por José Manuel Recio

Ligeti es un buen comienzo para casi todo. Recuerdo que fue Ligeti quien me enganchó a esto de la Música Contemporánea, hace muchos años ya. Su música es accesible hasta para el menos iniciado, y además tocó todos los estilos, por lo que podíamos utilizar su música como un buen ejemplo de lo que se hacía por otras partes. Hoy se cumplen exactamente 3 años de su muerte, en Viena.
Su vida no fue fácil. De niño tomó contacto con esto de la música pero no se lo tomó demasiado en serio. Más bien como un hobby. Ni siquiera tenía piano y toqueteaba en casa de un amigo. Cuando tuvo que estudiar una carrera se decidió por ciencias físicas, pero, paradojas del destino, las leyes antisemitas de la época no le permitieron entrar en la universidad debido a su origen judío y terminó, de rebote, en el conservatorio. Estudiando composición.
Más tarde llegó la guerra donde lo pasó realmente mal. Su padre y su hermano murieron en sendos campos de concentración y él fue reclutado para transportar explosivos al frente de guerra. Pero consiguió sobrevivir y al término de la guerra completó sus estudios y comenzó a enseñar armonía en su Hungría natal. En la academia Ferenc Liszt. Pero las cosas no le iban del todo bien. Vivía en una dictadura de estas que controlan el estilo musical en el que uno se desenvuelve, y Ligeti buscaba algo más. La prohibición del estreno de su concierto rumano fue la gota que colmó el vaso. Ligeti preparó las maletas y junto a su mujer cruzó la frontera como inmigrante ilegal y se marchó a Alemania.
Fue allí donde contactó con Karlheinz Stockhausen, quien por entonces dirigía el laboratorio de música electroacústica de Colonia (hablamos de 1956). Ligeti trabajó con él, hizo tres piezas de música electrónica y decidió que nunca más volvería a ese género. Pero su amistad con Stockhausen, quien incluso le alojó en su casa, le puso al día de los avances en la música después de Bartók.
Ligeti podía haber saboreado las mieles de éxito, de hecho comenzó a ser habitual en los cursos de Darmstadt, y podría haberse quedado escribiendo en el estilo que le había dado fama, pero siguió investigando otros caminos. La década de los 70 la dedica a buscar nuevos lenguajes. Escribe el teatro musical absurdo Aventures y Nouvelles aventures, escribe música minimalista: Tres piezas para dos pianos o espectral, como el segundo cuarteto de cuerda, y progresivamente su música va clarificandose, abandonando el total cromático en post de una música más clara y direccional. Pero ya en los ochenta conoce a Simha Arom, un etnomusicólogo israelí que había pasado casi toda su vida en África estudiando la música de los pigmeos. Y es entonces cuando Ligeti descubre la tremenda complejidad métrica de estas músicas tradicionales. Siempre había estado obsesionado con los mecanismos de precisión, como relojes, metrónomos (de hecho por ahí vino su fantástico Poema sinfónico para 100 metrónomos). Así pues, en los ochenta comienza una nueva etapa, en la que, además vuelve al piano. Es cuando escribe sus dos cuadernos de estudios para piano, con influencias de la métrica africana, pero también de los fractales y de infinidad de elementos matemáticos, pero donde la complejidad rítmica es una constante.
También este camino es abandonado en los noventa. Quizás su estilo se vuelve hacia la tradición. Comienza a utilizar instrumentos de afinación natural y de naturaleza desafinada. Trompas naturales, ocarinas… intentando volver hacia el pasado. Es cuando escribe el concierto para violín y orquesta, donde podemos encontrar un segundo movimiento con el sugerente título: Aria, coral y hoquetus de clara influencia renacentista. No olvidemos que Ligeti fue siempre un enamorado de la música de Gesualdo. Además, por si fuera poco, para este movimiento usa un tema anterior, muy anterior aparecido ya en Musica ricercata una de las obras que escribió antes de salir de Hungría, y quizá una de sus músicas más tocadas hoy.
Pero ya su estado de salud comienza a debilitarse y en la década de 2000 no escribe ninguna pieza. Su última obra publicada, Sippal, dobbal, nadiheguedüvel, de 2000, es un conjunto de pequeñísimas piezas para Contralto y grupo de percusión, donde incluso juega con una armonización pop, para una pieza tradicional. La traducción sería: “con flautas, tambores y violines”.
Pensándolo bien, es una bonita despedida.
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1 comentario:
Señor Recio, me gustan los aires frescos que usted ha traido! Su selección musical es muy estimulante!
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