia. 

Esta oleada de críticas crearía las condiciones para la emergencia de una modernidad múltiple y bifurcada en infinitas direcciones, algunas de ellas opuestas. Podríamos decir, de hecho, que fueron muchas las modernidades que han coexistido desde entonces hasta nuestros días. Y que en éstas colisionan la vanguardia y la reacción, el avance hacia lo desconocido y la más absoluta nostalgia del pasado. De entre todas ellas no interesan tanto las posturas extremas. Los extremos, en la mayoría de las ocasiones, son anecdóticos o menos ilustrativos, ya que su radicalismo ejerce tal fascinación que encandilan a la mayoría. Y, claro, se “gastan” por el trasiego de dicha multitud. Interesan más, al menos a quien escribe, las posiciones intermedias, híbridas y diseminadas que brotaron en medio de aquél cisma. Estas alternativas pugnaban, con análoga ambición a la de los científicos, por erigir un sistema contrario al de la ciencia clásica; esto es, un sistema que se dejara contaminar por las circunstancias del sujeto; un sistema alimentado por datos pero también por intuiciones, y capaz, por encima de todo, de anular a la regla y la cuadrícula como un fin en sí mismas, convirtiéndolas en un medio para llegar a comprender otros saberes y alcanzar consciencias no formalizadas. 

Wilhelm Dilthey podría ser un buen ejemplo de este pensamiento excéntrico y meridiano, a la vez. Su estética se proponía crear, a finales del siglo XIX, nada menos que una ciencia subjetiva de las humanidades. Con ella aspiraba a restañar el equilibrio que las tendencias imperantes en su tiempo, más concretamente el Naturalismo, habían descompuesto. Dilthey observaba con preocupación cómo el imperio de la técnica había generado una mirada nueva a la realidad, que se limitaba a lo inmediato y poco menos que a copiar lo real sin otro fin que la propia demostración del gesto técnico, de la reproducción. De su manifiesto sentido de pérdida, situado a medio camino entre la nostalgia y el asombro, afloraría sin embargo un proyecto audaz y visionario que fusionaba la tradición trascendental de las artes y las humanidades con el afán de conocimiento científico. Su modelo se construiría sobre dos cimientos enormemente inspiradores. Por un lado, Dilthey no dudó en mantener viva la tradición estética clásica, esa que nos invita a ver la realidad a través del prisma artístico para enriquecer nuestra propia existencia. Por el otro, avanzaría en la definición del sujeto moderno, heredado del romanticismo, como aquél que protagoniza la experiencia estética pero también el relato histórico. Esto es, ratificaba la figura del narrador autorizado por la gran ciencia pero lo mostraría como un sujeto implicado, como una subjetividad que experimenta y comprende a la vez, que hace de la vivencia el camino hacia el saber. 

Más nítido, e igualmente ambicioso, se nos aparece el narrador en Walter Benjamin. En un breve ensayo que lleva ese título, El narrador, y que fue elaborado entre 1928 y 1935, el autor germano disecciona algunas de las ideas que sugería Dilthey, pero desde una posición bien distinta. Dilthey no era un mero crítico de su tiempo; era, más bien, un nostálgico. Su aspiración era rememorar el pasado de una manera dinámica a través del presente, que para él es poco menos que un desgraciado inconveniente de la Historia. La vivencia es la base del relato histórico, y por extensión del hecho artístico, por cuanto que es en ella donde el pasado se actualiza constantemente, obteniendo esa resistencia a lo inmediato, y a lo fugaz del presente, que ansiaba Dilthey. 
 
Homologías del recuerdo de María Ortega Estepa. Foto: Cortesía de la artista
En Benjamin, sin embargo, la nostalgia de un tiempo mejor no tiene cabida. De hecho, cuando explica que la narración es un arte con los días contados rechaza interpretarlo como una “manifestación de decadencia”. Pero su ensayo tampoco es afirmativo ni cómplice. La argumentación del alemán no dista demasiado de la de Dilthey. Detecta, como éste, una sustitución progresiva de la tradición del relato y el narrador, anclados en la oralidad, en lo artesanal y directamente conectados con el oyente, por una forma de producción mucho más fría, tecnológicamente determinada y orientada a un oyente solitario. Mas su interpretación es esquiva, ambigua incluso. No hay en ella esa nitidez con la que el propio Benjamin se posiciona cuando, por ejemplo, extrapola este cambio al terreno de lo visual en su famoso ensayo sobre la obra de arte y la reproductibilidad técnica. 

