Editorial / Ars Operandi
Desde gran parte de la comunidad artística en Córdoba
contemplamos con profunda preocupación el anuncio del Ayuntamiento de la
firma de un protocolo que permitirá que las futuras salas de exposición
de las Caballerizas Reales sean gestionadas por una fundación privada con
sede en Barcelona, el denominado Museo Europeo de Arte Moderno, un
proyecto de carácter comercial, centrado exclusivamente en el arte
figurativo español del siglo XXI.
Conviene recordar que, en
la actualidad, el Ayuntamiento de Córdoba solo dispone de dos espacios
expositivos: la sala Vimcorsa, dependiente de la empresa municipal de
vivienda, y la Casa Góngora, integrada por varias salas de reducido
tamaño que no reúnen las condiciones museísticas básicas. Esta carencia
cultural, anómala e impropia, pone de manifiesto una dotación claramente
insuficiente para una ciudad como Córdoba, situación ésta que, en
parte, vendría a subsanar la proyectada adecuación de las salas de
Caballerizas Reales.
Resulta, por tanto, inevitable
preguntarse por qué el Ayuntamiento opta por comprometer, por hipotecar
su política cultural en el ámbito de las artes plásticas, cediendo la
gestión de una infraestructura tan necesaria a una entidad concreta, sin
que medie un proceso de concurrencia pública ni se hayan hecho públicos
informes o estudios que justifiquen una decisión de tal alcance.
Más allá de estas dudas administrativas, la cuestión de fondo es si
la ciudad de Córdoba necesita consolidar durante años una suerte de
franquicia museística de carácter excluyente o, por el contrario,
apostar por una programación propia, rigurosa, abierta y diversa, capaz
de acoger todas las manifestaciones del arte contemporáneo, con
independencia de su adscripción estética o grado de realismo.
La implantación de este modelo —de carácter privado, restrictivo y
eminentemente orientado al turismo— podría impedir que, en unas salas
rehabilitadas con fondos públicos, encuentren espacio artistas
cordobeses de reconocida trayectoria por el mero hecho de estar
vinculados con lenguajes no figurativos. De esta manera, creadores
referentes en la ciudad como Equipo 57, Medalla de Oro al Mérito en las
Bellas Artes; Antonio Povedano, participante en la Bienal de Venecia;
Pepe Espaliú, Hisae Yanase o Rita Rutkowski verían excluida la
posibilidad de exponer sus obras en Caballerizas Reales por no ajustarse
al canon artístico dictado desde instancias municipales.
Esta decisión, además, se produce en un contexto en el que distintos
agentes culturales cuestionan la viabilidad de la externalización de la
gestión de museos y centros de arte. Ejemplo de ello es el propio
Ayuntamiento de Málaga que ha revertido recientemente a gestión pública
municipal su principal centro de arte, el CAC Málaga, tras constatar la
inconveniencia del modelo privado. Un modelo caduco que aquí,
inexplicablemente, el Ayuntamiento de Córdoba pretende imponer y que,
por excluyente, sin duda resultará una losa para el enriquecimiento
artístico y cultural de la ciudad.
Por todo ello, las y los
artistas cordobeses, comisarios, críticos, investigadores, gestores y
coleccionistas que suscribimos esta carta abierta instamos al
Ayuntamiento de Córdoba a actuar con rigor y transparencia, apostando
por un modelo inclusivo que permita dotar a la ciudad de un espacio
expositivo municipal propio, abierto a la diversidad de prácticas y
discursos del arte contemporáneo.
Puedes apoyar este manifiesto aquí:
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