28 febrero 2013

Un perro manchego

Miguel Hernández Camacho. S/T. Serie Miguel About Kimi (2012)
José Álvarez / Ars Operandi

Aunque el título oficial de la exposición de Miguel Hernández Camacho es Fábula, al contemplar por vez primera la colaboración videográfica de Luis Manuel Tapia, en la que une fotografías de la muestra con fotogramas de Un perro andaluz, ocurrió que desde ese mismo momento Fábula fue titulada de forma oficiosa por sus organizadores como Un perro manchego. Y es que, como señala Fernando Castro Flórez en el prólogo del catálogo, "somos, conscientes o más que nada de modo inconsciente, los herederos de un corte cruel: la navaja de El perro andaluz sigue imponiendo su ley".

El manchego Miguel Hernández Camacho (1988) es deudor —consciente o inconscientemente, como anota FFC—, de un rico imaginario que encuentra sus referentes más claros en el surrealismo buñueliano, lorquiano y daliniano. La referencia a Buñuel es evidente en alguna fotografía. Pero me consta—desde que tuve un primer contacto con el autor y su obra—que muchas otras referencias aparecen de modo autónomo sin ser reflejo directo de aquellas surgidas en los agitados años veinte. Los dibujos infantiloides que aparecen en las fotografías y que tanta relación estética guardan con Lorca, los huesos de animales—carnuzos—que aparecen en sus escenografías, ojos, pestañas, bichos diversos... todos son elementos que el autor pone al servicio de una idea principal, como es indagar por sus propias emociones y fantasmas. Para ello se sirve de objetos heteróclitos que acumula en una vieja casa abandonada familiar, en medio del páramo manchego. En ella, una alberca desecada hace de decorado, y en su interior, objetos y modelos se suceden en escenas diversas que dan como resultado cinco series distintas: Impacientes I y II, Sombras, La trampa del mar y Miguel About Kimi. En cada una de ellas, Hernández Camacho se sirve de una única modelo que dispone, a modo de atrezzo, junto a los demás objetos de su particular iconografía.

Sus escenografías, lejos de ser casuales, obedecen a un sentido decidido de narración o de plasmación emocional de un tema previamente determinado, que aborda por medio de su traducción en imágenes. De este modo, las series Impacientes I y II son el resultado de la reflexión que el artista hace sobre el cuerpo y la enfermedad, aludiendo en ambos casos a situaciones reales con las que tiene o ha tenido contacto de forma directa. En esta misma línea, Sombras surge a través de una experiencia hospitalaria. Con tono más festivo aborda otra autobiográfica serie, La trampa del mar, donde plasma los recuerdos amorosos de una aventura estival.

Es en Miguel About Kimi donde podemos encontrar lo que sería una técnica más depurada si no fuese porque Hernández Camacho voluntariamente elude cualquier tipo de preponderencia técnica sobre su concepto de la fotografía. De hecho, si somos estrictos, en el proceso de creación de la obra final de Hernández Camacho—la fotografía—es donde el artista realiza sus mayores esfuerzos, siendo la imagen última una especie de soporte documental final del proceso. Miguel Hernández utiliza una cámara analógica reflex de 35 mm con película en b/n, que utiliza para fotografiar en un primer momento sus escenografías desde diversos planos. En el cuarto de revelado se procede a una primera revisión, utilizando las tomas de contacto, los tiempos de exposición, imágenes añadidas y/o fotocopias para realizar un collage analógico que es posteriormente fotografiado con una cámara compacta digital. Esta imagen es nuevamente transformada mediante sencillos programas de retoque que dan un resultado final low-fi buscado por el artista, que reivindica de este modo el defecto, lo imperfecto, en un ejercicio de feísmo voluntario. Este último paso—la utilización de la tecnología digital—es lo que aleja finalmente a Hernández Camacho de sus antecesores surrealistas: el collage como fin no le interesa ya que es solamente parte de un proceso, meticulosamente diseccionado por Pablo Navazo, comisario de la exposición, en el excelente texto que acompaña el catálogo.

Miguel Hernández Camacho. S/T. Serie La trampa del mar (2012)
Miguel About Kimi, su serie más reciente, tiene como protagonista a Kimi, una estudiante coreana con la que ha compartido piso—Miguel estudia en la cordobesa Escuela de Arte Mateo Inurria—este último curso. La convivencia se encontró en un primer momento con varias barreras: culturales, idiomáticas y con el carácter retraído del propio fotógrafo. La catarsis se produjo cuando Kimi accedió a ser protagonista de sus fotografías, quedando al fin una luminosa serie en la que la esplendente belleza de Kimi comparte protagonismo con una tortuga, metáfora de lo oriental para Hernández Camacho. 

Fábula, la exposición con la que Miguel Hernández se presenta por vez primera, es en definitiva un ejercicio muy individualista de creación que puede en un principio confundirnos formalmente con otras propuestas anteriores, las cuales, aunque presentes, aparecen más como un referente cultural, colectivo, que recuperado ex profeso. Es más una propuesta plena de introspección y de teatralidad en la que el proceso es indisoluble del resultado final. Experiencia y acción al servicio de una creación medida hasta el milímetro pese a su apariencia informal.


Miguel Hernández Camacho
Fábula
Galerías Cardenal Salazar
Facultad de Filosofía y Letras
Plaza del Cardenal Salazar 3, Córdoba
Hasta el 22 de marzo
Comisario: Pablo Navazo

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25 febrero 2013

José Mª Palencia, nuevo director del Museo de Bellas Artes de Córdoba

José Mª Palencia Cerezo. Foto cortesía de Editorial Séneca

Redacción / Ars Operandi

José Mª Palencia Cerezo ha sido nombrado en el día de hoy director del Museo de Bellas Artes de Córdoba por la Dirección General de Museos de la Junta de Andalucía, según ha podido conocer esta misma tarde Ars Operandi. Palencia Cerezo, quien tras la marcha de Fuensanta García de la Torre ha ejercido de director en funciones, lleva vinculado al Museo de Bellas Artes de Córdoba desde 1990, como conservador-curador.

