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17 marzo 2016

Los papeles de Espaliú

Dibujo de Antonio Gagliano en El Espíritu del siglo XX
Tete Álvarez / Ars Operandi

La biblioteca de Pepe Espaliú fue donada a Arteleku por deseo del artista tras su muerte en 1993. Veinte años después, los 4.500 volúmenes y documentos que la conforman fueron devueltos a la familia por la Diputación Foral de Gipuzkoa. Desde entonces están depositados en el Centro de Arte Pepe Espaliú y hoy, una parte importante de esos libros cerrarán una especie de círculo. Los 106 dibujos de Antonio Gagliano que relatan El Espíritu del siglo XX, la publicación que se presenta en el CAPE, son copias realizadas a partir de las anotaciones, recortes y documentos que se hallaban entre las páginas de los libros de Espaliú y que fueron extraídos de los volúmenes durante su conversión atropellada de cuerpo privado a patrimonio público. El origen del libro, indican desde CoMbO, se sitúa en “un paisaje anegado”, en el que se sobresale la biblioteca de Espaliú, depositada en Arteleku, un centro que se vio sometido a una serie de “desbordamientos físicos e ideológicos, incluido el de un río próximo obstinado a inundar la memoria del lugar. Sumergidas en el corazón de esta escena hay dos cajas abarrotadas de folios manuscritos y materiales impresos, semejantes a los papeles de color sepia de imágenes acuáticas inquietantes y charcos de orín convocados por Valentín Roma en su texto para esta publicación”.

Dibujo de Antonio Gagliano en El Espíritu del siglo XX
Los dibujos de Gagliano (Córdoba, Argentina, 1982), quien desarrolla en estos días una residencia artística invitado por CoMbO en la que investiga sobre las dos ciudades homónimas, han sido organizados en torno a varias preguntas latentes sobre los “límites de la autoría, los puntos de confluencia entre los fenómenos virales en los campos de la enfermedad y la cultura, o el supuesto agotamiento del archivo. No obstante, antes que propiciar un bloqueo de otra naturaleza, desplegamos la copia artesanal y mimética como una técnica jurídica capaz de acelerar su circulación. Se trata aquí de liberar una galaxia impresa: rebasar el balbuceo que fiscaliza la vida múltiple de la memoria, sus infinitas bifurcaciones, su libre distribución. El protagonista de esta historia no es, en cualquier caso, ni el artista, ni la institución, ni la biblioteca y sus márgenes, sino el siglo XX, un fantasma monumental cuya sombra alargada ha terminado atravesando toda la narración”.

Presentación de El Espíritu del siglo XX. Texto de Valentín Roma ; [editores, Aimar Arriola & Antonio Gagliano]  a cargo del autor y conversación con Jesús Alcaide, comisario de arte
Miércoles, 17 de marzo, 19:30 h. 
Centro de Arte Pepe Espaliú


24 enero 2016

Un nuevo comienzo en el Centro Pepe Espaliú

Vista del patio central del Centro de Arte Pepe Espaliú con los Santos y los Glovemaking. Foto: Ars Operandi
Tete Álvarez / Ars Operandi

El Centro de Arte Pepe Espaliú anuncia una nueva andadura que pretende reivindicar la figura y la obra de Espaliú como nodo de encuentro desde el que abordar las problemáticas e inquietudes sociales, filosóficas y artísticas que movieron al artista cordobés. Cuestiones como la dimensión social de la enfermedad, el análisis de los mecanismos de ocultación y de identidad que gobiernan el cuerpo, el sexo, la psicología, la crítica social, y hasta una cierta espiritualidad fruto de su fervor por San Juan de la Cruz y el teólogo persa y poeta sufí Molâmâ Rumi, constituyen un extenso campo de pensamiento sobre el que desarrollar conexiones con agentes artísticos y sociales que trabajan en la misma dirección y sentido. Además, el Centro propone una relectura y contextualización de las obras que habitualmente alberga actualizada con la incorporación de nuevas piezas que permiten profundizar en el conocimiento de la obra del artista. La vertiente didáctica también se refuerza con la edición de una guía  y la puesta en marcha de una web que recogerá tanto las obras y la documentación de la colección como las referencias de la biblioteca personal de Pepe Espaliú que estuvo 21 años en Arteleku y desde 2014 se encuentra depositada en el Centro. 

