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11 julio 2012

Mirando a Romero de Torres

TRIBUNA ABIERTA
Julio Romero de Torres, Panneau (1912), Col. Fundación Banco Santander

José Mª Baez / para Ars Operandi


El tiempo borra o atenúa las diferencias. Los adversarios acaban por confundirse; los une el común estilo de su época. 
 Jorge Luis Borges 

El 11 de mayo de 1930, Antonio Machado, en carta que envió a Pilar de Valderrama, Guiomar, aquel grande y secreto amor de la última etapa del poeta sevillano, le dice éste: “Acabo de tener la triste noticia de la muerte de Julio Romero de Torres, en Córdoba. Era un buen amigo nuestro, un gran artista y un hombre de bondad extraordinaria. Lo conocí en Córdoba hace muchos años, viajé con él por aquellas tierras, cuyas mujeres él supo pintar mejor que nadie, y gocé con sus triunfos de pintor. Era el artista más modesto que he conocido. El asistió a todos nuestros estrenos. La última vez que lo ví fue el día de nuestra fiesta por 'La Lola'. Tenía el alma de un niño. Toda esta gente nueva lo tenía olvidado ya. Su pintura, sin embargo, quedará.” 

Toda esta gente nueva lo tenía olvidado ya. En la pintura, a diferencia de la literatura, la diferencia de edad es un avituallamiento de desdén y descortesía. Que un escritor como Baltasar Porcel le escriba con la admiración de sus 20 años a Lorenzo Villalonga cuando rebasa los 60, pertenece sólo al ámbito de las letras y la reflexión. Toda esta gente nueva eran los integrantes plásticos de la Generación del 27, los intrépidos artistas que abrieron el horizonte de la pintura española, que se adscribieron a los modos de la vanguardia, que definitivamente echaron el cierre a las maneras y formas decimonónicas. 

Romero pertenecía a la Generación del 98. Tenía, en principio, dificultades para sintonizar con el espíritu iconoclasta, aéreo y frenético del 27. Pero su fino y sarcástico sentido del humor lo apartaba igualmente de la adustez del 98. Aunque el humor no fué lo único que lo diferenció de sus compañeros generacionales. Su pintura y su pincelada fueron radicalmente distintas, sobre todo a partir de 1907, a consecuencia de sus viajes europeos. 

Transformando la textura de su pincelada, que pasó a ser de gran levedad, y el contenido cinematográfico y tóxico de su narración, Romero no se hizo único. Se hizo similar al común interés europeo de su época. 

En 1893, y con motivo de la presentación de su cuadro “El pecado”, se produjo un unánime deslumbramiento y el salto a la fama de Franz von Stuck. Este pintor alemán acertó a combinar con éxito las temáticas de la femme fatale, la acerada angustia de la culpa y la represión a la vez que la pulsión del deseo sexual y lo luciferino en obras como “Inocencia”, “Sensualidad”, “Esfinge”, “Salomé” o el citado “El pecado”. Estos títulos (perfectamente aplicables a la producción de Romero), incidían sobre las afecciones mentales y la necesidad de nuevas fronteras morales pretendida con ahínco por la sociedad europea de finales del siglo XIX. La necesidad de un nuevo yo era reclamado por los escritos de Nietzsche, pero también gravitaba en los sucesivos y muy concurridos congresos que, durante los primeros años de la nueva centuria, difundieron a un amplio público las impactantes técnicas psicoanalíticas de Freud. 

Stuck no se movió de Munich. Allí promovió la agrupación local de la secesion y desde allí proyectó su enorme fama internacional. En la capital de Baviera fue premiado con su incorporación a la enseñanza y fue ascendido a la aristocracia. Romero debió comprender que todas estas metas, con las limitaciones de un entorno económicamente más depauperado, podían lograrse trabajando desde la periferia en España. Y también debió vislumbrar que el debate sobre los prejuicios morales y el difuso sendero más allá del bien y del mal que tanto interesaba a la sociedad de su tiempo, podría ser abordado desde los resortes emocionales, la transgresión desgarrante y el patetismo sensual cultivados por la copla andaluza. Todo era accesible desde Córdoba, y prueba de ello es que hasta 1915, cuando ya era famoso, Romero no se estableció en Madrid. 

En Stuck tuvo Romero una referencia directa, pero también el alemán logró algo a cambio. En torno a 1916, y después de que Romero obtuviera un cierto reconocimiento en Munich, pintó Stuck la serie de retratos de su hija Mary a la manera española, formal y conceptualmente cercanos a la pintura del cordobés, esto es, ataviada con un mantón de Manila de raso y cubierta con una montera negra en uno de sus retratos, y en otro con mantón azul noche y un rojo y reventón clavel. 