Nacido en Córdoba en 1959, José Mª Palencia se licenció en Historia del Arte por la Universidad de Granada en 1981, obtuviendo el grado con un trabajo titulado La Comisión de Monumentos de Córdoba en el siglo XIX. Especialista en patrimonio y pintura cordobesa en particular, es autor de diversos estudios sobre el patrimonio artístico de Córdoba, publicados en numerosos artículos y libros. Algunos de sus títulos son Setenta años de intervención en el Patrimonio Histórico - Artístico cordobés (1835 - 1905), Museo de Bellas Artes de Córdoba: colecciones fundacionales (1835-1868), Museo de Bellas Artes de Córdoba. Guía oficial, La Colección de obras de arte de la Real Academia de Córdoba, Enrique Romero de Torres, Hornachuelos. Realidad política y social. (1930-1940), y otros. Asimismo ha comisariado distintas exposiciones como Última hornada: la joven pintura andaluza (1985), Los Derechos Humanos en Homenaje a Bartolomé de las Casas (1985), Testamento Andaluz (1986), Fondo contemporáneo del Ayuntamiento de Córdoba (1988), San Juan de la Cruz y Córdoba, el Convento de Santa Ana (1988), El esplendor del barroco andaluz (2007-2008), Espíritu barroco. Colección Granados (2008) o La memoria de Madinat al-Zahra en el Museo de Bellas Artes de Córdoba (2009), entre otras.

José María Palencia es desde 1987 miembro asociado al Comité Español de Historia del Arte, ha pertenecido a la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico-Artístico de Córdoba desde 1985 y es miembro de la Asociación Andaluza de Críticos de Arte, donde ejerció la vicepresidencia. Es asimismo miembro de la Real Academia de Córdoba en la sección de Nobles Artes desde 1995 y Cronista Oficial de Hornachuelos desde 1999.

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19 febrero 2013

Los mapas, los territorios

Un aspecto de Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento en Caixaforum Madrid. Foto: Ars Operandi
Jesús Alcaide / Ars Operandi
A estas alturas puede parecer inocente e incluso reiterativo repetir por enésima vez aquella máxima que dice que “el mapa no es el territorio”, si no fuera porque la exposición Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento que Helena Tatay ha comisariado para el espacio Caixaforum en Madrid, nos vuelve a traer a colación la idea de que el mapa no es sino una convención más (política, experiencial, corporal, económica y conceptual) que realiza el ser humano para simplificar en una simple hoja de papel, la complejidad del mundo que le rodea. 

En torno a este territorio de trabajo se organiza una exposición que despliega como si de un mapa se trata, diversas rutas a la hora de diseccionar los itinerarios propuestos por artistas contemporáneos, cuyas piezas difícilmente podemos ver unidas en una exposición, desde Marcel Broodthaers, Marcel Duchamp, Paul Klee o Joaquín Torres García a imprescindibles representaciones del arte conceptual posterior a los años sesenta (Richard Long, Bas Jan Ader, Art & Language, Stanley Brouwn o Félix Gonzalez-Torres) y la incorporación de artistas más cercanos a nuestro tiempo como Efrén Álvarez, Cristina Lucas, Kara Walker, Trisha Brown, Ignasi Aballí, Rogelio López Cuenca, Erick Beltrán o Zbynek Baladran. 

Study for index map of the world. Art & Languaje, 2001. Foto: Cortesía Caixaforum
La exposición propone siete rutas, comenzando con las reflexiones del cartógrafo Franco Farinelli y terminando con una entrevista con el filósofo Alexander Gerner, y haciendo paradas en estos siete espacios en torno a los que se estructura el discurso trazado por Helena Tatay que no son otros que el lenguaje cartográfico, tipos de espacio, cartografías sociales y políticas, cartografías del cuerpo, cartografías de experiencia y vida, cartografías de lo intangible y cartografías conceptuales. 

El primero de estos ámbitos de trabajo, el del lenguaje cartográfico, inaugura la exposición con piezas de Lothar Baumgarthen y de Art & Language para enfrentarse a los ejercicios conceptuales de Stanley Brouwn y una de las piezas de 1961 de la serie Por ahí, Brouwn (This way, Brouwn) y el mapa como diana para el cuchillo lanzado por Artur Barrio en la obra Un cuchillo lanzado desde un punto cualquiera de Portugal sobre un punto no cualquiera de Europa. 

Traer el mundo al mundo. Alighiero Boetti, (1984). Foto: Cortesía Caixaforum
El siguiente territorio, aborda la idea de espacio, vertebradora junto a la de tiempo de gran parte del pensamiento moderno del siglo XX, y lo hace a partir de obras de Constant, los dibujos acústicos con objetos de Milan Grygar, la “invisible” proyección de Giovanni Anselmo o las imprescindibles piezas de On Kawara, un millón de años ordenados en un espacio y el juego de espejos de Robert Smithson. 

La relación de los mapas con diversos conflictos políticos y problemáticas de índole social, es el territorio de trabajo abordado a continuación, uno de los más productivos a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, que aquí aparece representado con piezas de Gordon Matta-Clark sobre la especulación urbanística en Nueva York en 1973, dos poéticos proyectos de Marcel Broodthaers (Soleil Politique y Atlas) testimonio de las maneras de hacer política de uno de los maestros del arte conceptual europeo, un crítico Esbozo para Mapamundi de Öyvind Fahlström, la archiconocida pieza de Alighiero Boetti Traer el mundo al mundo (1984), una videoinstalación de los Ocho principios posibles o la Creación de Afroamérica de Kara Walker, la clásica América invertida de Joaquín Torres García, las piezas sobre la frontera mexicana en Ursula Biemann, el sangriento mapa de los conflictos en la obra del suizo Thomas Hirschhorn, dos piezas navegables, mapas poéticos y políticos (nunca mudos) de Rogelio López Cuenca y los diagramas caricaturescos de Efrén Álvarez y su crítica a los sistemas de poder. 

