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18 octubre 2018

Regina de Miguel, ficción posible, ciencia inadmisible


Regina de Miguel, Soy parte de esta frontera fracturada, exposición en C3A. Foto: Pablo Ballesteros, cortesía Centro de Creación Contemporánea de Andalucía

Jesús España / para Ars Operandi

“Me interesa la simultaneidad de distintos mensajes operando al mismo tiempo, la idea de estrato asociada a la visión y la comprensión; investigar aportando ficciones posibles, lecturas insólitas en contra de las lógicas útiles y encaminadas a cuestionar el propio estatus del conocimiento”. Con esta frase, Regina de Miguel (Málaga, 1977) define muy bien el sentido y dirección de su trabajo.

Residente actualmente en Berlín, en un estudio que ocupa el espacio de la antigua sede principal de la radio de la RDA (paradigma, en curioso contraste con las ideas de la artista, de la defensa a ultranza de una historia estatal infalible y, por supuesto, innegociable) Regina de Miguel se propone subvertir esa idea preconcebida, ese axioma que nos conmina a considerar a la ciencia, a muchas ideas en general, como la nueva verdad revelada. Exponiendo en solitario desde 2008 y con piezas en las colecciones de instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Miguel atesora una gran cultura científica y una elevada formación cinematográfica y literaria. En este sentido, los trabajos de Alain Resnais (1922-2014) o Chris Marker (1921-2012), los filmes de Andréi Tarkovski (1932-1986) o las novelas de Stanislaw Lem (1921-2006), nutren el imaginario personal de una artista que, a la postre, denota en su producción esa visión un tanto más indeterminada, más errabunda y, por qué no, poética que tenía la tradición rusa de ciencia ficción sobre los distintos universos y sus particulares fenomenologías. Nuestro mundo, conocido y ordenado, es escrutado buscando grietas, resquicios, in betweens de los que se pueda extraer una nueva luz que ilumine, que ponga el foco en esos enormes espacios de subjetividad que tanto se afana en ocultar el poder omnímodo y reverenciado de lo académico oficial.

Regina de Miguel, Soy parte de esta frontera fracturada, exposición en C3A. Foto: Pablo Ballesteros, cortesía Centro de Creación Contemporánea de Andalucía

Regina de Miguel exhibe en el C3A, hasta el 13 de enero de 2019, la muestra Soy parte de una frontera fracturada (I´m Part of This Fractured Frontier), que aglutina muchos de esos conceptos de los que hablábamos y que está conformada por cinco instalaciones: V.I.T.R.I.O.L (2018), Nouvelle Science Vague Fiction (2011), Voces de mundos que se desvanecen (2013), Decepción (2017) y Una historia nunca contada desde abajo (2016).

V.I.T.R.I.O.L (visita interiora terrae rectificando invenies ocultum lapidem) fue, en un inicio, una performance concebida en connivencia con la multifacética Lucrecia Dalt. Por unos altavoces incorporados a la instalación oímos las declaraciones que se formularon en dicha actuación, vinculándose estos al ambiente de un laboratorio, evocando la extraña violencia que destila el trabajo aséptico e impersonal de estas salas especiales, alejadas totalmente de la realidad, recreaciones de mundos, por sus condiciones físicas, totalmente artificiales, que no son otra cosa que trasuntos de la arcana, y totalmente desautorizada, alquimia.

Con música de Jonathan Saldanha, Nouvelle Science Vague Fiction (vídeo en HD y animaciones junto a fotografías) se focaliza en interrelacionar la construcción humana y la ecología. Otra vez, la percepción científica, sus escalas universales, no se corresponden con las medidas naturales de la biodiversidad que nos rodea. En los dos canales que componen la instalación se confrontan, por un lado, imágenes del lago esloveno de Cerknica, y su curioso fenómeno de aparición y desaparición del agua a lo largo del año, junto a secuencias filmadas en Holanda, concretamente las antenas ASTRON, que estudian objetos celestes lejanos, y, por otro, una suerte de recreación de escenarios de la nave espacial Solaris que, según era intención del escritor Stanislav Lem en su novela, resultaba ser una representación virtual de la propia Ciencia a base de pequeños fragmentos ordenados caprichosamente.