Stuck sentía veneración por Arnold Böcklin, un pintor al que la fama de su cuadro “La isla de los muertos” lo obligó a realizar cinco versiones del mismo. En el asunto de esta ensoñación, Böcklin integraba el melancólico paisaje y la arquitectura histórica de la Toscana. Así, el discurso de la ciudad clásica entraba con naturalidad a formar parte del retrato desasosegante de lo sombrío. Freud conservaba una reproducción de esta obra en su despacho, pero igualmente Giorgio de Chirico y Max Ernst evidenciaron su gratitud a Böcklin por este modelo pictórico. Y también los hermanos Romero de Torres fueron receptivos. Y pluralizo ahora porque la lección fue puesta en práctica en principio por Enrique (en sus cuadros “La plaza del Potro” y “Cristo de los Faroles”, pintados en torno a 1907) y continuada de inmediato por Julio. 

El marco de la ciudad histórica, de la ciudad recóndita y velada y apartada de la trepidante modernidad, no sólo no era óbice para alcanzar un status artístico moderno, sino que además podía contribuir a una mayor fisicidad narrativa en la que el deseo perece ahogado por la represión y el temblor sexual ha de revestirse de formalismo morboso y simbólico. Chirico, junto a Carlo Carrá, desde Ferrara, un enclave alejado de los circuitos y mecanismos del mercado contemporáneo, pondrá en marcha la creación de una moderna antigüedad, algo en lo que vino a coincidir Romero de Torres desde Córdoba. 

El espíritu de Romero, aunque igualmente burlón, es menos transgresor que el de los italianos. Y también en Romero es menor el protagonismo concedido al paisaje urbano, perdido en la lejanía. Quizá por ello a Romero no lo reivindicaron desde la modernidad, a pesar de los contactos y el conocimiento que poseía sobre los nuevos aires que afectaban al arte y la literatura española, como prueban los ejemplares en su poder de las revistas “Los Quijotes”, “Arquitectura” y sobre todo “Reflector”, el mítico exponente ultraísta dirigido en su único número de 1920 por José de Ciria y Escalante y Guillermo de Torre. Como acertada y amargamente escribió Machado, “toda esta gente nueva lo tenía olvidado ya”. 

Pero hubo una notable excepción. A su muerte, el cordobés Rafael Porlán escribió un obituario en la prensa sevillana. Lo tituló “El pintor de Córdoba”. 

Porlán se había trasladado a vivir a Sevilla con 13 años. En la capital hispalense se despertó su vocación literaria y se embarcó en aventuras de arriesgado fervor vanguardista, como supuso su participación en la creación de las revistas “Lys” y “Mediodía”, formar parte del equipo impulsor de los actos del III centenario de la muerte de Góngora, donde se autoconstituyó la Generación del 27, o proyectar “Un chien andalou” de Buñuel y “Esencia de verbena” de Ernesto Giménez Caballero en el Cine-Club dirigido por él. 

Era un hombre con acreditada militancia innovadora. Por tanto, comenzó su artículo reconociendo que carecía de relación afectiva y conocimiento profundo de la obra de Romero, tan alejada de sus preocupaciones. Sin embargo rescataba de su memoria una historia ocurrida veinte años atrás cuando, siendo él un niño, “Romero de Torres presentó un cartel al concurso municipal de anuncios de las fiestas cordobesas. Y unas voces queridas, respetadas, censuraron aquella obra triste, descolorida, enfermiza e inoportuna, que aspiraba a llamar la atención sobre la Feria de la Salud. Un vivo sentimiento de sorpresa me asaltó por el descubrimiento de que un cartel de feria pudiese irrumpir en la vida pacífica que me rodeaba y hasta soliviantarla y escandalizarla. Para mí, de niño, los carteles de feria no eran más que la alegre cubierta con que se presentaban en casa ciertos programas de festejos anuales. Bruscamente aprendí que eran obras de arte. Y que el arte no sólo florecía como una consecuencia de las costumbres, sino también como cosa capaz de perturbar a las costumbres mismas.” 

Porlán se está refiriendo al cartel de la Feria de Córdoba de 1912 de Romero de Torres, un cartel que conoció en la exposición donde se mostró junto a los convencionales originales que igualmente se habían presentado al concurso. En la obra ganadora de Romero, Porlán vió “simplemente: un fondo de tierra dorada y cielo pensativo, a los que separaba, melancólico, el barandillo de la Ribera. Y ante esta suspirante, lánguida lejanía, recortaba su garbo una mujer de plata y pena.” 

A través de este cartel Porlán percibió la diferencia, la desubicación, la rareza contracorriente de Romero: “Aprendí luego que aquella sobriedad, aquel hecho austero, se realizó en España cuando en España se pintaba a la orden del impresionismo”. Y esta sobriedad singular le llevó a establecer un símil entre la pintura de Julio y el nuevo espacio pictórico que el crítico Franz Roh había denominado como post expresionismo.

Roh publicó su libro “El realismo mágico. Post expresionismo” en 1925. De inmediato alcanzó una gran proyección y vió aparecer su traducción española en la editorial de la Revista de Occidente dos años más tarde. El crítico alemán trazaba en este texto, publicado con motivo de una exposición sobre la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit), las características que definían las recientes obras de calado figurativo y su ruptura con la tradición pictórica inmediata, o como los flujos de las vanguardias históricas y el pensamiento político habían impulsado a la figuración hacia una reacción transgresora. 