 Una linea trazada caminando. Richard Long, 1967. Collection Dorothee and Konrad Fischer. Foto: Cortesía Caixaforum
El cuarto ámbito que se despliega en la muestra, es la relación del mapa con el cuerpo sostenida con la idea que el cuerpo es nuestra medida del mundo y partir de él construimos las representaciones y mapas sobre él, representado por piezas de Ana Mendieta, Yves Klein y David Hammons, Valie Export y Cezary Bodzanowski y tres de las piezas más destacables de la exposición, el Discurso sobre las pasiones del situacionista Guy Debord, la nocturna deriva por Los Ángeles de Bas Jan Ader In Search of the Miraculous (1973) agorero precedente de su posterior desaparición y la Línea trazada caminando por Richard Long en 1967, un clásico del arte conceptual de los años sesenta. 

Casi como una ruta paralela a esta relación del mapa con el cuerpo, nace la relación de la cartografía con los mapas de experiencia y vida, relación expresada de forma melancólica y poética por el retrato de la familia Stillpass realizado por Félix González-Torres en 1991, trabajo que mediante fechas y lugares recorre la sala a modo de inscripciones de vinilo de color plata mientras en otros espacios de la sala podemos transitar por el trazado urbanístico de jeringuillas de Guillermo Kuitca y dos de los proyectos más importantes de On Kawara, I got up (1968-1969) y I met (2004). 

Sin título. Francis Alys, 2005-2011. Foto: Cortesía Caixaforum
 A continuación, la exposición intenta abordar la relación de los mapas con los estados alterados de la mente, la astrología y el ocultismo en los proyectos de Emma Kunz, Hilma af Klint, Willy Tjungurrayi y los mapas de energía de Matta-Clark, para desembocar en lo que la exposición denomina como mapas conceptuales, o lo que es lo mismo, el empeño de un gran número de artistas por relacionar las conexiones de la mente como mapas del pensamiento, a través de diagramas y construcciones alternativas a la cartografía física y política, espacio en el que podemos disfrutar de piezas de El Lissitzky, la Boite en valise de Marcel Duchamp, los mapas neurológicos de Santiago Ramón y Cajal, los países de Ignasi Aballí, el mueble archivo cartográfico de Erick Beltrán y los modelos de Universo de Zbynek Baladran, una de las piezas que bien podría resumir los modos de hacer y estrategias con que los artistas contemporáneos se acercan a la idea de mapa, diagrama o cartografía, como una estrategia para dibujar el pensamiento y relacionarse con el contexto complejo del mundo en el que vivimos, amplio contexto del cual da una acertada muestra esta exposición.

Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento 
Comisaria: Helena Tatay 
Caixaforum Madrid 
Hasta el 24 de Febrero del 2013 

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17 febrero 2013

Menor presencia de artistas cordobeses en las ferias madrileñas

Obra de José María Báez en la galería Rafael Ortiz. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

La presencia de obras de artistas cordobeses en las ferias celebradas en estos días en la capital madrileña se ha visto reducida este año en más de un 30 por ciento. De entre las 300 galerías y más de 2.000 artistas que conforman las tres convocatorias principales  —ARCO, JustMad y Art Madrid— sólo es posible encontrar a cuatro artistas cordobeses. Igual suerte han corrido las galerías andaluzas que se han visto reducidas a la mitad —Rafael Ortiz y Alarcón Criado — en el programa general de ARCO por la ausencia de las malagueñas Alfredo Viñas y JM. La galería que dirigen Carolina Alarcón y Julio Criado reafirma su presencia en la feria con un muy reconocido stand dedicado a Jorge Yeregui, Martín Freire y José Guerrero. Yeregui, ganador del último Premio Pilar Citoler, junto a representantes de la Universidad de Córdoba y la propia coleccionista han presentado en la feria la séptima edición del premio y un avance del nuevo volumen de la colección El ojo que ves, dedicado al artista santanderino. Por su parte, la galería malagueña Isabel Hurley acude este año por primera vez a la feria dentro del programa Solo Projects y lo hace con una serie de collages, objetos y serigrafías  del peruano Alberto Borea.

Gemstones Diamond Princess Cut 9, grafito sobre madera de Manolo Bautista. Foto: Ars Operandi
Un año más es la galería de Rafael Ortiz la que acoge en la feria la única presencia de artistas cordobeses. Las obras de Equipo 57, Dorothea Von Elbe, José Mª Baez o Manolo Bautista son habituales en el stand del galerista sevillano aunque en esta edición sólo estos dos últimos acuden a la cita madrileña. El artista jerezano afincado en Córdoba, José María Báez, despliega una selección de su obra reciente construida a base de papeles pintados, recortados y pegados en una sucesión de trazos superpuestos. El lucentino Manolo Bautista también da un salto en su quehacer artístico al abordar la continuidad de la serie Gemstones, piedras preciosas generadas digitalmente, desde la manualidad que impone el lápiz de grafito.

