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06 septiembre 2013

Avance de temporada


Dibujo sobre papel de la serie Animal copulation de Eugenio Rivas 
Redacción / Ars Operandi

Septiembre es el mes de arranque del año artístico y galerías y espacios de arte ultiman sus programaciones para el inminente inicio de la temporada. A la canícula del verano cordobés han resistido heróicamente las exposiciones de Pepe Duarte y Txomin Badiola evitando así el lamentable Cerrado por vacaciones que tradicionalmente caracteriza a la oferta cultural veraniega de la ciudad. Abrirá fuego El Arsenal que ha preparado para hoy viernes una interesante sesión doble. De una parte presentan Transistor, una performance de Pablo Alvar Mcv y Antonio Blázquez que plantea "una reflexión sobre ciertos medios de comunicación y su influencia en la vida cotidiana". Al mismo tiempo se inaugura Big Bang Melting Dog, un proyecto de Eugenio Rivas y Jürgen Fritsche a medio camino entre el happening y la instalación escultórica. Además la pareja de artistas presentará en La Cajita, Animal Copulation, una serie de dibujos de parejas de animales retratados en plena cópula que ilustra "el más profundo y básico de los instintos". El Arsenal retoma también así una programación que incluirá en este comienzo de curso talleres como los impartidos por Pilar Mayorgas y Guadalupe Esquinas y puestas en escena como la que llevará a cabo la Compañía Epokhé NO-teatro con la obra Oxitocina.

Este fin de semana las Bodegas Jesús Nazareno de Baena acogen BJN63, un singular proyecto de arte que reúne a una quincena de artistas para trabajar in situ sobre obras relacionadas con la cultura del vino. Los artistas realizarán sus creaciones tomando como soporte láminas de aluminio de formato circular que una vez ejecutadas serán instaladas definitivamente en algunos de los toneles y barriles que alberga la bodega. Entre los artistas participantes estarán Gloria Martín, Ramón David Morales, Manuel León, Manuel Antonio Domínguez y Cyro García además de los cordobeses Paco Ariza, Miguel Ángel Moreno Carretero y Verónica Ruth Frías.


Haikus de Jacinto Lara se podrán contemplar en Z. Foto: Cortesía La Fragua
La provincia de Córdoba se ha convertido de un tiempo a esta parte en escenario de un nutrido grupo de experiencias en torno al arte contemporáneo. La Fragua de Belalcázar, después de un intenso programa  veraniego, inaugura el curso el próximo día 13 con la presencia de la Compañía La Ruspa Rocket. A golpe de percusión brasileña, Laura Trefiletti,Valentin Pythoud y Julien Piérrot , "tres virtuosos de la acrobacia", intentan recomponer "el equilibrio del mundo". El 13 de septiembre comienzan también las II Jornadas de Arte Contemporáneo de Montalbán. Z, en alusión al ceceo habitual en la localidad de la campiña, arrancará con La Ilustración (Sobre el papel del arte), una performance de Ruben Barroso, y continuará con un programa de actividades que incluye intervenciones del colectivo Scarpia o del artista Jacinto Lara, quien desplegará uno de sus haikus. La Sala Depósitos, por su parte, acogerá En Escena, una exposición que reúne obras de artistas como Nieves Galiot, Arturo Comas y Noelia García Bandera entre otros.

Invocación, videoinstalación de Carmen Sigler para Intervalos, la muestra que se podrá contemplar en la sala Vimcorsa
Ya en la capital el jueves 19, la sala Vimcorsa inaugura Intervalo, el ciclo sobre arte contemporáneo y flamenco que iniciaran en 2004 el artista Javier Codesal y el recordado Paco del Río, crítico de arte y responsable durante años de la Fundación Cajasol. Intervalo es un proyecto que se ha ido configurando a lo largo del tiempo mediante la invitación a artistas a trabajar sobre las confluencias entre el arte flamenco y la cultura contemporánea. Obras del propio Codesal, Alex Francés, Carmen Sigler, Kaoru Katayama, La Ribot, Alonso Gil, Vasco Araújo, Jorge Ribalta y Dias &Riedweg conforman un recorrido ineludible para abordar una de las escasas confluencias entre ambas manifestaciones artísticas. La sala municipal cerrará el año con Perú. Martín Chambi-Castro Prieto, un recorrido por el país andino que confronta las imágenes realizadas por Chambi a principios del siglo XX con las tomadas ya en el XXI por el fotógrafo madrileño. La sala Galatea, por su parte, sólo ha confirmado hasta el momento una muestra y estará realizada por miembros de la Asociación de Ceramistas Cordobeses Horno 24.

Mario y Manuel (2005). Still de video de Javier  Codesal. Foto: Cortesía Galeria Casa Sin Fin.