Porlán, converso de las teorías del alemán, admitió que gran parte de los “síntomas” (según su denominación) del arte nuevo se detectaban en la pintura de Romero de Torres: “Recordemos que (Roh) opone el afán presentativo, el prurito de silencio, sobriedad y estatismo, el retroceso de los fondos, la calidad de metal bruñido, la prolijidad miniaturista, el toque deslizante y la delgada capa de color fundamentales en un cuadro de Scholz o Chirico al empeño rítmico, la gritería, el dinamismo, la extravagancia, el impulso hacia adelante, la calidad de roca sin pulir, la composición monumental, el toque áspero y la gruesa capa cromática de una pintura ya vencida y que precisamente fue la que por razón de su época pudo tentar al pintor cordobés. Por el contrario, vemos que en sus cuadros reina siempre el silencio, son estáticos, sobrios, retroceden y en ellos el paisaje no sirve sino para causar efectos de misterio (que no hay que confundir con efectos de carácter). Todo parece denunciarlos como una 'vuelta a Italia' realizada en España muchos años antes de que se hablara en el mundo de esa 'vuelta' para designar el novísimo rumbo de la pintura”. 

La “vuelta a Italia” o “Le Rappel à l'ordre”, como tituló Jean Cocteau su opúsculo de 1926, y causa para que nuevamente volvamos a citar a Giorgio de Chirico, pues nada más cercano y similar al retrato de su madre pintado en 1911, o al retrato de la señora Gartzen de 1913, que el retrato de Carmen de Burgos, Colombine, pintado por Romero de Torres en 1917. 

Y nada más cercano al mundo de Romero de Torres que la historia de Soledad, la bizarra bailaora que incitará a luchar de forma encarnizada por su amor a dos hombres. Tras acabar matándose mutuamente, acabará ella triunfando en los brazos de un tercero más joven. Esta intriga en atrezzo de andalucismo exacerbado se desarrolla en el film, “La fête espagnole”, rodada por la feminista francesa Germaine Dulac en 1919. Un año después Francis Picabia, en plena ebullición Dada, expuso en París sus “espagnoles”, que no eran sino andaluzas con mantones y claveles, un reclamo de Romero que constituyó una constante en la obra de Picabia. 

Y nada más cercano al mundo de Romero que el rostro, atemorizado pero resolutivo, de Greta Garbo, condenada a sobrevivir prostituyéndose en “Die Freudlose Gasse”, la calle sin alegría, el film de Georg W. Pabst rodado en 1925 dentro de las coordenadas de la Nueva Objetividad, que tanto transformaron la sensibilidad creadora de Europa en su tiempo. 

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16 mayo 2010

Se subasta La Esclava de Romero de Torres en Sotheby’s


Magdalena Madueño / Ars Operandi

El artista cordobés Julio Romero de Torres vuelve a la subasta anual de pintura del siglo XIX de Sotheby’s Londres, como viene siendo habitual en los últimos años. En esta ocasión sale a la venta La Esclava (83’8 x 62’2 cm.), un óleo sobre lienzo valorado entre 340.000 y 450.000 €, propiedad de la colección Uriarte y Piñeiro. Romero de Torres realizó esta obra entre 1925 y 1929 aproximadamente, siendo seleccionada para acompañar a las veintisiete obras del artista que se mostraron en el Pabellón de Córdoba de la Exposición Iberoamericana de Sevilla del mismo año.

El lienzo presenta el retrato de una esclava que aparece con el torso desnudo y las manos atadas a la espalda. En contraste con la palidez de la piel de la esclava, el artista pinta una especie de sudario que la cubre a partir de la cintura de una manera sutil y delicada. Sentada sobre un tablero de madera, la mujer posee una mirada que, con aire melancólico, es capaz de atraer la atención del espectador. Al fondo podemos apreciar un paisaje incierto de tonalidades oscuras, algo habitual en las obras de Romero de Torres de la época.

La modelo que interpreta el papel de esclava puede resultar conocida al espectador, ya que es la famosa actriz Elena Pardo, habitual del Teatro Romea de Madrid. Durante la década de 1920 fue la modelo preferida por Romero de Torres. Buena cuenta de ello son los numerosos lienzos en los que Pardo aparece: Cordobesa, Humo y azar, La niña de los limones, En el patio, Pensativa, La guitarra y La niña torera –subastada en noviembre de 2009–, todos ellos en colecciones privadas. Así mismo, en el Museo Romero de Torres también se pueden disfrutar otras obras en las que se incluye a la misma modelo, como Mari Luz, En la ribera, Marta y Nocturno.

Según Adrian Biddell, Jefe del Departamento de Pintura Europea del siglo XIX de Sotheby’s, Elena Pardo encarnaba a la perfección el arquetipo de mujer moderna que la diseñadora Coco Chanel había promocionado internacionalmente en los años 20. De esta manera, Romero de Torres la transformó en la musa de la moda modernista, cultivada en España por revistas como Blanco y Negro y La Esfera.