Posters lijados de Jesús Pedraza en el stand de PM8 en JustMad4. Foto: Ars Operandi
El arte más joven se consolida también como cita obligada en lo sótanos del Hotel Silken de la mano de JustMad4. La cuarta edición de la feria internacional de arte  reúne en su programa general a 33 galerías, 10 de ellas europeas y latinoamericanas,  que trabajan en el campo de la creación emergente. Como novedad, la presencia de una galería andaluza que ha irrumpido con fuerza en el panorama nacional, la marbellí Yusto/Giner, que presenta credenciales en Madrid con obras de tres artistas internacionales Tom Betthauser, Steven Chapman y Alex Luke. JusMad, que el año pasado ofrecía obras de tres cordobeses —Fernando M. Romero, Miguel Ángel Moreno Carretero y Jesús Pedraza— acoge en esta edición sólo los trabajos del artista lucentino. Jesús Pedraza ocupa casi en su totalidad el espacio de la galería viguesa PM8 con una selección de obras de su serie Antifaces. Se trata de una colección de posters de museos como El Prado que el artista interviene  lijando la superficie impresa hasta borrar las reproducciones de las obras de Alberto Durero o Rafael Sanzio de las que preserva sólo los ojos de los personajes a modo de antifaz.

Tiempo libre, obra de Pepe Puntas en Art Madrid. Foto: Cortesía del artista
En Art Madrid, donde el año pasado podíamos contemplar obras de los cordobeses Juan Luque  y Pepe Puntas, sólo éste último comparece este año en la cita madrileña. En el stand de la galería BAT Alberto Cornejo, Puntas presenta pinturas y esculturas recientes compartiendo espacio con artistas como Carlos Albert, Gustavo Díaz Sosa o Leticia Felgueroso.

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12 febrero 2013

Ai Weiwei. Un chino en los zapatos

Descending Light, 2007. Colección Helga de Alvear. Foto: Ars Operandi
Jesús Alcaide / Ars Operandi

La libertad es una cosa muy extraña. Una vez que la experimentas se queda en tu corazón y nadie te la puede arrebatar. Luego, como individuo, puedes ser más poderoso que un país. Ése es uno de los pensamientos que el artista chino Ai Weiwei desliza frente a la cámara en el documental Ai Weiwei: never sorry que en estas semanas se puede ver en algunas pantallas de cine en Sevilla, coincidiendo con la inauguración de la exposición monográfica que hasta el mes de Junio le dedica el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Después de la exposición que en el 2009 le dedicara la Haus der Kunst en Munich y la que tuvo lugar en el Louisiana Museum of Modern Art en Dinamarca en Noviembre del 2011, ésta es la primera exposición que se organiza sobre su obra en nuestro país, gracias al empeño titánico del director del CAAC, Juan Antonio Álvarez Reyes, que ha conseguido que la que iba a ser exposición estrella de la temporada y pocos meses después fuera desprogramada por falta de presupuesto, volviera para comenzar la temporada expositiva del 2013 en un centro cuya programación resiste a la crisis con ingenio y nuevas relecturas de la colección. 

Dropping a Han Dynasty Urn, 1995. Tríptico fotográfico, cortesía de Yvorypress
Reconocido activista por la libertad y la transparencia, el trabajo y la figura de Ai Weiwei, es sintomático de las transformaciones que se han llevado a cabo en los territorios del compromiso del arte y la acción política tras la incorporación de los nuevos medios de comunicación y las redes sociales de la información, nuevos canales en los que el arte actual ha encontrado los engranajes perfectos para seguir engrasando la revolucionaria maquina deleuziana, donde análisis, crítica, afectos y acción política vuelven a unirse en una rizomática e infinita red de redes. 

En este sentido, la figura de Ai Weiwei ha sido la de un chino en los zapatos del arte que se ha incrustado en el interior del sistema y la institución artística para cada vez que damos un paso, seguir molestando, y recordándonos que desde la asepsia del cubo blanco, a veces nos olvidamos de la realidad exterior, o si nos acordamos es siempre bajo el parapeto de ciertas prácticas que denominadas políticas o micropolíticas, poco sirven para una transformación real del feroz sistema postcapitalista en el que sobrevivimos inmersos. Ai Weiwei es pues una figura ambigua dentro de este sistema, un disidente con-sentido, con el que nos preguntamos dónde llegan los límites de lo político en su trabajo y dónde comienza la mercadotecnia del star system enfant terrible que tanto gusta al mercado del arte. 

Sunflower Seeds, 2009. Foto: Cortesía CAAC
Desde que en el 2003 comenzara a denunciar las prácticas poco democráticas de su país en la preparación de las Olimpiadas de Beijing 2008, la figura de Ai Weiwei, sobrepasó los límites del cubo blanco para lanzarse a las portadas de los telediarios y los trending topics de twitter, para, tras el terremoto de Shinchuan en el 2008, y las denuncias sobre la falta de transparencia con que el régimen chino abordó este desastre, convertirse no sólo en una de las figuras más reconocidas del arte made in China en el exterior sino en una amenaza interna para la estabilidad del sistema político vigente en China, a la altura de personalidades como el propio padre de Ai Weiwei, Ai Quing, o activistas como Tan Zuoren o el Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo. 

La exposición que ahora nos presenta el CAAC es una importante muestra de la manera intersdisciplinar con que Ai Weiwei aborda el trabajo artístico, desde propuestas objetuales e instalativas en las que la utilización de la cerámica es la protagonista hasta otras que podríamos enmarcar dentro de su producción de documentales como es el caso de Fairytale, pasando por una selección de las entradas de su clausurado blog y la efervescencia de su cuenta en twitter, hasta archiconocidas piezas como el tríptico fotográfico Dropping a Han Dinasty Urn (1995) procedente de Ivorypress (Madrid), la ya nombrada Sunflowers seeds (2009) en una versión reducida procedente de la Colección Jan Ghilsalberti de Copenhague y la impresionante Descending Light (2007), que procedente de la Colección Helga de Alvear, es la primera vez que se muestra al público, razón que la convierte en una de las piezas más admiradas de la exposición. 