A pesar de sus diferencias, Dilthey y Benjamin construyen, desde sus respectivas atalayas, una crítica al paradigma científico-técnico cuyos destellos irradian hasta nuestros días. Por sintetizar, podríamos desbrozar sus planteamientos en dos líneas principales. La primera vendría a decir que, con el advenimiento de la revolución tecnológica y de los saberes técnicos, se está perdiendo el campo de la experiencia, no sólo de la experiencia sensible, sino de todos los grados de experiencia. Benjamin es claro en este sentido: “la cotización de la experiencia ha caído”. Por experiencia se entienden todas aquellas formas de sabiduría adquiridas a lo largo del itinerario vital de cada individuo, quedando excluidas de esta definición aquéllas resultantes de ensayos de laboratorio o de procesos de investigación clínica, que son por definición ajenas a la vivencia. Lo que se denuncia en este primer asalto a la ciencia es el hecho de que, en su búsqueda de la solución técnica, ésta se ha anclado en lo instrumental y ha mitigado esas otras preocupaciones, de calado más emocional o transcendente, de las que los sabios se ocupaban antes. A consecuencia de ello “el lado épico de la verdad”, diría Benjamin, se extingue. 

Si asumimos que el «sentido de la vida» no puede ser objeto de demostración científica y entendemos que el arte de narrar era una forma de transmisión de conocimiento encaminada precisamente a entender este sentido de la vida, la narración pierde su razón de ser y se disuelve en un mundo dominado por los saberes técnicos. Este es el segundo argumento en el que Dilthey y Benjamin se encuentran: la figura del narrador, fundamental para el ideal de estética como forma de conocimiento que ambos defienden, se ve arrinconado, prácticamente excluido, por lo científico. En Dilthey el narrador es ese sujeto que revive la historia, el encargado de mantener vivo el pasado, en pugna contra el Naturalismo; para Benjamin el narrador es quien custodia la tradición oral, ese artesano de la comunicación que poco o nada tiene que ver con la forma paradigmática de relato en la época técnica, la novela. 

Nuevas constelaciones de María Ortega Estepa. Foto: Cortesía de la artista
Con sus aportaciones, Dilthey y Benjamin abrieron una línea de pensamiento que atraviesa el siglo XX de punta a cabo. Dieron pie, así, a una tradición de la que brota también el sentido de la obra reciente de María Ortega. A artistas como ella corresponde retomar este inmenso legado para someterlo a los rigores de la plástica. Son ellos los encargados de producir una forma estética capaz de traducirlo. Podríamos reconocer a estos artistas como sujetos implicados en la construcción de un paradigma artístico que es riguroso y ordenado, pero dentro del cual es no sólo posible sino necesaria la emergencia de un sujeto emancipado, deseante, creativo. Un sujeto que use las herramientas del saber estructurado pero que huya del peligro por excelencia de la técnica, cual es su tendencia a la repetición, a la normalización de todo cuanto toca. La práctica de autores como María Ortega se debe considerar, pues, como la síntesis de lo estructural y lo sensible. Un planteamiento nada actual en su sentido último – nos acompaña, como hemos visto, desde hace más de cien años- pero que está encontrando formas inéditas de expresión, ya que ha inventado un lenguaje propio y novedoso de la mano de estos creadores. 

La aportación de los artistas a cuya escuela se incorpora María Ortega podría sustentarse sobre dos elementos de fuerza que podríamos resumir como la perversión del sistema cartográfico, por un lado, y la extensión del paradigma arte-vida. El primer aspecto es imprescindible para comprender las piezas recientes de Ortega, sobre todo las desarrolladas bajo el título Homologías del recuerdo, durante su residencia en Bilbao en 2012, y las que presenta ahora en Iniciarte bajo el título Mapping me. El ejercicio de la cartografía, que fue la mayor expresión del imperialismo cognitivo propio de la modernidad tecnológica, es una herramienta desviada por la artista para otros usos. Recurrir a la mediación del mapa sigue siendo imprescindible, pues es necesario atenerse a un lenguaje compartido por todos para hacerse entender. Esta es, de hecho, la aportación ineludible y fundamental del paradigma científico: dotarnos de una articulación común de saberes y de lenguajes abstractos que sean reconocibles casi universalmente. Pero, admitido esto, quién dijo que su uso debía encaminarse exclusivamente hacia lo geopolítico, hacia la construcción de una mirada dominante sobre el territorio. Y, lo que es más grave, ¿quién nos inculcó que sólo los territorios físicos son “mapeables”? ¿Acaso -y en este sentido es básico recuperar a Dilthey- hemos olvidado el concepto de paisaje romántico? 