En Octubre, y de la mano del crítico y comisario independiente Jesús Alcaide, asistiremos a la segunda de las entregas del ciclo de exposiciones Los nombres del Padre, un programa de intervenciones artísticas en el Centro de arte Pepe Espaliú que ha invitado a tres artistas contemporáneos a establecer un diálogo entre sus trabajos y las obras de Espaliú desde conceptos derivados de la influencia que el psicoanálisis lacaniano tuvo en la formación artística y personal de Espaliú. Tras la intervención de Txomin Badiola es el turno del artista visual Javier Codesal. Codesal confronta sus obras con las del artista cordobés a partir de "tres conceptos que aparecen vinculados a la teoría lacaniana y a la propia obra de Espaliú, en primer lugar la idea de lo patrimonial , en segundo lugar el descubrimiento del lenguaje, la escritura y los otros y en tercer lugar, la enfermedad, el SIDA y la ausencia, definitivos en la última etapa de Espaliú".

A finales de octubre dará comienzo la edición número XV de la Muestra de Arte Contemporáneo D´Mencia 2013. La Casa de la Cultura de la localidad de la Subbética acogerá exposiciones de Javier Artero, La disección lúcida, Helí García, Homo Faber y la uruguaya residente en Barcelona, Elena Ferrer que presentará Comming Backhome. El proyecto seleccionado para intervenir en el Pilar de Abajo es 8 donceles llorando, de la pareja formada por José Iglesias G. Arenal y Chaqui Warhole. Cierran el avance de programación las galerías privadas de la ciudad. La decana, Arte21,  inaugura la temporada con Banco de España, una instalación de Victor Pulido que reflexiona sobre las consecuencias de la crisis económica. Por su parte la galería Carmen del Campo programará exposiciones de Sara Moyano y Mariano Aguayo y Carlos Bermúdez hará lo propio con obras de Ángel Pascual Rodrigo.

18 mayo 2012

El bosque de la memoria. María Ortega Estepa en Carmen del Campo


Aspecto de la exposición de María Ortega Estepa en la galería Carmen del Campo. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi.

La artista María Ortega Estepa (Córdoba, 1983) presenta desde hoy en la galería Carmen del Campo de nuestra ciudad una selección de trabajos recientes que reúne bajo el título Sus raíces transformaron la tierra. Se trata de una serie de collages, esculturas con elementos vegetales, maderas pirograbadas, dibujos y pinturas que pretenden "invitar al espectador a penetrar en un rincón de mi espacio interior concibiendo la expresión artística como un viaje, como una reflexión sobre nuestro lugar en el mundo y la existencia. Con esta obra desea rememorar el pasado de sus abuelos "construyendo una autobiografía que no tiene carácter narrativo, sino vivencial". Para la artista cordobesa esta evocación del pasado se encuentra "impregnada de una atmósfera de momentos vividos, parcelas de la memoria que tienen sabor, tacto, peso, clima y olor, cargados de nostalgia y ternura. Una especie de arqueología de los orígenes que ahora se traslada a la obra a través de espacios e instantes que mis abuelos y abuelas me narraron todos estos años y han quedado en los cajones de mi memoria convirtiéndose ahora en vivas raíces y troncos de árbol cuya sabia recorre mil caminos e infinidad de historias". 

Cartografías de una savia.  Lápiz y pirógrafo sobremadera. Foto: Cortesía de la galería
Si el paisaje y la naturaleza han sido una constante en el trabajo de María Ortega, la obra reciente se centra en la iconografía del árbol pero ahora, apunta, se trata de "un único árbol solitario y frondoso que crece y ocupa toda la superficie del lienzo, habitando entre sus copiosas raíces recuerdos, caminos, instantes…encontrándonos en la órbita mágica de una creación de bellas fantasías, de ilusiones presentidas que, aquí, nos parecen fáciles de conseguir". Para María Ortega la figura del árbol representa "un monumento de los siglos que no vivimos. El hombre evoca y da vida al árbol a través de su pensamiento, del arte, de los cuentos que lo mentan en torno a la hoguera y en juegos de niños". El marco es para la artista cordobesa "un juego acumulativo como un palimpsesto, una señal, una marca, una huella, un rastro convertidos en pintura y hechos, signos gráficos que adquieren una entidad propia. Encuentro en estas señales mi trayectoria, la única ordenación de tiempo y espacio, completando la metáfora del topógrafo que ahora conforma la savia del árbol. Un laberinto de caminos de ida y vuelta, una geografía de desconocidos y profundos ecos donde los recuerdos conforman imágenes fruto de la memoria reconstructiva con el árbol como punto de partida y las raíces con una unión umbilical".

El árbol de la vida, 2012. Foto: Cortesía de la galería
En la obra reciente de María Ortega  es posible reconocer, según afirma Carmen Andreu en el texto de presentación,  "la fuerza de las metáforas que generan las formas, la sutileza de los símbolos que recrean, podemos sorprendernos con el delicado encuentro de antítesis inevitables en su imaginario, disfrutar con hermosas paradojas. Para la titular del Departamento de Pintura de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, "la intensidad de la obra plástica de María Ortega Estepa reside en esa peculiar capacidad para unir ambos lenguajes, pintura y poesía, poesía visual, pintura poética. Pero su carácter poético no reside sólo en esos recursos técnicos propios de la poesía que afloran en su obra plástica, sino en el modo mismo con el que mira la Naturaleza, que le permite ver sus símbolos casi por transparencia, más allá de la realidad que ven los ojos, y aún más allá de lo que son capaces de comprender". Los collages, sostiene, "más allá de lo narrativo crean imágenes que conectan la persona con la vida y el mundo, pero en esa búsqueda de lo invisible que le caracteriza nos desvela el extraordinario poder de lo simple, de los elementos familiares y cercanos. La facultad constructiva de su imaginación le lleva, por necesidad, a una indagación abstracta en el imaginario colectivo, para sustraer elementos con los que compartir emociones y evocar resonancias que nos trasladen por debajo, o por encima, de las apariencias". Las obras de María Ortega Estepa, concluye, "encierran una síntesis excepcional de la fuerza operativa de su mundo interior y la facultad constructiva de su imaginación y sobre estos dos pilares se cimenta su discurso".