Al igual que en otras ocasiones, la subasta contará no sólo con Romero de Torres, sino también con otros artistas españoles de la talla de Joaquín Sorolla, Hermenegildo Anglada Camarasa, Joaquín Mir, José María Sert, Benjamín Palencia, Ramón Casas o José Mongrell, entre otros.



19th Century European Paintings Sale Sotheby’s Londres
2 de junio de 2010

Exposiciones en España:

Sotheby’s

Calle Alfonso XI, 7, Madrid

17 de mayo de 2010, 12:00 – 19:00 horas

18 de mayo de 2010, 11:00 – 19:00 horas
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14 mayo 2010

Un recorrido por la pintura cordobesa en la muestra "De la pintura de historia a la crónica social"

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Estudio de cabeza (1886), de Tomás Muñoz Lucena, es la obra escogida para ilustrar la portada del catálogo

Redacción / Ars Operandi

De la pintura de historia a la crónica social es el título de la exposición que hoy viernes 14 de mayo se inaugura en la sala de exposiciones del Convento de San Francisco, en Puente Genil. Comisariada por José Álvarez, la muestra está formada por fondos pictóricos de la Diputación de Córdoba, con el propósito de mostrar la evolución de la pintura española desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los inicios del XX. La colección artística de la Diputación de Córdoba incluye las numerosas obras provenientes de las diversas desamortizaciones de bienes eclesiásticos realizadas por el Estado a lo largo del siglo XIX, pero, sobre todo, las obras creadas a su amparo como institución mecenas y patrocinadora de las artes, incentivadas por un continuo programa de becas, ayudas y premios, destinado a aquellos artistas que, a más de solicitarlas, se hallaban en posesión de los méritos que para disfrutar de ellas eran precisos, lográndose de este modo un apoyo fundamental a la creación artística vigente hasta nuestros días, al que se han acogido de uno u otro modo la práctica totalidad de los artistas de relevancia de Córdoba, capital y provincia.

Joaquín Martínez de la Vega, Gaitero napolitano, 1863 - 64

Según se recoge en el catálogo de la muestra, "De la pintura de historia a la crónica social pretende mostrar, a través de las obras que comprenden la exposición, una visión de las transformaciones que el arte español experimentó en el periodo que nos ocupa y cómo esta actividad creativa refleja los cambios que en la sociedad se suceden con los años. De la pintura de historia como valor superior, género fomentado por el oficialismo, en el que las grandes gestas, las hazañas de los héroes, y las bondades, desgracias y demás circunstancias de reyes y príncipes, se pasó a una visión más cercana de la existencia, en la que el común de las personas, y sus costumbres, se erigen en protagonistas. De la grandilocuencia a la naturalidad, de los interiores regios o nobles, a las casas burguesas y populares, el arte es crónica de una sociedad en evolución constante, en un siglo llamado de las revoluciones, en el que el arte no sólo no estuvo al margen de éstas, sino que experimentó en sí mismo la mayor cantidad de transformaciones posibles, allanando con su metamorfosis el camino a la modernidad que el siglo XX trae a las artes plásticas".

De la pintura de historia a la crónica social está formada por obras de los principales pintores activos en la Córdoba de entre siglos XIX y XX, una relación que incluye, entre otros, a artistas de la talla de Julio Romero de Torres, Rafael Romero de Torres, José María Rodríguez de Losada, Joaquín Martínez de la Vega, Tomás Muñoz Lucena, José María Rodríguez Losada y Santisteban, Alfredo Lovato Camacho, José Muñoz García, Lozano Sidro y Rafael Cuenca Muñoz.

Rafael Romero de Torres, La muerte de Cleopatra, 1885

Tras su inauguración en Puente Genil, localidad en la que la muestra se exhibirá un mes, la exposición viajará a Palma del Río, donde podrá ser contemplada en las salas de exposición del Convento de Santa Clara.


De la pintura de historia a la crónica social
Inauguración 14 de mayo, 21:00 h
Convento de San Francisco, Puente Genil, Córdoba

Comisario: José Álvarez

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05 noviembre 2009

Romero de Torres vuelve a Sotheby’s con La niña torera



Julio Romero de Torres, La niña torera, 1928-9

Magdalena Madueño / Ars Operandi

Por segundo año consecutivo, Ars Operandi informa de la Subasta de Pintura Europea del siglo XIX, que se celebrará en Sotheby’s Londres el próximo 24 de noviembre de 2009. En la venta se reunirán 184 obras de artistas de 17 países, como Italia, Francia, Holanda, Portugal, Dinamarca, Finlandia, Austria, Bélgica, Suecia, Noruega, Polonia y Hungría. Entre los distintos lotes que saldrán a subasta se encuentra una importante representación española gracias a 24 obras de artistas tan destacados como Joaquín Sorolla, Hermenegildo Anglada-Camarasa, Santiago Rusiñol, Ignacio Zuloaga o José María Sert, entre otros.

Pero sin duda, el más esperado es el cordobés Julio Romero de Torres, que repite en esta cita anual por tercera vez. Desde que el lienzo Fuensanta (1929) se vendiera por 1.173.400€ en 2007, la presencia de este artista en el mercado internacional del arte ha sido seguida atentamente por los grandes coleccionistas. En esta ocasión, la expectación se dirige hacia La niña torera (100 x 100 cm.), un óleo realizado entre 1928 y 1929, proveniente de una colección privada de Buenos Aires.