Regina de Miguel, Soy parte de esta frontera fracturada, exposición en C3A. Foto: Pablo Ballesteros, cortesía Centro de Creación Contemporánea de Andalucía
Voces de mundos que se desvanecen se inspira en los trabajos del divulgador Carl Sagan (1934-1996), concretamente al proyecto que emprendió en los setenta del siglo pasado y que estaba ligado al lanzamiento por parte de la NASA de las sondas exploradoras del espacio Voyager y Pioneer, equipadas con placas y un disco de oro, diseñados por Sagan, que contenían información esencial sobre los humanos y sobre la Tierra, para que pudieran una especie de “manual de instrucciones humano” en caso de que estas fueran halladas por alguna civilización extraterrestre. De Miguel incluye en sus Voces tanto una placa dorada, que calcula lo que tardaron en llegar a ciertos planetas o galaxias determinados eventos humanos (las ondas de radio, por ejemplo, se propagan por el cosmos simplemente con ser emitidas) como una reflexión en torno a un poema de Silvia Plath (1932-1963) que se pregunta sobre sí misma y su lugar en el mundo, trasladando estas preguntas a un alfabeto híbrido de lenguas muertas, vinculado este a su vez a un catálogo de imágenes de galaxias en las que se ha detectado un agujero negro o una estrella muerta.

“Isla Decepción es uno de los lugares más extraños del planeta”, comenta la voz en off del vídeo Decepción. La música de Lucrecia Dalt acompaña este viaje, que tuvo como germen la colaboración de Regina de Miguel con los integrantes del grupo de investigación en astrobiología de la Base Militar de Torrejón de Ardoz, especializado en el estudio de organismos extremófilos. Isla Decepción (cuyo nombre español nace de un fallo de traducción, puesto que debería llamarse, más bien, “Isla Engaño”) es una ínsula antártica que, debido a la presencia de estos organismos que, increíblemente, sobreviven en las condiciones más desfavorables, es vista por los científicos como uno de los lugares análogos terrestres más próximos a Marte. Un monólogo interior, inspirado por este lugar sobrenatural, engañoso, lleno de monstruos antediluvianos pero, lejos de los relatos de fantasía más canónicos, de microscópicos tamaños, divaga en torno a la no presencia de la huella humana en esta porción de tierra alejada de la civilización con palabras que son eco de las reflexiones de Edgar Allan Poe (1809-1949), Julio Verne (1828-1905) o Howard Phillips Lovecraft (1890-1937).

Por último, en la Sala de vídeo del C3A, tras la Escalera para subir al cielo de Córdoba de Yoko Ono, se emite Una historia nunca contada desde abajo. Nos remite a un caso insólito y radical, relacionado con las tecnologías de comunicación, acaecido en el Chile liderado por Salvador Allende (1908-1973), entre 1971 y 1973, frustrado tras el golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet (1915-2006) y cuyo ideólogo era el visionario cibernético Stafford Beer (1926-2002). El Proyecto Cybersyn (o Synco) pretendía “entregar las herramientas de la ciencia al pueblo” o, lo que es lo mismo, un intento de planificación económica controlada en tiempo real gracias a una red de máquinas teletipo que comunicaban a las fábricas con un único centro de cómputo en Santiago de Chile, desde donde se controlaba a las máquinas empleando los principios de la cibernética. Esta historia real sobre una revolucionaria utopía inspira una creación artística que pivota entre el anhelo de comunión práctica y filantrópica entre ciencia y humanidad y la esperanza de una definitiva disolución de la distancia entre ellas, adentrándose, inevitable e igualmente, en las fisuras que esto puede producir.

Regina de Miguel 
Soy parte de esta frontera fracturada
Centro de Creación Contemporánea de Andalucía, Córdoba
Del 28 de septiembre 2018 hasta el 13 enero 2019 
 

15 agosto 2018

La mirada de Egea Azcona

Boceto de Tomás Egea Azcona para relieve (Banco Coca, Córdoba, 1965)

Jesús España / para Ars Operandi

Se puede ver la huella del Equipo 57 en los murales del Edificio Eurosol de Torremolinos. Hay algo del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999) en su óleo Campesino, de 1963. Se atisba la connivencia de Renato Gutusso (1911-1987) y Fernand Léger (1881-1955) en su Lava más blanco 3 o en el jactancioso y macabro promotor inmobiliario de Ruinasa. Veo un poco de Spirou (ese botones superviviente credo por Robert Velter (1909-1921)) en sus viñetas para las revistas Molinete o Bibi Fricotin. También hay indicios su admirado Chumy Chúmez (1927-2003), de La Familia Ulises o Los Inventos del TBO, estas dos últimas series surgidas de la revista TBO allá por los años cuarenta en la España de la posguerra, en algunos de sus trabajos. Está, cómo no, la sombra alargada de Pablo Picasso (1881-1973) en el puño que aprieta la flor de El desprendido (1959). Pero, sobre todo, y cómo él mismo afirmó alguna vez, gravita en su ilustración la presencia del rumano-estadounidense (o, quizá, sería más acertado decir rumano-neoyorquino) Saul Steinberg (1913-1999).