La muestra se completa en la sala inferior con una selección de trabajos anteriores de la artista cordobesa como los realizados con motivo de la Beca de Artes Plásticas Rafael Botí. María Ortega participa en estos días en el Instituto Cervantes de Belgrado en Entre Valles, una exposición colectiva que forma parte del Proyecto Internacional de Cooperación Artístico-Cultural Jarama/Danubio entre España y Serbia. También prepara su participación en el Festival Sahara Libre que reunirá en Sevilla el próximo 26 de mayo a más de cien artistas en apoyo a la resistencia del pueblo saharaui.



María Ortega Estepa. 
Sus raíces transformaron la tierra
Galería Carmen del Campo
Hasta el 16 de junio

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16 noviembre 2011

Juan Luque presenta su nueva individual en Carmen del Campo

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Juan Luque, El faro de la cantera, O/L, 2011 (de la serie Solos)

Redacción / Ars Operandi

El próximo viernes, 18 de noviembre, la Galería Carmen del Campo presenta la nueva producción de Juan Luque, titulada When I end and you begin, una colección que abarca una veintena de obras realizadas en óleo sobre lino, y en la que el pintor montillano prosigue su experimentación con las luces y las formas a través de motivos referenciales concretos. El título hace alusión al proceso continuo que va asociado a la obra de arte: cuando el artista acaba su obra, se abre un momento en el que el espectador completa la fruición artística mediante la interpretación y el deleite de la obra. 

De las varias series que se presentarán, las tituladas como El hogar y el refugio, Horizonte para un faro, Solos o Nieve, tienen como protagonistas a los faros y otras construcciones anejas, que se yerguen en paisajes inhóspitos dotando a la composición de un sólido referente visual. De ellos ha dicho: "El encuentro con los faros fue algo casual, nada intencionado, pero yo creo que estaba predestinado a sensibilizarme con este tipo de cosas. Luego empecé a meterme en Internet y descubrí que había mucha gente aficionada a los faros, que coleccionan piezas, imágenes..., y me aficioné yo también. Además el faro encierra desde símbolos históricos, como el faro de Alejandría, hasta esa sensación de hogar o refugio". 

Por su parte, la serie A new end explora el tema circense, muy cercano compositivamente a sus faros, y en la que las carpas son asimismo elementos aislados en paisajes desolados, mientras que la serie Motel se compone de una serie de obras que se insertan, por su iconografía, en la gran tradición paisajista estadounidense de la que formaron parte pintores como Charles Sheeler, Edward Hopper o Richard Estes, cada uno con sus particularidades técnicas. En el caso de Juan Luque, su procedimiento técnico se inicia con la creación de sus propios soportes, lino pegado a tabla, sobre el que pinta tras una somera preparación que gusta de dejar zonas con la trama visible. Sus composiciones parten de imágenes encontradas a través de fuentes diversas, reestructuradas y sintetizadas, imágenes que son el inicio del desarrollo pictórico posterior. Los acabados al óleo son manipulados de diversas formas, las cuales proporcionan el acabado final característico de Juan Luque, un pulido a base de sucesivos frotamientos que dota a la obra de un rastro continuo como valor añadido, irreproducible fotográficamente. 

Juan Luque, Estudio nº 3, O/L, 2011 (de la serie Motel)

Juan Luque (Montilla, 1964), es Licenciado en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Desde 1989 ha realizado numerosas exposiciones colectivas y una veintena de individuales en países diversos. Su carrera, que ha ido evolucionando del informalismo hacia un realismo onírico, ha sido distinguida con numerosos premios y menciones, de entre los que destacamos el Premio Garnelo (1999), Premio Maestro Mateo (2000), Premio Rafael Zabaleta (2001) o dos Medallas de Honor consecutivas en el prestigioso Premio BMW de Pintura (2006 y 2007).  Igualmente su obra se encuentra en numerosas colecciones, tanto públicas como privadas.

Juan Luque 
When I end and you begin 
Inauguración viernes 18 de noviembre, 20:00 h 
Galería Carmen del Campo 
C/ Conde de Robledo, 5 14008 Córdoba 
Hasta el 7 de enero de 2012

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05 mayo 2011

Paloma Montes presenta su primera individual en Carmen del Campo

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 Paloma Montes, 122112,  Técnica mixta sobre tabla (gouache, lápices acuarelables, cianotipia y goma bicromatada), 2011

Paisajes para el quinto mes es el título de la exposición que la Galería Carmen del Campo inaugura en el día de hoy, la primera muestra individual de la artista afincada en Córdoba Paloma Montes (1982).