Esculturas en bronce de la colección de la galería Arte21. Foto: Ars Operandi
En Pepe Espaliú 1975-1993, el Centro ha contado con la colaboración de familiares, amigos y coleccionistas como Pepe Cobo, albacea y galerista de Espaliú. El impulsor de La Máquina Española ha cedido para la muestra manuscritos y catálogos del artista cordobés y ha anunciado la celebración a finales de año de una exposición de Pepe Espaliú en el IVAM que será comisariada por dos profundos conocedores de su obra como son el actual director del museo valenciano, José Miguel Cortes, y el comisario de arte, Juan Vicente Aliaga. Por su parte, Arte21, la galería cordobesa que posee en sus fondos varias obras de Espaliú, ha cedido para la exposición dos esculturas de bronce de 1989, dos máscaras del 88, un dibujo a lápiz del 93 y dos obras de la serie Pas de Masque fechadas en 1988. La familia del artista, otro importante apoyo en la labor del Centro, ha cedido una obra muy emblemática como es el poema objeto de Joan Brossa que sirvió de portada del catálogo de la exposición del artista catalán que Espaliú comisarió para La Máquina Española. 

Dos obras de la serie Pas de Masque de 1988. Foto: Ars Operandi
El coordinador del Centro de Arte Pepe Espaliú, Oscar Fernández, ha señalado a Ars Operandi que el nuevo recorrido "sigue, de partida, una secuencia cronológica pero fundamentalmente se construye sobre determinados hitos, ya sean históricos, conceptuales o biográficos, que marcan las líneas del trabajo de Pepe y que se entienden como un todo indivisible. Se trata de hacer una visión global y a la vez parcial (pues se podrían haber escogido otros hitos) a partir de momentos o ideas clave: el conceptual en Barcelona, Figura, la exposición en Carles Taché con Paneque, Brossa, la identidad, el Sida, la escritura, el arte público,... En torno a ello se crean pequeños capítulos que nos ayudan a leer las obras de cada momento. El objetivo es acompañar al visitante de un modo didáctico pero no intrusivo, pues son las obras las que han de hablar o callar". Sobre la necesidad de conectar el centro con la comunidad indica que "es tan deseable como compleja. Es necesario iniciar una reflexión en ese sentido. La idea, después de reordenar el Centro, es iniciar este proceso de apertura. El fin esta claro, las herramientas y el procedimiento es lo que tenemos que construir a partir de ahora. De momento, ya se está trabajando en una web propia, que funcionará también como otro pequeño paso en ese camino hacia la ampliación de los límites del Centro".

Vista de la sala que alberga la serie de fotografías Última cena. Foto: Ars Operandi
El recorrido comienza en 1975 con un joven Espaliú que en Barcelona toma contacto con los nuevos comportamientos artísticos que se vienen desarrollando desde finales de los sesenta. De esta época datan una serie de obras que, "de un modo germinal, le acercan al arte de acción, a las prácticas conceptuales de figuras como Jan Dibbets y al espacio público, a través de performances y surveys fotográficos que transcurren por la ciudad condal". La primera mitad de los ochenta nos presenta a un Espaliú itinerante, que alterna residencias en Sevilla, Barcelona y París. "Un Espaliú transmutado en pintor que vive, como todo los artistas de su generación, un cierto agotamiento del arte conceptual". En 1984 comienza a colaborar con la revista Figura y desde Paris envía crónicas que dan buena cuenta del cambio de rumbo hacia la pintura figurativa que la publicación sevillana supo captar tan bien. Figura sirvió de catalizadora de una generación de artistas andaluces que encontraron su apoyo en la galería La Máquina Española. De la mano de Pepe Cobo, artistas como Agredano, Paneque, Federico Guzmán y el propio Espaliú, desarrollan sus proyectos como ideológos o comisarios adquiriendo una notable proyección tanto nacional como internacional.

