24 julio 2016

PhotoEspaña (2) Linarejos Moreno, fotografía expandida

Vista de la exposición en el Pabellón Villanueva del Jardín Botánico© Marina Fertré

Ángel L. Pérez Villén / Ars Operandi

La presencia de Linarejos Moreno (Madrid, 1974) en esta edición de PhotoEspaña es triple, pues además de las exposiciones del Jardín Botánico y de Tabacalera Estudios, también recala con una individual en la Galería Pilar Serra. Respecto a la primera de las muestras hay que precisar que es fruto de la colaboración con una historiadora del arte y arquitecta, Fabiola López Durán, y que aúna investigación académica y producción artística. Pero los orígenes discursivos de la propuesta de Linarejos Moreno apuntan a las ediciones con ilustraciones botánicas de comienzos de siglo pasado, en las que se fusionaban el pulso artístico —y la creatividad y la ficción— y la indagación científica. Sea como fuere, “Tabularia : laboratorios de ciencia e imaginación”, no se limita a advertir sobre las posibilidades plásticas de las formas naturales, que también, sino a subvertir o cuando menos pervertir las nociones de asepsia científica y libertad creativa, para otorgar a sendos lenguajes —el supuestamente científico y el deliberadamente artístico— la eventualidad y congruencia de su mestizaje.


Vista de la exposición en el Pabellón Villanueva del Jardín Botánico  © Marina Fertré

Y quizás sea este mestizaje, que hace posible partir de modelos didácticos botánicos históricos para arribar a mecanismos solteros duchampianos, el que contribuya a que la propuesta constituya una rica confluencia de la fotografía con la pintura, de la escultura con la instalación. Y es que si mezclamos con imaginación y creatividad y con talante riguroso y objetivo —ficción y realidad— los modelos botánicos de Karl Blossfeldt y la supuesta ciencia criminológica de Alphonse Bertillon, es muy posible que devenga una realidad pasmosa y pasmada ante la fantástica percepción de la naturaleza. El resultado de este ayuntamiento es una serie de piezas de gran formato que usurpan soporte y formato a la pintura, siendo fotografías, y que se vinculan al contexto espacial circundante mediante la expansión de su potencial escultórico y objetual, hasta transformarse en una suerte de instalación.

Vista de la exposición en los Estudios de Tabacalera. Foto: WWW

Este es sin duda el dominio más transitado por la artista, no en vano lleva más de una década trabajando en torno a espacios muy significados en origen y función, pero que precisamente por perder esta última devienen de manera irremediable en ruina. Y es “la construcción de una ruina” el epígrafe y la espina dorsal de su intervención en los Estudios de Tabacalera, en los que vuelve a revisitar y a problematizar la relación, el lugar común que la modernidad atribuye a la ciencia y la razón, la verdad y la realidad, y por otra parte a la ficción y la imaginación y el arte y la creatividad. Y es este falso paradigma sostenido por la modernidad al que remite la serie de fotografías e intervenciones que la artista despliega en las dependencias desafectadas del uso original (estancias, servicios y lavabos) del edificio de la antigua fábrica de tabacos de Madrid. Y lo hace postulando la necesidad de replantearnos esa relación dual puesta en entredicho y que en el contexto específico de la ruina como escenario, de lo decrépito como telón de fondo, como perspectiva de la imaginación (Georg Simmel) alumbra horizontes retrofuturistas y ciega utopías liberadoras. Todo es una densa sopa de memoria en la que el azar y la fragilidad custodian el porvenir.

Tabularia. Laboratorios de ciencia e imaginación 
Real Jardín Botánico 
Clausura: 28 de agosto 

La construcción de una ruina 
Tabacalera Estudios 
Clausura: 28 de agosto 

Write, write, write in order… 
Galería Pilar Serra 
Clausura : 22 de julio

http://www.linarejos.com/ 
http://www.phe.es/ 
http://www.rjb.csic.es/jardinbotanico/jardin/
http://www.phe.es/es/phe/exposiciones/1/seccion_oficial/sede/90/estudios_tabacalera_promocion_del_arte 
http://pilarserra.com/es/ 


21 julio 2016

Warhol: así empezó todo

Andy Warhol. Leg and Shoe, blotted line y acuarela sobre papel, ca. 1956. Imagen cortesía de Galería Theredoom