La exposición, compuesta por cerca de cuarenta obras, muestra al público "una ciudad contemporánea, que sin perder un ápice de su identidad, afronta el futuro con ilusión y frescura", según comunica la galería. Asimismo, se señala de la obra de la artista que "las fotografías pictóricas de Paloma Montes están envueltas en un aura de magia y ensoñación, gracias a la intensidad del azul que emplea. Este azul es propio del proceso fotográfico de la cianotipia, técnica que la artista combina con goma bicromatada, gouache y lápices acuarelables. Todo ello da como resultado un juego visual rico en perspectivas y encuadres de lugares emblemáticos de Córdoba".

Licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes Alonso Cano, de la Universidad de Granada, y ganadora del XVIII Premio Internacional de Fotografía Antonio López Calzado, en los últimos años Paloma Montes ha sido galardonada con la becas de la Fundación para Jóvenes Creadores Antonio Gala (Córdoba); y de la Résidence pour Jeunes Photographes (Niort, Francia). Sus creaciones le han llevado a exponer en numerosas salas de España y Francia, así como a impartir talleres y realizar intervenciones artísticas en Cosmopoética, Museo Arqueológico de Córdoba, etc. Su obra se encuentra en diferentes instituciones y organismos como el Ayuntamiento de Villafranca de los Caballeros (Toledo), el Ayuntamiento de Doña Mencía (Córdoba), el fondo de la Asociación Pourlinstant en la Scène Nationale Le Moulin du Roc (Niort, Francia), el fondo de la colección de arte del Campus de Verano de las Artes de Guía (Santa María de Guía, Gran Canaria), y la Universidad de Jaén.


Paisajes para el quinto mes
Paloma Montes
Inauguración jueves, 5 de mayo de 2011, 20:30 h
Galería Carmen del Campo
Conde de Robledo 5, 14008 Córdoba
Del 5 al 31 de mayo de 2011



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02 marzo 2011

Desiderio Delgado: el alma del agua


Desiderio Delgado, Alfaya, 2011, 160 x 195 cm, técnica mixta


José Álvarez / Ars Operandi

Si tú desprecias la pintura, imitadora de todas las cosas visibles de la naturaleza, desprecias en ella un sutil invento que, con filosófica y sutil especulación, considera todas las cualidades de las formas, ambientes, sitios, plantas, animales, hierbas y flores, envueltas en sombra y luz. Y verdaderamente esta ciencia de la pintura es hija legítima de la naturaleza, porque la engendra la naturaleza. O, para hablar con más corrección, es nieta de la naturaleza; porque todas las cosas visibles han sido engendradas por la naturaleza, y de ellas ha nacido la pintura.


La cita, entresacada de los Aforismos de Leonardo, situada en el contexto en que se escribió—inicios del siglo XVI—nos habla del acercamiento a la naturaleza que, con el hombre como protagonista, experimentan las artes en época renacentista. El marco en que se inserta el hombre, el paisaje, comienza a adquirir un protagonismo inexistente hasta ese momento y que en otras culturas, como la china, tuvo presencia en la creación artística desde el siglo V.

Hasta ese momento, Occidente se había relacionado con su entorno con un simple propósito de subsistencia. Salvo contadas excepciones de desarrollo urbano, la vida rural era la común en la sociedad, y las actividades ligadas a la explotación agraria, el cultivo y la ganadería, tan dependientes de los factores climáticos, no hacían sino confirmar al hombre en su idea de que la naturaleza no era más que una fuerza misteriosa de la que su bondad en enviar las benéficas lluvias y las cálidas brisas o, por el contrario, las heladas y las tempestades, dependía la suerte de todos. Con la aparición entonces del mercantilismo, de las nuevas rutas que abrían mercados y las novedosas posibilidades que ellas traían aparejadas, la idea del campo como un mero lugar al que arrancarle los medios de sustento se pierde. El hombre se desliga así de esta necesidad y, llegado este caso, es cuando realmente se advierte el verdadero valor de las cosas. Esta puesta en valor del entorno se realza con las corrientes de pensamiento neoplatónico que hacen que el Renacimiento sea el inicio de una nueva visión de lo que nos rodea y que descubre la belleza en si misma y no por su utilidad. El paisaje se interioriza, se hace de uno, del que lo observa. El hombre vive un descubrimiento vital y el artista—eco de los tiempos—se aplica a este propósito en un desarrollo progresivo del que surge un nuevo género, el paisaje, y un nuevo interés, lo pintoresco, esto es, lo que tiene cualidades para ser pintado.

La interiorización del paisaje, unida al goce estético del que observa, se torna indispensable en el pintor que traslada al cuadro su representación, pues no es sino el descubrimiento de las cosas que nos rodean y de sus matices lo que lleva al artista a reflejar su entorno. Se requiere entonces un conocimiento verdadero, cercano, casi familiar, para dotar a la obra de una personalidad que contenga tanto los valores de lo observado como las capacidades del artífice. Si la representación es simplemente mimética, ningún virtuosismo podrá enmascarar la falsedad de lo representado. Solamente desde la observación pausada y reflexiva, la obra de arte encerrará la verdad que requiere la interpretación del paisaje, lo que permitirá que la pintura vaya más allá de una imagen reflejada y contenga las cualidades emocionales del artista. En la obra de Desiderio Delgado, ello es lo que permite reconocer de inmediato la empatía del artista con lo representado.