En primer término dos obras de la serie Máscaras de la colección de Arte21. Foto: Ars Operandi

1987 fue un año determinante en el despegue definitivo de la carrera artística de Pepe Espaliú. Tras la primera individual en La Máquina Española presenta sus obras en ARCO y en las galerías Marga Paz y Barbara Farber de Amsterdam. Espaliú retoma, "además, una postura más reflexiva que tiende a complejizar su imaginario y a desarrollar con más ahínco los intereses filosóficos y literarios que siempre le acompañaron". El regreso a Barcelona en 1988 para exponer en la Carles Taché, junto a Guillermo Paneque, "representa la ruptura con la pintura como su lenguaje predilecto, pero también como portadora de valores plásticos esenciales". Su obra incorpora otros discursos relacionados con la homosexualidad, la ocultación o el secreto que materializa a través de metáforas visuales construidas con objetos sadomasoquistas como el guante o la máscara, que "funcionan esencialmente como reflejos de una identidad encubierta y extrema". A partir de este año Espaliú organiza una serie de exposiciones en La Máquina Española en las que aúna la labor de comisariado con la investigación artística personal. "A través de estos proyectos se descubren, en realidad, los intereses de Pepe Espaliú. Sobre todo en lo que se refiere a la figura de la maternidad, a través de Cristino de Vera, o del misterio entreverado, en Romero de Torres. De entre todos, quizá sea Joan Brossa el referente más esencial. Con él comparte Espaliú no solo la admiración por Dau al Set, que Brossa cofundó, sino también cuestiones más subterráneas como la magia o su idea de arte político".

Sala donde se proyecta el video documental de la acción Carrying. Foto: Ars Operandi

En 1990, durante una estancia en Nueva York, Pepe Espaliú es diagnosticado de SIDA. El padecimiento de la enfermedad marca notablemente su obra aunque, "hace tiempo que el artista en su condición de homosexual, se interpreta a sí mismo como segregado social. De esta manera, la enfermedad no hace sino agudizar esa sensación de desahuciado que le perseguía hace tiempo. Ello se traduce en la a parición de un trabajo más militante que supone una ruptura, en cuanto al enfoque y las referencias. Aparece aquí su iconografía sobre la enfermedad y los cuidados como las muletas y los palanquines. Pero, al tiempo, representa una comunidad integral con las obsesiones de su obra anterior. De esta manera, el SIDA se convierte en ruptura y colofón del fascinante periplo vital e intelectual de Pepe Espaliú, que se transforma en una figura de relevancia pública, casi mediática, sin perder un ápice de su hiriente poética".


Pepe Espaliú 1975-1993
Centro de Arte Pepe Espaliú
Comisario: Óscar Fernández

06 noviembre 2014

Pepe Espaliú, biblioteca personal. Una descripción a manera de inventario

Anaqueles de la biblioteca de Pepe Espaliú en el C.A.P.E. Foto: Ars Operandi
José María Baez para Ars Operandi

En 1960 publicó el crítico de arte Juan A. Gaya Nuño un breve opúsculo (Un conflicto: literatura y arte) en el que denunciaba como los escritores y los artistas vivían de espaldas unos a otros. El problema sigue latente de alguna manera pero al menos, en el caso de Pepe Espaliú y a la vista de los volúmenes que conformaban su biblioteca personal, es evidente que estamos ante un artista que sentía la necesidad de la literatura, que frecuentaba y disfrutaba con su lectura, que se adentraba en su territorio para engrandecer las fronteras de su trabajo artístico.