Ghost Gu Coming Down the Mountain, 2005. Foto: Cortesía CAAC
 De la relación objetual de Ai Weiwei con la cerámica se presentan en la exposición varios trabajos, algunos con referencias más naturalistas como es el caso de los dos brillantes pilares, el melón de agua y la burbuja procedentes de Ivorypress, y otros en una clara perversión minimalista de la cerámica como es la instalación Ghost Gu Coming Down the Mountain (2005) realizada con Serge Spitzer y la antes nombrada Sunflowers seeds (2009) que en el montaje del CAAC me despertó una extraña relación con la obra Untitled (Placebo) de Félix Gonzalez-Torres, cuya obra sí que pone en juego los mecanismos de distribución y extralimitación de la acción política, en el caso de FGT sobre las políticas del SIDA en la era Reagan-Bush, y no en ese encajonamiento y aislamiento de las piezas de Ai Weiwei, donde seguimos perpetuando el lugar privilegiado del cubo blanco y la marca Ai Weiwei como pensamiento disidente dentro del sistema. 

258 Fake, 2011. Colección Helga de Alvear. Foto: Ars Operandi
En el territorio audiovisual, la exposición presenta el video que recoge la producción de la pieza Sunflowers seeds en la Tate, una entrevista de Ai Weiwei con Christian Lund en el Louisiana Museum of Modern Art de Dinamarca con motivo de la exposición de Ai Weiwei en Noviembre del 2011 celebrada en dicho museo y la pieza Fairytale (2007) que recoge las peripecias de los 1001 chinos que Ai Weiwei invitó a la Documenta de Kassel para formar parte de su proyecto, en respuesta a esa migración de las formas propuesta por Buergel y a los 1001 globos azules de Yves Klein en 1957. 

S/T (Divina Proportione), 2006. Colección Helga de Alvear. Foto: Cortesía CAAC
Para el final quedan varias de las obras más reconocidas de Ai Weiwei, procedentes de la colección Helga de Alvear, la escultura de madera S/T (Divina Proportione) (2006) que une la tradición china de construcción de la Dinastia Ming con la forma de poliedro del juguete de uno de sus gatos para desembocar en la divina proportione de Leonardo; los Colored vases (2008), jarras neolíticas pintadas con pintura industrial de colores chillones por el artista que conectan con el tríptico fotográfico Dropping a Han Dynasty Urn (1995) y finalmente, la que sin duda es la pieza estrella de la exposición, Descending Light (2007). 

Colored Vases, 2008. Colección Helga de Alvear. Foto: Ars Operandi
Ésta última, es la primera vez que se muestra al público en una sala de exposiciones, y tanto en su título como en su forma, guarda relación con otras piezas realizadas por el artista en su Fake Studio, como Fountain of Light (2007), ambas construidas a la manera de inmensas y helicoidales lámparas de chandelier, que si en el caso de Fountain of Light nos recordaban a la Internacional de Tatlin y también escondía en su título una referencia a la obra de Duchamp, en esta ocasión, el color rojo de sus cuentas de vidrio y el hecho de que aparezca casi derrumbada sobre el suelo de la sala nos inducen a pensar en el régimen comunista chino, régimen que ha encontrado en Ai Weiwei a ese chino en los zapatos que no deja de incordiar, y que incluso en su última aparición mediática bailando el gangnang style no deja de lanzar mensajes libertarios encadenándose a alguno de sus compañeros mediante unas esposas mientras en la canción de Psy podemos escuchar frases como un tipo que prefiere moldear ideas antes que músculos. Ése es Ai Weiwei, un artista necesario para el sistema del arte, una superstar de la disidencia.

Ai Weiwei
Resistencia y tradición
Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Monasterio de la Cartuja, Sevilla
Comisarios: Luisa Espino y Juan Antonio Álvarez Reyes
Hasta el 30 de junio

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10 febrero 2013

'Paradeisos': Culturas Del Aceite Y Arte Contemporáneo, documental de Juan López López



Redacción / Ars Operandi

Paradeisos. Culturas del aceite y arte contemporáneo, fue una muestra organizada por la Diputación de Córdoba y la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí con el aceite como protagonista, formando parte de Córdoba en Clave 16, un programa de actividades culturales promovidas por la Fundación Córdoba Ciudad Cultural durante 2010 para la promoción de Córdoba como Capital Europea de la Cultura en 2016. Comisariada por Michel Hubert Lépicouche y Óscar Fernández, Paradeisos contó con obras de Karmelo Bermejo, Joseph Beuys, Bleda y Rosa, Ricardo Calero, María Cañas, Alberto Carneiro, Mónica Fuster, Federico Guzmán, La Ribot, Antoni Miralda, Julia Montilla, Daniel Palacios, Miguel Rasero, Daniel Silvo, Montserrat Soto, Manuel Vilariño y Claudio Zulián. El presente documental, obra de Juan López López, hace un recorrido visual por la muestra, llevada a cabo en el Palacio de la Merced de Córdoba durante diciembre de 2010 y enero de 2011.   

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Candidez e ironía en Candyland, de Laura Meca

Una vista de la exposición de Laura Meca Candyland, en El Arsenal. Foto: Sonia Corzo

Redacción / Ars Operandi

La Cajita de El Arsenal acoge hasta el próximo 26 de febrero Candyland, muestra en la que la artista Laura Meca presenta su última producción, en la que las golosinas se erigen como absolutas protagonistas iconográficas en sus acrílicos y serigrafías.

Para Laura Meca (Andújar, 1989) Candyland aborda la creación plástica a través de elementos simples como pueden ser los dulces y chucherías, de los que cuenta que “en un primer momento eran elementos con los que únicamente estudiaba composiciones, color, técnica, pero poco a poco las golosinas se han ido convirtiendo en objetos sensibles, objetos que trasmiten mi estado de ánimo y mis sentimientos como si de autorretratos se tratara. La persona que contempla mi obra aprecia color, dulzura, es decir, la niñez en su esencia”. Para Marisa Vadillo, autora del texto que acompaña a la exposición, y que fue profesora de Meca en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, en series como Asfixia, las bolsas de golosinas son una metáfora de la situación del individuo en la hipercapitalizada sociedad actual "listo para ser transportado y consumido en cualquier lugar". Vadillo aprecia asimismo que "en realidad sus obras no son chucherías sino cebollas (en el sentido semántico que dio Barthes a los textos), unas cebollas llenas de capas sucesivas de significado".