Desiderio Delgado, Hamaca en sombras, 2011, 30 x 60 cm, técnica mixta

“El agua me atrae y me encanta desde que era un niño. Según mi madre, cuando me perdía me encontraban siempre cerca de ella en el cortijo de mis padres”. Estas vivencias que recuerda Desiderio, traslucen el interés que desde siempre el pintor ha manifestado por la representación del agua y los paisajes a ella asociados. Sin embargo, y como apuntábamos antes, su continuado trabajo pictórico en torno a este tema va más allá de la recreación y el efectismo, situándose en un plano de experimentación que sitúa a sus series de Pilones en un campo próximo a la abstracción, y cuyo referente figurativo no es a veces sino mera excusa para la investigación cromática. Técnicamente, Desiderio Delgado es un pintor que extrae de sus materiales todos los recursos de que disponen. Su pincelada, que sabe conjugar el brío y la sutileza, denota en su ejecución el conocimiento que el pintor tiene de su oficio y cómo se abstrae de lo superfluo para plasmar en el cuadro la esencia de lo representado. Así, los fondos aparecen apenas cubiertos en algunas zonas, mientras que otras, de aparente complejidad, están ejecutadas con una sencillez y economía de pinceladas que demuestran cómo el pintor tiene diseñado en mente el cuadro de antemano y cómo la solución al problema del colorido la resuelve justamente en la paleta, sin empaste apenas, lo que dota a la obra de Desiderio Delgado de su ligereza característica. 

En la muestra que presentamos, son tres los temas que el artista trae a la contemplación del público. Sus Pilones y albercas, composiciones cada vez más asimétricas, más experimentales, en las que el caño del que mana el agua se erige como la única referencia figurativa, alternan con su serie de Arboledas y con una novedosa incursión temática titulada Piscinas.

 Desiderio Delgado, El flotador, 2011, 40 x 90 cm, técnica mixta

Arboledas va más allá de sus anteriores series sobre ríos. La vegetación de ribera, los árboles que se erigen como acompañantes del cauce en su discurrir, son analizados por el pintor como si de composiciones geométricas se tratase. Los troncos, que aparecen en planos cortados, son una sucesión de franjas dispuestas verticalmente sobre la tabla que crean un dinámico efecto de contraste sobrepuesto a las pausadas líneas horizontales del fondo. Las luces y las sombras, que tan violentamente se manifiestan en este paisaje, son las referencias de las que se sirve el pintor para desplegar su desarrollo cromático, verdadero interés que trasluce la composición. Dentro de esta temática, Desiderio Delgado muestra asimismo una serie de Arboledas de tamaño reducido, formato apenas trabajado por el pintor, resueltas a carboncillo y toques sutiles de color, que adquieren así el carácter y la vivacidad del schizzo, las primeras impresiones de las que parte el creador y que tan interesantes resultan para conocer su arte.

Desiderio Delgado, Dibujo, 2011, 40 x 40 cm, técnica mixta

En la nueva serie de Piscinas, dos son las variables con las que ha trabajado el pintor. En una de ellas, la referencia figurativa nos remite a obras de artistas formalmente alejados de Desiderio Delgado hasta ahora como David Hockney en su serie Pools o Larry Rivers y House of cards blue. En estas nuevas interpretaciones, la importancia de lo gestual se sobrepone a la disciplina de la representación formal. Los elementos presentes se trabajan con soltura, las hamacas están esbozadas, son una referencia que no han de distraer al espectador de la impresión general del cuadro y de sus verdaderos protagonistas, la luz y el color. De nuevo la composición asimétrica y el encuadre abierto son adecuadamente utilizados por Desiderio Delgado para disponer grandes campos de color donde evolucionar y crear interesantes efectos de reflejos y profundidad.

Vemos, en este somero recorrido por la obra del pintor, otra variable, que me atrevería a calificar de monetiana, por el interés por las transparencias, por la creación de sinfonías de colores donde esmeraldas y azules alternan dotando al cuadro de una plasticidad que no esconde el estudio de las masas de agua y la refracción de la luz sobre ellas. Si hay artistas que han logrado un verdadero virtuosismo en la representación de la atmósfera, en “pintar el aire”, Desiderio Delgado logra trabajar estos mismos efectos de luz en su interacción con el medio acuático. Plenitud artística y experimentación unidas en una muestra que avanza un paso más en la carrera del pintor, quien, lejos de repetir esquemas, arriesga en la búsqueda sorprendiendo y deleitando al espectador.
Desiderio Delgado
Cerca del agua y del paisaje
Inauguración miércoles 2 de marzo, 20:00 h
Galería Carmen del Campo
Conde de Robledo 5, 14008 Córdoba
Hasta el 29 de marzo

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22 enero 2011

Apología de la pintura



  Juanma Pérez e Isidre Sabater, Le déjeuner sur l'herbe (V. O. Manet), 200 x 200 cm, collage, acrílico y aerosol sobre tela, 2011