La biblioteca de Espaliú era un proyecto personal y, como tal, atendía a sus gustos y necesidades. Tenía lagunas y ausencia de nombres y, al mismo tiempo, sobreabundancia de autores. Como no podía ser de otra forma, también era un registro generacional y por tanto denota las modas y tendencias del tiempo en que se formó. Ese tiempo se corresponde básicamente con las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, secuencia en la que transcurrieron los años de crecimiento intelectual de su propietario. A través de los volúmenes existentes detectamos las reivindicaciones literarias que tuvieron lugar en esos años, los géneros y autores que fueron rescatados del olvido, como ocurrió con la novela de aventuras, presente con títulos firmados por los ingleses Arthur Conan Doyle, William Beckford ó H.Rider Haggard, el escocés Robert Louis Stevenson y el francés Julio Verne, del que se amontonan los ejemplares hasta casi formar su completa bibliografía, o la llamada ficción de terror con obras de H.P.Lovecraft y Bram Stoker.

En la numerosa y amplia sección de literatura los libros cohabitan en español y francés mayoritariamente, aunque existen ejemplares en inglés. Junto a la novelística y el cuento, donde predominan Poe, Borges, Nabokov y Octavio Paz mezclados con la atemporalidad clásica de Cervantes, Shakespeare ó Balzac y los inclasificables Bataille y André Gide, destaca la presencia de poetas como Cernuda, René Char, Paul Celan, Kavafis y José Ángel Valente, sin olvidar a Virgilio y una sorprendente colección de antologías poéticas católicas, que al parecer “heredó” en torno al año 1975 de un inquilino seminarista que habitó antes que él un estudio en Barcelona.

Arrastrar a lo largo del tiempo, y la sucesión de hogares y ciudades en las que vivió, con estas curiosas antologías nos indica lo apegado que se sentía a sus libros y el aprecio que sentía por ciertas rarezas bibliográficas. Prueba de ello es el poemario, conseguido sin duda en alguna librería de lance, Misterio de la Poesía de César González Ruano, aparecido en Roma en 1938 y en una edición muy limitada.

José María Baez y Manolo Espaliú en el acto de recepción de la biblioteca de Pepe Espaliú. Foto: Ars Operandi

A través de un comentario en una postal que le envió Juan Vicente Aliaga, y que se conserva en el Archivo documental, igualmente dependiente del Centro Pepe Espaliú, sabemos que leía a los poetas de Cántico. En una comunicación personal que me envió desde París, Espaliú mostraba su entusiasmo por haber descubierto en una exposición sobre revistas poéticas el número que esta revista cordobesa dedicó a Cernuda en 1955. Nada sorprende, por tanto, que su biblioteca contenga antologías de Ricardo Molina y Juan Bernier junto al estudio que al grupo dedicó Guillermo Carnero.

En la sección de arte se detecta también el registro temporal, aparte de sus personales filias. Espaliú sentía una fascinación especial por el dadaismo y el surrealismo. Frente a la nómina de artistas más conocidos, como Picabia, Dalí, Max Ernst, Miró o René Magritte, destacan otros autores como Meret Oppenheim, Victor Brauner o Marcel Märien, con abundancia de catálogos. Tampoco escapaba a su atención el futurismo italiano, representado por monografías sobre Carlo Carrá, Mario Sironi, Depero y Enrico Prampolini, sin desdeñar a de Chirico.

Son muy escasos, en cambio, los estudios dedicados a las culturas antiguas, si se exceptuan las precolombinas y africanas. En cuanto a la pintura antigua sólo contaba con dos títulos sobre Murillo y Arcimboldo y la consiguiente nómina de renacentistas italianos (Piero de la Francesca, Botticelli, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael...)