Hay mucho, nunca demasiado (lo descrito y cientos de influencias más) en la obra de Tomás Egea (1933-2018) y de todo podemos disfrutar, de ese eclecticismo, de esa habilidad para recoger y crear algo nuevo, en la Sala Vimcorsa de Córdoba hasta el próximo 26 de agosto. Aunque nacido en Madrid, y criado en Murcia, Tomás Egea se relaciona intensamente con Córdoba ya sobre 1958 (se afincará definitivamente en la ciudad en torno a los años ochenta). La vinculación de este artista con la élite intelectual de la ciudad es más que poderosa: cercanos a él eran, amén de los miembros del Equipo 57, Rafael de La-Hoz (1924-2000) —Egea, por poner un ejemplo, “traducirá” al cómic la conferencia del arquitecto “Arquitectura y desarrollo tecnológico” (XIII Congreso Mundial de la U.I.A. –México, 1978)—, o el médico psiquiatra Carlos Castilla del Pino (1922-2009), del que se expone en Vimcorsa un Retrato (1962). Tras otras exposiciones monográficas, realizadas por el Ayuntamiento, de figuras clave como Juan Serrano (1929), José Duarte (1928-2017), Juan Cuenca (1934) o Cristóbal Povedano (1933), la modernidad cordobesa quedaría coja sin la presentación (triste e incompresiblemente, es un desconocido para muchos) al gran público local del artista multidisciplinar Tomás Egea Azcona.

Tomás Egea Azcona, Retrato de Carlos Castilla, 1962

Vimcorsa se preocupa, en esta revisión histórica que pretende “cartografiar la modernidad en Córdoba”, como indica el comisario Jesús Alcaide, en presentar justa y adecuadamente la panoplia de Egea. Esta que iba a ser retrospectiva, en vida, del artista, selecciona obras icónicas y definitorias del autor desde 1957 a 2018: sus óleos, intensamente críticos con la sociedad de su momento, algunos coloridos gouaches sobre cartón, su relación con la arquitectura (no solo colaborando con Rafael de La-Hoz sino con otros muchos arquitectos) a través de maquetas, bocetos de vidrieras y material gráfico de murales en distintos bancos, edificios públicos institucionales y construcciones de una infinidad de ciudades de la geografía española que marcarían, en gran medida, el sentido de una gran parte del desarrollismo estético, asido a la modernidad, del país en los sesenta y setenta y, finalmente, la victoria, en cierto modo, de la ilustración en su imaginario, dotada de una crítica que se vuelve aguda, inteligente y, más que sutil, irreverente por su descarada y descarnada evidencia. Cánon del 75, vitruviano modelo propuesto por Egea Azcona para el “buen proceder” del hombre-mujer que se rebela contra los nuevos aires de la transición, o Sindicato Vertical, orla que muestra la “enorme diversidad estética” (y, por extensión, ética) de los gerifaltes nacional-católicos, son solo dos muestras de esa fina y valiente ironía del artista madrileño-murciano-cordobés, que se servirá, además, del tebeo para contar todo tipo de historias. Nuestra ciudad (1984), La casa de los muchos (1989), Bodegas Campos en la Historia de Córdoba (2001), con textos de Carmelo Casaño Salido (1933), o Historia de Córdoba para niños (2003) son ejemplos de esto último que apuntábamos, de la capacidad, al fin y al cabo, de Tomás Egea para reconocer en el cómic a una herramienta especialmente potente a la hora de unificar criterios y transmitir mensajes ecuménicos.

Tomás Egea Azcona, S/T (El ascensor), S/F
Entre los diseños que Tomás Egea dejó a medio acabar figura uno especialmente interesante: un boceto para un cartel de la Feria de Córdoba de 1984. Una interpretación de este modelo ha sido el cartel oficial de la Feria local en este año 2018. Tras años de controversias, la solución, en el mismísimo año de la muerte del artista, estuvo en, para horror de muchos, mirar atrás. Por suerte para nosotros, cordobeses, encontramos en el pasado una mirada, la de Tomás Egea, que, con toda la humildad del mundo, se propuso, y a todas luces ha conseguido, hace más de treinta años alcanzar la nuestra en el presente. 