Laura Meca comenzó a interesarse por estos dulces motivos "cuando me di cuenta de que las golosinas tenían los mismos colores que yo solía usar para pintar cualquier cosa, desde un desnudo hasta un bodegón”. Este interés temático se traduce en un trabajo que nos remite a artistas señeros de la estética realista post-pop como Charles Bell o Audrey Flack, si bien en Candyland Laura Meca abandona la precisión hiperrealista en beneficio de un mayor juego compositivo y de color, visible en pinturas donde predomina un claro interés por lo geométrico. Aunque la acidez está presente en la serie Mis ahorros, en la que la artista refleja "un momento económico difícil", Candyland es eminentemente un recorrido visual optimista que nos remite a un universo infantil en el que aún existe la delectación en las pequeñas cosas.


Laura Meca,  de las series Diviértete y Mis ahorros, acrílico sobre madera. Fotos: Sonia Corzo

Candyland es la primera exposición individual que El Arsenal ha programado para la temporada 2012-2013 en su espacio expositivo La Cajita, inaugurado el pasado mes de diciembre con la muestra colectiva titulada Cero, en la que participaron Antonio Blázquez, Jorge Curado, Pilar Mayorgas y Marisa Vadillo. La Cajita, que toma su nombre por las reducidas dimensiones de su espacio, nace con el objetivo de ser un lugar abierto a propuestas artísticas multidisciplinares y "hacer más visible la creación contemporánea a la ciudadanía, facilitando también su compra y venta".

Laura Meca 
Candyland 
La Cajita-El Arsenal 
Hasta el 26 de febrero de 2013 
Lunes a viernes de 17:00 a 19:30 h 
Avenida de Chinales, 11 
14007 Córdoba

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07 febrero 2013

La uavA reelige presidente a Curro González

Asamblea General de la Unión de Artistas Visuales de Andalucía. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

La Asamblea General de la Unión de Artistas Visuales de Andalucía ha reelegido durante este fin de semana al artista sevillano Curro González como presidente de su Junta Directiva. La asociación de artistas andaluces concluye así un periodo constituyente comenzado a finales de 2010 y dirigido hasta el momento por una junta de carácter provisional. Durante este tiempo la uavA ha avanzado en su proceso de implantación en el territorio andaluz llegando a contar en la actualidad con casi un centenar de asociados. Dentro de las iniciativas llevadas a cabo por la asociación destaca la puesta en marcha un portal web que recoge información y documentación de interés para el sector así como el acceso a una base de datos donde se difunde el trabajo artístico de los asociados. A través de la web es posible acceder también al canal que permite realizar consultas online a una asesoría jurídica especializada en temas fiscales y de propiedad intelectual. En estos dos años uavA ha negociado su integración dentro de las organizaciones federadas de artistas nacionales y europeos como la Unión de Asociaciones de Artistas VisualesThe International Association of Art Europe. También se han llegado a acuerdos para facilitar el acceso gratuito de los asociados a los principales museos y centros de arte españoles entre los que se encuentran el MACBA, MNCARS, IVAM, ARTIUM o CGAC.

La nueva Junta Directiva de uavA que resultó elegida por la asamblea está presidida por Curro González y cuenta como vicepresidentes a Blanca Montalvo e Isidro López Aparicio. Gloria Martín y José Miguel Pereñíguez serán secretaria y tesorero respectivamente y Jesús Algovi, Tete Álvarez, Rocío Arregui, Lola Berenger, Montse Caraballo, Fernando Clemente, Eduardo D'Acosta, Juan del Junco, Manuel Antonio Domínguez, Jacinto Lara, Julia Llerena, Celia Macías, Carlos Miranda, Ramón David Morales, Jesús Palomino y Patricia Ruiz Soriano ejercerán como vocales. Entre los principales objetivos que se marca la nueva directiva se encuentra el de consolidar su implantación en el territorio andaluz con la incorporación de nuevos asociados. En este sentido se enmarca la presentación que tendrá lugar en el ECCO de Cádiz el próximo 23 de febrero. De igual manera la uavA se propone afianzar su capacidad de representación e interlocución del sector ante las diferentes administraciones, ampliar su red de convenios con museos como el Picasso de Málaga y la negociación de convenios con empresas de distribución de materiales para artistas y de servicios (laboratorios fotográficos, empresas de diseño, etc.) para la obtención de descuentos a los asociados en uavA. Los artistas han coincidido en la necesidad de contar con un estudio que determine las características sociales, formativas y profesionales de los artistas visuales en nuestra comunidad de cara a ofrecer una visión más ajustada de la realidad del sector en Andalucía.

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05 febrero 2013

Rafael Romero Barros. El periodista romántico

TRIBUNA ABIERTA
José Sánchez Muñoz, La familia de Romero Barros en uno de los patios del Museo de Bellas Artes de Córdoba, 1899. Archivo Fundación Viana

Marta Jiménez / para Ars Operandi 

Rafael Romero Barros (Moguer 1932-Córdoba 1895) fue, en realidad, muchos hombres. Lo asombroso es que todos destacaron en una sola persona con una sola vida: la de un extenso humanista. Su existencia giró en torno a la cultura de su ciudad de adopción hasta el día de su muerte, en la que trabajó por la musealización del patrimonio artístico, realizó restauraciones en la Mezquita y otros muchos edificios, investigó sobre arte, arqueología y urbanismo, pintó bodegones y paisajes, además de ejercer de pedagogo de grandes artistas de su tiempo, entre ellos sus propios hijos. La sombra de uno de ellos, Julio Romero de Torres, ha eclipsado injustamente la estela histórica de un hombre que llegó a Córdoba en 1862 como conservador del Museo Provincial, hoy Museo de Bellas Artes, localizado en el mismo solar donde vivió en la Plaza del Potro. Por ello, el Museo ha dedicado este 2012* a celebrar los 150 años de la llegada a Córdoba de este intelectual que revolucionó la vida cultural en la ciudad.