José Álvarez / Ars Operandi

En 1945, un joven y atribulado Andrew Warhola (n. en 1928) ingresó en el prestigioso Carnegie Institute of Technology de Pittsburgh, su ciudad natal. Lejos estaba aún la estrella que—cambio de nombre incluido—hará su eclosión un lustro después ya en la ciudad de Nueva York, adonde se había trasladado para afianzar su carrera artística. En el Carnegie Institute se gradúa en el 49 como Bachelor of Fine Arts, tras cursar los estudios de Dibujo Publicitario (Commercial Art). A diferencia de la mayoría de artistas de la época, que estudiaban bien en escuelas de bellas artes tradicionales o alternativas, como el Black Mountain College de Albers o la Hans Hoffman School Of Fine Arts, la formación de Warhol es esencialmente utilitaria, con un fin determinado, y no tanto al servicio del consumismo sin más como a hacer éste más atractivo. En su especie de autobiografía, cuaderno de meditaciones, ideario o como quiera llamarse su inclasificable Mi filosofía de A a B (y de B a A) (1975), Warhol define el papel del artista situándolo hábilmente entre sus propias coordenadas: "Un artista es aquel que produce cosas que la gente no necesita, pero que él—por alguna razón—cree que es una buena idea ofrecérselas. Es mucho mejor hacer Arte Comercial que Arte por el Arte, porque el Arte no aporta nada al espacio que ocupa, mientras que el Arte Comercial sí. (Si el Arte Comercial no aporta nada a su propio espacio, no tiene mercado.)".

Andy Warhol. Fruit Tree, tinta china sobre papel, ca. 1950. Imagen cortesía de Galería Theredoom

Para Warhol, los objetos de consumo han de ser atractivos, y su compra, placentera. En estos primeros años artísticos trabaja realizando escaparates en los grandes almacenes Bonwit Teller así como ilustraciones para celebérrimas revistas como Harper's Bazaar, Glamour y Vogue, o discográficas como Blue Note, para quienes diseñará portadas en la onda cool del momento. Su primer refrendo viene dado al ganar el prestigioso Art Directors Club Medal en 1952 por su trabajo The Nation's Nightmare, una ilustración para un programa radiofónico sobre el crimen y el consumo de drogas, recopilado y publicado como LP y cuyo anuncio en el New York Times a toda página causó sensación. En esta época, Warhol utiliza las técnicas aprendidas en publicidad. De ellas, la más característica de los 50 es la conocida como blotted line. La técnica consiste básicamente en realizar un dibujo a lápiz sobre papel de calco traslúcido, copiando una fotografía tomada de cualquier publicación. Una vez calcada la imagen a lápiz, los contornos se dibujan a pincel con tinta china, y se imprimen de forma rudimentaria sobre una hoja en blanco, para ser posteriormente coloreado el conjunto a la acuarela. El resultado es una imagen irregular, con contornos poco definidos y que puede seriarse, aunque todas las imágenes diferirán de la matriz. La exposición de Theredoom muestra una interesante serie de obras realizadas con esta técnica, que demuestra el temprano interés de Warhol por el abandono de la obra única y "original", hecho visible asimismo en piezas como Fruit Tree o Shruberry donde la utilización de una plantilla permite al artista repetir la imagen a discreción, clara prefiguración de trabajos posteriores.

Andy Warhol. Shruberry, témpera y anilinas sobre papel, ca. 1950. Imagen cortesía de Galería Theredoom

También arranca de esta primera época la obsesión warholiana por los iconos de la sociedad de consumo. Su trabajo para la I. Miller Shoe Co. despierta en Warhol un interés fetichista por los zapatos. En 1955 publica À la recherche du shoe perdu, una serie de dibujos sobre zapatos de fantasía inspirados por personajes célebres con textos de Ralph Pomeroy, series de las que recordamos sus famosas piezas en blotted line y pan de oro Golden Boot Elvis Presley y Judy Garland Boot. Este interés llegará a su culmen en la década de los 80 cuando Warhol realiza su serie Diamond Dust Shoes en la que a la tinta serigráfica añade polvo de diamante.

Andy Warhol. Shoe With Lace, tinta sobre papel, ca. 1955. Imagen cortesía de Galería Theredoom

Su virtuosismo con el dibujo le llevó a participar en la colectiva Recent Drawings USA que el MoMA llevó a cabo en el mismo año de 1955. Una amplia muestra de dibujos a bolígrafo, tinta y lápiz están presentes en la exposición de Theredoom, mostrando temas diversos que van desde sus simpáticos Cupids a retratos o bodegones sui generis

La exposición Todo empezó así... se completa con una especie de salto temporal con la adición de varios items sólo aptos para mitomaníacos como autógrafos sobre portadas de Interview (la dedicada a Michael Jackson, de 1982), reproducciones offset de series como Hammer & Sickle y Marilyn o carteles y flyers de diversas exposiciones. Esta variedad de coleccionismo tiene ejemplos excelentes como la famosa colección Gutman (Riccione, Italia), especializada en memorabilia y efímera warholiana. Es en definitiva una excelente ocasión para remontarnos a los inicios de uno de los más grandes creadores del siglo XX.