Esta ausencia de norteños y centroeuropeos en épocas antiguas se equilibra respecto al arte contemporáneo, donde destacan los suizos Paul Klee y Giacometti, muy bien representados. Pero también, y esto es igualmente otra rareza, el checo Josef Sima, que cuenta con tres volúmenes. Los alemanes no van a la zaga y disponen de monografías en un amplio abanico generacional, desde Oskar Schlemmer a Martin Kippenberger, pasando por Eva Hesse y Sigmar Polke. Los americanos, por su parte, cuentan con títulos de Joseph Cornell, Ad Reinhardt, Bruce Nauman, Annette Lemieux... Todo ello sin olvidar a quienes Espaliú tuvo como referentes y modelos (Joseph Beuys y Louise Bourgeois) y a quien ayudó a salir del ostracismo crítico en el que se encontraba (Joan Brossa).

Manolo Espaliú y Jose María Baez ojean un libro de dibujos de Louise Bourgeois. Foto: Ars Operandi
Junto a ellos una amplia nómina de teóricos del arte y la comunicación (algunos ya olvidados por el vaivén crítico) como Heinrich Wölfflin, Gillo Dorfles, Abraham A. Moles, Tom Wolfe (La palabra pintada), Harald Szeemann, Catherine Millet... que se suman a algunas singularidades, como una pequeña monografía sobre Renoir publicada en París en 1923, las ilustraciones que André Derain realizó por encargo de una tienda parisina o el número 1 de la revista “Arte”, publicada en Madrid en 1932 por la Sociedad de Artistas Ibéricos.

Frente a estas disciplinas de la literatura y el arte, el otro apartado de considerable atención lo constituyen los títulos sobre filosofía y pensamiento, estudios sobre psicoanálisis y sociología y textos sobre religión. En este caso el espectro formativo es mucho más compacto, más completo y enciclopédico, con ejemplos sobre la filosofía clásica representada por textos de Platón, Aristóteles y Lucrecio, entre otros, y seguida por trabajos de Kant, Nietzsche, Karl Jaspers, Martin Heidegger, Karl Marx o Sigmund Freud, así como textos y reflexiones de pensadores más cercanos en el tiempo, fundamentalmente pertenecientes al ámbito francés del que fué muy dependiente, y concretados en Jacques Lacan, Gilles Deleuze, Foucault, Derrida o Julia Kristeva.

Otro apartado final lo constituye la colección de revistas, muy diversas y variopintas. También aquí vuelve a producirse la variedad temática. Frente a publicaciones muy específicas como Poesía, Antorcha de Paja, Trece de Nieve, Cuadernos del Norte, Flash Art, Parkett ó Artforum, nos encontramos otras dedicadas a la cultura en general y al pensamiento. Aquí la dispersión es doble, pues frente a la abundancia de títulos se contrapone el escaso número acumulado de estas publicaciones.

Muy cerca del lugar físico en el que se ubica el Centro de Arte Pepe Espaliú, en su casa de la hoy calle Martínez Rücker, moría en 1608 el pintor y poeta cordobés Pablo de Céspedes. Tras su muerte tanto su biblioteca como sus papeles personales y singular colección de dibujos se dispersó. Correspondió a otro pintor, Juan de Alfaro, tratar de volver a unir esa colección de dibujos. Empeño cumplido sólo parcialmente. Los documentos y papeles que ilustran sobre nuestra vida, que van entretejiendo nuestra biografía, son prenda de frágil deterioro y fácil pérdida. Recuperar la biblioteca personal de Espaliú, a los 21 años de su muerte, para el Centro de Arte que lleva su nombre es por tanto un motivo de júbilo que debemos agradecer a cuantos, y sobre todo a su familia y en concreto a su hermano Manuel, lo han hecho posible.