En aquel viejo caserón Romero Barros puso los cimientos de instituciones que hoy perviven radiantes, tales como el Museo de Pinturas, el Museo Arqueológico, la Escuela de Bellas Artes (germen de la actual Mateo Inurria) o el Conservatorio de Música. Rara vez alguien ha hecho tanto por la cultura y el arte en Córdoba como aquel hombre “de cabeza artística, de rostro enjuto con perilla, de mirada viva y penetrante, inquieto, locuaz e ingenioso”, como lo retrataba el periodista Ricardo de Montis.

Paralelamente a la abundante actividad de su día a día, Romero Barros escribió sobre lo que pensaba, lo que descubría y a las conclusiones que llegaba: realizó crítica de arte, interpretación arqueológica, restauración, difusión y defensa del patrimonio… todo ello con el gran altavoz que suponía la prensa local cordobesa de finales del siglo XIX. Tal actividad literaria ha sido olvidada por la historia, por mucho que el artista e intelectual decimonónico pusiera grandes esfuerzos pedagógicos para convertirla en “crónica periodística”, a través del principal periódico que se editaba en la ciudad durante los 33 años que aquí vivió: el Diario de Córdoba, cuyo subtítulo rezaba De comercio, industria administración, literatura y avisos. Tras la revolución de 1868, la Constitución de 1869 reconoció la libertad de prensa, por lo que surgieron numerosos periódicos y revistas, también en Córdoba. Aunque estos eran un producto para minorías, ya que la mayoría de la población cordobesa era analfabeta en una sociedad muy polarizadas, los periódicos, a pesar de sus pequeñas tiradas, tenían una amplia difusión debido a la tradición de la lectura en voz alta y la existencia de gabinetes de lectura. Si bien, la sociedad empezaba a amoldar sus estructuras económicas y sociales a las nuevas realidades de la civilización contemporánea. Por ejemplo, a un urbanismo burgués que suponía una amenazaba para muchos edificios históricos, en cuya defensa alzó su voz desde la prensa local Romero y Barros tal y como firmaba sus extensos artículos con un estilo florido y romántico, poniendo la semilla de una conciencia ciudadana con el patrimonio que ha llegado hasta nuestros días. Todo un pionero del periodismo cultural en Córdoba. Un cronista que también era parte activa de mucho de lo que relataba y cuyos artículos constituyen un gran documento sobre la Córdoba de su tiempo, sobre la vida y el arte.

Romero Barros escribió sobre casi todo lo que tenía que ver con cultura en el periódico cordobés: sobre arqueología, monumentos, pintores, sobre sus impresiones sobre determinados lugares, relatos de viajes, crónicas de la vida intelectual cordobesa y hasta relatos de ficción. Escribe para él mismo y su círculo ilustrado pero también para el pueblo, en defensa del patrimonio y por la divulgación del arte. Sus artículos son pequeños ensayos de sus investigaciones, algunos convertidos en grandes informaciones de sus descubrimientos. Por la extensión de sus textos, muchos se hacían por entregas durante varios días y terminaban con un “continuará…”.

‘Córdoba y sus monumentos’, por ejemplo, uno de sus últimos artículos en Diario de Córdoba, publicado el 30 de agosto de 1895, era un alegato pro defensa de la iglesia de San Nicolás de la Villa, cuyo posible derribo había sido anunciado por el Ayuntamiento para prolongar hasta la “Catedral-Mezquita” el paseo del Gran Capitán. Insistimos en que en la mentalidad de la época, la transformación urbanística pasaba por aplastar la trama histórica de la ciudad y Romero, llegaba a aludir a la importancia de este patrimonio para el turismo escribiendo: “el carácter monumental y genuinamente Mahometano que conserva Córdoba, por el cual es constantemente visitada”. Gracias a su encendida defensa la iglesia de San Nicolás sigue hoy en pie. Su artículo bien puede conectarse con otro publicado en la revista Triunfo 78 años después: ‘Apresúrese a ver Córdoba’, firmado por Carlos Castilla del Pino, quien denunciaba el abandono de la Córdoba de principio de los años setenta y la destrucción, en pos del progreso urbanístico, de palacios y caserones, gracias al cual se salvaron los que aun quedaban en pie. Pero no ha sido esta la única conexión con la prensa actual que encontramos en la obra periodística de Romero Barros. En el artículo ‘La casa de los Bañuelos’, defendía que no se demoliese esta casona cordobesa del siglo XV, con huellas arquitectónicas de todas las épocas anteriores, que impedía un proyecto urbanístico para ensanchar la calle Diego de León y conectarla con Alfonso XIII, como al final se haría conformando la actual plaza Mármol de Bañuelos. Con su carta, inició una gran polémica sobre el asunto con enfrentamiento de ciudadanos a favor y en contra, muy semejante a los foros actuales de comentarios de los periódicos en Internet, con insultos incluidos, sólo que aquí se plasmaban impresos. Enfrentados estaban “los modernos”, defensores de la innovadora transformación política y urbanística que posibilitaría el desarrollo industrial y capitalista de las ciudades españolas, y “los antiguos”, con Romero Barros a la cabeza, defendiendo el patrimonio, y a quienes los modernos llamaban ofensivamente “barbudos”. Romero intentó sentenciar con una súplica para que no se derribase el palacio en ‘Córdoba, el siglo de las luces’ (1892), artículo en el que pasaba revista a todos los monumentos derribados en Córdoba durante el XIX. Pero esta vez no tuvo suerte y tras su muerte, la alcaldía se apresuró a derribar la histórica casa.