La modelo que aparece en el lienzo es Elena Pardo, famosa vicetiple del Teatro Romea de Madrid. Ésta aparece con una pose provocativa, ataviada con un traje de luces de color gris plata, un estoque y una muleta. Al fondo, un pequeño callejón nos conduce al interior de la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid. Pardo era una de las modelos preferidas por Romero de Torres, apareciendo en más de quince obras entre 1925 y 1929, muchas de ellas en el museo dedicado al artista en Córdoba, como La escopeta de caza (1929).

En La niña torera se aprecian ciertos matices Art-Déco, que posiblemente deben mucho a la visita del artista cordobés a la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. La mencionada obra puede contextualizarse dentro de la serie de retratos de toreros cordobeses y sevillanos que pintó Romero de Torres, incluyendo a Rafael Molina Sánchez ‘Lagartijo’, Rafael Guerra ‘Guerrita’, Juan Belmonte y Rafael González Madrid ‘Machaquito’. La niña torera posee un precio de salida de entre 275.000 y 385.000€.

El otro plato fuerte de esta subasta es el lienzo Barcas en la playa (800.000-1.200.000 libras), en donde Sorolla representa la llegada de los barcos pesqueros a la playa de la Malvarrosa de Valencia, en el verano de 1909. Ésta y otras obras serán expuestas en Madrid y Barcelona entre los días 5 y 11 de noviembre.

Joaquín Sorolla, Barcas en la playa, 1909

Gran parte de los artistas españoles mencionados son asiduos de esta subasta anual. A pesar de los buenos resultados económicos cosechados en la edición de 2007, la crisis afectó sobremanera, como ya sabemos, al mercado del arte, y muchos de las grandes artistas que salieron a subasta vieron cómo su cotización bajaba para adaptarse a las circunstancias. Finalmente algunas de las obras ofrecidas se quedaron sin comprador. Aún es pronto para vaticinar cuál será la respuesta de los coleccionistas el próximo 24 de noviembre, aunque todo apunta a que las ventas no serán tan cuantiosas como en tiempos pasados.

19th Century European Paintings Sale
Sotheby’s Londres
24 de noviembre de 2009

06 noviembre 2008

Documental sobre Romero de Torres en el Bellas Artes


Romero de Torres en su estudio, junto a Valle Inclán y su modelo



Fuensanta García de la Torre / Directora del Museo de Bellas Artes de Córdoba

Se celebra, este año por primera vez, la actividad Noche de Otoño en el Museo, inaugurando este ciclo con la proyección de un documental sobre Julio Romero de Torres, dirigido por Julián Torremocha y en colaboración con la Filmoteca de Andalucía. La película se conserva en la Colección Romero de Torres, adquirida por la Junta de Andalucía en 1988 a María Romero de Torres y anexionada al Museo de Bellas Artes tras el fallecimiento de ésta en 1991. Dada la fragilidad del soporte y para garantizar su estado de conservación se procedió a su telecineado en la Filmoteca de Andalucía, donde además se realizaron investigaciones encaminadas a aportar datos que han facilitado el estudio de la obra. Junto a esto, y para dotar de sonido al video, en el Centro de Documentación Musical de Andalucía se procedió a la grabación de unos discos de pizarra que, conservados también en la Colección Romero de Torres, han facilitado el montaje de parte de los elementos sonoros originales, así como la introducción de diversas canciones—relacionadas con Córdoba y Julio Romero de Torres—interpretadas por Pepe Pinto, Estrellita Castro y El Niño Marchena. El montaje del documental para su exhibición en el Museo fue posible, también, gracias a la colaboración técnica de Video Productora Andaluza de Córdoba.

Cuando en 1940 Torremocha añadía los últimos fotogramas a su película Julio Romero de Torres, estaba poniendo fin a un documento gráfico excepcional, ya que en el mismo se conservan algunas de las pocas secuencias visuales en las que aparece el pintor cordobés. La imagen en movimiento aportada por el cine nos acerca a la realidad de lo cotidiano o a la ficción, nos transporta a una especial relación que, a veces, nos hace partícipes del desarrollo de un guión. Con la visión de este documental, cuyo título se corresponde con el nombre del pintor, puede provocarse una circunstancia similar a la citada; para la mayoría, la imagen de Romero de Torres era una imagen estática aportada por las abundantes fotografías que de él se conservan; sin embargo, visto el documental de Torremocha esta imagen cobra vida por la presencia activa del artista en algunas secuencias de la película. Se convierte, así, en un documento de excepcional importancia para acercarnos a la figura más significativa de la pintura cordobesa de todos los tiempos.