 El acto del mapeo es aquí, como lo fue por ejemplo para los situacionistas, un acto poético. Se trata de una exploración emocional que se alimenta de la experiencia radicalmente subjetiva de quien la realiza. Este levantamiento de una carta sobre el terreno asume un alto grado de indeterminación, algo que también tiene en común con los situacionistas. La importancia de esto para los situacionistas fue tal que llamaron a su actividad “deriva”. Un concepto revolucionario que ha llegado hasta nosotros superando la vieja idea de cartografía, introduciendo el azar como forma de acción y desterrando para siempre la relación de dependencia del mapa respecto del escenario que representa. De esta manera se explican también los mapas de María Ortega, que son piezas únicas, lo que descarta cualquier intento de generalización o de construcción de una guía del terreno a partir de éstos. 

Podría decirse que el singular mapeo de la artista ha acabado por perder de vista al terreno, de modo que funciona como un signo que no remite a otro lugar que el trazado sobre el propio papel que lo soporta. Nos encontramos así ante un aparente sinsentido: hacer un mapa sin lo mapeado. Una especie de contradicción que podría llevarnos al camino sin salida de lo tautológico; es decir, de un sistema que no representa a otra cosa que a sí mismo. Sin soslayar las posibilidades de un gesto de este estilo, que nos llevaría por ejemplo a la noción del signo hueco que propone Jean Baudrillard, encontramos en Ortega una solución de otra índole. Es evidente que ella ya usa el mapa como un lenguaje autónomo, del mismo modo que también es claro que los ejes de coordenadas y el código de la cartografía aparecen en su obra como figuras retóricas. Es igualmente meridiano que con ello produce un cortocircuito del sistema, pues despoja a la ciencia cartográfica de su objeto de estudio. Pero no lo hace para vaciarlo de contenido, como tampoco pretende silenciarlo o declararlo obsoleto. La idea de mapa ha devenido forma, puro lenguaje que se usa desde una libertad total y sin el prejuicio técnico que lo dominaba antes. 


Obra de María Ortega Estepa. Foto: Cortesía de la artista

Esta declinación formalista de las coordenadas cartográficas cierra filas en torno a la naturaleza eminentemente pictórica del contexto de lectura donde se inscriben. Sometidas al rigor de lo estético, de un formalismo bien entendido, estas cartografías denotan la mano que hay detrás de su ejecución, incorporando un componente que les sería completamente ajeno en el paradigma tecnológico: la gestualidad. Esto nos retrotrae, de nuevo, al narrador de Benjamin; figura con la que Ortega se relaciona mucho mejor que con el cartógrafo, el técnico. Como ya hemos visto, en el desarrollo de su ensayo Benjamin identificaba al narrador con un artesano cuya tarea es conectar el alma, el ojo y la mano. Y en esta empresa anda también la artista, reivindicando constantemente la dimensión figurativa, plástica y manual de sus mapas. Esto no significa, en absoluto, que sólo el arte gestual y retiniano esté dotado de alma. Más bien se podría interpretar la cita de Benjamin como sigue: para posicionarse fuera de las reglas del mundo técnico, el arte debe reconciliarse, necesariamente, con su dimensión artesanal, poniendo de manifiesto las condiciones de su producción. 

El hecho de que la artista nos ofrezca su propia interpretación de las estrategias del mapeo, elaborándolas como formas autónomas, se justifica por un propósito de impregnar a esos mapas de gestualidad, convirtiéndolos en piezas más artesanas que tecnológicas y dotadas, por tanto, de alma. Esta son condiciones necesarias para llevar la pintura a un estatus ulterior, que es la pretensión final de Ortega. En este punto, ella ya se encuentra capacitada para hacer uso de estas coordenadas como medios que nos trasportan a otros registros, que les son impropios. Estos registros son, por un lado, de carácter simbólico, abocándose al encuentro de nuevo entre lo técnico y lo poético. Y también de carácter biográfico. De manera que el hecho de que estas cartografías de Ortega no representen ningún territorio real, no significa que su capacidad evocadora y simbólica haya desaparecido. Más bien se trata de todo lo contrario, de usar la convención de su lenguaje para potenciar otros sentidos y buscar otros territorios para representar. Es aquí cuando se hace pertinente hablar de la revisión del paradigma arte-vida que apuntábamos antes. 