Andy Warhol. In the bottom of my garden, blotted line y acuarela sobre papel, ca. 1955. 
Imagen cortesía de Galería Theredoom

Andy Warhol
Todo empezó así...
Galería Theredoom 
Doctor Fourquet, 1-3, 28012, Madrid 
Comisario: Boyer Tresaco 
Hasta el 30 de julio

16 julio 2016

PhotoEspaña 2016 (1) Un paseo excéntrico por la fotografía


Vivian Maier. Autorretrato, s/f © Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York
Ángel L. Pérez Villén / Ars Operandi


Vivian Maier, el pulso de la vida 

Niñera, fotógrafa secreta y cronista de la realidad a tiempo parcial, Vivian Maier (1926-2009) es la protagonista de una de las muestras más esperadas de la edición actual de PhotoEspaña. Miradas que captan el instante anodino y confirman la sensación furtiva de ser partícipe de un descubrimiento. Instantáneas de las calles de Chicago y Nueva York en los años 50. Miradas cómplices, cruzadas. Desengaños y renuncias. Individuos singulares, que no populares ni pintorescos, personas anónimas atrapadas en la intimidad de un gesto. Fotografía costumbrista de una urbe metropolitana a mediados del siglo pasado. Pero esta fotógrafa clandestina, sin pretensiones de trascender en su delectación por capturar momentos de vida, también denota un interés no exclusivamente documentalista. Aborda encuadres y composiciones en los que el formalismo resulta muy patente pero sin emerger ningún interés estético añadido. Parece como si esta plusvalía formal –orgánica o geométrica, estructurada o caótica– fuese mera consecuencia de la elección del tema.


Vivian Maier. San Francisco, CA, 1955 © Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York

De padre austríaco y madre francesa, judíos ambos refugiados en EEUU en las primeras décadas del siglo pasado, Vivian Maier es una veinteañera que se gana la vida como cuidadora de niños, primero en Nueva York y más tarde en Chicago. En sus ratos de ocio se dedica a fotografiar prácticamente todo lo que le llama la atención en la calle y nunca llega a mostrar los resultados. Tanto es así que a su muerte deja un legado de cinco millares de fotografías impresas y más de 120.000 negativos, así como unos dos mil rollos de película sin revelar. Todo este tesoro es hallado casi de manera fortuita en 2007 por John Maloof al comprar en una subasta un archivo fotográfico depositado en un almacén guardamuebles. No es inmediata la sorpresa pero cuando algunas fotografías llegan a manos de Allan Sekula se produce el sobresalto : cómo es posible que la obra de esta fotógrafa no hubiese trascendido antes. A partir de entonces, ya fallecida Maier, se suceden las muestras, siendo esta la primera gran exposición que se le dedica y que exhibe más de un centenar de fotografías.


Vivian Maier. New York Public Library, New York, c. 1952 © Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York

Volviendo a su obra podríamos decir que es como si el instante decisivo de Cartier-Bresson hubiese perdido ese aura de trascendencia en la construcción del relato. Tanto es así que la fotografía de Maier sedimenta detalles y anécdotas, restos espurios con los que reconstruye el puzle de la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad (años 50 y 60). Mención especial merecen sus autorretratos, en los que la artista se presenta la mayoría de las veces inesperadamente, como si del encuentro fortuito frente a su reflejo se tratase. En realidad ese parece ser el desencadenante, ya sea fraguando una imagen que captura el eco en un escaparate, en una máquina expendedora, el brocal de una fuente pública o la superficie pulida de una bandeja, cuando no la sombra proyectada que dibuja su figura en el césped. Pero no todo es blanco y negro, la obra en color (años 70 y 80) redunda en un tipo de fotografía que no aspira a convertir cada registro en un hito, cada toma en una celebración, sino en dejarse llevar por la adicción compulsiva de compilar imágenes que toman el pulso a la vida.

Miroslav Tichý, s/t, s/f

Miroslav Tichý, ladrón de imágenes

Otro raro, otro fotógrafo casi secreto, al menos hasta que Harald Szeemann lo mostró en la Bienal de Sevilla (2004). Vagabundo y con una trayectoria policial como indigente y enfermo mental –no en vano estuvo entrando y saliendo de prisiones y psiquiátricos varios años de su vida– Miroslav Tichý (1926-2011) es también un disidente del régimen comunista de la extinta República de Checoslovaquia, pero su disidencia no era tanto política como estética. Cuando abandona su Kylov natal para estudiar Bellas Artes en Praga Tichý es un estudiante aplicado que sigue la rutina académica del aprendizaje de la pintura, pero en 1948 deja la escuela porque el régimen prosoviético ha decidido cambiar las modelos femeninas desnudas por obreros modélicos vestidos con prendas de trabajo. Refugiado en su mundo interior, sigue cultivando la pintura y en los años 60 comienza a fabricar sus cámaras fotográficas con elementos de desecho, con restos de objetos y utensilios que encuentra en la basura.