El montaje del documental no coincide con el desarrollo cronológico de parte de las escenas, ya que tras las imágenes del museo inaugurado un año después de la muerte del pintor, este aparece -tocado de sombrero cordobés y embozado en una capa española- paseando por callejas de los barrios de la Judería y San Basilio, lo encontramos también leyendo en el jardín de la casa familiar, en el recinto del Museo de Bellas Artes pintando algunos de sus cuadros, imágenes que de por si ya son un testimonio de incalculable valor para acercarnos a su figura. Una amplia representación de los lienzos que hicieron de Romero de Torres el símbolo de una época, de una actitud ante el arte y ante la vida llevadas a la categoría de tópico, han sido seleccionados por Torremocha para mostrarnos la pintura del maestro, finalizando con ello la primera parte del documental. Estas secuencias dan paso a una interesante visión alegórica de la muerte del artista que supuso un momento de honda conmoción en sus contemporáneos cordobeses. Tras el anuncio de su muerte, el 10 de mayo de 1930, Córdoba entera acusa la pérdida del que había sido su mejor representante en los últimos años, las banderas a media asta, las campanas tocando duelo, las colgaduras de luto en los balcones y las flores que simbólicamente caen de sus ramas en el inicio de la primavera, serán motivos seleccionados que se completan con el fundido de la imagen de unas jóvenes que truecan sus alegres trajes de flamenca por un atuendo de riguroso luto.

Son estos básicamente los mismos elementos que aparecen en el texto de Marcelino Duran de Velilla, publicado en la prensa local en el décimo aniversario de la muerte de Romero de Torres. “La primavera trocó su alegría en luto, sonaron los bronces de las altas torres con acento más lúgubre que nunca y las mocitas cordobesas, transidas de pena, se asomaban tímidamente a las ventanas floridas y regaban con lagrimas las gitanillas y los claveles, que les servían de dosel para mostrar sus rostros hechiceros. Había muerto Julio Romero”. Ha muerto Julio Romero es también el título del poema compuesto por José Ojeda que durante una parte de estas secuencias es recitado por González Marín con música del maestro Braña que, quizás fueran los únicos elementos sonoros del documental. Todas estas escenas tendrían como colofón los actos de inauguración del monumento realizado por el escultor Juan Cristóbal que, erigido por suscripción popular, se levanta en los cordobeses Jardines de la Agricultura.


El acto, celebrado a las once de la mañana del 22 de mayo de 1940, supuso -según recoge la prensa que reseña la inauguración una auténtica jornada festiva en la ciudad. Al mismo asistieron además, de las autoridades civiles, militares, jurídicas, religiosas y culturales de Córdoba, una nutrida representación del Ministerio de Educación Nacional, la Academia de San Fernando, la Escuela Superior de Pintores y Escultores, el Circulo de Bellas Artes de Madrid, intelectuales y políticos de diversas ciudades andaluzas, etc., junto a la familia del pintor y a numerosos cordobeses, siendo muchos de ellos fielmente plasmados en unas interesantes imágenes, a las que Julián Torremocha puso fin con la ofrenda floral efectuada por jóvenes ataviadas de flamencas y de mantilla y un jinete que, al baile de su caballo, culminará el desarrollo de uno de los documentales más significativos del cine español de la época.



La película dirigida por Julián Torremocha Pérez, se basa en un guión original de Mauricio Torres, siendo los productores, Alejandro Lorenzo y Santos L. Acevedo. Sobre música del maestro Braña y con poesía de José Ojeda, el recitado estaba efectuado por González Marín. La fotografía y el trabajo de laboratorio estuvieron realizado por Alberto Arrollo Villarreal y el sonido estuvo grabado por Antoni F. Roces, con música del maestro Brañas y poesía de José Ojeda, teniendo una duración de dieciocho minutos.


Título original: Julio Romero de Torres.

País: España.
Año: 1940.
Director: Julián Torremocha.
Guión: Mauricio Torres.
Producción: Julián Torremocha.
Productor: Alejandro Lorenzo, Santos B. Acevedo.
Fotografía: Alberto Arroyo.
Música: Maestro Braña.
Poesía: José Ojeda.
Sonido: Antoni F. Roces.
Locutor: González Marín.
Duración: 18 min.
Versión: v.o.s.e. ByN.



Museo de Bellas Artes de Córdoba
Noche de otoño en el museo
Sábado 8, 20 h. 21 h. 22 h. y 23 h.

Plza. del Potro, n 1. 14002 Córdoba
Entrada libre hasta completar aforo


02 noviembre 2008

Romero de Torres vuelve a ser la estrella de la IX Subasta de Pintura Española de Sotheby’s

Julio Romero de Torres, Fuensanta. 1929

Desde Londres: Magdalena Madueño / Ars Operandi

Desde que el 14 de noviembre de 2007 Sotheby’s vendiera Fuensanta (1929) por 1.173.400 €, la pasión por Julio Romero de Torres (1874 - 1930) entre los coleccionistas se acentuó aún más si cabe, hasta convertirlo en uno de los artistas fetiche del mercado internacional de los últimos tiempos. Y es que la presencia del pintor cordobés ha sido casi obligada en las subastas celebradas posteriormente. Entidades nacionales como la Sala Retiro (Mujer, Carmen de Córdoba), Durán (Camino de las bodas), Balcli’s (Una joven, 1918), Fernando Durán (Semana Santa, Retrato de Raquel Meller con mantilla, 1910); e internacionales como Sotheby’s (Joven de perfil), Bonhams (La niña de la trenza), Karrenbauer (Retrato de mujer joven), Michael Zeller (Retrato de tres cuartos de dama vestida al estilo Art Déco) han contado con Romero de Torres en sus lotes recaudando una media de 225.000 €. 