José Álvarez / Ars Operandi 

"No es fácil exagerar la influencia que sobre el futuro del arte tiene siempre su pasado. Dentro del artista se produce siempre un choque o reacción química entre su sensibilidad original y el arte que se ha hecho ya (...) ¿Cuál será el modo de esa reacción entre el sentido original y las formas bellas del pasado? Puede ser positivo o negativo. El artista se sentirá afín con el pretérito y se percibirá a sí mismo como naciendo de él, heredándolo y perfeccionándolo—o bien, en una u otra medida, hallará en sí una espontánea, indefinible repugnancia a los artistas tradicionales, vigentes, gobernantes—. Y así como en el primer caso sentirá no poca voluptuosidad instalándose en el molde de las convenciones al uso y repitiendo alguno de sus consagrados gestos, en el segundo no sólo producirá una obra distinta de las recibidas, sino que encontrará la misma voluptuosidad dando a esta obra un carácter agresivo contra las normas prestigiosas".

La cita, entresacada de La deshumanización del arte, de Ortega, reflexiona sobre cómo la transformación del arte, o la creación de un nuevo estilo, se basa en la mayoría de los casos en la negación de los valores precedentes. El asesinato de la tradición, consumado en la fecha en que el filósofo publicó su ensayo (1924), resolvió, del mismo modo en que Bruto quiso acabar con la dictadura, el problema del anquilosamiento de las artes resultado de la fosilización del academicismo. Pero... ¿puede haber una opción que conjugue el acervo que desde siglos la pintura ha depositado en la historia del arte con las técnicas procedimentales y los lenguajes artísticos contemporáneos? Juanma Pérez e Isidre Sabater se han aplicado a este propósito en su actual exposición en la galería Carmen del Campo, en una apropiación de los clásicos que, según los artistas, supone "un ejercicio de distanciamiento de esas obras que forman parte de nuestra retina y que deseamos pintar aportando nuestras obsesiones y transformándolas en algo propio".

V. O. (Versión Original) es una muestra conjunta, independiente y entrelazada, en que esta aparente contradicción se explica descubriendo cómo la distinta personalidad artística de ambos pintores es puesta al servicio de un objetivo común, la revisión de una serie de obras en la que los lenguajes pictóricos han sido traducidos a los personales modos de Juanma Pérez e Isidre Sabater. Se trata de un mismo mensaje—se ha respetado la composición original de los cuadros de forma fidedigna en la mayoría de los casos, mediante proyección—, pero enunciado de otra forma: la que resulta de los modos expresivos de ambos artistas, que han utilizado sus técnicas habituales para trasladarlas a las presentes revisiones.

 Juanma Pérez, Bodegón (V. O. Zurbarán), 50 x 100 cm, collage, acrílico y óleo sobre tela, 2011

Juanma Pérez (Priego de Córdoba, 1970), trabaja habitualmente con una personal figuración que al espectador puede desconcertar por su ausencia de referentes miméticos. Sus paisajes se concretan mediante el uso del collage, de la reserva, de la mancha, pero dotando a esta última de una importante autonomía propia, pues los distintos planos que conforman la composición no se ajustan a la tradicional jerarquía de luces y de sombras para definir los volúmenes, resultando de este modo un aspecto formalmente cercano a la abstracción. Este lenguaje es muy evidente en obras como Bañistas en Asniéres (V. O. Seurat) o La música sobre Desnudo (V. O. Matisse y Modigliani). Las calidades pictóricas unidas al uso del collage logran altísimas cotas estéticas en obras como Bodegón (V. O. Zurbarán), en la que la transformación del fondo abetunado en albo relacionan a la obra, en su sencillez, con las composiciones de Morandi, como si de una natural evolución estética se tratase. Piezas como La gran salpicadura (V. O. Hockney) retoman la paleta marina de su anterior serie America's Cup, visible en las calidades del agua y los celajes, lo que hace que, pese a la enorme fuerza del referente observado, no abandone al espectador avisado un claro deje de familiaridad con la obra de Juanma Pérez.

Por su parte, Isidre Sabater (Valencia, 1967), aborda su revisión de los clásicos mediante un elaborado análisis de las composiciones elegidas, resueltas en su versión a base de tintas planas de colores luminosos y vibrantes. El resultado carece de la planitud de la que generalmente adolece la pintura a base de este tratamiento, ofreciendo por el contrario un interesante estudio de las perspectivas mediante el escogido uso de las tonalidades. Tintas planas, plantillas y aerosoles conforman el vocabulario de Sabater, el cual, pese a su aparente parquedad, ofrece al espectador algunas exquisitas obras como las dos reinterpretaciones de Vermeer, La lechera y La encajera,  Los peces rojos (V. O. Matisse) o La Grande Jatte (V. O. Seurat), un soberbio ejemplo de reestructuración compositiva. El spray adquiere un sutil protagonismo en La Libertad guiando al pueblo (V. O. Delacroix), donde su aplicación, como fondo de la barricada que es asaltada, prefigura su uso por el arte urbano y nos evoca otras revueltas parisinas. Juanma Pérez e Isidre Sabater han trabajado conjuntamente en la realización de una de las obras expuestas, la fundamental Le déjeuner sur l'herbe (V. O. Manet), resuelta mediante la unión de tan diferentes técnicas, proceso que han grabado en su totalidad y que se expone asimismo en la muestra, con el deseo de los artistas de hacer partícipe al espectador de la creación pictórica.