Egea Azcona 1933 - 2018 
Sala Vimcorsa, Córdoba 
Hasta el 26 de agosto 
Comisario: Jesús Alcaide

09 mayo 2018

Yoko Ono, Dinh Q. Lê y SUPERFLEX en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía

Yoko Ono. Árbol de los deseos para la paz (1996-2017), instalación. Foto: J. E.

Jesús España  / para Ars Operandi 

Árbol de los deseos para la paz (1996-2017), es la primera obra que el espectador encuentra de las tres que Yoko Ono (1933) exhibe en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía. Este árbol, un bello olivo, recibe a todos los visitantes del Centro y anima a desear (la paz o cualquier otro suceso que se ansíe ocurra), materializar dicho deseo escrito en un papel y colgarlo en una de las ramas, como una suerte de fruto liviano, a merced de la brisa y las miradas. Ya en el interior del Centro, podemos involucrarnos con las otras dos instalaciones: Para ver el cielo. Versión cordobesa (2015-2017) y Pieza para zurcir en cuatro estaciones (1966-2017). La primera, exclusiva para nuestra ciudad e inédita, además, versión en la geografía europea (existen otras dos en Pekín y Nueva York), insta al visitante a descalzarse y subir por una escalera de caracol de color azul que va mutando al blanco conforme se asciende para que “…el visitante, al subir, vaya experimentando cómo cambia el color y, así, su imaginación, permitiéndole la idea de llegar a ver el cielo, de llegar a ver la luz…”, como ha especificado el experto en Fluxus y colaborador de Ono, John Hendriks, curador en MoMA y co-comisario de la muestra junto a Álvaro R. Fominaya. La segunda instalación dispone de una serie de mesas, completo equipamiento para la costura y una serie de prendas, de diversa naturaleza, a la espera de ser “intervenidas”.  Es esta una característica esencial del trabajo de Yoko Ono: la necesidad de implicación del receptor. 

Yoko Ono. Para ver el cielo. Versión cordobesa (2015-2017). Instalación. Foto: J. E.

La celebérrima artista japonesa, que extrañamente sigue “pagando” el precio de ser la viuda de un hombre “más famoso que Jesucristo”, como demuestran muchos de las tarjetas que se asen a las ramas del Árbol de los deseos, propone desde hace décadas —cuando trabajara con John Cage (1912-1992), George Maciunas (1931-1978), Jonas Mekas (1922) o formando parte del movimiento Fluxus— un trabajo que se afana en involucrar al espectador en el juego artístico. Una propuesta que cuestiona convenciones, que confía en el poder de la imaginación y que debe ser abordada con implicación, con una activa voluntad, repetimos, por parte del receptor de participar en la correspondiente liturgia (la mera observación supone traicionar un tanto las intenciones de la artista), ya sea deseando con todas nuestras fuerzas, tomando el riesgo de ascender por una escalera sinuosa o zurciendo un jersey hecho jirones, concentrándonos en el hecho de que cualquier de nosotros es capaz de arreglar cualquier cosa.

Ono comparte esta primavera edificio con Dinh Q. Lê (1968). Lê, artista vietnamita afincado en Estados Unidos y que trabaja a caballo entre Ho Chi Minh City y Los Ángeles, sigue una línea de investigación en la fotografía y el video y tiene como parte nuclear de su trabajo el conflicto bélico que aconteció en su de país de origen entre los años 1965 y 1975, esto es, la Guerra Civil y la posterior intervención de fuerzas extranjeras, siendo la más visible, la más importante, la del ejército norteamericano.

Dinh Q. Lê. De padre a hijo. Un ritual de iniciación (2007). Foto: J. E.