A pesar de estos magníficos resultados, el pasado 28 de octubre, el lienzo Pastora Imperio (1913), valorado en 190.000 €, se quedó sin comprador en Subastas Segre. La obra, calificada de “muy buena” por los especialistas de la casa madrileña, pareció sufrir los estragos de la crisis. Este tipo de resultados no son ajenos a otros artistas de renombre como Picasso, Fontana, Hirst, Warhol o Tiziano (caso Duque de Sutherland). Que la recesión económica mundial también ha llegado al mercado artístico, hasta ahora uno de los sectores que más había logrado sobrevivir, es ya un hecho.

La confirmación está por ver en la próxima cita con Julio Romero el día 12 de noviembre, en Sotheby’s Londres. La casa confía conseguir una buena recaudación que mejore la valoración del artista basándose en los éxitos cosechados en los últimos años. De hecho es en Sotheby’s donde el pintor cordobés ha alcanzado las mejores ventas: Nieves (533.736 €); La Gracia (609.523 €); Rivalidad, 1925 - 1926 (784.750 €); y la citada Fuensanta. La obra en cuestión será Amparo, que saldrá con un precio estimado entre 315.000 y 441.000 euros. Se trata de un óleo sobre lienzo de 96.2 por 95.5 cm., y en cuya catalogación ha participado la especialista Mercedes Valverde Candil, directora de los Museos Municipales de Córdoba. Pintado a finales de la década de 1920, Amparo es uno de los grandes retratos de los últimos años de Romero de Torres. Es un ejemplo más del estereotipo de belleza andaluza instaurado por el pintor. Otros de rasgos similares ejecutados en los mismos años fueron La chiquita piconera (1930), Rivalidad (1925-1926) o Fuensanta (1929). Estas tres obras se encontraban entre las veintisiete pinturas seleccionadas por el artista para la retrospectiva celebrada en el Pabellón de Córdoba de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1930. Tras la muestra, Arturo Uriarte y Piñero adquirió la presente obra junto con Rivalidad y otros dos lienzos para su residencia en Buenos Aires. Los hermanos Leopoldo y Arturo Uriarte, hijos de un comerciante vizcaíno, estudiaron Física en Argentina. El primero de ellos fue además un respetado científico que llevó a cabo numerosas investigaciones sobre la peste bubónica. Así mismo trabajó en el Instituto Bacteriológico, ahora llamado Instituto Malbrán. Leopoldo representó a su país natal en varios congresos médicos y donó el Pabellón Pasteur al mencionado instituto. Cuando Leopoldo murió en 1942, Arturo donó su colección pictórica al Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina, donde se encuentra Los celos, de bellísima modelo de hechizantes ojos verdes e identidad desconocida, se conoce que Romero de Torres también recurrió a ella en otro estudio al óleo que hizo de su rostro en 1929, usado para el almanaque de la revista Blanco y Negro. 

No obstante, Amparo no será la única obra de Romero de Torres que se subastará el día 12, como así apuntan la mayor parte de los medios de comunicación nacionales, ya que también lo hará Amiga de Torres Arias (90 x 100 cm.), un lienzo al óleo y temple firmado por el autor. Al igual que en el caso anterior, Mercedes Valverde participó en su catalogación, la cual se encuentra en los archivos de los Museos Municipales de Córdoba con el número 249. La modelo, que posa elegantemente junto a una columna clásica, se aparta del típico canon de belleza gitana de Julio Romero. Probablemente se trate de la amante de Torres Arias, amigo del pintor. El marco arquitectónico en el que se encuentra la figura incluye tres rosas y un yermo paisaje al fondo, en lugar de una iglesia o lugar específico de Córdoba, como suele ser habitual. La protagonista sin embargo, lleva mantilla y peineta, elementos comunes entre las mujeres de Romero de Torres. La obra está valorada entre 87.300 y 125.000 €. 

La novena subasta anual de Pintura Española que se celebrará en Londres, en esta ocasión va más allá de los límites nacionales pasando por Portugal y llegando hasta Puerto Rico. En la presente cita se encuentran obras de Joaquín Sorolla (1863-1923), Ignacio Zuloaga (1870-1945) y Joaquín Mir (1873- 1940). Entre los lotes de pintura española del siglo XX, aparecen nombres como Manolo Valdés, Antonio López y Fernando Zóbel. Una escogida selección de las obras a subasta realizó una muestra itinerante por Bilbao, Valencia, Barcelona y Madrid, y desde el 7 hasta el 11 de noviembre podrá verse al completo en Sotheby’s, Londres.