 Isidre Sabater, La encajera (V. O. Vermeer), 70 x 60 cm, acrílico y aerosol sobre madera, 2011

Juanma Pérez e Isidre Sabater no tratan de sorprender con virtuosismos y efectismos al espectador ingenuo, asombrado aún hoy día de la capacidad mimética desplegada por algunos, sino que ofrecen el resultado de un profundo estudio de los grandes maestros, un alto en el camino que confirma la vigencia de la pintura en un actual panorama artístico, abstruso a veces, donde con irritante frecuencia contemplamos ocurrencias y banalidades desprovistas del más mínimo contenido.


Juanma Pérez e Isidre Sabater  
V. O. 
Galería Carmen del Campo
C/ Conde de Robledo, 5
14008, Córdoba
Hasta el 23 de febrero

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24 noviembre 2010

Carratalá y Montó. Miradas al paisaje en la Galería Carmen del Campo




  

Magdalena Madueño / Ars  Operandi

El Paisaje de la Mirada es el título que recibe la próxima exposición que se inaugurará el viernes, 26 de noviembre, en la Galería Carmen del Campo. En ella se mostrarán una treintena de pinturas y dibujos a cargo de los artistas valencianos Calo Carratalá y Salvador Montó. Ambos vuelven a la galería tras exponer en 2004 y 2007.

El paisaje se impone como elemento común denominador de la muestra. Un género que ha sido alabado y denostado a partes iguales, pero que aquí se presenta como una experiencia de lo vivido, al estilo de los viajeros románticos. El paisaje adquiere una importancia tal que casi fagocita al ser humano, quien aparece en contadas ocasiones.

Carratalá nos presenta una selección de las escenas que más le impactaron durante su estancia en la selva amazónica. Su pincelada, rápida, nerviosa y arrebatada, nos recuerda a los primeros plenairistas, creando resultados evocadores y sugerentes.

En contraposición, el paisaje urbano viene de la mano de Salvador Montó. El escenario elegido es la siempre deslumbrante Nueva York. A través de diversos dibujos y pinturas, los delicados trazos construyen una ciudad que cambia su luz constantemente.

Calo Carratalá (Torrent, Valencia 1959) es uno de los artistas levantinos de más sólida trayectoria. La Medalla de Honor del XXI Premio BMW de Pintura (2006) o su participación en la Feria ARCO Madrid ’06, son un ejemplo de ello. Además, sus obras se encuentran en importantes colecciones privadas e instituciones como el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Fundación Wellington (Madrid) o la Academia de España en Roma, entre otros.

Por su parte, a Salvador Montó (Valencia, 1963) también le avalan numerosos premios y reconocimientos, entre los que cabe destacar la Medalla de Honor del Premio BMW de Pintura en 1993, 1996, 2000 y 2002. Su buen hacer con la pintura le ha llevado a exponer en España, Italia, Alemania, Austria, Bélgica, etc. La Colección Duques de Alba o la Academia de España en Roma cuentan con obras de Montó. 


Calo Carratalá y Salvador Montó
El Paisaje de la Mirada
Inauguración: viernes, 26 de noviembre, 20:00 horas
Galería Carmen del Campo
Calle Conde de Robledo 5
14008 Córdoba
Hasta el 8 de enero de 2011 

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12 noviembre 2010

Brinkmann. Madurez y riesgo


 Enrique Brinkmann, Barcelona I, aguafuerte, aguatinta y azúcar/papel

Oscar Fernández / Ars Operandi

El discurso de la modernidad, a pesar de la opinión de muchos de sus cronistas, ha sido fluctuante. Nada de esa inmovilidad que, como un estigma, le ha perseguido hasta casi nuestros días aparece en la obra de quienes la vivieron con mayor intensidad. Y es que, como demuestra la obra gráfica de Enrique Brinkmann, es un suceder de pequeñas revoluciones lo que mejor define la actividad artística del siglo XX. Tal vez, como nos descubren los pensadores post-estructuralistas, sea justamente esa cronicidad del cambio, esa perpetuación de la disidencia, la que haya agotado a lo moderno. Pero, en cualquier caso, una consecuencia como esa sólo será aplicable a casos particulares, y no define el espíritu de toda una época que ha podido ser cualquier cosa menos monótona.

Desde este prisma se viene produciendo una nueva historiografía, representada entre otros por Thomas Crow. De su trabajo en torno al devenir del arte en la segunda mitad del siglo XX podemos extraer nuevas claves de lectura que nos ayudan a mejor comprender la obra de quienes, como Brinkmann, vivieron esa época con intensidad. En concreto, las revisiones recientes de la modernidad posterior a la II Guerra Mundial nos la muestran como un fenómeno mucho más híbrido de lo que nos presentaron sus principales paladines; nos referimos por supuesto a Clement Greenberg y Michael Fried. Es, precisamente, como enmienda a éstos que Crow lanza una serie de argumentos con los que, sin duda, el Brinkmann grabador también comulga.