Lo castrense, la confrontación entre el mundo civil y el miliar y el helicóptero como elemento simbólico de la reciente mitología vietnamita constituyen la base de las cuatros instalaciones audiovisuales (encuadradas dentro del título Ritual de iniciación) que se muestran: Pishkun Mar de China (2009), una animación digital que encabeza la instalación y que recrea el episodio que el ideario colectivo identifica como el “final oficial” de la Guerra de Vietnam, esto es, el lanzamiento al mar de los helicópteros en los que se evacuó a los últimos miembros de la embajada norteamericana en Saigón; De padre a hijo. Un ritual de iniciación (2007), instalación que confronta dos fragmentos de dos films, Platoon (1986, Oliver Stone) y Apocalypse now (1979, Francis Ford Coppola), protagonizados cada uno por, casualmente, un padre y un hijo, Charlie (1965) y Martin Sheen (1940), ambos en los roles de marines del ejército de Estados Unidos y entre los que Lê logra crear una dialéctica que demuestra lo unívoco (lo unidireccional tanto en lo moral como en lo estético) del discurso hollywoodiense, sobre todo de los setenta a esta parte, en torno a esta contienda y la invisibilidad, la nula integración en el mismo diálogo, del vietnamita (ya sea el soldado o el civil); Los granjeros y los helicópteros (2006), obra documental, instalada en tres pantallas en las que se combinan al unísono imágenes reales de vuelos y actividades del ejército de EEUU durante la guerra y declaraciones de civiles, que sigue el trabajo de Tran Quoc Hai y Le Van Danh a la hora de construir, de forma amateur, un helicóptero en el Vietnam moderno y cuya labor sirve un poco de excusa para reflexionar sobre la visión, en la mayoría de los casos nefasta, que los norvietnamitas veteranos del conflicto bélico tienen del helicóptero, llegando muchos, incluso, a negarse a utilizarlos para el simple transporte; Todo es una recreación (2015) es otra obra documental en la que, en este caso, se entrevista a un aficionado a las recreaciones y a las panoplias bélicas de la Segunda Guerra Mundial en Japón, cuestión controvertida que desata no pocos arduos debates, sobre todo en los países “perdedores” de esta guerra.

Vista de la instalación de SUPERFLEX Cuanto más sabes, mejor decides (The More You Know, The Better Your Decisions). Foto: J. E.

Por otro lado, la convivencia artística en el C3A la cierra el colectivo SUPERFLEX. Surgido en Dinamarca en torno a 1993 y constituido por los artistas Børnstjerne Reuter Christiansen Bor (1969), Jakob Fenger (1968) y Rasmus Nielsen (1969), SUPERFLEX es un grupo-proyecto multidisciplinar, no jerárquico y que trabaja en ámbitos dispares como la música o el diseño. Nos presentan en Córdoba un trabajo con base en el arte relacional que pretende ir más allá de la simple exposición de una problemática social: su objetivo es conseguir activar los resortes, en este caso gracias al arte, que liberen una disputa interna y la reflexión del público (el arte como herramienta de acción). El visitante es recibido por SUPERFLEX con una sucesión de grandes pancartas que recogen los logos de una serie de entidades bancarias que o han quebrado o han tenido que acogerse a diversos “rescates”. Dos colosales pedestales, que recrean las sedes centrales de dos famosos bancos, sirven de macetero a plantas venenosas. Euphoria Now (2015), pieza que parte de los códigos de color del papel moneda para elaborar una recreación pictórica, o Contratos de corrupción (2012), que insta al visitante a establecer un compromiso corrupto, son dos partes de Cuanto más sabes, mejor decides, proyecto que no sólo reflexiona en torno a la naturaleza del poder económico y las instituciones financieras sino que incluye, también, una videoinstalación a doble pantalla en sucesión, Mayotte Unión Europea (2015), que expone un problema migratorio: el de todos los habitantes de las Islas Comores, en el Océano Índico, que, artesanalmente, construyen sus propios barcos y se juegan la vida para conseguir llegar a la isla Mayotte, desde 2011 Provincia Francesa de Ultramar y, de facto, territorio de la Unión Europea.

La visita al C3A ofrece hoy día una curiosa intervención: contratos de soborno, malversación de caudales públicos o tráfico de influencias se alinean en sus muros interiores. Es una cenefa de papel que crece y, en su avance imparable, parece amenazar la integridad del árbol de Ono. Los folios, “legales” (debidamente firmados y sellados), parecen venir no ya a mezclarse sino directamente a sustituir los papeles-deseo del olivo de de los deseos para la paz. 

Yoko Ono 
Para ver el cielo. Versión cordobesa (2015-2017) 
Pieza para zurcir en cuatro estaciones (1966-2017) 
Árbol de los deseos para la paz (1996-2017) 
Instalación a largo plazo
Comisarios: John Hendriks y Álvaro R. Fominaya 
Dinh Q. Lê 
Ritual de iniciación (A rite of Passage) 
Hasta el 20 de mayo 
Comisario: Álvaro R. Fominaya 
SUPERFLEX 
Cuanto más sabes, mejor decides (The More You Know, The Better Your Decisions) 
Hasta el 9 de septiembre 
Comisario: Álvaro R. Fominaya 
Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (Córdoba)