La esencia de Zuloaga está presente en la obra Lolita, mujer tendida con chal azul (441.000-695.000 €). El pintor cuenta con su modelo favorita, Lolita Lacour, quien posa tumbada en un diván, envuelta en un mantón de Manila y cogiendo un abanico de manera seductora. La morenita con chal blanco, también de Zuloaga, muestra a otra joven envuelta en un mantón y sale con precio estimado entre 278.000 y 353.000 €. La subasta contará con varios ejemplos del catalán Hermenegildo Anglada-Camarasa (1871-1959), que reflejan las diferentes etapas que atravesó su carrera profesional. En Gitana con niño (315.000-441.000 €), de 1925, el artista, que se encontraba en París, pinta una bellísima mujer con su hijo colgado a en su espalda. Anglada-Camarasa representa un complejo personaje envuelto en una luz vulnerable, enmarcando la tierna escena al amparo de una vid. Las flores son un tema recurrente en sus últimas obras, en la década de 1940. Bodegón de flores (315.000-441.000 €), realizado durante su exilio en Pougues-les-eaux, al sur de Francia, tras la Guerra Civil, es una prueba de ello. Antes de instalarse en París, Anglada-Camarasa pasó sus primeros años en Barcelona, donde frecuentó Els Quatre Gats. Fue en ese momento cuando coincidió con Isidre Nonell (1872-1911). Éste fue conocido, entre otros, por sus retratos de gitanos, una temática que dominó su obra. En Estudio de mujer (126.000-189.000 €), pintada en 1902, Nonell capturó el carácter y la condición social del personaje gracias a rápidas pinceladas basadas en una sutil paleta de colores oscuros.

Como ya dijimos anteriormente Joaquín Sorolla y Bastida también sale a subasta. Esta vez con Fuente en un patio sevillano, Pescadores en el bote y Salida de las barcas, Asturias. Aunque el lienzo más destacado es Antes del baño (1.250.000-2.270.000 €), pintado en las playas de su Valencia natal en 1909. En esta obra el pintor se encuentra inmerso en la búsqueda de nuevos recursos técnicos y en el refinamiento de su temática. El resultado es la combinación de un rico vocabulario de referencias pictóricas y una economía de medios que hace de él una de las facturas más bellas de Sorolla. Durante los años siguientes a la realización de esta obra, el artista alcanzó la aclamación unánime de sus contemporáneos a ambos lados del Atlántico, gracias a sus exposiciones en España y en Nueva York (Hispanic Society), Buffalo, Chicago y Boston.

Otros artistas valencianos de este período son José Navarro Llorens (1867-1923), cuya escena a la orilla del mar, Bueyes y barcas en la playa está estimada entre 37.850 y 63.000 €; y Julio Vila y Prades (1873-1930), con Recogida de la naranja (22.700-31.500 €). Por su parte, el pintor Joaquím Mir y Trinxet, quien también dedicó gran parte de su obra a las escenas marinas, aparece con L’arribada del peix (189.000-252.000 €). Mir consigue captar aquí el vibrante alboroto del puerto mientras los pescadores traen la mercancía. El artista trabajó en esta pintura en la década de 1920, cuando se encontraba en su mejor etapa profesional, puesto que su status como pintor se vio consolidado por las buenas críticas. La obra ha permanecido en la misma familia que la compró directamente al artista, y nunca antes había sido ofrecida en una subasta. Del mismo período y pintor son Flores en el jardín (101.000-152.000 €) y Miravet (152.000 - 227.000 €). La obra de José María Sert (1874-1945) ilustra la influencia internacional que los artistas catalanes disfrutaron durante los primeros años del siglo XX. En la subasta se incluyen un grupo de once óleos, relacionados con los encargos más importantes de Sert. Decorador de los coleccionistas y especialistas de arte más ricos e influyentes de su tiempo, realizó una serie de obras de gran escala para la familia March (Mallorca), los Harrison Williams (Nueva York), Madame de Berthelot (París), Celedonio Pereda (Buenos Aires); las zonas comunes de los hoteles Park Lane de Londres, Waldorf Astoria de Manhattan; y para la sede central de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza). Algunos ejemplos son Las bodas de Camacho, Los equilibristas, Dama sentada sobre barandilla, Aeronautas o La escena y la comedia, entre otros.

En esta edición de la subasta de Pintura Española también se verán obras de algunos de los artistas mejor valorados de la segunda mitad de la pasada centuria. Este es el caso de Antonio López García (1936) y su Bodegón de las afueras, pintado en 1957 y estimado entre 101.000-126.000€. Como si de un collage se tratara, López escoge objetos de la vida diaria, los descontextualiza y los yuxtapone unos con otros para crear sorprendentes y surreales naturalezas muertas. Excelente dibujante y maestro del uso del color, López transforma aquí el más prosaico de los objetos en tema central de sus lienzos.

La paleta de Rembrandt, 1987 (76.000-101.000€), de Manolo Valdés (1942); Alavona 267, 1959 (50.000-76.000€), de Fernando Zóbel (1924-1984); y Número 103, 1958 (31.500-44.100€), de Luis Feito también saldrán a la venta junto con el resto de obras mencionadas.