La primera enmienda se lanza contra aquella idea, que Fried ratifica en su ensayo Arte y objetualidad, según la cual la obra de arte moderno ha de ser aprehensible en un instante único. Toda verdadera obra de arte habría de ser contemplable en ese breve lapso; siendo capaz de condensar toda su grandeza en una mirada fugaz. Lo que derivaba en la invocación de un arte estático y fijo. Como respuesta a ello, Crow nos recuerda que Barnett Newman, uno de los últimos artistas a los que Greenberg apadrinó como adalid de esa modernidad óptica e instantánea, representaría finalmente una herejía contra ese discurso. Ya que, si bien su pintura se ceñía a las normas formalistas y planas que requería la instantaneidad, el resultado de su encuentro con el espectador era bien distinto. Como afirma Crow en El esplendor de los sesenta: "Las pinturas se prolongaban más allá de cualquier aspecto único coherente, incitando al movimiento físico y a un compromiso progresivo con la totalidad de su presencia material".

Otro de estas enmiendas se dirigió contra la obsesión de Greenberg y Fried por impulsar una pintura abstracta que no se ocupara de otra cosa que de la propia pintura como problema formal y del modo en que esta se distribuye por la superficie del soporte pictórico y se ciñe a los límites que éste marca. En definitiva, se trataba de cuestionar la idea de autorreferencialidad como sentido inquebrantable del arte. Ante ella se reacciona, de nuevo, flexibilizando las posturas e introduciendo numerosos ejemplos en los que los artistas apadrinados por estos críticos formalistas traicionaban la estricta norma que se les imponía. Así, se cita las evidentes sugerencias figurativas que se destapaban en la pintura de Willem de Kooning por el modo como éste introducía en ellas ciertos golpes de color, o el retroceso hacia modelos de expresión más ¡cónicos que experimentó Jackson Pollock en el último período de su carrera.

Esta tarea de desmontaje del discurso hegemónico sobre ciertos aspectos de la modernidad, incidiendo en aquellos enunciados que se daban como dogma, se ha convertido en uno de los objetivos principales de la posmodernidad. Sin embargo, su presencia no es ajena a la propia idea de modernidad. Ya decía Albert Camus, sobre los primeros poetas modernos como Rimbaud, que su obra demostraba un empeño por derribarlo todo, por la ruptura sistemática, pero que a la vez evidenciaba la "nostalgia desesperada de un orden".

 Enrique Brinkmann, MMX 11, aguafuerte, aguatinta y azúcar/papel

La dialéctica entre ruptura y orden, no entendidos ya como una contradicción, marca también la obra gráfica de Enrique Brinkmann. Igualmente la define su capacidad para reafirmar el rigor plástico del medio, expresándose a través de un discurso abstracto que no incurre en la autocomplacencia -en la que, afirmaba Crow, incurrió parte de la Escuela de Nueva York-. También es característico en sus grabados ese abandono de la fijeza y del carácter unitario de la pintura para proponer imágenes complejas, llenas de pequeños laberintos que, a modo de trama, resultan en un aguafuertes y aguatintas expansivos, casi rizomáticos. La metáfora neuronal, que años atrás se instaló en su obra, y la incorporación a su pintura de la malla metálica como superficie sobre la que trabajar, no hacían sino presagiar esta tendencia, que ahora es tan clara en los grabados, hacia la complejidad y la profundidad. Todo ello dentro de un lenguaje que, por lo demás, se presenta como bastante contenido.

Todas estas enmiendas profundas a la modernidad de corte greenbergiano, en las que anda inmerso Brinkmann desde hace décadas, no exigen de este artista más que una sobria combinación de recursos. Nada que ver con la aparatosidad que otros insurgentes frente a la modernidad dominante, estoy pensando en Tàpies, por ejemplo, portaban consigo. Mientras estos últimos se convertían en traidores a lo moderno mediante su desbordamiento, abrazando un nuevo barroquismo lleno de la teatralidad y el solapamiento de signos que aborrecía Greenberg, Brinkmann se propone hacer menos ruido.

También en su obra gráfica más reciente, de la que ahora se muestran la serie Barcelona, de 2008, y la serie MMX, de 2010, el artista destila esta sutileza que en él es, desde luego, una gran cualidad. Bajo las condiciones específicas del formato y de la técnica de estampación, estos trabajos mantienen intactos los valores más relevantes del quehacer de este autor. Se trata de aguatintas y aguafuertes que insisten en ese discurso antidogmático y transversal del último Brinkmann. Así, la profundidad se impone sobre la obsesión moderna por las formas planas; el dinamismo y la idea de recorrido de la mirada se autoafirma contra el paradigma del instante único descrito por Michael Fried; el detalle, formando una compleja red de conexiones, es el que conforma la imagen final; el trazo del artista, sin incurrir nunca en el amaneramiento, se muestra siempre, incluso cuando se trabaja con elementos geométricos como puntos o líneas; los grandes planos de color monocromo aparecen elementales, graves, pero siempre contrastados y contaminados por otros temas. Es así, casando trasgresión con sutileza, como el artista combate esa estrechez de miras que representa una cierta versión de la modernidad con la que él nunca se identificó.

Enrique Brinkmann
Obra Gráfica
C/ Conde de Robledo, 5, Córdoba
Hasta el 20 de noviembre

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