A María Ortega le ocurre como al preso de El Zahir, en el relato de Borges, quien acabó pintando en su celda un tigre infinito atravesado por muchos tigres, a pesar de que su propósito inicial había sido trazar un mapamundi. Algo parecido sucede a la artista cuando parte de un mapa como coartada, como punto de partida, pero termina componiendo un gran árbol. Este árbol es su símbolo por excelencia, no aparece por azar, y llega para condensar el ojo, la mano y el alma en una forma reconocible. El árbol se presenta como una cartografía compuesta por infinitos meandros, como una forma orgánica a la deriva e inasequible a la repetición; es la negación del orden científico clásico. Pero al mismo tiempo es, a través de sus ramas y anillos, uno de los mapas más antiguos de los que tenemos constancia; de manera que posee ese carácter fedatario que ansía el discurso técnico. El árbol es, en suma, la metáfora perfecta para Ortega pues representa aquél estado intermedio que su obra ambiciona: procede de un orden superior, y previo, a la disciplina científica, de modo que no abandona la experiencia y la vivencia, al tiempo que soporta con solvencia el rigor del dato y la coordenada. 

El árbol es una forma subalterna y no académica de mapeo. No obedece a la norma de la cartografía porque el objeto del que ha de ocuparse queda también fuera de esa norma. Ese objeto es, en la obra de María Ortega, la vivencia, el aprendizaje a través de la vida. Y para poder ocuparse de él hay que trabajar con el tiempo, con el recuerdo propio y de los demás y, de manera simultánea, con la introspección y la más profunda reflexión acerca del sentido de lo que hacemos. La artista compone, pues, mapas del tiempo, mapas de recuerdos, representando aquello que el mundo técnico es incapaz de mostrar. Estos mapas son una expansión de la dialéctica arte-vida porque son, al mismo tiempo, relato y objeto, tiempo y espacio, vivencia y forma. Los árboles-mapa convierten a Ortega en una especie de narradora visual que, a la manera anti-nostálgica de Benjamin, combate la pérdida de cotización de la experiencia, y de la vivencia compartida, con las armas de nuestro tiempo tecnológico. 

N. del E. Este texto forma parte del catálogo editado con motivo de la exposición Mapping-me de María Ortega Estepa en la sala Iniciarte de Córdoba




21 octubre 2013

Estrategias curatoriales en La Fragua

Station to station, un proyecto de arte nómada de Doug Aitken. Foto: Cortesía Levi´s

Redacción / Ars Operandi

La Fragua Artist Residency anuncia para este fin de semana un taller sobre comisariado de arte que estará a cargo del comisario de exposiciones y gestor cultural –actualmente es coordinador de la Sala Vimcorsa y del Centro de Arte Pepe Espaliú– Óscar Férnández. El propósito del curso es revisar algunas de las aportaciones de nuestro tiempo a la historia del comisariado recurriendo, para ello, a dos de sus consignas fundamentales. En primer lugar, indica Óscar Fernández, "damos por clausurado el modelo de lo artístico como un fenómeno universal que puede activarse en cualquier contexto. Muy al contrario, las nuevas tendencias del comisariado defienden la necesidad de generar contextos, estructuras marco, que sustenten la pertinencia de las obras que presentan. De manera que el primer objetivo del taller es entrenar a los participantes en la descripción y uso de los distintos contextos del arte. Para ello, se propone trabajar sobre situaciones concretas del entorno de La Fragua, que tienen que ver con sus características físicas, pero también sociales, culturales, antropológicas, etc". En segundo lugar, continúa, "abordaremos la práctica curatorial como un ejercicio realista capaz de trabajar con recursos limitados. Con el final de la era de los comisarios estrella, que manejaban presupuestos hipertrofiados y proyectos megalómanos, la práctica curatorial se ha convertido hoy en un ejercicio de optimización y revisión de recursos próximos".