22 octubre 2014

Aimar Arriola desplaza el paradigma Espaliú


Carrying, acción de Pepe Espaliú. Foto: Cortesía CA2M

Redacción / Ars Operandi


La figura de Pepe Espaliú (Córdoba, 1955-1993) y su artivismo en la lucha contra el SIDA son objeto de estudio en un curso que celebra en estos días en la Universidad Popular del Centro de Arte 2 de Mayo de Madrid. Dirigido por Juan Albarrán e Iñaki Estella, Llámalo performance analiza cómo la performance "ocupa un lugar privilegiado en la teorización de las prácticas artísticas y sociales de la contemporaneidad, delimitando un campo de trabajo cada vez más amplio, lábil y permeable. La indefinición del término, así como de las prácticas y discursos a él asociados—convertido, a menudo, en un recurrente passe-partout—, podría relacionarse tanto con la dificultad para establecer una genealogía crítica de las mismas como con la posición ambivalente que ocupan con respecto a la institución.Las dinámicas que rigieron la (re)construcción de la institución arte en nuestro país durante el periodo postransicional habrían dejado fuera de la «estética oficial» a las prácticas performativas. Y no sería hasta los noventa (tras una década en la que estas prácticas quedaron relegadas a espacios alternativos y de reducida visibilidad) cuando una nueva generación de artistas hagan un uso autoconsciente de modos de hacer performativos. En su horizonte de trabajo aparecen el feminismo o la estigmatización social de minorías sexuales y enfermos de SIDA; todo ello, cuando comienza a concretarse un corpus teórico que se aproxima a las teorías queer en las que la performance (como práctica disruptiva) y la performatividad (aplicada a la construcción de las identidades de género) iban a ocupar una posición central.

El curso se abre con Desplazando el paradigma Espaliú,  una conferencia del comisario e investigador de arte Aimar Arriola en la que disertará acerca de la obra de Pepe Espaliú quien, a su juicio,  "singulariza en el Estado español las formas de producción cultural que emergen a principios de la década de los noventa, dirigidas al replanteamiento crítico del VIH/SIDA. Su acción / performance Carrying pronto cristalizó como el paradigma de acción crítica frente a la enfermedad, convertida en una práctica modelizada de arte político". Esta presentación avanza, según Arriola, "en la necesidad de modular la caracterización que se ha hecho de Espaliú en tanto figura fundacional, introduciendo una serie de piezas, menos visibles, que conformarían una cartografía más compleja de la producción visual y performativa del Estado español a partir del SIDA".

Aspecto de la biblioteca de Pepe Espaliú en Arteleku. Foto: Proyecto Marginaliauna
Aimar Arriola ha sido también responsable de un proyecto de reactivación crítica de la biblioteca  de Pepe Espaliú, depositada hasta el pasado mes de mayo en Arteleku. El veinte aniversario del fallecimiento del artista cordobés vino acompañado del proyecto Marginaliauna, una propuesta cuyo objetivo "no es tanto la reivindicación patrimonial del fondo, sino provocar su transformación productiva". En lugar de considerar la biblioteca como "una fortaleza aislada", se propuso tomarla "como el nudo de una vasta red de relaciones, atravesada por múltiples fuerzas: el marco institucional que lo aloja; el espacio ideológico del archivo; la propia práctica de Espaliú; las políticas del SIDA; o el paradigma de la afectividad".

El traslado de Arteleku obligó a la Diputación de Gupuzcoa y  al hermano del artista a firmar un convenio por el que la biblioteca pasó de nuevo a manos de la familia. La intención de ésta ha sido depositar el legado bibliográfico en el Centro de Arte Pepe Espaliú de Córdoba. Tras algunos meses de adaptación del espacio que la albergará en el CAPE, Ars Operandi ha podido conocer que en breve será abierta al público facilitando así el acceso a este importante fondo documental. Se instalará en unas dependencias de la planta baja del edificio de la calle Rey Heredia y a él podrán acudir desde el mes de noviembre tanto investigadores como estudiosos de la figura y el contexto teórico del artista cordobés. La biblioteca incluye más de 4.000 ejemplares entre revistas, catálogos, monografías, ensayos y obras literarias.