Miroslav Tichý, s/t, s/f

Las imágenes resultantes, desenfocadas y con encuadres caprichosos, rescatan para nosotros la mirada honda y sutil, delicada y sensual de un voyeur. Imágenes de mujer en la práctica totalidad de su obra, robadas. Escenas que denotan una fascinación casi enfermiza por la presencia femenina. Rostros y restos de una arqueología de la memoria y una apuesta por la celebración de lo cotidiano. Una fotografía amateur, pictorialista casi, evanescente e íntima, que nos invita a compartir, como si de un tesoro repleto de despojos y pálidas presencias se tratase, un archivo atemporal de lo femenino. Nick Cave dedica al fotógrafo un tema, “The Collector”, en el que habla de “una chica tan borrosa que no se puede apreciar. La sensación de su silueta en reposo que llena de magia la página… Mientras las colecciono como mariposas con mi red mágica hecha a mano”. Pues eso, Tichý recolector de chicas borrosas, ladrón de imágenes.


Joel-Peter Witkin.The Raft of George W. Bush, Nuevo México, 2006. Fotografía, gelatina de plata sobre papel (Edición AP1). 61 x 75,5 cm © Joel-Peter Witkin

Joel-Peter Witkin, contra la indolencia

Más rara o extravagante es la propuesta de Joel-Peter Witkin (1939), un clásico en la parada de los monstruos de la fotografía. Su fijación y apego por la escatología, la deformidad y la perversión hacen de su obra una marca indeleble en el panorama fotográfico internacional. Es cierto que hay más autores trabajando en este campo, algunos con un temperamento incluso más retorcido, más abyecto, con un perfil casi enfermizo, pero la obra de Witkin es única. Y lo viene siendo desde los años 80, de la que se pudo dar cuenta por aquí en su exposición individual a finales de la década en el Reina Sofía y más recientemente en el Círculo de Bellas Artes, también en Madrid. Precisamente entonces conocimos la célebre epifanía que Witkin asocia con su afecto por una fotografía como la suya. De pequeño fue testigo de un terrible accidente de tráfico en el que murió una niña cuya cabeza llegó rodando hasta sus pies. La exposición que presenta en Michael Soskine se abre con piezas de los años 80, en las que podemos encontrar sus habituales seres deformes, escenas contrastadas casi en blanco y negro y sin matices, esgrafiadas e intervenidas con incisiones, añadiduras, troqueladas. Todo un surtido de libertades que hacen de su obra casi un collage más que una fotografía. De hecho cada obra parte de una serie de bocetos previos y su fijación fotográfica es intervenida desde el propio negativo.


Joel-Peter Witkin.Amour, Nuevo México, 1987. Fotografía, gelatina de plata sobre papel (Edición 3/3) 104 x 104 cm © Joel-Peter Witkin

Neoyorquino afincado en Albuquerque, Joel-Peter Witkin gusta de componer escenas con las que nos introduce en ese universo tan particular, siniestro e inestable, un territorio que podría llegar a firmar Tim Burton en su peor pesadilla. Erotismo de baja intensidad y morbidez de alto voltaje conforme nos alejamos de lo trivial : no solo cuerpos y seres deformes, animales disecados, cadáveres y órganos amputados, símbolos religiosos, también prácticas sadomasoquistas, coprofagia y además relecturas de la historia del arte. Y todo ello mezclado con un humor negro que no duda en remitir a personajes públicos vinculados a la política. Siempre se ha invocado al hablar de su trabajo a los clásicos del arte más bronco, a los que cultivan los paladares más exquisitos, a los que se decantan por el exceso, a la estética del baroco, a las naturalezas muertas y a las alegorías de la vanitas barroca, al claroscuro, a El Bosco y a Goya, a los daguerrotipos del siglo XIX. Ahora también Delacroix, De Chirico y Picasso. Una nueva vuelta de tuerca que corrobora ese talante deleitoso con la cofradía del desnudo, la enfermedad y la muerte.


Vivian Maier. Street photographer 
Fundación Canal. 
Clausura : 16 de agosto

Miroslav Tichý o la celebración del proceso fotográfico 
Museo del Romanticismo 
Clausura : 28 de agosto

Joel-Peter Witkin 
Michael Soskine Inc. 
Clausura : 30 de julio