La práctica curatorial, que en España traducimos por comisariado de exposiciones, "emerge sobre las ruinas del museo del siglo XVIII. La historia de las exposiciones de los siglos XX y XXI se ha escrito como un continuo ejercicio de revisión y crítica, en una constante reinvención de los espacios donde el arte sucede. Desde los salones alternativos a los Salones oficiales del París de mediados del siglo XIX, hasta los recientes experimentos de comisariado en lugares/contextos tan inesperados como un tren de artistas que recorre los Estados Unidos o una Bienal de arte en Patagonia, podemos rastrear este espíritu de renovación constante". Una carrera imparable hacia la novedad y la sorpresa, afirma "consecuencia de la asimilación de las industrias culturales a la lógica del espectáculo, estas nuevas prácticas curatoriales vienen dejando un suculento poso de experiencias que, desde luego, merece la pena recopilar".

El curso coincide con la estancia en la residencia de las artistas Stéphanie Roland  y Claire Falkenberg quienes aportarán su experiencia y obras en el desarrollo del mismo. El taller está abierto a todas las edades y niveles y se estructura en tres sesiones de viernes a domingo. El precio de la matrícula es de 30 € e incluye materiales, comida de bienvenida y certificado de asistencia. 

Viernes 25 : Comida comunal, presentación de los participantes y primera jornada de trabajo.
Sábado 26: jornada de trabajo y prácticas.
Domingo 27: prácticas y muestra de proyectos -
Precio: 30 euros. Incluye materiales, comida del viernes y certificado de asistencia. -
Alojamiento: Albergue Camino de Santiago y Hostal La Bolera. Precios desde 10eu.
LA FRAGUA ayudará a todos aquellos interesados en realizar una reserva. -
Desplazamiento: existen 4 autobuses diarios desde Córdoba, Autotransportes López. -
Contacto e inscripciones: javi@lafragua.eu 957 147 003 / 627 368 920

26 junio 2013

Ars Operandi Videos: Un nuevo comienzo. Sala Puertanueva, 2009


Redacción / Ars Operandi

Ars Operandi Videos aumenta su archivo audiovisual con el video que documenta la exposición colectiva Un nuevo comienzo celebrada en la sala Puertanueva de Córdoba en 2009. Comisariada por Óscar Fernández, en esta muestra colectiva se pudieron contemplar los trabajos de siete artistas que en los últimos años disfrutaron de las Becas de Creación Rafael Botí. Se trata de una selección heterogénea de procesos de trabajo que, sin embargo, encuentran un poso común en su condición de artistas emergentes y en su propósito de investigación formal en busca de los rasgos constitutivos de una voz y un discurso plástico propios. A pesar de que los lenguajes que emplean también son dispares, coexiste en todos ellos un dominio del tratamiento digital de la imagen que, de uno u otro modo, también articula toda la exposición. La idea de postproducción, tal como la introdujo Nicolas Bourriaud refiriéndose al segundo proceso de acabado de la obra de arte que tiene que ver con su manipulación por medio de herramientas informáticas, definiría muy acertadamente el discurso visual de la mayoría de los artistas participantes, que son Verónica Ruth Frías, Felipe Gutiérrez, José Jurado, Juan Carlos Martínez, Fernando M. Romero, Guillermo Mora y Beatriz Sánchez.

06 mayo 2013

Después de Después


Vista de la exposición de Marina Abramović en la Iglesia de la Magdalena. Foto: Ars Operandi

Tete Álvarez / Ars Operandi

La Bienal de Fotografía de Córdoba toca a su fin y es el momento de hacer balance de lo que ha supuesto esta decimotercera edición presentada bajo el lema Después del diluvio. En primer lugar cabría felicitar al Ayuntamiento en su apuesta por la profesionalización de la muestra. Después de demasiadas ediciones en las que el voluntarismo y el amateurismo han constituido el santo y seña del evento, desde la Concejalía de Cultura se ha optado, con bastante sentido común, por situar al frente a un comisario de exposiciones y crítico de arte, Oscar Fernández, quien ha sabido dotar a la Bienal de un corpus discursivo del que ha carecido a lo largo de su singladura. De su mano, la sección oficial, ha ofrecido hitos tan sugerentes como la exposición de Marina Abramović en la iglesia de la Magdalena, el rescate de las imágenes malditas de Pierre Molinier o la subyugante narración de Jesper Just en la sala Vimcorsa. Las 34.000 visitas registradas, 7.000 en este espacio –acertadamente desdoblado para la ocasión con las obras de Just y Robert Mapplethorpe–, dan buena cuenta del interés con que el público ha acogido la propuesta comisarial de Oscar Fernández.