Desplazando el paradigma Espaliú. Aimar Arriola
Ciclo Llámalo performance
Universidad Popular. Centro de Arte 2 de Mayo, Madrid
Miércoles 22 de octubre, 18:30

25 abril 2014

El Centro Pepe Espaliú albergará la biblioteca del artista depositada hasta hoy en Arteleku

Aspecto de la biblioteca de Pepe Espaliú en Arteleku. Foto: Proyecto Marginaliauna

Redacción / Ars Operandi


Tras la muerte de Pepe Espaliú en 1993, la familia del artista, siguiendo la voluntad expresada por éste, depositó en Arteleku un fondo documental compuesto por más de 4.200 publicaciones. La vinculación de Espaliú con el centro donostiarra se remonta a 1989 cuando participa en un taller dirigido por Juan Muñoz. Tres años más tarde es el propio Espaliú quien imparte  La voluntad residual: parábolas del desenlace. De este taller surge The Carrying Society, un grupo que desde sus comienzos estuvo centrado en torno a la crisis abierta por la enfermedad del SIDA. El 26 de septiembre de 1992, y coincidiendo con la celebración del Zinemaldia, realiza su acción más conocida Carrying, una obra que posteriormente repetiría en Madrid y que llegó a ser portada de las principales cabeceras nacionales convirtiéndose en símbolo de la lucha social contra la enfermedad.

Esta mañana, su hermano Manuel González Espaliú recogía de manos de la directora foral de Cultura, Garazi Lopez de Etxezarreta, el archivo del artista cordobés tras veinte años de depósito en Arteleku. La reordenación urbanística del barrio de Txomin donde se alberga el centro de creación obliga a trasladar la sede al convento Santa Teresa. Con la integración de la biblioteca del centro guipuzcoano en la de Tabakalera se modificaba el convenio firmado por la familia  propiciándose así su llegada a Córdoba. A partir del mes de junio el Centro de Arte Pepe Espaliú  albergará, por deseo de la familia, el legado bibliográfico del artista cordobés. La intención es instalarla tal y como estaba hasta hoy en Arteleku, un centro que, según afirma el hermano del artista, "ha realizado un fantástico trabajo de catalogación y mantenimiento". En este sentido, la biblioteca de Espaliú en Arteleku ha sido objeto recientemente de un proyecto de reactivación crítica de la mano del comisario e investigador Aimar Arriola. El veinte aniversario del fallecimiento ha venido acompañado del proyecto Marginaliauna, una propuesta cuyo objetivo "no es tanto la reivindicación patrimonial del fondo, sino provocar su transformación productiva". En lugar de considerar la biblioteca como "una fortaleza aislada", se propone tomarla "como el nudo de una vasta red de relaciones, atravesada por múltiples fuerzas: el marco institucional que lo aloja; el espacio ideológico del archivo; la propia práctica de Espaliú; las políticas del SIDA; o el paradigma de la afectividad".

La llegada del legado documental de Pepe Espaliú a la ciudad se produce en un momento en el que el centro de arte que lleva su nombre consolida su potencial como generador de nuevas propuestas a partir de la obra del artista cordobés. Propuestas que, lejos de las prácticas conmemorativas, apuestan por poner en relación la obra de Espaliú con la de artistas contemporáneos con los que mantiene vínculos discursivos. De esta manera se clausura en estos días Los Nombres del Padre, un ciclo que incluye exposiciones, conferencias y la edición de una publicación. Comisariado por Jesús Alcaide, se trata del primer acercamiento a la obra de Pepe Espaliú por parte de otros artistas en cuya producción es posible rastrear similitudes y diferencias, encuentros y desacuerdos con los ecos que la obra de Lacan tuvo en toda la obra de Espaliú. En la primera intervención fue el artista vasco Txomin Badiola el que mediante una gran instalación en el patio central y una serie de obras gráficas que actuaban a modo de conflictivas cartelas con las piezas de Espaliú abordaba cuestiones como la fraternidad, el tabú y los ocultamientos, dándole paso a Javier Codesal, cuyas imágenes y palabras sobre el padre, lo patrimonial y la enfermedad ejercían de nudo o enlace hacia la tercera de las intervenciones, la de Álex Francés, la producción más intima y cercana a la obra de Espaliú.