Aunque su gran crónica de un hallazgo fue en ‘La ermita de santa Quiteria (…)’, publicado en 1878 y en el que comenzaba pidiendo la rehabilitación de ese edificio sin aún saber que se trataba de la antigua Sinagoga de Córdoba. Durante las obras se realizó el importante descubrimiento y Romero Barros escribe una serie de artículos detallando la preciosa artesanía mudéjar y las inscripciones hebreas que sus muros contenían ocultos. Aprovechó también para denunciar “la huella lamentable de la profanación” en el segundo tercio del XVII, cegando espacios con rudos tabiques y groseras argamasas que obedecían a una idea mística y altamente religiosa.

El hallazgo en 1884 de una lápida labrada en yesería, reveló la siguiente inscripción publicada en la prensa por Romero en 1885: “Santuario primoroso de la Ley que acabaron con perfección Isaac Mahah, hijo de Agguebir Efrain Guiboach, hijo de Sajáh. Año 75.” (5015 de la creación; 1314 DC). Declarada entonces Monumento Nacional, Romero Barros obligó al obispo Fray Zeferino González a retirar las imágenes cristianas de la capilla. Lógicamente, el obispo no aceptó de grado alegando que el hecho de esta calificación no le eximía de la jurisdicción de la iglesia. El asunto acabó en los tribunales y se zanjó en 1916 cuando este edifico pasó a ser propiedad pública y se cedió a la Comisión Provincial de Monumentos de Córdoba. Un antiguo templo que recobraba su aspecto original gracias a la restauración arqueológica. Una victoria de la que curiosamente tomaría posesión Enrique Romero de Torres en nombre del Gobernador Civil presidente de la comisión. Sin duda, este fue el gran hallazgo del historicismo romántico cordobés que nos lleva a preguntarnos qué hubiese ocurrido hoy ante semejante descubrimiento: ¿Hubiese permitido la iglesia y la ciudad convertir una ermita en Sinagoga? Quién sabe.

Aunque sea solo en este artículo estaría bien volver a utilizar aquél decimonónico continuará… para seguir relatando en textos venideros las hazañas de este asombroso defensor de la cultura en la Córdoba del XIX. Cuando falleció, en 1895, Rafael Romero Barros era también Secretario de la Asociación de Obreros Cordobeses, y éstos se disputaron el honor de velar su cadáver y no se separaron del él hasta que fue sepultado en el cementerio de San Rafael. Actualmente, una calle que conecta el Potro con la calle de la Feria lleva su nombre y su espíritu se encuentra en casi todas las instituciones culturales de las que disfrutamos en Córdoba. De lo que seguro no fue consciente es de ser un pionero en el periodismo cultural cordobés. Un auténtico periodista romántico cuyos artículos supervivientes se pueden consultar digitalizados en la web Prensa Histórica

* El texto que presentamos es un extracto de la conferencia realizada por la historiadora del arte y periodista Marta Jiménez en el Museo de Bellas Artes de Córdoba el pasado mes de abril , dentro del ciclo La obra del mes.

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01 febrero 2013

Fallece el artista Aurelio Teno

Aurelio Teno posa junto a su monumental Quijote, ante el Kennedy Center, Washington, en 1976. Foto: cortesía de Fundación Casa Museo Aurelio Teno
J. A. / Ars Operandi

En la madrugada de hoy ha fallecido en la clínica de la Cruz Roja de Villanueva del Duque el artista y académico villaduqueño Aurelio Teno, a la edad de 86 años, víctima de una dolencia cardíaca, según ha confirmado a Ars Operandi Francisco Lucena, portavoz de la Fundación Aurelio Teno. Nacido en 1927 en Minas del Soldado, una pequeña localidad de Los Pedroches cercana a Villanueva del Duque, Teno se trasladó con apenas diez años a Córdoba donde comenzó a trabajar de aprendiz en el taller del escultor Amadeo Ruiz Olmos, a la vez que se iniciaba profesionalmente en el campo de la orfebrería, disciplinas ambas que posteriormente aunaría dando como resultado una de sus mas conocidas facetas artísticas. 

Teno prosiguió su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba de 1939 a 1943, tras de lo que marcha a Madrid en 1950 y poco después a París. En la ciudad del Sena toma contacto con las corrientes vanguardistas del momento asimilando prontamente los postulados de la escultura matérica y el reciente informalismo, tendencia expresionista que no abandonará a lo largo de su dilatada carrera. 

Tras realizar diversas exitosas exposiciones en París, vuelve a España para instalarse en Madrid, desde donde proseguirá exponiendo en diversas sedes internacionales. En 1976 alcanza una enorme proyección mundial al realizar su monumental Quijote para el Kennedy Center de Washington, tema alegórico que ha sido una constante en su obra. 

Radicado al fin en El Pedrique, donde instaló su estudio y una exposición permanente de sus trabajos en su Casa Museo, Teno realizó una ingente producción artística que comprende orfebrería, escultura, pintura y obra gráfica, siendo protagonista de inumerables exposiciones. Su obra se encuentra asimismo en gran cantidad de museos, centros de arte y colecciones privadas, habiendo sido merecedor por todo ello de diversos premios y distinciones. Fue Miembro de la Real Academia de Córdoba desde 1993 y de la Real Academia de Ecija desde 2010.

Con la muerte de Aurelio Teno Córdoba pierde a uno de sus más internacionales artistas, quien deja tras de si un imponderable legado, personalísimo y en plena vigencia. Las exequias fúnebres tendrán lugar mañana sábado a las 11 horas en la localidad de Villaharta. Sit tibi terra levis.

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