La sección paralela, por su parte, ha salido reforzada por la dosis de transparencia que puede significar una convocatoria abierta de proyectos y las buenas prácticas que suponen la dotación de 3.000 euros como ayuda a los artistas para sufragar los gastos de producción. Cabe esperar que este modelo se consolide en próximas ediciones y que la comisión encargada de seleccionar los proyectos tienda a ser más plural y participativa. Esta bienal ha evidenciado que nadie detenta en la ciudad el monopolio de la fotografía y que todas las propuestas deben ser bienvenidas si lo hacen desde el rigor y la calidad contrastada. En este sentido, y en aras de la pluralidad, resulta chocante que los únicos asesores externos de la comisión sean dos miembros de la asociación fotográfica local. Entre ellos llama la atención la presencia del “asesor de fotografía del Ayuntamiento de Córdoba”, cargo que no figura en ningún organigrama de la actual Delegación de Cultura y que, en cualquier caso, con el paso de los años parece adquirir carácter vitalicio.


Gerardo Mosquera, Victor del Río y Sema D'Acosta durante el foro de debate. Foto: Eduardo D'Acosta
Mención especial requiere la puesta en marcha por primera vez de un foro de debate sobre fotografía contemporánea. Voces tan cualificadas como Gerardo Mosquera, Oliva María Rubio, Norberto Dotor, Victor del Río, Sergio Rubira o el propio Sema D’Acosta que ha dirigido el Fotoforo han abierto un interesante territorio de debate en torno al mundo de la edición, la creación y la difusión de la fotografía. Un especial interés y un acalorado debate concitó la mesa sobre fotografía andaluza en la que participó el director del Centro Andaluz de Fotografía, Pablo Juliá, quien fue muy cuestionado tanto por la línea programática del centro como por su falta de imbricación respecto al contexto de la fotografía andaluza contemporánea. 

Una bienal, en suma, ajustada y acertada, con una eficaz política comunicativa aunque restringida a los medios locales que, en contra de los presagios del director de la revista Arte Fotográfico, ha contado con el respaldo tanto del público general como de aquél más especializado. Censurar que se traigan a Córdoba “artistas extranjeros”, referirse a Abramović como “la artista que mueve las tetas de izquierda a derecha” o establecer un juicio ideológico respecto a los participantes en el foro de debate da buena cuenta del nivel intelectual de una crítica que debió pesar mucho en el Consistorio ya que el propio Alcalde hizo alusión a ella durante el discurso de inauguración.

Una vista de la instalación de Jesper Just en la sala Vimcorsa. Foto: Ars Operandi
En el aspecto negativo resaltar la nula implicación del resto de instituciones públicas en la configuración de esta edición de la Bienal. Ni el Centro Andaluz de Fotografía, ni la Consejería de Cultura, ni la Diputación de Córdoba, ni siquiera la Fundación Botí o lo que quede de ella se han dignado a patrocinar o colaborar con un proyecto que es de toda la ciudad. La Delegación de Cultura de la Junta, en un alarde de generosidad, se ha limitado a ceder dos espacios expositivos que, inexplicablemente, permanecen cerrados el resto del año como la sala Iniciarte. BBK Cajasur, por su parte, ha colaborado permitiendo la exposición de Abramović en la Iglesia de la Magdalena. Quizás esta sea la soledad a la que alude el concejal Moreno Calderón al hacer balance ante los medios de la XIII edición. Una soledad que comienza, paradójicamente, en las instituciones gobernadas por su propio partido político que con su falta de apoyo han dado la espalda a la bienal cordobesa. 

Tras el tiempo del balance toca ya ponerse a trabajar en la organización de la edición número XIV. Para ello habría que reclamar un consenso de todos los agentes interesados para dotar a la Bienal de una estructura estable al resguardo de los vaivenes políticos. La bienal, se ha demostrado, no pertenece a nadie, sólo a los cordobeses que la sufragan con sus impuestos y la refrendan con su participación. Nadie debiera reclamar cuotas de poder inexistentes alegando derechos históricos. El futuro de una bienal que tenga realmente peso e incidencia pasa por la profesionalización de sus gestores y la transparencia en sus métodos. Una convocatoria abierta de proyectos curatoriales para la próxima Sección Oficial sería la piedra de toque que asegurara la continuidad de una bienal que desde el rigor y las buenas prácticas asuma de una forma reflexiva y crítica la cuestión de la imagen contemporánea y su importancia en la construcción de nuestros contextos culturales.

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